Crítica del disco de Culto al Qondor - 'Templos' (2017)

El martillo tripartito de la psicodelia peruana contemporánea

Culto al Qondor - 'Templos'
(8 diciembre 2017, Necio Records)

Culto al Qondor - Templos

Hoy se da la ocasión de presentar al poderoso trío peruano CULTO AL QONDOR so pretexto de la reciente publicación de su disco de debut “Templos”: más exactamente, este disco fue publicado en la primera semana de diciembre del pasado año 2017 por el sello nacional Necio Records. Con la alineación de Dolmo [guitarra y ecos], Aldo Castillejos [batería y loops] y Chino Burga [bajo y drones], CULTO AL QONDOR nos brinda una estupenda muestra de rock oscuramente psicodélico centrado en el paradigma del space-rock y sazonado con matices progresivos, más algunos coqueteos con el stoner y con el post-rock que redundan eficazmente en las rotundas atmósferas de densa oscuridad a los cuales el grupo es tan adepto. Los integrantes del grupo son gente curtida en el underground rockero de su país pues uno de ellos proviene de LA IRA DE DIOS mientras que los otros dos estuvieron en el inolvidable grupo SERPENTINA SATÉLITE. La prehistoria de CAQ se remonta al lapso entre los años 2003 y 2005, en el que el trío armó varios jams lisérgicos que llamaron la atención del oúblic ounderground limeño, pero no dejaron tras de sí ninguna grabación oficial debuido a los compromisos que tenían ellos entonces con los dos grupos mencionados. Ahora estamos en el presente: el material de “Templos” fue registrado en vivo en una sesión que tuvo lugar en el Bar Hensley en el 2 de setiembre del 2017. El trío tiene su propio manifiesto místico-estético impreso en la contratapa del disco y viene bien transcribirlo aquí: “Nuestras máquinas tienen alma / y nuestras almas tienen músculos. / Nuestras ideas tienen dientes / / Y alas... muchas alas en nuestras mentes...” Esta noción de explorar en el interior para sacar de allí una garra esencial con la cual elaborar una propuesta seria y hercúlea de rock artístico donde el fulgor reinante termine por retroalimentar la fuente de luz que le dio origen describe bastante bien el modus operandi en las composiciones de la banda.

Vayamos ahora al repertorio mismo del disco. Ocupando los 11 primeros minutos del álbum, ‘Martillo’ empieza deshaciéndose en martilleos flotantes que poco a poco se van derivando por un cauce bien definido en base a un efectivo groove sostenido por la batería. Los efluvios místicos plasmados en los impresionistas guitarreos y las punzantes escalas del bajo gestan en conjunto un despliegue de energía sonora que, manteniéndose siempre bien focalizada, nunca se desborda. Más o menos a partir de la frontera del sexto minuto, el viaje musical realiza una transición hacia una instancia de intensidad visceral donde las aristas rockeras frontalmente expuestas son pulidas con una incandescencia voraz. El dinamismo impetuoso de unos HAWKWIND y la faceta más ruda de unos GURU GURU (época de los dos primeros discos) se conjugan mágicamente en lo que en este momento particular hace el trío. Durando casi el mismo tiempo que el tema de apertura sigue a continuación ‘Amanecer En Tres Cruces’, pieza que consta de dos momentos claramente delimitados entre sí a la par que se conectan con fluida claridad. Su primera sección es marchosa y contundente, habitada por un fuego terrenal e impulsada por un fuego celestial a partir de un jam sencillo que va edificando sobre el camino el auge de su propia sofisticación. Las vibraciones pulsátiles del jam en cuestión están enmarrocadas bajo la ley del paradigma stoner en cuanto a su estructura básica, pero la realización concreta se mantiene controlada por un pulso convincente que sabe preservar una cierta aureola flotante para la incandescencia sonora en curso. La segunda sección deriva hacia una densa liviandad que se proyecta a una introversión cósmica: no estando muy lejano del modelo de los PINK FLOYD de fines de los 60s ni tampoco del más contemporáneo estándar del post-metal, el trío concreta en esta instancia particular un momento de inescrutable magia sonora. Tal vez tenemos aquí el primer cénit decisivo del disco, lo cual da particular relevancia al hecho de que es el bajo de Burga el ítem que lidera la edificación de las atmósferas sucesivas. Mientras la batería aprovecha los espacios vacíos para plasmar varios ornamentos rítmicos dentro de los bien definidos compases esquemáticos, los guitarreos dibujan bosquejos cósmicos penetrados por pertinentes dosis de rudeza.

Con su espacio de 13 minutos, ‘Antiguos Dioses Sobre Chilca’ se erige como la pieza más extensa del disco, siendo así que en su primera sección recoge buena parte de la cosecha mística y densa de la pieza precedente, aunque esta vez hay un matiz ensoñador que se añade al vigor fastuoso y demoledor que resulta tan esencial para la banda. En una confluencia ágil entre los modelos de ASH RA TEMPEL, COSMIC JOKERS y RUSSIAN CIRCLES (tal vez, también la faceta más salvaje de unos MOGWAI, el trío perfila y gestiona su vivacidad psicodélica con un garbo efectivo y llamativo. A poco de pasada la frontera del octavo minuto y medio, la reinante vitalidad aumenta un poco su frenesí para remitirnos a un inspirado ejercicio de renovación del paradigma de los primeros HAWKWIND. La guitarra hace de los desarrollos armónicos derivados de sus punzantes rasgueos un recurso de perfecta complicidad con el robusto swing de la batería, dejando con ello al bajo la labor de completar los coloridos potenciales del paisaje abierto entre la ingeniería rítmica y las evocaciones melódicas diseñadas para el nuevo jam. De este modo, el grupo lleva a su talante explosivo a un nuevo cénit, y de paso, también al esquema sonoro perpetrado para el conjunto global del disco. Los aires de familia con la faceta más maciza de SERPENTINA SATÉLITE están bien definidos. En fin, el último tema del disco es el que también se encarga de darle título, y justamente porque se trata de la última pieza del repertorio, es conveniente que ostente una espiritualidad crepuscular dentro de las pautas de nervio y musculatura que el grupo impone a la orientación punzante de la pieza en sí. Las líneas de guitarra y bajo vibran con una soltura herética dentro de un hierático y arquitectónico expresionismo; por su parte, la batería crea contorneos tribales con ingeniosa perspicacia, casi como pasando a un segundo plano aunque, en realidad, su función es la de ayudar a la preservación de la gracilidad propia del cuerpo central de la pieza. De todas maneras, para las últimas instancias de esta pieza claramente enrumbada hacia el reposo final, el esquema rítmico adquiere una especie de vehemencia al modo de un impulso tanático hilvanado para sellar el preciso epílogo.

CULTO AL QONDOR es una fuerza creativa que sabe alimentarse de la veteranía de sus integrantes individuales para concretar un vigor grupal férreo y vitalista. Lo que se nos brinda en “Templos” es un rotundo catálogo de tenebristas despliegues de elevada creatividad dentro de un esquema de trabajo psicodélico muy solvente y muy sólido. ¡De lo mejor que se ha hecho en la escena peruana en el año 2017!

Calificación: 8,5/10


- Muestras de 'Templos':


cesar inca mendoza

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