1974-1976, los años que llevaron a Rush a las puertas de 2112

Fuente: Wikimedia
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El 1 de abril de 1976 veía la luz “2112”, el cuarto álbum de los canadienses Rush y, con él, el rock progresivo ganaba una obra maestra. El tema que da título al disco, “2112”, una pieza de 20:34 dividida en siete capítulos inspirados por la novela de Ayn Rand “Anthem” (“¡Vivir!”), sirvió de inspiración a una nueva generación de músicos, al tiempo que abría las puertas de un nuevo estilo al gran público. Pero para llegar a “2112” tuvieron que transcurrir dos años en los que las grandes ventas y los carteles de sold-out no formaban parte del plan...

De 1968 a 1973, Rush se curtió con conciertos en locales que apenas llegaban para pagar sus gastos, al tiempo que se iba fraguando su talento como compositores. En 1974 llegó su primer álbum, el homónimo “Rush”, un compendio de sus influencias que, inevitablemente, no podía esconder su deuda con los riffs y los ritmos de batería más contundentes de Led Zeppelin. Lo cierto es que este disco no provocó gran impacto, ni tampoco dejaba traslucir nada más allá de unos pocos destellos de lo que nos depararían en un futuro, casi todos contenidos en el tema “Before and After”.

Tras la salida del álbum, y con la gira de promoción en ciernes, John Rutsey anunciaba su retirada del grupo debido a problemas de salud. Al menos esa fue la versión oficial, aunque es sabido que su poco gusto por la carretera tuvo que ver en esta decisión. Tras esta salida, Geddy Lee y Alex Lifeson se pusieron a la búsqueda de sustituto que apareció al segundo día con Neil Peart. La historia del rock progresivo acababa de cambiar para siempre. Peart aportó una buena dosis de materia gris al seno del grupo, algo que se tradujo en una mayor profundidad en las letras y una mayor sensibilidad a la hora de combinar sus partes.

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La nueva formación funcionaba como una máquina bien engrasada en directo pero, concluida la gira, llegó el momento de dar el siguiente paso en el estudio. En “Fly by Night”, Rush por fin encontró un sonido propio y reconocible, en el que apenas se dejaba intuir un leve rastro de su primera obra. Con el tema “Anthem”, la batería de Peart pasó a un primer plano, pero lo realmente sorprendente era la imbricación de todos los elementos musicales, lo que daba muestras de una madurez sorprendente dado el poco tiempo transcurrido desde la incorporación del baterista. “Anthem” supuso también el inicio de la ya mencionada relación con la escritora Ayn Rand, fuente de inspiración directa de esta y otras muchas letras, incluidas las de “2112”.

Pero fue “By-Tor and the Snow Dog” la canción que adelantaba el estilo en la composición con el que arrasarían en los 80. Una canción de ocho minutos y cuarenta segundos -muy por debajo de los temas de más de veinte que nos encontraríamos en posteriores trabajos, eso sí- que nos deja una épica batalla entre guitarras en su sección media. Este diálogo (o discusión) evidencia ya el gusto en los desarrollos melódico-narrativos que se convertiría en elemento distintivo de su obra.

Con su siguiente disco, “Caress of Steel”, se produjo un punto de inflexión: Peart demostró que era posible aunar garra y complejidad. King Crimson había abierto la caja de los tiempos compuestos en el rock y Rush la llenaba de contundencia. Para las futuras generaciones de músicos, supuso pasar de la simplicidad del cinquillo a la complejidad maquiavélica del Courchevel Hi/Lo; las reglas del juego habían cambiado. Los elementos más pesados de su obra anterior adquirieron mayor protagonismo, lo que dio lugar a temas como el impresionante “The Necromancer”, una joya oscura de más de doce minutos con una conclusión brillante en la que se combinan los elementos de un todavía incipiente metal con otros espacios más melódicos. Años más tarde, grupos como Voivoid y Cynic la incluirían entre sus referencias directas. Para finalizar, “The Fountain of Lamneth” dividía en seis cortes su compleja estructura en un viaje épico hacia la fuente que ponía fin al vinilo. Entre los amantes de los ritmos más metálicos, el tercer disco de Rush.

“Caress of Steel” fue un fracaso en ventas pero, pese al reclamo de la discográfica para que el grupo evolucionase hacia composiciones más comerciales, sentó la estructura sobre la que descansaría la obra que les llevaría a ser una banda multiplatino. “2112” vio la luz tal y como la banda lo concibió gracias al empeño de los tres miembros del grupo por no abandonar su libertad creativa. “Si tenemos que caer, lo haremos en llamas”, llegó a decir Lifeson. No solo no cayeron, sino que sentaron las bases para toda una generación; el rock progresivo se lo agradece, mientras espera que Neil Peart no confirme su retirada y se lleve su magia con las baquetas.