Crítica del disco de Blackfield - 'Welcome to my DNA' (2011)

A la tercera

Blackfield - 'Welcome to my DNA' (28 marzo 2011)
Kscope
Calificación: 8

Blackfield - Welcome to my DNA

1. "Glass House" 2:56
2. "Go to Hell" 3:03
3. "Rising of the Tide" 3:47
4. "Waving" 3:54
5. "Far Away" 2:47
6. "Dissolving With the Night" 4:06
7. "Blood" 3:17
8. "On the Plane" 3:41
9. "Oxygen" 3:04
10. "Zigota" 5:04
11. "DNA" 3:56

Duración total: 39'35''

Músicos:
- Steven Wilson - Voz principal en 1, 4, 5, 8, 10; voz a dúo en 3, 6, 7, 11, guitarras y teclados
- Aviv Geffen: Voz principal en 2, 9; voz a dúo en 3, 6, 7, 11, guitarras y teclados
- Eran Mitelman: Piano y teclados
- Seffy Efrat: Bajo y coros
- Tomer Z: Batería

Género: Pop-rock, rock progresivo, art-rock.
Grabado en 2010 en No Man's Land, Hemel Hempstead; Sarm West, Londres; Pluto, Tel-Aviv; Bardo, Tel-Aviv.
Producido por Steven Wilson, Aviv Geffen & Trevor Horn.


Sin duda que de todos los proyectos musicales de del genial Steven Wilson, el más discutido o menos aclamado, por llamarlo de alguna manera, estaba siendo éste, llamado Blackfield, donde colabora con el compositor y vocalista israelí Aviv Geffen, quien realmente compone todos los temas (música y letras). Pero tras dos discos algo alejados del concepto más rockero, bordeando, y mucho, el progresivo, en este 'Welcome to my DNA' termina de convencer al fin. A ambos músicos les ha quedado un disco más que notable.

Que nadie, eso sí, se espere un álbum semejante o cercano al sonido Porcupine Tree. Wilson tampoco se parece aquí al de 'Insurgentes', su debut en solitario en 2008. Simplemente hallará una grabación de canciones preciosistas, en ocasiones ambientales, en otras, próximas al pop, y en extremos casos, con algo de guitarra eléctrica que nos hace recordar a sus momentos de drome en Porcupine Tree.

Canciones cortas, letras cuidadas, guitarras producidas al extremo, teclados puramente ambientales, voces filtradas, bases rítmicas a veces sintetizadas... Esto es Blackfield, con la excepción antes comentada de que esta vez ha hecho un trabajo más interesante y complejo. Apenas 40 minutos de disco que pasan en un suspiro, que ciertamente atrapan desde el inicio, con la voz bella y delicada de Wilson, arrancando con 'Glass House', donde se escuchan unos teclados y guitarras tan bien enfocadas al sinfonismo que parece que se escuchara un cuarteto de cuerda como fondo de las estrofas principales. Por cierto que el estribillo recordará a muchos a Yes y sus momentos más delicados y preciosistas. Por momentos uno parece estar escuchando la guitarra de Steve Howe y los violines de sus álbumes más complejos.

Le sigue 'Go to Hell', que irrumpe enganchando abruptamente tras 'Glass House', cantada ya por Geffen, dejando ya las primeras diferencias y su sello de distinción. Se trata de un tema con una base funky que se repite continuamente aunque con capas de guitarras, una batería más contundente y teclados envolventes en el estribillo. 'Rising of the Tide' es, por contra, una tranquila composición que lleva el inconfundible ADN de Wilson, desprendiendo una gran melancolía, y dando algo más su cara conocida en Porcupine. En la primera parte del tema, el peso lo lleva el piano, pero pasada la mitad del mismo, las guitarras y unos perfectos teclados crean la magia. Increíble la parte final: no se la pierdan. Pocas piezas tan bellas se han escuchado jamás en el pop-rock.

Con intención de despertar a los que quisieran algo más de energía llega 'Waving', un corte popero casi bucólico, donde Steven Wilson vuelve a llevar exclusivamente el peso vocal en el que es el único tema compuesto por él. Guitarras acústicas de innegable factura 'wilsoniana' terminan ganándose al oyente, que disfruta por fin de otra base de batería más rápida y con más golpeo de platos. Sin embargo, Wilson y Geffen se decantan por volver a cortar esta dinámica y ofrecen 'Far Away', quizás el mejor tema del álbum, éste, ya extra corto, de 2'47'' minutos. Por cierto que a muchos les recodará -y nadie habla de plagio- al tema 'Behind Blue Eyes' de The Who, con algunas partes absolutamente similares, sobre todo en su versión de los más jóvenes Korn. Tan sólo guitarra acústica, piano y teclados acompañan la voz delicada de Wilson, que aquí suena especialmente exquisita.

Con más piano arranca 'Dissolving With the Night', ya interpretada por Aviv Geffen, aunque evidenciando que tampoco se diferencian tanto sus timbres de voz, sobre todo cuando no lo intentan. Convincente, pese a un inicio demasiado pacífico. En 'Blood' se saca la vena más folk del israelí, con instrumentos típicos de la música de su país, algo que ya están acostumbrados a escuchar los seguidores de Wilson a través de su papel de productor en el grupo Orphaned Land. Por otra parte, en este tema se pueden escuchar también las guitarras más fuertes y rasgadas de todo el disco.

Para acabar el disco, 'On the Plane', quizás la más 'porcupiniana' de todas, seguida de, precisamente, la más electrónica y pop, 'Oxygen', donde Geffen deja ver su gran vena compositora. Por contra, 'Zigota' es lo más progresivo del álbum, recordando a Pink Floyd de forma abrumadora. Además, en las dos facetas: la de Syd Barrett y de la etapa posterior. Aunque ojo al último minuto del corte: puro drome de Porcupine Tree. Impresionante. Ya el cierre se da con 'DNA', las siglas sajonas para referirse a nuestro ADN, que es sello genético personal de cada persona, algo que aquí Blackfield emplea como reivindicación existencialista, como ya anticipa el título del álbum. No es ni mucho menos lo mejor del disco, e incluso puede resultar cansino el uso a dúo de las voces de Wilson y Geffen, aunque otra vez el tema evoluciona hasta alcanzar un final exquisito musicalmente hablando.

A la tercera, sí, Blackfield, Wilson y Geffen -y dejad que incluya a Trevor Horn por su labor de tercer productor-, me han convencido.

Puntuación: 8/10

Pablo M. Beleña
Abril 2011