Crítica del disco de And So I Watch You From Afar - 'The Endless Shimmering' (2017)

Siempre relucientes, siempre enérgicos

And So I Watch You From Afar - 'The Endless Shimmering'
(20 octubre 2017, Sargent House)

And So I Watch You From Afar - The Endless Shimmering

Buenas noticias para la comunidad melómana del rock artístico desde Irlanda del Norte: el cuarteto de Belfast AND SO I WATCH YOU FROM AFAR nos brindó hace algunos meses un estupendo trabajo fonográfico titulado “The Endless Shimmering”; más exactamente, el disco en cuestión (publicado tanto en CD como en vinilo) apareció en el mercado en la segunda mitad del mes de octubre del pasado año 2017. El ensamble de los guitarristas Rory Friers y Niall Kennedy, el bajista Jonathan Adger y el baterista-percusionista Chris Wee se ha vuelto a lucir como siempre, reforzando su esencial esquema de trabajo mientras le da nueva vitalidad a ciertos detalles de su bien asentado entramado sonoro. Mal que bien, el grupo se ha convertido en un fuerte referente de la avanzada math-rockera europea e internacional, aunque tal vez su estilo musical sea simple y llanamente rock experimental instrumental. Pero bueno, ésa es la provincia estilística a la cual se le viene asociando desde sus inicios y nos sirve como enfoque para nuestras ideas a la hora de apreciar cada nueva obra que nos trae. Pasemos ahora a los detalles de “The Endless Shimmering”, ¿vale?

Durando casi 5 minutos, ‘Three Triangles’ abre el repertorio con una actitud de paulatino acercamiento entre los instrumentos a modo de un despliegue de energía que se cuida mucho de tener completas sus perspectivas y horizontes antes de instalarse sobre su firme núcleo central. Tras el preludio marcado por el acercamiento llega, claro está, un cuerpo principal donde todas las fichas están en juego: la garra rockera es elegante y bien delineada, haciendo que el nervio inherente a la situación se revista de una oportuna fastuosidad. Las variantes rítmicas que entran a tallar son muy pertinentes al respecto. Luego sigue ‘A Slow Unfolding Of Wings’, pieza que ostenta una arquitectura más sobria dentro del imparable despliegue de garra rockera que hace de cada álbum de ASIWYFA una fiesta de y para el rock en su manifestación artística más robusta. Contando con un diseño preciso en los riffs y bases melódicas de las dos guitarras, la vitalidad del swing empuja al bloque instrumental en pleno a completar la labor en la instauración de un cénit definitivo del álbum. Portando el amenamente desafiante título de ‘Terrors Of Pleasure’, la tercera pieza del álbum se impone a punta de neurótica jovialidad, alternando pasajes sostenidos sobre un groove constreñido con otros en los que la fuerza sale a todo dar con una fiereza celebratoria. A veces estos nos suena al eslabón perdido entre DON CABALLERO y LED ZEPPELIN.
Siguiendo por una línea similar mientras añade una renovada aureola de sofisticación a los desarrollos temáticos, ‘Dying Giants’ saca buen provecho de su espacio de poco menos de 7 ½ minutos, que de hecho le convierte en el ítem más largo del repertorio. El punche rockero y el carácter adusto del desarrollo temático sitúan a la pieza en cuestión en territorio bastante cercano al post-metal (pensamos en bandas como RUSSIAN CIRCLES y RED SPAROWES) en varios pasajes. El epílogo vira drásticamente a un pasaje sereno y etéreo en el que los cálidamente parcos arpegios de guitarra se hacen acompañar por un envolvente arreglo de cuerdas... muy a lo post-rock, valgan verdades, y de hecho, nos hubiera agradado que durara un poco más este delicioso fragmento de cierre pues porta una magia irremediablemente cuativadora.

Tras el esplendor manifiesto en la pieza precedente, ‘All I Need Is Space’ vuelve al terreno explorado en el segundo tema del álbum mientras reconstruye buena parte del vigor fastuoso del cuarto; con un primer cuerpo signado por un lirismo penetrante, el segundo se orienta hacia un arrebatador clímax masivo. Todo esto se traduce en un ahondamiento en la aureola festiva que ya se ha impuesto como el factor predominante en el repertorio del disco que estamos revisando ahora. El sexto tema del álbum es el que justamente da título a éste: engarzándose con ‘All I Need Is Space’, dedica buena parte de su espacio a plantear un contraste de sobriedad frente al arrebato que había sustentado el antes mencionado clímax de cierre, jugando primordialmente al realce de la meticulosa ingeniería de los guitarreos y la dupla rítmica al estilo de un paisaje impresionista. La sección final se apunta a una fiereza estilizada remontada sobre el empuje que hasta ahora había sido solo parcialmente latente, pero que ahora se enrosca en torno a su efímera exaltación. Con un minúsculo reprise de los sutiles destellos con que se había iniciado esta pieza se abre la puerta para el surgimiento de ‘Mullally’, tema que dura poco menos de 4 minutos y cuya línea de trabajo se centra en los aspectos más filudos del estándar del math-rock. El grácil lirismo de los solos de guitarra (casi siempre duales) y el desarrollo armónico opera como un efectivo contrapeso al neurótico despliegue vigor de los cuatro instrumentistas. ‘I’ll Share A Life’ es el segundo ítem más largo del disco con sus poco más de 6 ¼ minutos de duración: su talante inicial es frontalmente ceremonioso, incluso mostrando un porte cauteloso en los riffs duales iniciales de las guitarras. Recién a partir de la frontera del segundo minuto es que el grupo decide expandir la garra potencial de los guitarreos duales, aunque el dinamismo de la dupla rítmica sigue adelante con su exploración de macizas síncopas. El grupo juega a preservar una atmósfera uniforme a través de diferentes niveles de nervio rockero, llegando todo a una culminación de luminoso vitalismo en el último minuto y medio. En fin, el repertorio concluye con ‘Chrysalism’, un ejercicio de expeditas vibraciones pesadas donde la calculada visceralidad de los guitarreos abre campo a un especial protagonismo del machacón punche de la batería. Hay un momento pletórico de vigor incendiario a mitad de camino que nos remite a una especie de erupción volcánica antes de que el epílogo nos brinda un breve muestrario de suaves escalas de guitarra. Un buen final de disco.

Fueron poco menos de tres cuartos de hora de magnificencia math-rockera al más puro estilo de AND SO I WATCH YOU FROM AFAR, una banda que ha sabido gestar y gestionar un estilo reconocible mientras iba motivando novedades interesantes con cada nuevo disco. En el caso específico de “The Endless Shimmering”, el cuarteto puede presumir cabal y genuinamente de haberse lucido con suma prestancia.

Calificación: 8,5/10


- Muestras de 'The Endless Shimmering':


cesar inca mendoza

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