Me negarás tres veces (por lo menos)

 Cuando Prometeo robó el fuego de los dioses de la forja de Hefesto (algunos dicen que lo cogió del carro de Helios, pero a quién le importa), el cabreo de Zeus fue monumental. Fue quizá una de las primeras ofensas grave a un dios por parte de algún acólito, aunque es difícil asegurarlo porque no se tiene constancia de todas. Lo que sí es evidente es que no sería la última.

Cuentan que, algunos centenios después, un tal Pedro no tuvo las agallas de apoyar a su maestro. Ya pudieron cantar gallos y gallinas, que él no estaba dispuesto a sufrir condena por lo que había organizado su jefe, aunque se hubiera jactado de ser su discípulo y luego aprovechara para tomar el mando de la banda. Tres veces negó que formara parte del entramado Galileo y, claro, no estaba Garzón allí para llevar la investigación adecuadamente. Y el pollo salió libre, y con poder.

Quizá sea porque me he educado en un entorno católico, como la mayoría en este país, por lo que me parecía más razonable basar mi primera ofensa en las similitudes con este episodio bíblico. Mi escasez de fe, en todos los sentidos, ha hecho que tenga pocos reparos a la hora de ofender a los dioses. Y, francamente, colaborando (por el momento, después de esto a ver cuánto duro) en una página devota del rock progresivo, el primer ofendido tenía que ser Robert Fripp y sus King Crimson.

NO me gusta King Crimson. NO me gusta, en general, aunque haya ciertas canciones que puedo soportar. Me aburre. Demasiado virtuosismo, demasiada psicodelia, demasiada locura. No puedo aguantar la alinealidad de las composiciones. Y ese melotrón, que en 'Kashmir' de Led Zeppelin suena celestialmente, aquí me satura. Cierto que yo soy carne de doble-bombo, no lo puedo negar, pero puedo jactarme haber escuchado un amplio rango de músicas relacionadas con el rock, y de añorar todos los días a los gigantes de los años 70. Pero, a King Crimson, NO. No lo aguanto.

NO me cae bien Robert Fripp. Ya sé que eso no es lo realmente importante, que lo que importa es si su música es buena o no. Pero, oye, si encima tenía dudas de lo último, su mil veces destacada personalidad antisocial le hace más insufrible aún. Malditos dioses.

NO puedo soportar que Fripp haya grabado sonidos para Windows Vista. Ya bastante malo es el sistema operativo de Microsoft, como para encima volvernos más locos aún con las flipadas del colega. A lo mejor tienen hasta mensajes ocultos para que compremos el software, que a estos rockeros los carga el diablo.

Vale, sí, la tercera negación parece una coña, pero eso debe ser porque no te has peleado con el Windows Vista. Si tú supieras...

Ahora sí, amigos progresivos, podéis despellejarme.