Crítica del disco de Van Der Graaf Generator - 'Do Not Disturb' (2016)

El 13er round de Van Der Graaf Generator

Van Der Graaf Generator - 'Do Not Disturb'
(1 mayo 2016, Esoteric/Musea)

Van Der Graaf Generator - Do Not Disturb

Hoy es el día indicado para una reseña muy pero que muy especial. VAN DER GRAAF GENERATOR, esa gran personalidad que se instauró velozmente como una de las figuras campeonas más sólidas del ideal del rock progresivo desde fines de los 60s, vuelve al ring de la lucha de la vida para pelear su round #13; en efecto, el título de su recientemente publicado 13er disco es “Do Not Disturb”. Conformado por el trío de Peter Hammill [voz, guitarras y pianos], Hugh Banton [órganos, teclados, bajo, glockenspiel y acordeón] y Guy Evans [batería y percusión], el legado aún viviente de VAN DER GRAAF GENERATOR se mantiene sólidamente asentado como uno de los referentes más absorbentes del ayer y del hoy del movimiento progresivo. En entrevistas previas al lanzamiento de este nuevo disco, los integrantes señalaron que se trataba de uno de sus trabajos más técnicamente complejos de su trayectoria [veamos el enlace de la página Team Rock: http://teamrock.com/news/2016-06-28/van-der-graaf-generator-talk-technically-demanding-13th-album], y en verdad que estaban siendo totalmente sinceros al respecto. Grabado a fines de octubre del 2015, “Do Not Disturb” pasó por su proceso de mezcla y posproducción durante la primera mitad del 2016 para finalmente ser lanzado al mercado en el último día del pasado mes de setiembre. Veamos ahora los detalles de su repertorio.

Ya desde el inicio, de la mano de ‘Aloft’, se nota que el grupo alimenta con genuina fuerza el grosor sonoro con el cual ha ido conquistando la vitalidad que le exigía la situación de fungir como trío desde los tiempos del “Trisector”. La base temática es primordialmente reflexiva y serena, pero siempre hay campo abierto para que los quiebres de atmósfera y motif entren a tallar con miras al enriquecimiento del desarrollo temático. Así las cosas, Evans da cabal muestra de que en su estrategia jazzera cuenta con la herramienta perfecta para sustentar al esquema global de esta espectacular canción de apertura, especialmente con el empleo de factores de bossanova. El viraje que se da a poco de llegar a la barrera del cuarto minuto es simplemente grandioso: se nos regala un minuto y medio de envolvente gravedad. Si tanto gusto nos da que Evans se aferre a sus raíces jazzeras y que Banton se sienta tan libre para explorar texturas psicodélicas para potencializar las texturas y orientaciones emocionales que se aluden desde el núcleo compositivo en curso, pues con ‘Alfa Berlina’ nos espera aún más deleite. Esta balada irradia un aire de inquietante nostalgia mientras su núcleo temático recibe unos arreglos, tan sobrios como impactantes, de parte de un teclado que ocasionalmente irrumpe con ejercicios de mordiente minimalismo. ‘Room 1210’, por su parte, se impone con un señorial híbrido entre la tradición Vandergraafiana de la época 1975-6 y la faceta más majestuosa de la época 2008-11. Nos parece una pena que el interludio extrovertido no tenga mayor duración que la que se le otorgó, pero sin duda que es un recurso esencial para explotar la elocuencia latente de la canción con un efecto dramático. La primera canción netamente marchosa del repertorio es ‘Forever Falling’, y él se instaura sobre un groove lo suficientemente llamativo como para honrar el legado del rock’n’roll… aunque tratándose del trío que es, no esperemos algo obedientemente convencional. Junto a los estimulantemente perturbadores retorcimientos rítmicos que se sitúan en lugares estratégicos tenemos tremendo un viraje temático poco antes de llegar a la marca del minuto y tres cuartos: dicho viraje plantea un desarrollo vivazmente notorio antes de volver al motif inicial para armar un final contundente.

‘Shigata Ga Nai’ (“no hay más remedio” en japonés) es tema instrumental caracterizado por un sombrío sentido de lo etéreo que gira en torno a la armazón de acordeón y glockenspiel elaborada por Banton: las inocultables vibraciones oscuras de este tema nos recuerdan un poco al paradigma del rock-in-opposition de UNIVERS ZERO, lo cual también nos lleva indirectamente a la referencia de la cámara modernista. Una sólida muestra de intensa sobriedad desde la cual lo minimalista muestra su propio fuego sutil. Como estableciendo un contrapunto tajante, emerge a continuación otra de las canciones explícitamente filudas del disco: ‘(Oh No, I Must Have Said) Yes’. Con su guitarra bien ubicada en el centro neurálgico de la instrumentación y un Banton creando una ingeniosa base de bajo para el inusual compás elegido para la ocasión, el trío exorciza en simultáneo los ecos de la vieja psicodelia y los estándares del rock duro clásico, sustentándose así un inquietante primer motif. Como las cosas nunca son normales en el peculiar cosmos musical de VAN DER GRAAF GENERATOR, a poco de pasada la barrera del segundo minuto y medio se da la inescrutable sorpresa de un viraje brusco hacia un clima jazzero donde Evans pasa a ser el dueño de la voz cantante. Con ese sofisticado agente jazzero que brota tan persistentemente de la ingeniería rítmica de un siempre soberbio Evans y el ulterior desarrollo de un electrizante solo de órgano a cargo de Banton (a medio camino entre lo gótico y lo expresionista), el rigor emocional y el vigor visceral con los que comenzó la canción reciben la savia de una renovada vivacidad. Las cosas vuelven un poco al predominio de lo introspectivo con el arribo de ‘Brought To Book’, pero el cuerpo central queda alterado un par de veces con perturbadoramente efectivos quiebres musicales signados por una arquitectónica intensidad. Soberbio como siempre el ingeniero Banton... y todavía le quedan un par de momentos de arrebatador lucimiento en lo que queda del álbum.

La poesía de Hammill sigue siendo inspiradamente contundente y dueña de una lucidez psicologógica y humanista demoledora, tal como lo muestran estas líneas de ‘Brought To Book’: “Finally wearing history naked in my face / I’ll disclose the truth of what I’ve done, / reveal the lines I’ve spun in passing. / I will face up to the music / and with what breath’s left in my lungs / I’ll settle up the score and bid farewell to everyone.” También es notable este retrato de solitario ensimismamiento en ‘Room 1210’: “Time and event disappear / but every wall has ears / and the stories acrue. / Dimly, he notes spinning gears, / he’s one among the ghosts / whose lives have been spent in / Room 1210.” ¡Y cómo ignorar este testimonio de desencantada ansiedad en ‘Forever Falling’!: “Season by season we seek an agreement / beyond rhyme and reason, however estranged. / Meeting and greeting, our time here is fleeting. / Meanwhile we wheel around in an impression of dance.” Digno de un Nobel de Literatura, ¿verdad que sí? Volviendo a lo estrictamente musical, vemos que en el tema que porta el convulsivo título de ‘Almost The Words’, el trío se dispone a remodelar conjuntamente la magia introspectiva de ‘Brought To Book’ y el señorío de ‘Room 1210’, añadiendo algo de la espiritualidad grisácea de los últimos trabajos solistas de Hammill. En la instancia final, cuando la instrumentación acoge su máxima intensidad, Banton nos brinda el mejor solo de órgano del disco. Otro estupendo ejemplo de hibridación de la mejor etapa anterior del trío (08-11) con la etapa 75-76. Cierra el álbum una canción significativamente titulada ‘Go’. Con una parca letra que incluye las líneas “Time to leave, close the door, / you can’t believe you wanted more, / more or less, all for the best / in the end it’s all behind you” y una base instrumental marcada por un parsimonioso minimalismo, aquí se nos muestra la esencia misma de lo crepuscular. Los parcos ornamentos percusivos que entran a tallar con un talante sobriamente caliginoso enfatizan el aura elegíaca de este impactante broche del disco.

En fin, todo esto fue “Do Not Disturb”, un testimonio de aceptación de la senectud por vía de nuevas expresiones para las inquietudes y preguntas de siempre sobre el sentido de la vida en general y el significado de cada vida particular. Cosas así son parte esencial del ideario musical de VAN DER GRAAF GENERATOR, quienes con este disco han conquistado el cénit hacia el cual apuntaban desde su reformación del decenio pasado, siempre fieles a su ideología estética marcada por una amalgama de estos tres elementos: el fuego de la pasión, el éter del intelecto y la luz de la osadía artística.


- Muestras de 'Do Not Disturb':

Aloft:

Room 1210:

(Oh No, I Must Have Said) Yes:


cesar inca mendoza

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