Crítica del disco de Stick Men & Mel Collins - 'Roppongi' (2017)

Una asociación de lujo

Stick Men & Mel Collins - 'Roppongi'
(3 agosto 2017, Moonjune Records)

Stick Men - Roppongi

Hoy tenemos la estupenda ocasión de hablar del trío STICK MEN y su asociación con MEL COLLINS, el maestro veterano de los vientos que tiene a sus espaldas un currículum impresionante y variopinto (incluyendo membrecías en KING CRIMSON y CAMEL, además de colaboraciones en discos de THE ALAN PARSONS PROJECT, TEARS FOR FEARS. DIRE STRAITS y un largo etcétera). “Roppongi” es el título del doble CD en vivo que recoge las aventuras de esta asociación en el siempre receptivo Japón. Por supuesto que conocemos desde hace mucho tiempo al trío de TonyLevin [Stick y voz] Markus Reuter [Touch Guitar, efectos y teclado] y Pat Mastelotto [batería y percusiones acústicas y electrónicas]. En este doble volumen físico publicado por MoonJune Records (¡gracias una vez más, Leonardo Pavkovic) se recoge lo realizado en dos actuaciones que dio este ensamble cuatripartito en la ciudad japonesa de Tokio el 21 de febrero de este mismo año 2017: la cosa es que cada concierto se publicó en formato digital en el pasado mes de julio, pero ahora tenemos la ventaja de este doble ítem para un disfrute melómano completo e integral. Veamos ahora los detalles de cada volumen de “Roppongi”.

Con la dupla de ‘Hide The Trees’ y ‘Lark’s Tongues In Aspic, Part 2’, el colectivo pone bien en claro que no está para juegos en las primeras instancias del evento recogido en el volumen 1. Los sucesivos estándares de los catálogos respectivos de STICK MEN y KING CRIMSON establecen sendos ejercicios de exquisitos revoloteos rockeros donde el imperio de lo psicodélico se impone con grácil autoridad. La garra esencial del segundo de estos temas recibe aquí una remodelación más refinada, lo cual permite que el groove en curso adopte una aureola más sofisticada. ‘Sepia’, el tercer tema, funciona como un recurso de sólidas exploraciones etéreas en donde los instrumentos juegan una rueda de diálogos cómplices signados por un encuadre de vibraciones fusionescas y preciosismos sinfónicos. Hay una vitalidad latente en esta pieza que nunca llega a explotar abiertamente pues el ensamble procura utilizar su mejor pulso para mantener las cosas en un nivel relativamente contenidos: de este modo, se crea un aura de majestuosa exquisitez. 9 ½ minutos de sublime gloria sonora… ¡de lo mejor del disco! Cuando llega el turno de ‘Sartori In Tangier’, ahora sí se siente el cuarteto para dejar paso al predominio de lo fusionesco a través de una extroversión llamativa y contagiosa. Los pasajes en los que el saxo de Collins y la Touch Guitar de Reuter se hermanan acogen el inicio del clímax conclusivo para guiar inteligentemente al bloque grupal a ese buen puerto. Así las cosas, ‘Crack The Sky’ sirve como un pretexto para dejarnos llevar por una espiritualidad reflexiva y contemplativa: esta etérea balada en 7/8 se caracteriza por hibridizar el legado de los KING CRIMSON de los 80s con el aspecto más cósmico de la obra solista de Levin. Y sobre todo, se caracteriza por contener uno de los solos más hermosos de Touch Guitar que Reuter haya compuesto en toda su vida.

La tríada de ‘Horatio’, ‘Prog Noir’ (neuróticamente satírico tema homónimo del anterior disco de estudio de los STICK MEN) y ‘Ookami’. El primero de estos temas sigue adelante con la exploración del primer álbum de los STICK MEN, cumpliendo con la función de estructurar una ingeniería de trepidaciones sincopadas donde opera una delicada tensión entre lo aguerrido y lo sobrio. Su vitalidad tan delicada y tan perspicaz funciona a cabalidad como un recurso de continuidad para la espiritualidad cósmica de ‘Crack The Sky’. ‘Prog Noir’, por su parte, marca su deriva por una vía de robusta parsimonia encapsulada en un marco de densa elegancia. ‘Ookami’, una pieza particularmente extensa que se centra en un jam de corte netamente psicodélico sobre un compás lento que orienta al bloque instrumental por caminos de sigilo nebuloso y densidad misteriosa. Va un poco en línea con ese insondable y fantasmal estándar Crimsoniano que es ‘Starless And Bible Black’, pero con un acento cósmico más pronunciado; dicho sea de paso, Collins halla varios espacios de lucimiento para su saxofón, aportando trucos de perversa luminosidad a contraluz de la imponente densidad en curso. ‘Level 5’, una de las piezas más explosivas y embrujadoras del paradigma Crimsoniano de la época de los 90-00s, se encarga de cerrar el primer concierto, y lo hace con la modalidad incendiaria que le es esencial pero con una actitud más medida, pues no hay un arsenal de dos guitarras y una Warr Guitar operando aquí (como sucedía en la época del “The Power To Believe”). El cuarteto reclama la vitalidad esencial de la pieza y le da un aire más señorial, teniendo en cuenta la logística disponible en el momento. La manera en que el cuarteto maneja los extremadamente complejos contrapuntos sobre los que se alza el pasaje culminante del intermedio dan buena cuenta de los aires refrescantes que los STICK MEN y su invitado de lujo son capaces de brindar a esta pieza, tal vez la última clásica de los KING CRIMSON (del nuevo milenio).

El repertorio del volumen 2 comienza con un macizo y épico soundscapecoescrito por Reuter y Collins, el cual porta justamente el título de ‘Roppongi’. Dura 6 ½ minutos y realmente está diseñado para erizar la piel del asistente antes de que se ponga en marcha la maquinaria diseñada para el concierto en sí. El primer tema en el que todos los engranajes se encaminan hacia la celebración del art-rock es ‘Schattenhaft’, tema originalmente instituido en el álbum “Prog Noir”, el mismo que se caracteriza por ostentar un expresionismo bravo y rotundo que transita desde lo más exultante a lo más grisáceo con absoluta fluidez. Una gran manera de comenzar el segundo concierto, sin duda, pero después de un despliegue de sistemáticas ingenierías neuróticas siempre viene bien un viraje hacia explayamientos futuristas de talante inescrutable y alimentados con un fulgor ampuloso. Llega la hora de ‘Industry’. Prologándose hasta los 11 minutos y pico de duración, ‘Industry’ – uno de los momentos más espectaculares de la faceta abstracta de los KING CRIMSON de los 80s – desarrolla una atmósfera de inquietud que se amalgama muy bien con el diagrama de ansiedades que abruma al hombre de nuestros tiempos. Mastelotto, cuyo estilo es muy diferente al de Bruford, el maestro de la sofisticación traviesa, da prioridad a la preservación del nervio una vez que se instala el groove predominante mientras procura a todo momento proveer al bloque sonoro de un encuadre bien delineado. ‘Mantra’ pone la dosis de lirismo que nos permite tomarnos un momento de relax emocional mientras nos dejamos seducir por el grácil colorido inherente a la composición; no solo sirve para brindar un contrapunto a la precedente ilación de ‘Schattenhaft’ e ‘Industry’ sino también para preparar el arribo de ‘Prog Noir’ con su ceremonioso cinismo y su parsimoniosa pesadez. Todo un laberinto de diversas emociones y nociones es lo que tenemos a nuestra disposición a lo largo de la serie de los cinco primeros temas del segundo volumen… y lo que sigue a continuación es la fabulosa dupla de ‘Shiro’ y ‘Sailor’s Tale’. ‘Shiro’ comienza con unos solitarios fraseos del saxofón de Collins con efectos que le permiten duplicar su presencia. El groove del jam es de tenor funky-jazzero pero con el sello rockero tan muscular que Mastelotto da siempre a las cosas. El tema es lo suficientemente largo (supera los 10 minutos de duración) como para que los músicos involucrados se den sus propios festines a lo largo de este convenio de ágiles confluencias y extravagantes consonancias. El epílogo marcado por cadencias tribales resulta muy ameno.

Tras el cénit expresionista de ‘Shiro’, las aguas progresivas siguen adelante con su tumultuosa agitación cuando emerge ‘Sailor’s Tale’. Como Levin es un genio y Boz Burrell no lo era (que en paz descanse), podemos encontrar aquí una vitalidad más contundente en el esquema rítmico que el que se pudo plasmar en su versión original de estudio del disco “Islands”. Collins se vuelve a sentir a sus anchas mientras sus aportes confluyen con los de Reuter, alternando momentos de tensa armonización con otros de lucimientos individuales. Si en la pieza anterior se estaba creando una simetría de multipartitos equilibrios sonoros sobre el camino, en el caso de este relato marinero progresivo las cosas se organizan con un plan mucho más definido. Claro está, lo único que había que hacer era retomar el legado Crimsoniano de esa primera fase 69-71 y darle una reactivación propia de la esencia de los STICK MEN: nada fácil la tarea, pero es que los mismos amos del juego están activando las movidas necesarias para llevar a buen puerto esta exquisita navegación musical. A estas alturas del partido advertimos que el segundo concierto fue el más vitamínico y exictante de los dos. Todo tiene que acabar en algún momento, nos queda la dupla de ‘Level 5’ y ‘Open’ para ocupar los últimos 17 ½ minutos de la segunda presentación del cuarteto. ‘Level 5’ se encarga de reiterar los subterfugios y tácticas de garra arquitectónica que ya se habían mostrado en el momento final de la primera sección, mientras que ‘Open’ expone un tratamiento de atmósferas grisáceas e imponentes que oscilan entre lo celestial y lo denso, en cierta medida estableciendo un parentesco con la línea de trabajo de ‘Shiro’. En fin, “Rappongi” supone un nuevo triunfo artístico de los STICK MEN, demostrando mientras tanto que saben operar como un cuarteto aumentado cuando cuentan con un socio tan magistral como MEL COLLINS.


- Muestras de 'Roppongi':


cesar inca mendoza

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