Kobetasonik: ¿Quién dijo que el rock había muerto?

 Crónica del festival Kobetasonik en Bilbao
Fecha: 20 y 21 de junio 2008
Lugar: Monte Kobeta, Bilbao
precio: 100-125 euros bono dos días

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¿Quién dijo que el rock había muerto?

Texto & fotos: Javier Moreno Vega

Hablar de un festival de dos días de duración y 25 bandas repartidas en dos escenarios es, cuanto menos, complicado. Máxime cuando la mayoría de ellas encadenan consecutivamente sus respectivos shows, sin apenas tiempo de reponer energías e hidratarte. Además, realizar una extensa crónica de cada concierto sería interminable.

Es por esto, y otros factores -como los horarios de actuación muy tempranos o, sencillamente, los gustos musicales del que suscribe- que no hay aquí completa cuenta de todas y cada una de las bandas participantes.

Viernes, 20 de junio

Comenzaba el festival con un sol de justicia reinando en el
parque bilbaíno. Por los ya citados motivos de horarios, demasiado temprano, no
pudimos disfrutar de las descargas de Black Tide y Su Ta Gar. Entre
validaciones y traslados hasta el lugar del festival, llegamos con el tiempo
justo de comenzar con Gotthard, justo después de atisbar a oír el eco de
los australianos Airbourne. Toda una lástima pues la intención era, al
menos, disfrutar de la propuesta rockera, macarra y descarada de estos hijos
bastardos de AC/DC. Por su parte, los suizos demostraron, una vez más, por que
están arrasando en el panorama hard rockero europeo. Un concierto brillante,
lleno de energía, y que en ningún momento bajó de intensidad. Apoyados en todo
momento por la intensidad guitarrera de Leo Leoni y la perfecta ejecución vocal
de Steve Lee, aprovecharon su escaso tiempo para deleitar a la cada vez más
creciente audiencia con sus infalibles “Anytime Anywhere”, “Lift U Up” o su
conocida versión del “Hush” purpleliano.

Llegaba el turno de los hermanísimos Cavalera y su propuesta
thrash anclada en tiempos mejores. Con un repertorio centrado en su  pasado sepulturero, y con una calidad de
sonido muy deficiente, fue el momento ideal para darse una vuelta por el
recinto, ver sus instalaciones, el mercadillo, etc. Con los efectivos Sonata
Arctica
nos dimos cuenta, una vez más, de que el power metal finlandés
sigue gozando de audiencia y buena forma. No van a pasar de ser un grupo perfecto
para un festival, ni igualarse a sus -de momento- extintos compatriotas
Stratovarius, padres musicales y líderes del género, pero sobre el escenario
hacen disfrutar al público y, con los tiempos que corren, eso es ya una
barbaridad.

Hace ya dos años, llegué a la conclusión de que Apocalyptica
tendrían un difícil camino que recorrer si se empeñaban en centrar su propuesta
en cuatro violonchelos. No me equivoqué, y parece ser que a los únicos que
convencen es a los más jóvenes, ávidos de nuevas y diferentes propuestas. Tan
solo con sus versiones de Metallica consiguieron arrancar la euforia metalhead.

 Que Gamma Ray son un seguro infalible no lo voy a
descubrir yo ahora. Los germanos parecen disfrutar de un estado de gracia
permanente que, si bien en disco les cuesta plasmar -al menos de una manera
continuada-, en directo les convierte en una apisonadora musical, efectiva y
espectacular. Kai y los suyos lo saben y, con la complicidad del público,
ofrecieron una de las actuaciones más completas del festival. A recordar
Heaven Can Wait” y “Land Of The Free”, junto a unas no menos destacables
Heavy Metal Universe” y “Send Me A Sign”.

Saltándonos la propuesta industrial y anti-Bush de Ministry,
que musicalmente no era especialmente atractiva para este redactor,
aprovechamos para recuperar fuerzas de cara al plato fuerte de la velada: Judas
Priest
. Para ello, tuvimos que prescindir de la descarga de Helloween, a
fin de optar a una inmejorable situación en el escenario principal que nos
permitiera ver a Halford y compañía. Hay que decir que, en todo momento, en las
pantallas de los laterales de cada uno de los dos escenarios se proyectaban
imágenes de los conciertos que en ese instante tenían lugar, pero no así su
audio. Por eso, vimos a Helloween, pero no los escuchamos... (que les costaría,
digo yo, habilitar también el sonido). Por lo que pudimos oír más tarde, no fue
la noche de Andi Deris en lo vocal, y la ya habitual y estática pose de Weikath
no ayudó demasiado a su lucimiento. Una pena, pues en la reciente gira conjunta
con Gamma Ray dejaron una muy buena impresión en mi retina. También, como en
esa citada gira, Kai Hansen subió a interpretar “I Want Out” y “Future World
con su banda madre.

Y llegó el esperado momento de ver a Judas Priest. Con un impresionante
telón de fondo, con la portada de su recién estrenado 'Nostradamus', el
cual iban intercalando -según el tema interpretado- con su nueva revisitación
del logo del tridente, el ojo eléctrico o su ya tradicional grafía, sobre la
Union Jack, comenzaron apostando por el nuevo álbum y el tema “Prophecy”,
precedido de la intro instrumental del disco.  Con un envejecido y pasado de
kilos Halford, pero con sus virtudes casi intactas, y la consabida poca
movilidad del grupo, fueron desgranando uno tras otro sus incombustibles
clásicos. Eran una apuesta segura, y ante una audiencia ya ganada de antemano,
tan solo tuvieron que interpretar correctamente sus temas para convertirse en
lo mejor de la jornada. Los únicos “peros” a su actuación: un
Painkiller” un tanto edulcorado, y la ausencia de clásicos como “Living After
Midnight
” o “Turbolover”. Nada que no puedan reparar en su -esperemos- obligada
futura visita para la presentación del nuevo disco.

Para finalizar la jornada, y ante muy poco público, pues ya pasaban
de las tres de la madrugada y la actuación de Priest había dejado exhaustos a
muchos, Slayer desgranaron su contundente set de siempre, escaso de novedades y
aburrido a estas alturas de la película.

Sábado, 21 de junio

Nueva jornada y nueva maratón por delante. Unido al cansancio del día anterior, arrastramos también las consecuencias de la noche bilbaína, por lo que igualmente al anterior día, prescindimos de las propuestas más madrugadoras del cartel. Para el sábado, al menos, la climatología vizcaína nos dio un poco de tregua: no dejó de hacer calor pero unas densas nubes aliviaban los rayos del mediodía.
Las descargas iniciales de un festival tienen, entre sus motivos, dos principales razones de ser: presentar bandas más o menos noveles, o poco exitosas en nuestras tierras (caso de Tigertailz, Latzen o Death Angel); y amenizar a la vez a los primeros y más madrugadores festivaleros (generalmente residentes en la zona de acampada). La idea inicial era acudir un poco antes de la descarga de Death Angel. La propuesta thrash de los americanos viene avalada por una exitosa crítica de los medios especializados, por lo que a priori no queríamos perdernos su actuación. Como si fuésemos novatos, finalmente, no llegamos a presenciar ninguna de las cuatro primeras bandas en actuar, lo cual tiene pocas excusas, máxime si tenemos en cuenta los problemas técnicos acontecidos en el escenario 2 que retrasaron en casi tres cuartos de hora el programa de actuaciones (problema que se resolvió acortando los sets de todas las bandas a lo largo de la jornada para ajustarse lo máximo posible al planning original).
Sea como fuere, la primera actuación que coreamos fue la de los teutones (cada vez menos) Arch Enemy. No es que el death melódico que proponen me entusiasme, pero he de reconocer que en directo son una auténtica apisonadora metálica. Las ganas de Angela y compañía hicieron que, al igual que nosotros, muchos de los asistentes se fueran acercando cada vez más ante su escenario, hasta congregar a una nutrida audiencia headbanger, que difícilmente pudo resistirse a una banda entregada como pocas vimos en el festival. Sin duda, uno de los shows más laureados y una de las triunfadoras del cartel.

El caso de Brujería, he de reconocerlo, es bien distinto. El grind-hardcore no es santo de mi devoción, pero también hay que ser realistas, se trata de un proyecto que, por muy encabezado por ilustres del género que esté, no goza de una continuidad sobrada en directo, por lo que su presentación suena hueca, sin cohesión entre sus miembros y eso que al menos ganas e intensidad le ponen a la actuación.

Tesla es otro cantar. La gente sabe que los americanos rockean como pocos, y solo una pequeña cantidad de público eligió perderse su actuación. La poco habitual presencia por nuestros escenarios hizo también que adie quisiera perdérselos. La energía de estos veteranos y curtidos californianos fue ampliamente compensada por una audiencia entregada a unos clásicos que, si bien no son de cabecera, si demuestran frescura y actitud heavy tras tantos años en la carretera. Sin duda, y por destacar algún punto de su actuación, fue su archiconocido “Love Song” el momento más álgido de su actuación.

La descarga de Michael Schenker la seguimos desde el horizonte. Con un sonido nítido y brutal, la MSG desgranó uno tras otro un set que no por predecible restaba enteros: “Rock Bottom”, “On And On”, “Into The Arena”, y una muy libre versión (enésima ya) del “Doctor, Doctor” de UFO… clásicos imperecederos del teutón, que hicieron las delicias de una muy decente audiencia, aunque menos numerosa que con Tesla. Y eso que la presencia escénica de Gary Barden sin duda era un aliciente único para el show. Personalmente tenía más interés en ver su estado físico que el de Michael, que depende únicamente de sus fobias y excentricidades para cuajar una actuación solvente. Pues bien, Mr. Barden demostró que, pese a su inactividad, ha vuelto con energías, y esa voz aguardentosa, rasgada y que hiciera las delicias en los ochenta, está de regreso. No puedo dejar pasar la ocasión de comentar que, si bien cumplió su misión como tantas y tantas veces le ha tocado en muy distintas bandas, mi querido Chris Slade no pasará a la historia de los baterías de la MSG como el más destacado, pues en Bilbao se mostró poco enérgico. Quizá los años pesan ya, aunque me inclino a pensar que esta nueva experiencia requiere de más rodaje en carretera para verle en estado puro.

 Recuperadas las fuerzas, de nuevo cambio hacia el escenario secundario para ver la que sin lugar a dudas fue la gran decepción del festival. Europe venían a tocar ante un público que siempre les ha respaldado y aupado como pocos. Lamentablemente, pincharon. Un show muy estático, desganado y sobre todo muy, muy, muy descafeinado fue lo que ofrecieron. La poca energía que transmitieron y los efectos utilizados terminaron por hacer desfilar a la audiencia prematuramente para ganar situación frente a Dio en el escenario principal. Ni siquiera sus más conocidas canciones hicieron despertar a una banda aletargada. Y eso que ganas le puso el público, que no dejó de corear y cantar ni uno solo de los temas de los suecos. Tan solo “Rock The Night” (incluida en su set en detrimento de “Cherokee”) gozó de la entrega más absoluta de la banda. Con “Carrie” nos dormimos... solitario Tempest a la acústica en el escenario, mientras la banda descansaba, y apagón de sonido para que el público cantara el estribillo. Inaudito. Una cosa es que el bueno de Joey dejara cantar a la gente, pero que se cortara el sonido durante ese momento, con total ausencia de música, era descorazonador. “Superstitious” y “Dark Days In Paradise” sonaron muy pop, y quizá fue “Start From The Dark” lo más rockero que disfrutamos durante un buen rato. Su final con el clásico “The Final Countdown” fue ya digerido en la lejanía. Si a todo esto le sumamos el recorte serio que sufrieron en el tiempo de su actuación, para ajustarse en todo lo posible al horario de actuación de Kiss, definitivamente podemos decir que no fue su noche.

 ¿Como estaría Dio de facultades? ¿Aguantaría todavía el pequeño gran hombre un show completo sin ayuda de efectos?... Estas preguntas eran las que nos hacíamos antes de la descarga del elfo más querido por la comunidad metálica. Y la respuesta es SI. Un si rotundo. El solo se bastó para  llenar un inmenso escenario (preparado con mucha antelación para la actuación y el montaje de Kiss) que a cualquier otro se le había hecho muy grande durante la jornada. Un inicio rompedor con “Holy Diver” dejaba las cosas claras: Ronnie no venía de paso, y su intención era dejarnos exhaustos. Uno tras otro, sus clásicos más clásicos nos iban noqueando (“Rock And Roll Children”, “Rainbow In The Dark”, “Don’t Talk To Strangers”, ...). Sus más recientes obras (como “Killing The Dragon”) no desmerecían para nada en un set centrado sobre todo en su carrera individual, con pocas concesiones a Rainbow (“Temple Of The King”, “Man On The Silver Mountain”, ...), y nulas a Black Sabbath. Eso si, ante semejante repertorio, imperdonable que no tocase “We Rock”, pero como con el resto de bandas, al recortarle el tiempo de actuación tuvo que suprimir los bises. En cualquier caso, muy grande Dio, y muy grande la audiencia. No cesó en ningún momento de repetir que nos quería, pero claro, muy bien sabe que nosotros también le amamos.

 Muy duramente, decidimos escalar posiciones ante el escenario principal de cara al concierto de Kiss. Para ello tuvimos que aguantar, durante dos horas, mil y una penurias: cansancio, sed, calor, empujones, codazos, trifulcas entre los kissmaniacos, y lo peor de todo: perdernos a Blind Guardian. Les he visto ya muchas veces, y aun están por defraudarme. Y la de Kobetasonik no iba a ser una excepción. Por lo oído posteriormente, su actuación volvió a ser una lección de power metal con mayúsculas. En la lejanía, y como igualmente sucediera el día anterior con Helloween, a través de las pantallas de video, se adivinaban los trallazos de los alemanes. La espinita clavada del festival, sin lugar a dudas.

Pero mereció la pena. Tras casi cinco horas (entre Dio y la última espera) delante del escenario, se apagaron las luces. Sonó íntegramente “Won’t Get Fooled Again” de The Who como introducción, mientras un telón negro con el logo de Kiss en plata cubría todo el escenario. Y entonces... la locura. Tras la explosión y caída del telón, apareció la banda al completo sobre la plataforma de la batería, descendiendo desde lo más alto del escenario, al son de “Deuce”. Desde este momento en adelante, la definición de espectáculo en su acepción más grandilocuente tomo forma física. Uno a uno fueron desgranando esa joya de directo (con la que para mi es la mejor portada de todos los tiempos, dicho sea de paso) llamada “Alive!”. Tracas, cohetes, lluvia de confeti, hielo seco, bocanadas de fuego, ... todo es poco y escaso para el espectáculo de los neoyorkinos. A nivel musical, impresionantes. Nunca han sido una de mis bandas de referencia, he de reconocerlo, pero el directo que ofrecen es sencillamente brutal. Siempre musicalmente hablando, el inicio fue una declaración de guerra directamente. Agresividad y entrega absoluta de una banda que, por mucho que sea criticada -sobre todo la visión comercial de la que Simmons y Stanley hacen gala-, dan espectáculo y ofrecen un show impecable, e impagable.

Todos y cada uno de los miembros tienen su momento de gloria: Simmons escupe fuego, sangre y vuela. Eric Singer, muy bien por cierto, demuestra su experiencia constantemente y lo borda en “100.000 Years”. Tommy Thayer cumple. Siempre en un continuo examen, sabe que debe demostrar su pericia ante los fanáticos más extremistas en todo momento, y si bien su ejecución es muy buena, ciertamente no es uno de los mejores guitarristas del universo rock. Su solo durante “She” es sencillo y escueto, aunque efectivo, sobre todo adornado con los cohetes lanzados desde su guitarra. Y Stanley es el frontman por excelencia. Destila glamour, actitud y sexualidad por doquier, y a partes iguales que destreza vocal. No para de moverse y animar a la gente (guiño al “Starway To Heaven” zeppeliano incluido), y su punto álgido recayó en el vuelo sobre el público, con una tirolina, para aterrizar en la torre de controles (mesa, sonido y efectos) situada a unos treinta metros del escenario. Estamos hablando de una banda que tiene unos cuantos años, pero que está en plenitud de facultades. Una vez acabada la reproducción del “Alive!”, solo los bises bien hubieran valido el precio de la entrada.. “Shout It Out Loud”, “Lick It Up”, “I Love It Loud”, “Love Gun”, “I Was Made For Loving You” y “Detroit Rock City”.

 Ciertos medios (no diré nombres) definieron el show como flojo, pero claro, esto es una web independiente y mi contribución en ella es casi, casi amateur. No tenemos la suerte de viajar por todo el globo y ver a las bandas más grandes una y otra vez. Para nosotros fue la primera experiencia Kiss, y digan lo que digan, fue espectacular en todos los sentidos. Quizá es que el ambiente que destila la zona VIP de la que estos medios disfrutan dista mucho de la pasión desmedida y la locura que se respira a diez metros del escenario, donde nosotros estábamos, y la visión no es la más correcta, pero decir que el público no estuvo a la altura de la banda me parece, cuanto menos, estúpido. Una afluencia de casi 30.000 personas ante los americanos se empeña en contradecirlo.


Valoración global del festival

 En resumen, y como colofón, decir que la organización del festival estuvo a la altura de las circunstancias en todo momento. Se puede criticar el método de los tickets prepago, las colas de los autobuses (que salían cada cinco minutos -olé-)… pero coordinar un evento que reúne en dos días a más de 50.000 personas y que todo salga casi a la perfección es para quitarse el sombrero. Y el público también se merece especial mención. Patosos hay en todos lados, si a ello añades alcohol, más si cabe, pero por cuatro cabestros no se puede dejar pasar la ocasión de felicitar a una comunidad metálica que, una vez más, demostró pasión y entrega ante un evento de primer nivel, y una respuesta envidiable. ¿Quién dijo que el rock había muerto?

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