Crónica del concierto de Camel en Madrid (17 marzo 2014)

La divina senectud de un camello mágico

Camel portada 2

Texto: Pablo M. Beleña / Fotos: Javi Moreno Vega

Podría empezar esta crónica con mil elogios. No parar hasta el final. Y es que se me acaban los calificativos para hablar y referirme a un concierto de ensueño, de leyenda, lleno de emotividad y magia como fue el de Camel en Madrid. Un regreso tras 10 años de silencio que nos rompió el corazón en su día cuando conocimos la enfermedad de Andy Latimer. Ahora es todo gozo y alegría en nuestro alma. Y es que eso fue el concierto de anoche: una paz interior inmensa durante 2 horas de música sin límites para soñar. Una reconciliación con nuestros corazones y una muestra más de que si no existe Dios, lo parece. Porque habría tocado con su vara mágica a este genio de la guitarra vivo que es Latimer.

Noche de ensueño que el millar de asistentes al Teatro Nuevo Apolo no podrá olvidar jamás. Muchos han tenido la suerte de ver con anterioridad a Camel en citas como La Riviera en la gira de 'Rajaz' o, como yo, en la gira de 2003 del hasta la fecha último disco de estudio, 'A Nod and a Wink'. Nada tuvo que ver ese ya lejanísimo concierto de la sala Macumba con este en un teatro de sonoridad perfecta, sin ningún achaque, sin ningúna pega. La perfección hecha música y la genialidad y la magia nos desbordaron sin parar a lo largo de un setlist con algún altibajo en su planificación pero realmente espléndido.

El otro motivo de goce fue comprobar en vivo y en directo, casi como Santo Tomás con las llagas de Cristo, que el gran Latimer está vivo, sano y fuerte. Sí, su rostro refleja un mar de luchas, un sinfín de sufrimiento mortal. Su aviejada faz es la marca de una senda dura que anduvo durante una década pero que ha terminado en un final feliz. Y nosotros estuvimos en su fiesta para compartirla. No siempre podemos sonreír cuando la enfermedad nos golpea. Ya Camel sabe lo que es eso. Perdió a Pete Bardens -aunque ya no estaba en la banda- en 2002 y ahora ha despedido, ojalá sólo temporalmente, a otro teclista, a Guy LeBlanc. Andy ha estado luchando durante todos estos años contra una Policitemia vera, una enfermedad de la sangre, que le derivó luego en una mielofibrosis. Para no liarnos con términos médicos, Latimer estuvo muy, pero que muy jodido. Sin fuerzas, sin ánimos, sin vida. Pero ha renacido cual ave Fénix, o camel Fénix, para tirarnos sus cenizas en forma de rock and roll.

Andy Latimer y Colin Bass de Camel

Aunque lo de Camel nunca ha sido rock al uso. Ni progresivo a secas. Ni sinfónico sin más. Lo suyo ha sido magia. Una música hecha desde el alma directa a nuestros corazones. Como se suele decir, empleó la materia de la que están hecha los sueños para dibujar sus composiciones. Desde los tiempos en que eran una mítica formación con Latimer, Bardens, los Sinclair, Mel Collins... a las posteriores formaciones que Latimer sabía hacer rendir al máximo al mandato de su talento sin fin. De su delicadez y su sensibilidad sin límites. Yo siempre he dicho que Camel son la banda del 'glamour'. Su sonido es limpio, mezcla de jazz-rock, de blues-rock, de sinfonismo y también de folk británico. Una mezcla de tantos ingredientes cuidados, sabrosos y muy bien afinados que en el fondo llevaría a hablar de una etiqueta propia: la música de Camel.

De su glamour y su sensibilidad es lo que gozamos en este concierto, una réplica exacta de lo que llevan tocando desde que se iniciara esta gira de regreso en el otoño de 2013. Una gloriosa gira que primero recompensó sólo a Reino Unido y Europa central y que ahora está siendo también generosa con el resto de vecinos continentales. España no puede quejarse, con dos paradas, en Madrid y Barcelona, lo que provoca nuestros elogios para los promotores que apostaron por ello. Gracias.

El setlist, ya conocido de sobra por todos, el mismo que llevan tocando estos meses y que está reflejado en su nuevo DVD, la grabación de su concierto en Londres el pasado octubre, nos proporcionó una interpretación completa y majestuosa del mítico disco de culto 'The Snow Goose'. Un álbum que en realidad muchos conocimos por su interpretación también en vivo en 'A Live Record', todo un lujo que contó con la London Symphony Orchestra y un escenario de leyenda: el Royal Albert Hall, en Londres, en octubre de 1975.

Ton Scherpenzeel

Es una obra conceptual que gana en vivo, con más energía en los solos y que el estudio deja sin cierta frescura. La versión revisada de 2013 de esta obra mejora algunos sonidos y en directo nos dejó ver a Latimer improvisando en sus solos, mejorando aún más la obra original. Y así comenzó todo: en la oscuridad vimos llegar a los 5 músicos, Latimer, el bajista Colin Bass -que lleva con él desde 1984-, el enorme batería -en todos los sentidos- Denis Clement, el teclista que daba reemplazo al enfermo Guy LeBlanc, Ton Scherpenzeel, otro viejo conocido del camello, y el joven Jason Hart como músico de apoyo. Sonó de fondo 'The Great Marsh' con los lógicos pregrabados de los sonidos de aves marinas, ambientándonos a la perfección en el cuento en que está inspirado 'The Snow Goose', de Paul Gallico. Poco a poco, Latimer abandonó su majestuosa flauta travesera para rockandrollearnos en las canciones dedicadas al personaje de Rhayader. Perfectos solos y grandes interpretaciones con la salvedad de Scherpenzeel, quien no ha tenido mucho tiempo para adaptarse al disco, al sonido y a la gira, y sus Roland y Korg no sonaban bien como para reflejar el viejo sonido de Bardens o incluso el que había logrado plasmar LeBlanc en la nueva versión de la obra.

Pero para cuando llegábamos a 'The Flight of the Snow Goose' la magia era tal en el ambiente que sólo se veían sonrisas entre los espectadores, que siguieron con energía los temas, con palmas y vítores, lo cual hizo emocionar en varias ocasiones a Latimer, que no está ya acostumbrado al calor de los fans. Pero como la obra marca en su guión, la calma se rompe con la guerra y nos alistamos, fúsil en mano, viajando a 'Preparation' y 'Dunkirk', donde el escenario y todo el teatro se ambientaron genialmente con un juego de luces tremendo proyectado en toda la sala, representando increíblemente la sensación de tempestad, lluvia y nieve, así como la posterior batalla. El horror y la fuerza de la guerra quedó plasmada de una manera plástica y tremenda con la batería atronadora de Clement, los triples teclados (Scherpenzeel+ Hart+Latimer) y el dúo de guitarra y bajo. Tremendo. El show fue tal que provocó ovaciones y la locura en el graderío. Menudo lujo ver esto y encima en un lugar así, con la comodidad de los asientos y un sonido de diez.

Y tras el horror de la guerra, Camel volvieron a dar plasticidad a este relato con 'Epitaph' y se llegó al éxtasis con la exquisita y delicada 'Fritha Alone', una composición de Pete Bardens al piano que en su día fue acompañamiento musical de este 'Portal Esquizofrenia', al activarse esta canción cuando se entraba en la portada. Scherpenzeel hizo un buen papel, y aunque no es Bardens, quedó de lujo su versión. Además, todavía quedaba la magia genial con 'La Princesse Perdue', es épico y bello final de la historia, donde el quinteto lo bordó, literalmente, poniendo la piel de gallina creo que a todo el público, al menos a mí, y volviendo a despertar una reacción de emoción en el graderío, que emocionó a su vez a Latimer. El final, el reprise de 'The Great Marsh', contó con los lujazos de efectos de mástil de Andy, que sacaba sonidos mágicos de su guitarra para imitar los sonidos de las aves marinas. Imagínense la escena: 'The Great Marsh', sonido ambiente de aves, pregrabados de cisnes y gaviotas reforzando el efecto, guitarras que parecían llorar literalmente, luces que imitaban el efecto de la nieve, el telón de fondo con las estrellas del firmamento reflejadas en pequeñas bombillas sobre el lecho negro del espacio exterior... Sí: nacimos para asistir algún día a este concierto. El sueño se hizo realidad.

Camel Andy Latimer

Tras esta paz interior, en la que nos dejó la banda -una increíble sensación de comunión con las estrellas y el silencio y la armonía de la naturaleza-, nos pidieron paciencia para que se tomaran un más que merecido descanso. Fueron unos 25 minutos para hablar con los amigos, esa comunidad progresiva que va creciendo y que refuerza nuestros vínculos día a día. Gente venida de todo el país para disfrutar de este sueño hecho realidad. El regreso del camello.

Y eso que tras los aproximadamente 50 minutos de 'The Snow Goose' llegó más de una hora de grandes éxitos de todos los tiempos, otra vez cargados al máximo de magia, emoción y sensibilidad. Pero para que no parezca que elogiamos todo, no gustó mucho la versión lenta y sin ritmo de 'Never Let Go', demasiado ralentizada. Se inició, sin embargo, con una mágica interpretación a 4 guitarras acústicas de Latimer, Bass, Hart y Clement, estos dos últimos dejando teclados y batería, respectivamente. En su día era mi tema favorito de Camel y hoy por hoy aún me estremezco cuando suenan esos primeros acordes del tema. Se mejoró al final, con esa apoteosis de jazz-rock en la que se sumerge, e hizo olvidar ese titubeante arranque.

Pero la cosa mejoró aún más si cabe con dos temas mágicos y rockeros como son 'Song Within a Song', muy enérgica y rockera en directo, con Clement prodigioso en la percusión, y la inolvidable 'Echoes', una de sus canciones más comerciales de la primera época, pero que sería inexplicable para la mayoría del público. Esos inicios del neo-prog están en este tema, que marcaría una senda a seguir posteriormente, con teclados festivos y alegres creando muchas capas de sonido.

Luego llegó un pequeño bajón, para mi gusto, con 'The Hour Candle', 'Tell Me' -con Bass haciendo una gran labor vocal- y 'Watching the Bobbins', quizás mal distribuidas para mantener el ritmo y la intensidad, y aunque 'Fox Hill' alegró el ambiente, se terminó de matar con para mí una sobrevalorada 'For Today', el tema que Latimer dedicó a la tragedia del 11-S en su último disco, un tema pretencioso y solemne que carece de una estructura que justifique su largo minutaje, que se diría en el campo del cine.

Camel portada

Pero la fantasía no tiene límites y nada se termina con sabor agridulce. La magia se culminó con un bis representado a la perfección con quizás su mejor tema de todos los tiempos: 'Lady Fantasy', esa composición que aúna dulzura, rock y rabia, cerró una noche de perfección, lujo, placer, magia y leyenda. Sus más de 10 minutos fueron un colofón perfecto, una muestra de que se puede hacer música celestial y enérgica sin fecha de caducidad, elaborada en su día por músicos talentosos que revolucionaron el rock y que ahora son más que abuelos del género: son dioses vivos que caminan entre mortales para seguir celebrando esos tiempos que cambiaron todo. La historia de la música y de nuestros corazones. Al menos la mía.

Gracias por todo Camel y larga vida al camello Latimer. Eres el mejor: nunca una guitarra sonará mejor que con tu sentimiento. Si Gilmour tiene patentado el sonido Floyd, si Howe es la fantasía, si Fripp es la locura o Hackett la furia, Latimer es el alma. El alma sonando sobre 6 cuerdas.

camel


- Ficha técnica:
Madrid, 17 marzo 2014; Teatro Nuevo Apolo
Hora de comienzo: 20:30; hora de final: 23:05
Teloneros: -
Asistentes: 1.000 aprox.

- Músicos:
- Andrew Latimer: Guitarras, voz, flauta, teclados
- Colin Bass: Bajo, voz, guitarra acústica
- Denis Clement: Batería, bajo
- Jason Hart: Teclados, guitarras
- Ton Scherpenzeel: Teclados

Setlist:

(Primer parte)
1. The Great Marsh
2. Rhayader
3. Rhayader Goes to Town
4. Sanctuary
5. Fritha
6. The Snow Goose
7. Friendship
8. Migration
9. Rhayader Alone
10. Flight of the Snow Goose
11. Preparation
12. Dunkirk
13. Epitaph
14. Fritha Alone
15. La Princesse Perdue
16. The Great Marsh (reprise)

(Segunda parte, grandes éxitos)

17. Never Let Go
18. Song Within a Song
19. Echoes
20. The Hour Candle (A Song for My Father)
21. Tell Me
22. Watching the Bobbins
23. Fox Hill
24. For Today
Encore:
25. Lady Fantasy

- Calificaciones técnicas:
Set list: 7
Sonido: 10
Duración: 9
Interpretación: 10
Actitud: 10
Público: 9
Media: 9,1 Nota: 9


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por Javi Moreno Vega


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