Crítica del disco de Korekyojinn - 'Fall Line' (2015)

La continua línea de ascenso de Korekyojinn

Korekyojinn - 'Fall Line'
(15 julio 2015, Mis)

Korekyojinn - Fall Line

Hoy disponemos de la muy agradable ocasión de disfrutar de la nueva obra musical de los japoneses KOREKYOJINN, este supertrío del cual no sabíamos nada desde el año 2011, cuando no solo publicaron “Tundra” sino también un disco en asociación con el genial violinista Tsuboy Akihisa [KBB, POCHAKAITE MALKO] titulado “Doldrums”. Pues bueno, ya desde mediados de julio pasado existe “Fall Line”, disco que viene a ser el quinto realizado por este ensamble de Tatsuya Yoshida [batería], Natsuyki Kido [guitarras] y Mitsuru Nasuno [bajo]. Publicado por el sello Magaibutsu, este nuevo trabajo nos muestra que KOREKYOJINN sigue siendo solvente en la gestación de ideas aventureras y sumamente aguerridas dentro de la vanguardia progresiva japonesa del momento. El trío se mantiene fiel a su vitalista híbrido de jazz-rock, math-rock, heavy prog, psicodelia y rock-in-opposition: su propuesta ya es algo reconocible, pero nada dado a estancamientos ni aburguesamientos, pues contiene dentro de sí un potencial aparentemente infinito de vigor creativo. Veamos los detalles del repertorio de “Fall Line”, ¿vale?

Durando poco más de 6 ¼ minutos, ‘Breathless’ inicia el repertorio con una rudeza exquisita y bien organizada, abriendo espacios para que algunos complicados juegos de síncopas permitan a la agresividad reinante asumir efectivas dosis de luminosidad: éstas derivan finalmente en una estupenda coda de base jazz-funk. Siendo como son tan esenciales los juegos de síncopas y los instantes silenciosos en medio de esta metralla triádica, se puede decir que esta pieza es una exhibición de tensas ingenierías diseñadas para dejar sin aliento al oyente atento. Luego sigue ‘Dislocation’, una de las tres composiciones del álbum que bordean los 9 minutos de duración; aquí, el vigor imperante cobra una prestancia aumentada, lo cual se traduce en una neurosis musical más pesada y rotunda que la que hallamos en la pieza de apertura. Un recurso que ayuda eficazmente a sustentar esta incrementada neurosis sónica está en juegos cacofónicos situados en algunos lugares estratégicos. Una simpática sección reggae ayuda a aliviar un poco las tormentosas expansiones rockeras en curso. ‘Island Man’ nos lleva hacia atmósferas más deliberadamente alegres, casi como poniendo música de fondo a los días felices de un grupo de turistas en una isla paradisíaca. Claro está, dicha isla y sus placeres están ubicados en el cosmos de KOREKYOJINN, así que la alegría reinante está pletórica de aguerrida tensión y furiosa vitalidad en base a complejas estructuras rítmicas. Cuando llega el turno de ‘Gulch’ – otra de las piezas particularmente extensas del álbum –, el trío está más que listo para ejecutar la perfecta síntesis entre el rabioso espíritu lúdico de la pieza anterior y el dinamismo alucinado que atravesó a los dos primeros temas. El trío se siente como en casa asentando su arquitectura sónica sobre un terreno rítmico que parece estar en perpetuas fases de erosión y reconstrucción. Definitivamente, los legados de RUINS y BONDAGE FRUIT no han quedado borrados del todo en cada proyecto donde se embarcan estos geniales músicos. Los momentos de ingeniería cacofónica brindan una engañosa imagen de estabilidad mientras el grupo prepara el terreno para nuevas extravagancias de tenor free-form.

Con ‘High Time’ llegamos al ecuador del álbum y ya no nos esperan más sorpresas en la apreciación estética del álbum, pero sí nos aguardan más momentos de excitación melómana cuando nos encaramos con esta alternancia de math-rock y free-jazz con un ocasional enfilamiento stoner: hay un breve pero refrescante solo de guitarra a lo FRED FRITH que amerita una especial mención. ‘Eventide’ nos lleva a una confluencia entre los recovecos osadamente sistemáticos de ‘Gulch’ y la robustez lúdica de ‘Island Man’; en esta ocasión hay pequeños campos particulares de lucimiento para el bajo – especialmente en uno donde se explora el efecto fuzz con convincente fruición –, aunque es cierto que el trío se preocupa muy concienzudamente por mostrarse como una trinidad sónica compacta a más no poder. Acercándonos al final del álbum nos topamos con ‘Clean Cut’, una pieza tremendamente marcada por el modelo math-rockero y certeramente acentuado con vibraciones Crimsonianas. Es como una gran placa de metal ornamentada con abolladuras perfectamente redondeadas con la que se pretende celebrar el frenesí imparable de la vida urbana; parece mentira cómo algo que fácilmente puede parecer caótica está en realidad penetrado por un dinamismo arquitectónico meticuloso hasta en sus aspectos más minúsculos. La tercera pieza de larga extensión es justamente la que titula y cierra al álbum. Lo que tenemos en ‘Fall Line’ es la exhibición de la faceta más lírica de la banda, dentro de lo que se puede llamar lírico aquí: hay una armazón fácilmente reconocible en las ilaciones multi-temáticas y se da una preocupación especial por reforzar cada motif con el fin de la imponente extroversión facilite la empatía con el oyente. Definitivamente, esta pieza recibe plenamente el impacto de ‘Clean Cut’ y lo reviste de una estimulante estilización. Todo este repertorio ha simbolizado, en líneas generales, un nuevo auge del vigor recalcitrantemente alucinado que marcó a los dos primeros álbumes del trío, después de las estrategias de arrebatos coloridos que se plasmaron en “Tundra” cuatro años atrás.

“Fall Line” es una borrasca, un maremoto y una gozada: las tres cosas en una dentro del variopinto mundo progresivo de nuestros tiempos. Las tres mentes de KOREKYOJINN organizan una lógica estética muy particular a la hora de reforzar su posición dentro de la avanzada art-rockera japonesa con cada nuevo disco, y “Fall Line” no es la excepción. ¡A disfrutar!


Nota: -/10


- Escucha el disco 'Fall Line':


firma cesar inca mendoza

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