Crítica del disco de David Cross - 'Crossing the Tracks' (2018)

Trayectos y encrucijadas para el nuevo viaje musical de David Cross

David Cross - 'Crossing the Tracks'
(22 junio 2018, Purple Pyramid)

David Cross - Crossing the Tracks

Ocupado como está DAVID CROSS con sus proyectos propios y diversas asociaciones (con DAVID JACKSON y con los STICK MEN, por ejemplo), todavía se da abasto para hacer un nuevo disco y publicarlo cuando el año 2018 aún no llegaba a completar su primera mitad. Estamos hablando de “Crossing The Tracks”, un álbum de 12 piezas que fue publicado en el 22 de junio pasado por el sello Pyramid Records. Aquí, CROSS no es el líder de un ensamble sino más bien el músico que añade sus intervenciones al violín eléctrico con total criterio libre a las pistas musicales previamente producidas (mayormente con sintetizadores y ritmos programados) por el músico y productor alemán Jürgen Engler (integrante de bandas como MALE, DIE KRUPPS y GURU GURU). Tal como confiesa el propio CROSS en una entrevista para la revista virtual Louder*, se trataba de una situación inédita en su carrera musical pues él usualmente se dedica a prodigarse en labores de composición y producción en sus propios discos y no sabía realmente cómo resultará esto de ser una especie de músico de sesión para un disco que sería asignado a su propio nombre. Una situación muy peculiar, sin duda, pero CROSS se sintió, a fin de cuentas, sumamente atraído por la idea de exponer su libertad creativa dentro de un contexto ya organizado. Según sus propias palabras, él quiso mantener una lealtad firme con “las composiciones y ejecuciones ya existentes que fueron aportadas por los otros artistas mientras creaba un impacto nuevo con melodías, bases de cuerdas y solos". Sigue CROSS: “Me sorprendí a mí mismo al divertirme tanto con esta labor – Yo solo tenía que tocar el violín y seguir mis instintos – ¡Y dejar las difíciles decisiones de productor a Jürgen!” Otras personas intervienen también en el rol de vocalista a lo largo del repertorio del disco: Sonja Kraushofer, Anne-Marie Hurst, Ofra Haza, Kimberly Freeman, Marion Küchenmeister y Eva O. Bueno, hagamos ahora el seguimiento de todos los pasos sonoros que se dieron en el trayecto de “Crossing The Tracks”.

La canción ‘White Bird’ abre el repertorio con poco menos de 4 ¾ minutos de lirismo plácido y flotante que nos suena muy bien a un híbrido entre la KATE BUSH de la segunda mitad de los 80s y el PETER GABRIEL de la fase del “Us”. El exotismo de inspiración oriental reinante tanto en el desarrollo melódico como en la ambientación general es manejado con un solvente nervio, lo cual permite a la magia musical completar su irresistible exorcismo hasta el último instante. Exhibiendo más soltura que la pieza de entrada, el instrumental ‘Kalahari Fantasy’ nos guía hacia una especie de contemplativo ritual donde se combinan el aspecto más enérgico de la melancolía y la faceta más sobria de la alegría. Que late aquí un tenor celebratorio es indudable, pero también se nota un talante reflexivo que nos hace pensar que esta música no es tanto un acompañamiento para un momento de júbilo sino un fondo para evocarlo en retrospectiva. Con la dupla de ‘For What It’s Worth’ (composición original de Stephen Stills para THE BUFFALO SPRINGFIELD) y ‘Prince of Darkness’, CROSS se dispone a brindarnos un giro más agresivo al asunto. El primero de estos temas remodela radicalmente el espíritu de la versión original para convertirlo en una aguerrida exhibición de pop-rock fastuoso con una actitud airada, mientras que el segundo es un instrumental estilizadamente filudo, tanto así que cierta aura siniestra se desprende de la amalgama de orquestaciones sobre las que sostiene la base armónica. ‘Prince of Darkness’ es el pico absoluto del disco, no nos cabe duda alguna al respecto. Sigue a continuación la pieza simplemente titulada ‘Love Me’ para reorientar el enfoque fusionesco con un enclave más solemne que el que antes hallamos y disfrutamos en ‘Kalahari Fantasy’. Este viaje instrumental es extrovertido pero no exactamente jovial, sino más bien grave y ceremonioso: el vitalismo que porta es tan cautivador que sus 5 ¾ minutos pasan como volando en un santiamén. ‘Into the Oblique’ varía totalmente de registro hacia un temperamento sombrío absorbido por un dramatismo elegante y arropado por un manto de grisáceas añoranzas. De hecho, aquí hallamos algunas de las líneas más conmovedoras de violín de todo el disco, algo muy coherente con el tipo de emotividad que la pieza está diseñada para transmitir.

David Cross

‘The Light Inside Me’ vuelve de lleno a los aires arábigos que han modelado las estructuras melódicas de varias canciones precedentes. Asentado sobre un persistente compás de 6/8, esta canción saca el juego a su potencialidad evocativa. El canto de Kimberly Freeman refuerza y enriquece el embrujo poético de esta canción que dura 4 minutos exactos. Cuando llega el turno de ‘Shifting Sands’ (versión de una vieja pieza psicodélica del grupo THE WEST COAST POP ART BAND que data del año 1967), se realiza una oportuna continuación de la aureola evocativa desarrollada en el tema precedente, utilizándose el mismo tempo, pero esta vez con una prestancia más melancólica. El violín surca los cielos del esquema musical con el conjuro imponente de las primeras nubes de otoño mientras el esquema rítmico sustenta un swing hechicero. ‘Hero Of Kingdom’ se encarga de mantener las cosas por este mismo rumbo, por lo que se puede decir que su función es la de reforzar los mecanismo expresivos que han venido explayándose desde ‘The Light Inside Me’. Ya nos vamos acercando al final del repertorio cuando surge la dupla de ‘Hallelujah’ y ‘The Key’. El primero de estos temas es ese mismo ‘Hallelujah’ de LEONARD COHEN que se erigió como una de sus canciones bandera y que ha sido versionada por mucha gente a lo largo de las décadas... Ahora es el turno del maestro CROSS y su enfoque de mudanza se centra en la exploración de las bases armónicas de su motif central para explotar su potencial etéreo dentro de un dinamismo prog-fusionesco muy afín al que ya encontramos antes en ‘Shifting Sands’ y ‘Kalahari Fantasy’. ‘The Key’, por su parte, da un nuevo giro de tuerca al estándar fusionesco marcado por una magia flotante que tan generosamente se prodigó en la secuencia de los temas séptimo al noveno. La última canción del disco es ‘Shadows Do Know’ y se caracteriza por ensalzar un momentum decisivo de solemnidad donde el aire de denuncia y la actitud ceremoniosa se conjugan en una sola fuente de expresividad. El canto casi recitado de Eva O abre las puertas del desencantada amargura de par en par mientras que el bloque instrumental marcado por las numerosas capas de violín eléctrico elabora un marco progresivamente opulento para la ocasión.

Un genuino deleite de eclecticismo dentro del rock hecho arte es lo que se nos ha brindado en este disco “Crossing The Tracks”, un catálogo de trayectos y encrucijadas para lo que ha supuesto una nueva forma de viajar dentro del mundo musical de DAVID CROSS. Gracias a él ya sus colaboradores por esta labor hermosa y refinada.


- Muestras de 'Crossing the Tracks':


cesar inca mendoza

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