Crítica del disco de Phaedrus - 'Triptych' (2017)

Phaedrus: trípticos y algo más

Phaedrus - 'Triptych'
(2017 - Autoproducido)

Phaedrus - Triptych

PHAEDRUS es el nombre del proyecto musical gestado por Carlos Guillermo Plaza Vegas -uno de los teclistas y principal compositor de ese grandioso ensamble líder de la música progresiva del nuevo milenio que es KOTEBEL– para desarrollar y grabar ideas musicales que se salen un poco de las coordenadas estéticas del mencionado grupo. “Triptych”, publicado a mediados del pasado mes de mayo, es el primer ítem gestado en los cuarteles de PHAEDRUS. Cabe añadir que PHAEDRUS también es el nombre de una revista digital que el mismo Plaza fundó con la intención de difundir novedades y recuerdos varios relativos al rock progresivo y el art-rock en general, incluyendo reseñas de discos clásicos, análisis teóricos de piezas musicales, noticias sobre las actividades de KOTEBEL, reflexiones estéticas y existencialistas, un foro donde exponer y debatir ideas con altas pretensiones conceptuales [enlace de la revista digital]. “Triptych” solo está al alcance de los suscriptores de esta red. Pero bueno, concentrándonos en el PHAEDRUS musical, tenemos en este disco un fabuloso catálogo de composiciones de Plaza, quien aparte de encargarse de todos los teclados, también toca casi todas las pistas de batería y de bajo. Colaboran ocasionalmente el guitarrista César García Forero, el flautista Omar Acosta, el clarinetista José Luis Espejo, el cellista Miguel Rosell, y la dupla rítmica conformada por el baterista Carlos Franco y el bajista Jaime Pascual. Por supuesto, conocemos a Ga Forero, Pascual y Franco como colegas de Plaza en KOTEBEL. Concentrémonos ahora en los detalles del repertorio de “Triptych”, ¿vale?

‘Ignition’ enciende la secuencia inicial del repertorio con un ímpetu exquisito y señorial, ostentando una magnificencia única mientras transita desde el breve prólogo luminoso hacia el majestuosamente parsimonioso cuerpo central. A partir de allí, se instala sólidamente el enclave para la alternancia de pasajes extrovertidos y serenos. ‘Le Mat’ se encarga de recibir el impacto de la atmósfera de sutileza y misterio con la cual había terminado la pieza inicial y, bajo la guía del piano, instaura sigilosamente las bases para lo que pronto emergerá como un sólido ejercicio de desafiantes musicalidades jazz-progresivas. Alternando momentos marcados por un lirismo arrebatador y otros signados por traviesas disonancias, el ensamble instrumental luce su encuadre integral en una infinita dialéctica de nervio y virtuosismo. Se trata de la primera pieza del álbum inspirada en un arcano del Tarot (las otras serán ‘Le Bateleur’ y ‘La Papesse’). El centro del disco está, cómo no, en la ‘Triptych Suite’, cuya serie de tres secciones ocupa un total de casi 21 minutos. ‘Dawn’ exhibe inicialmente un clima de serenidad introspectiva pero sin recurrir a la languidez liviana, sino estableciendo un dinamismo que se siente, a la vez, sobrio y contundente. Notamos herencias de los maestros PATRICK MORAZ y JAN HAMMER en el modo que tienen los teclados de gestar los diversos núcleos temáticos y la atmósfera general de la pieza, la cual utiliza su última sección para desarrollar una intensidad envolvente. De este modo, el terreno está preparado para que la sección ‘Noon Mist’ entre a tallar con un despliegue de mágico colorido donde el eclecticismo vital de la visión musical de Plaza llega a su máxima expresión… por ahora. Pasajes sinfónicos, ambientales y fusionescos se suceden en entramado abismal y místico, un entramado en el que se hermanan lo fluido y lo denso en base a la impoluta ilación de los diversos ambientes que se van sucediendo. En fin, la tercera y última sección se titula ‘Dusk’: su cuerpo central tiene la misión de crear un aura de sobriedad y entereza mientras se deja enriquecer por matices relevantes de sintetizador, flauta y clarinete. De este modo, la pieza se centra en el aspecto etéreo de la visión musical de Plaza, lo que implica abrir más vías para que el lirismo imponente se deje iluminar consistentemente por un fulgor fusionesco. El retrato sonoro perfecto del crepúsculo, sin duda.

Carlos Plaza

‘Perpetual Movement’ es la pieza que carga sobre sus hombros la responsabilidad de suceder a la suite, y lo hace con una prestancia señorial que le permite salir completamente airosa. Portando una vibración intensamente reflexiva al modo del paradigma romántico mientras penetra fehacientemente en sutilezas perspicazmente tenues al modo del paradigma impresionista, la guía del piano confecciona la refinada ingeniería melódica para que el cello llene espacios en el soporte armónico y la flauta elabore acendradas florituras en el aire. Tras el obsequio de beato intimismo que nos brindó ‘Perpetual Movement’, emerge ‘Le Bateleur’ para exhibir otro enorme ejercicio de cruza de jazz-fusión y sinfonismo. Su majestuosidad está soberbiamente construida sobre una imperiosa ilación de peldaños y escalones donde predomina lo jovial. Es verdad que también hay algún pasaje ceremonioso cuya cándida belleza sirve de relajante distracción, pero su función es la de proveer de una envolvente soltura a la sección final. El repertorio concluye con la dupla de ‘La Papesse’ y ‘Magmatron’. El primero de estos temas se arropa con un retorno en pleno de lo impresionista pero con una calidez más urgente, en cierto modo emparentada con la faceta menos oscura de unos UNIVERS ZERO, o tal vez más cercano al paradigma de una banda más actual como ARANIS. De todas maneras, también hay momentos en lo que predomina un lirismo delicado donde los diálogos entre el piano de Plaza y las maderas acompañantes se proyectan hacia un amable relax de tonalidades otoñales. Hay indicios innegables de vitalidad en estas sonoridades tan sobrias y calmadas. En fin, ‘Magmatron’ desarrolla en su espacio de poco más de 6 ½ minutos un espléndido despliegue de garra jazz-progresiva cuajadamente hibridizada con atmósferas y pulsaciones propias del estándar del Zeuhl. El título lo deja bien en claro: esta pieza es un homenaje al legado de MAGMA (aunque, dado el alto componente de luminosa estilización que se da en la concreción de su ingeniería sonora, se parece más a la obra de unos ESKATON o de unos ZAO). Cabe destacar la labor del bajo de Summers a la hora de acentuar el nervio de algunos parajes del esquema rítmico y también cuando se pone a complementar ciertas orquestaciones de teclado. Otro detalle relevante es el matiz minimalistamente torturado que se da al solo de sintetizador, lo cual se condice mucho con el realce del groove bélico que se quiere explayar en la pieza.

“Triptych” es un disco como la copa de un pino, un catálogo suntuoso y diverso de majestuosas sonoridades que se van esparciendo a través de las manifestaciones de luz diseñadas para cada pieza en particular. Ojalá que no se trate del único legado de PHAEDRUS, pero mientras seguimos esperando lo próximo de KOTEBEL, nos viene muy bien concentrarnos por ahora en lo que Plaza y sus compañeros de viaje nos brindan en el repertorio de este disco. De lo mejor que se está haciendo en la península Ibérica en la producción progresiva del presente año 2017, no nos cabe duda.

Calificación: 9/10


- Muestras de 'Triptych':


cesar inca mendoza

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