Crítica del disco de Big Hogg - 'Gargoyles' (2017)

Música gentil para gárgolas y otras extrañas criaturas

Big Hogg - 'Gargoyles'
(31 marzo 2017, NoUnicorn/Bad Elephant Music)

Big Hogg - Gargoyles

Hoy nos toca presentar a BIG HOGG, que es un grupo escocés formado en Glasgow y que cultiva una modalidad retro-progresiva donde confluyen los legados del Canterbury y la siempre añorada vanguardia psicodélica; también hay elementos de acid-folk y pop-rock en su propuesta, aunque éstos son minoritarios. El grupo debutó fonográficamente en el año 2015 con un disco homónimo, y ahora vuelve a la carga con “Gargoyles”, el cual fue publicado a fines de marzo pasado. El ensamble de BIG HOGG es bastante nutrido: está conformado por Justin Lumsden [guitarras, voz y bajo], Richard Merchant [trompeta, corneta y corno], Ross McCrae [trombón y piano eléctrico Wurlitzer], Sophie Sexon [flauta y voz], Nick Gaughan [batería, percusión, bajo y sintetizadores] y Tom Davis [bajo]. Además, para completar la amalgama sonora concebida para el repertorio de “Gargoyles”, la banda contó con los aportes ocasionales de la cantante Lavinia Blacwall y el saxofonista Sybren Renema. Las canciones de este disco no suelen ser muy largas: de hecho, solo hay una que supera la barrera de los 6 minutos mientras que las demás oscilan entre el medio minuto y los 4 ½ minutos de duración.

‘Solitary Way’ da inicio al disco con una exhibición de musicalidades alegres y festivas desde las cuales se conjura una inaudita confluencia entre el universo de CARAVAN (los dos primeros discos) y la faceta más relajada de unos XTC. Luego sigue ‘Vegan Mother's Day’, una canción que no llega a los tres minutos de duración pero que se da buen abasto para exponernos un sólido ejercicio de grooves enérgicos al modo de una remodelación progresiva del estándar de TRAFFIC. Con el arribo de ‘Augogo’, el grupo instaura los primeros recursos de patente sofisticación musical al elaborar variantes rítmicas y una generosa dosis de disonancias a lo largo de su amable desarrollo temático: esto nos suena un poco a CRUVED AIR mezclado simultáneamente con CARAVAN y el cariz más juguetón de los SOFT MACHINE del primer disco. Así las cosas, ‘Laudation’ exhibe un esquema instrumental señorial enraizado en un swing cauto, con lo cual el terreno está preparado para la subsiguiente emergencia de ‘Star Of The Show’: esta canción toma los resabios de talante señorial del instrumental precedente y los impulsa hacia una luminosidad ceremoniosa en la que confluyen la magia introspectiva de unos TORTOISE, el pathos grisáceo de unos PORTISHEAD y las policromías osadas del paradigma de FRANK ZAPPA. Durando un poco más de 4 ¼ minutos, nos parece una pena que esta canción no tenga un arreglo más expansivo mientras llega el fade-out, pero es que el grupo está ahora listo para brindarnos ‘Drunk On A Boat’, una canción que sigue profundizando en la aureola de melancolía que a estas alturas del partido empieza a revolverse sobre sí misma para reestructurarse con una frescura nueva. En este caso, la nueva frescura viene de la mano de un empleo de swing bluesero y el hermanamiento del canto femenino y los fraseos de la guitarra.

La pequeña pieza ‘Waiting For Luigi’ – dura menos de un minuto y medio – se construye en base al ensamble de vientos, un poco siguiendo la línea de ese inolvidable ensamble jazz-rockero británico que fue NUCLEUS. Con eso se abre la puerta al inminente ingreso de la canción más larga, la misma que se titula ‘The Beast’. Esta canción ostenta una espiritualidad alegre pero parece esconder (no muy bien) una actitud airada y oscura tanto en su poesía como en su intrigante estructura instrumental. El solo de guitarra que entra a tallar en algún lugar del medio es simplemente fabuloso y la armazón rítmica mantiene un pulso impoluto. Una vez más vuelven a nuestras mentes las referencias al paradigma de CURVED AIR, y en menor medida, se puede también evocar a CATAPILLA. Mientras llega el fade-out el canto se inmersa en un exorcismo cínico: ¿qué hubiéramos encontrado de no haber terminado aquí la canción? No lo sabremos nunca, pero lo cierto es que ahora es el turno de ‘Gold And Silver’, una canción que sigue en buena medida la huella de ‘Drunk On A Boat’ pero con una prestancia un poco más radiante. Las amalgamas de los vientos y el elegantísimo solo de guitarra gestan una efectiva cúspide para el desarrollo temático. La dupla del instrumental ‘Mercy’ y la canción ‘My Banana’ sirve para volver de lleno al contexto emocional de ‘Star Of The Show’: hay una suerte de premonición de los momentos más furiosos de la balada ‘My Banana’ en el arreglo de vientos con el que se armó ‘Mercy’. ‘Devil’s Egg’ encarna un nuevo viraje hacia la faceta más extrovertida de la propuesta grupal: se trata de un ejercicio de psicodelia punzante no ajena a la claridad melódica. El carácter machacante de las texturas de guitarra y el uso de un compás de 7/8 fundamentan el embrujo particular de esta canción. La miniatura ‘Little Bear’ dura poco más de un minuto y cuarto y se encarga de poner el broche final al repertorio del disco: es una balada acústica sombría basada en las espartanas escalas de la guitarra acústica.

Todo esto fue lo que nos brindó el repertorio de “Gargoyles”, un disco muy bello que sirve para mostrarnos sin lugar a dudad que los escoceses de BIG HOGG están asentados en un terreno muy firme para realizar su misión de insuflar aires nuevos a la escena mundial del variopinto rock progresivo con algunas oportunas estrategias de veneración y retoque de varios referentes de la primera escuela del género. Muy recomendable.

Calificación: 8/10


- Muestras de 'Gargoyles':


cesar inca mendoza

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