Crítica del disco de Markus Reuter - 'Sun Trance' (2020)

Exhortaciones musicales al Astro Rey

Markus Reuter - 'Sun Trance'
(7 de agosto de 2020, MoonJune Records)

Markus Reuter - Sun Trance

Hoy presentamos aquí un disco muy especial: “Sun Trance”, proyecto musical de MARKUS REUTER, el célebre experto en Touch Guitar que compuso esta obra por encargo del Prof. Dennis Kuhn en nombre del Mannheimer Schlagwerk, un colectivo formativo de música experimental asentado en la bella ciudad alemana de Mannheim. De hecho, la suite recogida en este disco – la cual dura casi 36 ½ minutos – fue registrada en vivo en la susodicha ciudad de Mannheim, más específicamente, en el local Alte Feuerwache, el 23 de mayo de 2017. Tres años y pico después después, el sello MoonJune Records se hizo cargo de la publicación oficial de este ítem: exactamente, el 7 de agosto de 2020. REUTER, quien se hizo cargo de la Touch Guitar y los soundscapes, estuvo acompañado por un nutrido ensamble que incluía a los vibrafonistas Dennis Kuhn y Ti-Hsien Lai; Luis Andrés Chavarría Báez, al glockenspiel; Lukas Heckmann, al glockenspiel y los idiófonos; los percusionistas Marius Fink y Oğuz Akbaş; Maria Wunder, al clarinete bajo; el guitarrista Patrick Baumann; el bajista Johannes Engelhardt; la baterista Linda-Philomène Tsoungui; y Hye-Rim Ma, al sintetizador. Kuhn, uno de los vibrafonistas, se hizo cargo de la dirección musical del ensamble, lo cual repercutió en el énfasis señorial del rol de las percusiones tonales dentro del entramado sonoro de la suite. Definitivamente, lo etéreo y lo ondeante son las señales esenciales que definen a esta obra gestada en la mente del maestro REUTER.

Veamos los detalles de la suite misma. Las percusiones tonales marcan la pauta inicial con su ensoñadora secuencia repetitiva que va creando ondas delicadas y cristalinas mientras una capa minimalista de tenor cósmico persiste en el subsuelo como lava dormida. Más adelante, alguna ligera variación en las cadencias percusivas va gestando lo que parece ser una muy sutil vivacidad hasta que, poco antes de llegar a la frontera del sexto minuto, todo vira hacia un ejercicio de lirismo atmosférico con un parsimonioso posicionamiento de elementos progresivos que se sitúan a medio camino entre el paradigma de MIKE OLDFIELD y una modalidad onírica de chamber-rock. La labor de la batería, que en unas pocas ocasiones abre algunas pequeñas vías estratégicas de parco lucimiento, asienta el groove apropiado para esta gentil agilidad que le da un giro nuevo a la neblina sonora reinante. Cuando se detiene la batería, la combinación de percusiones tonales y vibradoras se adueña exclusivamente de las cadencias que ahora marcan el desarrollo temático, pero también resultan relevantes las flotantes orquestaciones de sintetizador y soundscapes que emergen en un cercano trasfondo. Así las cosas, cuando la dupla rítmica regresa, el bloque sonoro se siente un poco más lleno; de paso, el aura ensoñadora precedente es sustituida por otra más melancólica, aunque el imperio de lo etéreo persiste de manera inapelable. Los ornamentos de las guitarras (muy Frippianos en cuanto a su estilo explicitado) están estructurados de una manera muy cuidada, estando principalmente a cargo de llenar algunos espacios aludidos por las orquestaciones sintetizadas… y, de paso, crear alguna sobria virguería en el camino desde la que el bloque global puede aspirar a su nivel máximo de intensidad expresiva. Una nueva sección emerge alrededor de la frontera del minutos 23, un nuevo momento de introspección ensoñadora, aunque esta vez se nota un talante un poco inquieto en el modo en que los vibráfonos asumen una impostura grave por encima de las capas sintetizadas. Es en este momento que, una vez reingresada la dupla rítmica, el ensamble crea una ambientación levemente densa, al modo de una evocación de un atardecer inmemorial. El breve y vaporoso solo de guitarra que surge en este momento está lleno de vibraciones nostálgicas. Los cuatro últimos minutos están centrados en una remodelación del motif y la atmósfera iniciales, pero hay dos detalles especiales en esta sección epilogar: en el incrementado tenor abstracto que empuja al soundscape de trasfondo, y; el color extra que aporta el clarinete mientras los vibráfonos bajan gradualmente la tónica de sus cadencias.

Esto es lo que se nos brindó en “Sun Trance”, un mágico y esplendoroso ejercicio de exhortaciones al Astro Rey que MARKUS REUTER compuso con tremendamente lúcida inspiración y que el ensamble de Mannheimer Schlagwerk convirtió en un estupendo manifiesto de belleza vanguardista. Pocos veces hemos presenciado cómo el talante envolventemente ingrávido del aire y la delicadeza ondeante del agua pueden enmarañarse y fusionarse dentro del arte del sonido, pero esto es justamente lo que se ha logrado con esta obra musical. Un disco fantástico que recomendamos ampliamente.


- Muestras de 'Sun Trance':


cesar inca mendoza

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