Crítica del disco de At War With Self - 'Circadian Rhythm Disorder' (2015)

Un nuevo orden y un ritmo diferente

At War With Self - 'Circadian Rhythm Disorder'
(11 marzo 2015, Autoproducido)

At War With Self - Circadian Rhythm Disorder

Hoy nos toca el turno de revisar la nueva obra de AT WAR WITH SELF, titulada “Circadian Rhythm Disorder”: la nueva instancia fonográfica de este proyecto dirigido por el multi-instrumentista Glenn Snelwar estadounidense se basa en el “Normalizar Project II” de Marco Minnemann, un solo de 51 minutos que ya desde el año 2010 ha motivado trabajos tan alucinantes como el “Evidence Of Humanity” de MIKE KENEALLY, el “Modulator” de TREY GUNN, el “24 Tales” de ALEX MACHACEK y el “Deeper With The Anima” de PHI YAAN-ZEK. Al igual que en el penúltimo de estos discos mencionados, Snelwar – quien luce sus dotes a las guitarras y mandolinas eléctricas y acústicas, bajo sin trastes y teclados – ha decidido plantear su enfoque personal a partir de 24 segmentos. Snelwar no es un desconocido para quienes conocen a GORDIAN KNOT (proyecto liderado por Sean Malone y donde el mismo Snelwar era cofundador) pero es en los discos de AT WAR WITH SELF donde hallamos su aporte más esencialmente significativo a la escena progresiva contemporánea. Los tres discos anteriores “Torn Between Dimensions”, “Acts Of God” y “A Familiar Path”, que datan entre 2005 y 2009, le muestran como un ingenioso compositor y un muy pulido instrumentista que se siente cómodo oscilando en áreas musicales tan diversas como el prog-metal, la psicodelia progresiva, el jazz-rock, la línea acústica de tendencia académica y el rock sinfónico a la vieja usanza. Ahora, con “Circadian Rhythm Disorder”, toda esta inquietud ecléctica tiene la oportunidad de integrarse de una manera renovadora dentro de un continuum donde la ilación integral de los 24 pasajes es más relevante que la identidad individual de cada uno de éstos. Queda claro que cada sección se arma con una sensibilidad orfebre única, pero… ¿cómo resulta el conjunto?

Veamos. La primera sección ‘Slate Wiper’ instaura una atmósfera ácida en base a riffs ostentosamente pesados, pero dejando algunos espacios para que los duetos de mandolina y guitarra acústica muestren algo de cálida luminosidad. La dupla de ‘Seeds Of Doubt’ y ‘Seeds Of Love’ nos lleva por caminos aún más intrincados: el primero trabaja un perfilamiento más sofisticado de la pesadez inicial en base a unas cadencias que exploran grooves jazz-rockeros con buen pulso, mientras que el segundo se enfila por una espiritualidad reflexiva, abriendo así camino a un lirismo cristalino. ‘The Mirror’ nos devuelve a lo más electrizante del paradigma prog-metalero, creando un espacio idóneo para un espectacular solo de guitarra; dado que ‘Mirage’ crea un groove sincopado para explorar el rol hipnótico de unos riffs repetitivos, puede emerger cómodamente ‘Stumbling To Sleep’ con el propósito de reinstaurar fluidamente la fiereza metalera anterior con un frenesí renovador. La secuencia de ‘Daydream’ y ‘This Is Not My Reflection’ se encarga de instalar un dinamismo extrovertido y sofisticado en clave jazz-rockera, dejando bien sentado cuán importante fue la visión de Snelwar en la forja de GORDIAN KNOT: siendo la segunda de estas secciones la más larga, goza de mayor espacio para trabajar con texturas de inspiración Crimsoniana y atmósferas fusionescas dentro de un bloque sonoro que mantiene un nervio rockero único y genuino. Es por eso que la muy breve sección ‘Smash The Mirror’ puede insertarse como una coda electrizante para ‘This Is Not My Reflection’, traduciendo la robusta expresividad reinante en fiereza pura y dura. Las secciones 10-12 son las tres partes del concepto de ‘Shards’. Son 6 ½ minutos repartidos entre estas tres secciones donde Snelwar vuelve a senderos de sutilezas sonoras donde las elegantes florituras del bajo y las bases armónicas de las guitarras acústicas ocupan roles protagónicos alternantes. ‘Nightmare’ se conecta hermosamente con el espíritu general de ‘Shards’ pero introduce una dimensionalidad nebulosa en las orquestaciones de teclado, como si anunciara la irrupción de algo tétrico y amenazante… y eso es lo que sucede cuando surge ‘Running From The Dream’, un ejercicio de intensidad urgente que comienza bien compenetrado en el modelo del death-metal progresivo para terminar en una suntuosidad heavy que nos remonta al mejor IRON MAIDEN.

Cuando estamos en la sección ‘N.D.E.’, la cosa se pone en plan sigiloso dentro de una exploración de espacios vacíos a través de un juego de síncopas simplemente brillante, lo cual funciona como preparación para la fastuosidad incandescente de ‘Tunnel Of Light (The Road Back)’. ‘Re-birth’ se siente bien perfilada dentro de la faceta más frenética del álbum, mientras que ‘First Breath’ abre un espacio relajante para que el bajo pueda lucirse, y así disipar gradualmente las huellas de la tensa densidad que crearon los guitarreos de las dos secciones precedentes. Es así como se inicia la serie de las dos partes de ‘New Life’: la primera parte ostenta orientaciones hacia el modelo del jazz-fusión aflamencado y la segunda toma impulso a partir de aquí para crear una aureola de ensoñación rockera donde la fuerza expresiva de los riffs y solos está al servicio de una melodía que va madurando sobre el camino. La sección #21 retoma los aspectos sutiles de ‘Slate Wiper’ (de hecho, se titula ‘Slate Wiper, Pt. Two’) para sembrar el camino de la aguerrida oscuridad de ‘A Day’s Death’, sección diseñada para retomar las vías de expresión de ‘Running From The Dream’ y ‘Re-birth’. Mientras nos acercamos al final de la suite, ‘Completion Of The Cycle’ explora recursos de claridad melódica mientras articula parajes donde la guitarra puede solear con un dinamismo sensible y virtuoso: el bloque sonoro es tremendamente extrovertido, incluso portando un fulgor volcánico en varios momentos, pero el tenor del núcleo melódico tiene un perfil más bien nostálgico. Todas las aristas de este último despliegue melódico se terminan resolviendo en la última sección, titulada ‘One And All’: poco a poco se construye una atmósfera de paz donde lo introspectivo, lejos de acentuar la nostalgia, brinda la paz añorada y que ahora se hace realidad con un aura envolvente.

Todo esto fue “Circadian Rhythm Disorder”: la lectura que ha hecho Glenn Snelwar de la elocuencia percusiva de Marco Minnemann nos ha dejado plenamente satisfechos, ha sido un experiencia melómana intensa y enriquecedora. Esta obra de AT WAR WITH SELF implica un nuevo orden para el proyecto en base a un ritmo diferente, y por eso resulta muy recomendable para cualquier buena discoteca progresiva.


Nota: -/10


- Escucha el disco 'Circadian Rhythm Disorder':


firma cesar inca mendoza

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