Crítica del disco de IQ - 'Resistance' (2019)

Nuevo testimonio de perduración y resistencia

IQ - 'Resistance' (2019)
(11 de octubre de 2019, Giant Electric Pea)

IQ - Resistance

Un grandioso momento gozamos hoy en nuestro blog cuando presentamos el nuevo disco del legendario y aún activo grupo prog-sinfónico británico IQ, el cual se titula “Resistance”, un título muy idóneo tanto para este disco en concreto como para designar la conservación de energía creativa que este grupo mantiene imparable desde los ya lejanos inicios de la década de los 80s: se trata de su disco de estudio #12. De hecho, el pasado 21 de mayo se cumplió el aniversario #37 de la primera presentación de Peter Nicholls como frontman de IQ mientras aún tocaba allí el baterista Mark Ridout, antecesor de Paul Cook. Ahora, en el año 2019, la terna de Peter Nicholls [primera voz y coros], Michael Holmes [guitarras y guitarra-sintetizador], Neil Durant [teclados], Tim Esau [bajos y pedales bajos] y Paul Cook [batería y percusión] ha desarrollado con este nuevo ítem la misma estrategia que con su disco inmediatamente anterior “The Road Of Bones” (2014): encapsular en un primer volumen las composiciones que encajaban estrictamente con las coordenadas musicales que el grupo tenía en mente en el momento, y reservar un segundo volumen para otras canciones que, aunque no estaban perfectamente ensambladas con el espíritu general de las otras, tenían suficiente personalidad para no quedarse en el tintero. De hecho, dos de los cuatro temas incluidos en este segundo volumen duran unos 20 minutos… ¡Toma ya!* En el primer volumen, de hecho, todas las piezas se hilan en un continuum casi completo donde se apuesta mayoritariamente por la creación de climas y atmósferas por encima de la creación de melodías con gancho directo. En este primer volumen, todo el material está compuesto por el tándem de Nicholls y Holmes, mientras que en el tercero, tres de las cuatro piezas son de autoría de ellos dos más Durant. Hablando del disco en general, su sonido aguerrido, la generosa presencia de pasajes aguerridos y el empleo de efectos cibernéticos en varios pasajes estratégicos nos remiten a aires de familia con FROST, PORCUPINE TREE y THE PINEAPPLE THIEF, pero también hay varios giros retro en el segundo volumen que nos toman de sorpresa de una manera agradable. El sello GEP, como siempre, se encarga de la edición de este ítem con los formatos de doble CD y de triple vinilo. Holmes se encargó de la producción general del disco, el cual se realizó en diversas sesiones entre setiembre del 2017 y julio de este mismo año 2019. Las labores de ingeniería de sonido, como ya es habitual, corrieron a cargo de Rob Aubrey y de Niall Hayden, mientras que el arte gráfica, también como es habitual, estuvo a cargo de Tony Lythgoe. Bueno, vayamos ahora a los detalles de “Resistance”.

Las cosas se ponen en marcha con ‘A Missile’, canción de poco menos de 6 ¾ minutos de duración que exhibe una garra y una musculatura inapelables. El carácter dramático impuesto por las bases y orquestaciones de los teclados y la prontitud con la que el canto de Nicholls entra en acción refuerzan la luminosa energía sónica impulsada por la dupla rítmica. Sobre el medio tiempo reinante se establece un vigor elegante y versátil que nos remite fácilmente a la canción que abría el álbum anterior, así como a ciertos aspectos de la faceta más agresiva de ese inolvidable disco “Dark Matter”. Algunos ornamentos siniestros de sintetizador durante el interludio calmado añaden más nervio al esquema general de la canción. Tras este vibrante inicio del disco, la dupla de ‘Rise’ y ‘Stay Down’ permite al quinteto reforzar meticulosamente sus nuevos bríos mientras explora variados enfoques musicales. ‘Rise’ comienza con unos golpes psicodélicos que parecen disolverse en un inescrutable vacío cósmico, aunque pronto emergen algunos retazos sonoros que van perfilando un aire de inquietante misterio, algo que el susurrante canto inicial de Nicholls realza. Ya cuando el bloque instrumental entero entra en acción, se nos muestra un podoroso motif cuya parsimoniosa cadencia capitaliza lo que ahora es una expresión de tensa vitalidad. A estas alturas, notamos que la batería de Cook ha estado asumiendo un rol crucial en el entramado grupal, y en esta ocasión específica, su manera de apuntalar el talante oscurantista y casi espectral del esquema melódico en curso resulta totalmente efectivo. El desarrollo temático fluye naturalmente a través de su absorbente tensión inherente, llegando finalmente a una etérea coda de piano desde la cual emerge ‘Stay Down’. Esta tercera canción del álbum se estructura como una balada progresiva signada por un espíritu sobrecogedor que se maneja con cristalino estoicismo. A mitad de camino, la irrupción de la percusión programada anuncia el arribo de un mecanismo grupal aguerrido y furioso que, en buena medida, hereda el espíritu de la canción precedente. De hecho, su función es la de cerrar el círculo abierto por ‘Rise’, aunque mientras va evolucionando el desarrollo temático en los dos últimos minutos de ‘Stay Down’, se asienta una mayor dosis de sofisticación en los pasajes más exaltados. Todo termina con una tensa calma desde la cual se abre la puerta al ítem siguiente.

IQ

Las cosas se ponen en marcha con ‘A Missile’, canción de poco menos de 6 ¾ minutos de duración que exhibe una garra y una musculatura inapelables. El carácter dramático impuesto por las bases y orquestaciones de los teclados y la prontitud con la que el canto de Nicholls entra en acción refuerzan la luminosa energía sónica impulsada por la dupla rítmica. Sobre el medio tiempo reinante se establece un vigor elegante y versátil que nos remite fácilmente a la canción que abría el álbum anterior, así como a ciertos aspectos de la faceta más agresiva de ese inolvidable disco “Dark Matter”. Algunos ornamentos siniestros de sintetizador durante el interludio calmado añaden más nervio al esquema general de la canción. Tras este vibrante inicio del disco, la dupla de ‘Rise’ y ‘Stay Down’ permite al quinteto reforzar meticulosamente sus nuevos bríos mientras explora variados enfoques musicales. ‘Rise’ comienza con unos golpes psicodélicos que parecen disolverse en un inescrutable vacío cósmico, aunque pronto emergen algunos retazos sonoros que van perfilando un aire de inquietante misterio, algo que el susurrante canto inicial de Nicholls realza. Ya cuando el bloque instrumental entero entra en acción, se nos muestra un podoroso motif cuya parsimoniosa cadencia capitaliza lo que ahora es una expresión de tensa vitalidad. A estas alturas, notamos que la batería de Cook ha estado asumiendo un rol crucial en el entramado grupal, y en esta ocasión específica, su manera de apuntalar el talante oscurantista y casi espectral del esquema melódico en curso resulta totalmente efectiva. Aquí encontramos una de las más impactantes líneas de Nicholls: “Angels die, redemption rages / The age of man on an empty page / And chances are this will save your soul / Or break it in pieces. / Traitors stay where they may stay, / They will not take my courage from me. / They make me blind when I can see. / It goes together and it’s free.” El desarrollo temático fluye naturalmente a través de su absorbente tensión inherente, llegando finalmente a una etérea coda de piano desde la cual emerge ‘Stay Down’.

Esta tercera canción del álbum se estructura como una balada progresiva signada por un espíritu sobrecogedor que se maneja con cristalino estoicismo. A mitad de camino, la irrupción de la percusión programada anuncia el arribo de un mecanismo grupal aguerrido y furioso que, en buena medida, hereda el espíritu de la canción precedente. De hecho, su función es la de cerrar el círculo abierto por ‘Rise’, aunque mientras va evolucionando el desarrollo temático en los dos últimos minutos de ‘Stay Down’, se asienta una mayor dosis de sofisticación en los pasajes más exaltados. Todo termina con una tensa calma desde la cual se abre la puerta al ítem siguiente. También hay algunas líneas de Nicholls que vale la pena resaltar aquí: “The same winds that sailed you skyward / Will steal you back this last change / That we’ve been going through, / The time I would spend with no one but you.” – “If I mistake those vital signs for real, Then should I resist all the strength that failed / As it held me derailed in the silence? / Anyone left alive in the fire, / Hope expires without a sound. / Damn your eyes and you stay down.” A fin de cuentas, ‘Stay Down’ sirvió como válvula de escape para los aspectos más tensos de las dos primeras canciones, las cuales instauraron sendos puntos culminantes del repertorio, así, con todo el descaro del mundo, desde el punto de partida. También cumple con la misión de sembrar la semilla de ‘Alampandria’, la canción más corta del disco con sus poco más de 3 ¾ minutos. Su prólogo se apoya en la flotante densidad de capas cósmicas de sintetizador, con algunos ornamentos de talante arábigo entrando a tallar en ciertos momentos estratégicos, y ya cuando se instala el cuerpo central, el grupo resuelve la tensa calma con la que había terminado ‘Stay Down’ empleando una atmósfera amenazante arropada por un uso estilizado del nervio rockero. Cuando llega el turno de ‘A Shallow Bay’, el grupo elabora una fastuosa y envolvente balada cuyo centro climático está ocupado por uno de los mejores y más electrizantes solos que Holmes elabora en todo el disco: de hecho, este solo está a cargo de guiar el camino hacia el cierre de la canción. ‘If Anything’ recoge abiertamente los ecos de la pasión oscura que inundó a la canción precedente para traducirlos a una instancia más reflexiva. Así, el encuadre melódico que acompaña a las letras y el canto de Nicholls tiene que ser sosegado, exorcizando a la dimensión más intimista del estándar melódico de la banda. Los fraseos de guitarra clásica de Holmes y el groove grácil de la dupla rítmica hallan su luz de faro en las suaves capas provistas por los teclados de Durant. Poco antes de llegar a la frontera del quinto minuto, todo vira hacia un clima gótico que parece anunciar el arribo de un nuevo momento tormentoso. Pero no es así realmente, sino el puente hacia el sonido de organillo en tiempo de vals con el que se inicia ‘For Another Lifetime’, la larga canción encargada de cerrar el primer volumen (dura poco más de 15 ¼ minutos).

‘For Another Lifetime’ comienza con una secuencia de vals circense bajo un clima envolvente que pronto revela algunas sutiles aristas tétricas (al modo de una banda sonora de una película de horror B de los 70s). Para cuando el ensamble en pleno entra en acción, se da una proyección rockera bien encuadrada dentro de una parsimonia de efectistas síncopas, pero alrededor de la frontera del sexto minuto, emerge una sección más explícitamente ágil. Una tercera sección regresa a la parsimonia con una dosis extra de punche, casi coqueteando con el prog-metal, mientras algunos teclados retoman algunos ornamentos tétricos. Mientras tanto, Nicholls proclama: “Tides are turning again. / Red letter deadhead mourning. / Can I comment to getting enough reminders? / If I learn to forget the reasons, I can’t forgive or live it down. / It’s in the ground, beneath my feet, / From miles below. / It’s in the air, it’s everywhere I know. / So it’s all in the mind, jet setter debt is over. / Should I condemn preserving an old sensation? / If I live to regret those actions all my days / In end out of sight.” Es al terminar esta exhortación a su mundo interior que el bloque instrumental vira hacia una solemne sección final, con un enclave melódico focalizado sobre oportunos toques dramáticos. Así las cosas, el terreno está preparado para que emerja un epílogo conmovedor, muy propio del estándar histórico de la banda. ‘The Great Spirit Way’ es la canción encargada de abrir el segundo volumen de “Resistance” y es, de hecho, la más larga de este doble ítem con sus 20 ¾ minutos de duración. También encarna otro momento cumbre del disco. Comienza a lo grande con un pequeño crescendo inicial que lleva a una pletórica combinación de pomposidad sinfónica (casi a lo ELP) y un combativo nervio rockero apoyado sobre un complejo e intenso swing. El groove vira hacia una instancia más calmada poco antes de llegar a la frontera del sexto minuto. De todas maneras, pronto surgirá otra sección potente que se pone a combinar aires de “The Road Of Bones” y de “Subterranea”. Nicholls se vuelve a lucir con pasajes poéticos como éste: “Like a dead man waking up, not his vision, / I will confess, in a heartbeat I changed my mind. / On reflection, I’d settled for less. / If tomorrow should come too late, / Preparations will go to waste. / Wait much longer, I’ll lose the taste. / Late developer chased it underground. / Stay, do or die trying.” Una sección sobria y calmada, principalmente guiada por hermosos fraseos de guitarra acústica, se abre paso alrededor de la frontera de los 11 ½ minutos, una sección que realmente opera como un puente hacia un paraje flotante de talante cinematográfico. La siguiente sección, que asienta un terreno firme para el lucimiento de un brillante solo de sintetizador que rodea al canto de Nicholls, es una cosecha de los dos discos precedentes de la banda en tanto que hace gala de un señorío potente y ceremonioso. Finalmente, todo aterriza en una amalgama de agonizantes capas de sintetizador y evocadoras líneas de guitarra acústica.

‘Fire And Security’ comienza con un preludio en clave de balada acústica, el cual es en realidad el germen para un poderoso cuerpo central donde el medio tiempo del swing armado por la dupla rítmica se dispone a sustentar un despliegue de majestuosa musicalidad muy entonada en un intermedio entre los PORCUPINE TREE de los últimos discos y los GENESIS de la fase 76-78. Hay otro espeluznante solo de guitarra a cargo de un inspiradísimo Holmes que añade una oportuna dosis de electrizante excitación al hermoso desarrollo temático. ‘Perfect Space’ se orienta hacia una esquematización más compleja y más extrovertida en comparación con la canción precedente, siendo así que el punche rockero de los aportes de la guitarra y los teclados se hermanan a la perfección con el vitalista entramado rítmico que enhebran y tejen Esau y Cook. Este último incorpora muchos elementos jazz-rockeros a lo largo de su labor creada para la canción, contando para ello con un impulso relevante de parte de algunas bases de teclado. También cabe destacar el fulguroso solo de sintetizador que emerge a mitad de camino. Sin duda, se trata de otro cénit del disco, y de paso, citamos nuevamente a Nicholls: “Sleepwalking through the rank and file / With a different sense of style. / Love and loss led along a crooked mile. / Was I resolving? / The die was cast that lost afternoon. / Welcome to phases of the moon. / Cutting back our chance too soon.” – “And the more I save my own skin, / So the more I’ve strayed from within, / But I have the feeling that I’m in a dangerous mood. / Break enough like never before to shake it off / And get without this thing in my head. / Remain beautiful, aching inside again.” Durando casi 20 minutos, ‘Fallout’ nos lleva al final del doble álbum por vía de una síntesis de ‘The Great Spirit Way’, ‘Rise’ y ‘Perfect Space’: para ser más específicos, recoge la versátil y exquisita opulencia de la primera, la oscura densidad emocional de la segunda y el vigor sofisticado de la tercera. Su comienzo en soñador transita entre lo contemplativo y lo melancólico, creando una atmósfera relajada que no tardará mucho en abrir paso a una sucesión de motifs más contundentes y ostentosos. Los grooves escogidos para cada una de ellas van desde los muy llenos hasta otros más dispersos, reiterando algunos modismos jazz-rockeros que escuchamos antes. Poco antes de llegar a la frontera del minuto 11, las cosas se relajan notoriamente para abrir camino a un bello pasaje de piano. Teniendo valía por sí mismo, este pasaje también es una vía hacia una sección semilenta sostenida por un esquema rítmico portentosamente grácil: esto suena bastante retro, muy a tono con los legados de YES y GENESIS a través de los filtros de unos KARMACANIC o unos BRIGHTEYE BRISON. La última sección es un regreso al prólogo ensoñador, esta vez con el añadido de abstractos efectos de percusión, pedales bajos y guitarra, los mismos que realzan los matices aportados por las capas de teclados. El encuadre sonoro se centra plenamente en lo onírico.

Todo esto es lo que se nos ha brindado en “Resistance”, y ha sido bastante, la verdad que sí. Desde nuestra perspectiva, en lo referente al ingenio compositivo y el flujo de los arreglos instrumentales, nos parece que la serie de piezas contenidas en el volumen 2 está mejor lograda que la del volumen 1, aunque no dejamos a apreciar éste como un gran ejemplo de lo que pueden hacer estos cinco maestros de IQ con sus armados de atmósferas variadas y sus sofisticadas estructuraciones de su esencial poderío rockero. Si bien consideramos que, en líneas generales, pierde en la comparación con su tan bien celebrado antecesor “The Road Of Bones”, el hecho es que “Resistance” goza también de grandes méritos para una muy positiva apreciación estética desde el canon histórico de IQ. Este grupo no es el mismo de la fase 1982-85, ni tampoco el mismo que gestó esa obra magna del revival 90ero que es “Ever”, pero se nota que este disco está gestado para asentar los aires nuevos que se iban integrando a su paradigma durante la temporada de los dos discos precedentes. En resumen, este doble álbum “Resistance”, en tanto testimonio coherente de la perduración del ideario musical de IQ, merece toda la atención que se la ha prestado en las diversas redes dedicadas a la difusión del género progresivo. ¡Totalmente recomendable!

- Muestras de 'Resistance':

A Missile:

Stay Down:

Perfect Space:

Fall Out:

* A propósito, el término que da nombre de este nuevo doble álbum ya apareció antes en una canción sin álbum de inicios de los 90s que se titula ‘N.T.O.C. (Resistance)’, la cual se encuentra en el recopilatorio de canciones extra “The Lost Attic: A Collection Of Rarities (1983-1999)”.


cesar inca mendoza

  • Más críticas del autor en:

Autopoietican: autopoietican.blogspot.com