Crítica del disco de OBO - 'Palace of Waiting' (2016)

Perspectivas desde el palacio de la vanguardia radical hispano-rusa

OBO - 'Palace of Waiting'
(1 noviembre 2016, octoberXart Records)

OBO - Palace of Waiting

OBO es el nombre de un ensamble hispano-ruso conformado por Alexey Kruglov [saxos soprano y alto, corno di bassetto, flauta dulce, flautín ruso, saxo alto y corno di bassetto preparados], Anastasiya Masloboeva [canto, dulcémele, salterio y loops], Ángel Ontalva [guitarra, bajo y efectos] y Vasco Trilla [batería, percusión y juguetes]. La propuesta de este cuarteto se instala en una tremendamente osada encrucijada de avant-jazz, rock-in-opposition y estrategias de improvisación enraizadas en la tradición de la musique concrète. Ontalva y Trillo son viejos conocidos nuestros en referencia a OCTOBER EQUUS y otras iniciativas de música experimental española pero ahora conocemos a este grupo por el disco “Palace Of Waiting”, el mismo que fue publicado por el sello OctoberXart a inicios de noviembre del año pasado. El material de este disco fue recogido a partir de diversas sesiones que tuvieron lugar en Fuensalida, Barcelona, Moscú y Siberia. La compenetración que existe entre estos cuatro músicos es tan grande que la logística tan dispersa de estas grabaciones no altera en nada a la alucinada armonía de las estrategias abstractas que sustentan a la ilación de creaciones musicales que llenan el repertorio de este disco. Vale hacer una mención especial al impresionante arte gráfica, la cual se basa en fotografías realizadas por Nina Ai-Artyan y cuyo diseño estuvo a cargo del mismo Sr. Ontalva: evoca de manera hermosa una atmósfera de contemplación absorbida por la soledad y el ensueño, el reflejo visual perfecto de la música contenida en el disco. Veamos ahora los detalles del repertorio en sí.

El repertorio de este disco consiste en 8 partes del concepto de “Palace Of Waiting”. La primera parte ocupa un total de casi 10 minutos de duración, y en ella el ensamble empieza creando una atmósfera de señorial expectativa donde los aleatorios recursos percusivos y de vientos se compenetran a la perfección con el ensoñador canto femenino y los minimalistas retazos de guitarra. En una segunda instancia, la ambientación se torna un poco más sombría en base al asentamiento de una densidad flotante apoyada en el protagonismo compartido del saxo y la guitarra: ahora nos enfrentamos a un sortilegio deconstructivo. La segunda parte dura poco menos de 9 ¼ minutos y su misión consiste en seguir ahondando en el factor flotante que se impone inapelablemente. De hecho, late un permanente estado de misteriosa inquietud en la amalgama posmoderna que se va construyendo a lo largo del camino; el factor folklórico se hace notar de una manera sabiamente retorcida. Hay un momento de relativa placidez cerca del final cuando el salterio elabora un motif de tenor místico. Para la tercera parte, el grupo se centra en un diálogo libre donde cada input se regocija en su propia energía particular mientras refuerza su convivencia con los demás: se respira, sin duda, un aire de exaltación contemplativa en medio de la abstracción reinante. La soltura se repite e incluso se incrementa en la cuarta parte, lo cual hace que no sea tanto el diálogo sino el desafío abierto la norma bajo la cual las bizarras interacciones entre los instrumentos partícipes se estructuran. En el caso de la batería de Trilla notamos un refrescante despliegue de revitalizante vigor. Las cosas parecen volver al limbo de tensiones grisáceas que había signado a las dos primeras partes en la quinta, pero éste es tan solo un diagnóstico parcial de los hechos: más bien late aquí un nuevo impulso para las inquietudes etéreas del inicio bajo lo que parece ser el impacto de musculatura abstracta creado por las partes tercera y cuarta.

Donde sí se da una abierta recapitulación de las atmósferas predominantes de la segunda partes es en la sexta, la cual también goza de un generoso espacio de más de 9 minutos. La continua labor de reconstrucción y deconstrucción de atmósferas folklóricas apelan a un clima de nostálgico exorcismo por vía de las cuerdas y el canto, siendo así que los vientos aportan un avasallador recurso de neurosis. El bloque sonoro de la séptima parte se inicia con unos elegantes fraseos de la guitarra de Ontalva, y de hecho, este instrumento se erige en núcleo gravitante para la elaboración de los aportes gráciles del salterio. El aura reflexiva de este pasaje del disco es una idónea preparación para el arribo de la octava y última parte, la cual básicamente se centra en replantear las dimensiones más musculares de las osadas excursiones precedentes para llevar a la lógica de la deconstrucción a su dimensión más majestuosa. En un perfecto híbrido de free-jazz y rock-in-opposition traducido al dialecto aleatorio de la cámara de vanguardia, el ensamble crea un nuevo ejercicio de desencuentros y reencuentros a través de una dinámica que ostenta vivazmente la fragilidad de cada instante sonoro. La guitarra está especialmente lucida mientras que el saxo despliega sus intervenciones más agresivas del disco. De una manera tan ágil como sutil, la banda logra llevarnos hacia su faceta más misteriosa en las instancias finales de esta última parte. Todo esto fue “Palace Of Waiting”, un disco desafiante hasta lo abstruso, tan complejo como osado, pero ante todo, señorial en su propuesta, basada en las concepciones más heroicas y perspectivas más bizarras de la vanguardia musical dentro de un lúcido encuadre avant-progresivo. OBO es un colectivo muy talentoso del cual esperamos más cosas en el futuro próximo.

Calificación: 8/10


- Muestras de 'Palace of Waiting':


cesar inca mendoza

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