Crítica del disco de Hago - 'Hago' (2018)

Jazz-prog-metal para nuestros tiempos

Hago - 'Hago'
(18 enero 2018, Autoproducido)

Hago - Hago

Hoy toca el turno de la gente de HAGO para hacerse presente en el blog so pretexto de su homónimo disco de debut, publicado en el pasado 18 de enero. Este grupo israelí está conformado por el guitarrista Yoel Genin, el baterista Yogev Gabay, el bajista Guy Bernfeld, el saxofonista Nerya Zidon y el teclista Tom Bar. El grupo tuvo sus inicios en el año 2014 bajo las iniciativas conjuntas de los tres primeros músicos que mencionamos en la oración anterior, quienes se conocieron en el Berklee College of Music. Los otros dos músicos se unieron al ensamble tripartito al año siguiente, con lo cual se fue concretando una visión musical que aspiraba a ser poderosa y dinámica en base a un infatigable eclecticismo. Y bueno, ya teniendo a “Hago” como realidad fonográfica patente desde inicios de este año 2018 (más exactamente, desde mediados de enero pasado), se puede decir que dicha aspiración ha quedado bien definida en un entramado de prog-metal, jazz-rock, fusión y sinfonismo... además de algunos coqueteos ocasionales con modernismos electrónicos por aquí y por allí. El quinteto ha contado con ocasionales colaboraciones de parte del percusionista Yshai Afterman, el trompetista Ron Warburg, el especialista del laúd Vasilis Kostas, un quinteto de cuerdas, además de los apoyos vocales de parte de Parham Haghighi, Danna Protsenko, Harshitha Krishnan e Inna Dudukina.

El disco comienza con la breve pieza ‘Past Forward’, signada por un tenor prog-electrónico que sostiene el desarrollo armónico y el solo de guitarra, cumpliendo así su rol de eficaz preludio a lo que seguirá a continuación. ‘Ezekiel 1.4’ es el primer tema bien definido del repertorio, comenzando con una compleja y aguerrida ingeniería en una precisa y preciosista combinación de los modelos de SHINING, DREAM THEATER y GORDIAN KNOT: de este modo, hay paralelos con lo que hoy por hoy hacen bandas como OCEANIC. A poco de superada la frontera del tercer minuto, la pieza deriva hacia una transición etérea desde la cual el grupo explora un swing jazzero y una atmósfera especial: vaya una mención especial para el solo de sintetizador que entra a tallar en esta instancia. Este factor jazzero persistirá hasta el final mientras se reabre parte del fulgor prog-metalero que había marcado a los 3 primeros minutos de la pieza. ‘Gefilte Kabab’ decide bajar un poco los decibelios a fin de realzar los matices y grooves exóticos que entran a tallar merced al empleo de aires arábigos en la elaboración del desarrollo melódico. De esta forma, el grupo logra crear una magia progresiva envolvente que goza de una razonable cuota de punche rockero; de hecho, el vigor rockero se explaya con entusiasta y luminosa generosidad en buena parte del último tercio del tema, usándose dicho incremento del entusiasmo para realzar el potencial expresivo del desarrollo temático en curso. ‘Ancient Secrets’, uno de los dos temas del disco que duran más de 8 minutos, se hace cargo de llevarnos hacia la dimensión romántica del grupo, la cual se desarrolla en clave jazzera con una cálida amabilidad (incluyéndose un fantástico solo de bajo al estilo del mismísimo Jeff Berlin). Eso sí, a poco de pasada la barrera del sexto minuto y medio, el grupo vira drásticamente a un cuerpo aguerrido pletórico de musculatura prog-metalera donde reinan los paradigmas de DREAM THEATER y de LIQUID TENSION EXPERIMENT. El nuevo esplendor conquistado aquí lleva al asunto a un excelente clímax signado por una imponente majestuosidad. Tenemos aquí un cénit del álbum, no nos cabe duda al respecto.

La breve pieza ‘Rain’ gesta un grácil festival percusivo cuyas vibraciones celebratorias van en crescendomientras los recurso sonoros se van aunando gradualmente. Acto seguido emerge ‘Shdemati’ para establecer recursos de calidez folclórica dentro de una guía temática donde se hermanan los discursos de la fusión y el prog-metal. El canto y el saxofón aportan ítems tremendamente constructivos para la concreción del plan de trabajo diseñado para la ocasión. ‘Dawn Of Machine’ comienza con un cálido despliegue de dinamismos sinfónicos sobre una base electrónica para virar en su pasaje final hacia una sórdida y oscura exhibición de tensiones metaleras. Las cadencias rítmicas marcan la base del motif central, lo cual significa que la pieza en cuestión ha ostentado categóricamente la majestuosidad de su arquitectura sónica. ‘Alpha Centauri’ se remonta nuevamente a ese juego de mezclas e intercambios entre el prog-metal y el jazz-rock que tan buenos réditos ha dado en piezas precedentes. Casi como heredando el fulgor agresivo de la última sección de la pieza precedente, la pieza se enreda con exultante gracia en una poderosa mezcla de KING CRIMSON y MESHUGGAH. ‘Aurora’ es el otro tema del disco que supera los 8 minutos de duración: su estrategia es plenamente jazz-progresiva, centrándose en atmósferas amables, un swing sobriamente sofisticado y un prístino manejo del desarrollo temático que sabe dar vueltas en torno a ciertos motivos bien definidos sin saturar. Una vez más, son los aportes del canto y del saxofón los elementos esencialmente relevantes para llevar a buen puerto las ideas melódicas plasmadas en este tema. Vamos, que en su mayor parte esto no parece que pertenezca al mismo álbum que cualquiera de los dos temas precedentes... pero, por otro lado, nos debe sorprender que en algún momento entren a tallar arreglos de guitarra y batería bien focalizados en el lenguaje prog-metalero, y eso es justamente lo que sucede cerca del final. El epílogo de piano es simplemente bellísimo: nos recuerda un poco al lado romántico de Kevin Moore en los primeros álbumes de DREAM THEATER.

El antepenúltimo tema del álbum es la miniatura ‘Clockwork’, la cual imita el estándar del post-rock a partir de la parca instrumentación de escalas espartanas de guitarra y un etéreo secuenciador de ritmos. ‘Antikythera’ emerge para devolvernos de lleno al esplendor enérgico y el preciosismo robusto habituales del grupo, instaurando otro pico musical para la cordillera de este álbum. La alternancia entre claridad melódica, atmósferas vitalistamente neuróticas y secciones centradas sobre un swing exquisito es manejada con infinita precisión: los instrumentos partícipes van pulseándose mutuamente mientras las ilaciones multitemáticas se van asentando a paso firme. También hay un pasaje solista de piano que se enfila hacia lo tenebroso sin caer en muchos aspavientos, más bien realzando juegos de disonancias que fácilmente se prestan a transmitir una sensación de incertidumbre. En fin, el cierre del álbum llega de la mano de ‘Tralfamadore’, pieza que regresa al aspecto protagónico de lo fusionesco, y eso se nota desde el punto de partida cuando el laúd exhibe unos arpegios saltarines sobre las iniciales capas de los teclados. Los delicados armazones melódicos hallan fácilmente mecanismos de fluidez expresiva, y además, el aporte de la trompeta ayuda bastante a colorear ciertos pasajes marcados por una particular lucidez lírica. En la pieza se inserta una parte del archivo de audio de la llamada anónima al Art Bell Radio Show que anunciaba con voz temblorosa la presencia de alienígenas infiltrados en las fuerzas armadas estadounidenses del Área 51. Hemos llegado al final de la experiencia de “Hago”: el nombre de este disco y el de la banda HAGO han de ser anotados con tinta indeleble en nuestras agendas melómanas pues este quinteto se las trae, realmente se las trae con su manera de aportar bríos nuevos al género jazz-prog-metalero en nuestros tiempos.

Calificación: 9/10


- Muestras de 'Hago':


cesar inca mendoza

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