Crítica del disco de Macroscream - 'Macroscream' (2016)

La grandeza impenetrable de la actual escena progresiva italiana

Macroscream - 'Macroscream'
(4 abril 2016, AltrOck Productions)

Macroscream

Hoy tenemos el tremendo agrado de presentar al grupo italiano MACROSCREAM por motivo del lanzamiento de su segundo disco, el cual se titula al igual que la banda… ¡y vaya si no es bueno este disco! Hacienda un poco de historia, tenemos que MACROSCREAM tiene su germen en la intención del bajista-teclista Alessandro Patierno de formar un grupo en Milán bajo el molde de la vieja tradición progresiva de los 70s desde inicios del milenio: dicha idea empezó a concretarse seriamente cuando entró en escena el baterista Marco Pallotti en el 2008, uniéndose poco después Davide Cirone a los teclados principales y Tonino Politanò a las guitarras. Contando todos ellos con estudios teóricos de música y composición, la idea cogió fuerza muy pronto, y más prontitud trajo el ingreso del violinista Gianpaolo Saracino, quien tenía ya una vasta experiencia en el área del folk-rock. “Sisyphus”, del año 2012, fue su disco de debut, y ahora en el 2016, “Macroscream” nos brinda un rotundamente hermoso catálogo de eclécticos viajes musicales donde el sinfonismo, el jazz-rock y la fusión contemporánea se unen en una compacta expresión progresiva. Todo un golazo para el sello Fading Records. Hoy por hoy, la alineación de MACROSCREAM consta de los mencionados Politanò, Saracino, Pallotti, Patierno (tocando también guitarra clásica, mandolina y algunas percusiones) y Cirone, además del vocalista Luca Marconi. El bloque sonoro que se explaya a lo largo del álbum se completa merced a una generosa lista de músicos invitados a los vientos (los saxofonistas Pierluigi Pensabene y Edoardo Capparucci, el flautista Fabio Angelo Colajanni y la trompetista Francesco Marsigliese), las percusiones (Davide Eusebi y Sanjay Kansa), las gaitas (Daniele Bicego) y los coros (Esharef Alì Mhagag, Awa Koundoul, Chiara Calderale y Ben Slavin). Veamos los detalles de este repertorio ahora mismo, ¿vale?

Durando poco menos de 13 minutos, la canción ‘Mr. Why’ abre el álbum con despliegues generosos de grácil coloración musical y de vibraciones humorísticas. El inicio con efectos de estación de metro y alguien caminando daban un probable augurio de teatralización y no nos estaban engañando: el canto de Marconi y los diversos motivos que se van sucediendo cuales trasfondos de escenas de una vida que parece tener mucho de cotidiana pero mucho más de peculiar captan la esencia de un relato cinematográfico. La primera sección está marcada por un ágil groove jazzero que está a medio camino entre la farsa Zappiana y un musical de Gene Kelly, mientras que la segunda sección vira a un dramatismo ceremonioso al estilo de PREMIATA FORNERIA MARCONI. La influencia de la vieja tradición progresiva italiana persiste mientras la tercera sección nos lleva a una aureola de exaltación surrealista: ahora la cosa apunta a un híbrido entre el manierismo hiperbólico de BANCO DEL MUTUO SOCCORSO y el aspecto fusionesco de AREA. El pasaje final nos lleva a una dimensión reflexiva donde la congregación de piano y violín dirige a la instrumentación global. Sigue a continuación ‘Then It Goes Away’, pieza que elabora un aura jazz-rockera imponente y aguerrida, a pesar de que la armazón de los compases sustentadores no es precisamente muy frenética. Estableciendo un entramado sonoro que porta aires de familia con los paradigmas de D.F.A. y DEUS EX MACHINA, también hay campo para la inserción momentánea de un groove de corte reggae. ‘Unquiet’ es el título del tercer tema y se caracteriza por un hermoso despliegue de lirismo, muy en línea con la tradición del prog sinfónico. La pieza exhibe una vitalidad señorial a despecho del empleo de un compás razonablemente reposado para el sustento de su desarrollo temático. La ambientación resultante establece ciertos aires de familia con las líneas de trabajo de NOT A GOOD SIGN y UBI MAIOR, aunque sin duda los recursos jazz-rockeros siguen presentes en los coloridos que aportan los solos de saxo y el Groove ligero que crea el piano eléctrico. Por otro lado, es imposible no pensar en el PFM del “Chocolate Kings” cuando entran a tallar esos hermosos diálogos de guitarra y violín.

‘The Flying Giampy’ está a cargo de establecer, al menos en su mayor parte, un dinamismo sanamente extrovertido que nos retrotrae a los legados de COLOSSEUM y de GENTLE GIANT (época del “Three Friends”), además de algunos resabios del inmortal estándar del Canterbury en su versión más fastuosa (HATFIELD AND THE NORTH, NATIONAL HEALTH). Así las cosas, con el oportuno añadido de la robustez del jazz-rock contemporáneo, tenemos también una conexión con ALTARE THOTEMICO y DEUS EX MACHINA. Para la sección final, el grupo elabora un motivo solemne y ceremonioso con el cual la pieza adquiere una envolvente aureola pomposa, un poco a lo GENESIS. Durando cerca de 11 minutos ‘Goliath’ se explaya en expresionistas luminosidades musicales. Su función principal consiste en desarrollar una genuina síntesis de los aspectos más marcadamente extrovertidos de la rutilante y caleidoscópica vitalidad musical que la gente de MACROSCREAM ha venido marcando como su norte estilístico a lo largo del repertorio precedente. Algunas secciones ciertamente irradian un gozo de vivir único, contagioso, muchas veces humorístico; también cabe señalar que aquí están algunos de los mejores solos de sintetizador del disco. La conclusión, ceremoniosa como es, recibe los ecos del masivo colorido precedente. Los últimos 12 ¼ minutos del álbum están ocupados por ‘Impenetrable Oak Bark’, canción que empieza centrándose en un relax emocional sobrio y envolvente con una sencilla instrumentación protagonizada por la guitarra acústica. Cuando llegamos a la frontera del tercer minuto, el grupo varía de registro hacia una triunfante luminosidad signada por complejos grooves y elegantes interacciones entre guitarra, teclado y violín. Otras dos secciones sirven para que el grupo trabaje con un creciente lirismo desde cuya estilizada placidez se podrá articular la erección del pomposo final de la canción, la cual delinea un preclaro ejercicio de emotividad musical: el dramatismo reinante goza de una vibración grisácea muy efectiva. El fade-out da la impresión de que la tensión emocional en curso se encierra en su propia espiral sin solución de continuidad.

MACROSCREAM y “Macroscream” son nombres a ser anotados en nuestras agendas de próximas compras progresivas porque tenemos en nuestras manos una joya definitiva del presente año 2016, no nos cabe duda alguna al respecto. Recomendado al 100%.


- Muestras de 'Macroscream':


cesar inca mendoza

  • Más críticas del autor en:

http://autopoietican.blogspot.com