Crónica del concierto de Steven Wilson en Londres (20 octubre 2013)

Steven Wilson en el Royal Albert Hall: moviéndose como pez en el agua

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Texto y fotos: Lucas Manuel Varas Vilachán

Si hay una ciudad en la que Wilson se relaja cuando sale a actuar es en su Londres natal. No solo porque allí su humor flemático es más entendido que en otros lugares. Londres es también el lugar donde King Crimson, Pink Floyd, Genesis y otros tótems del rock progresivo desarrollaron y expandieron el género de un modo en el que ahora Wilson se inspira más que nunca. Si el escenario es además el pomposo y espectacular Royal Albert Hall, se dan las condiciones para que el gurú del progresivo actual se sienta como pez en el agua.

Un músico callejero aparece en la pantalla. Con calma, se prepara para un día más en la calle. Apenas se ve su rostro, ataviado con un gorro y una bufanda que lo cubre casi por completo. Se toma una taza de café y fuma un pitillo mientras los transeúntes, su público de cada día, pasan delante suya sin reparar en él. Como si fuera un fantasma. El músico saca su guitarra y afina sus cuerdas parsimoniosamente mientras los 7.000 espectadores que abarrotan el teatro comienzan a impacientarse. Una forma original de dar entrada a ‘Luminol’ pienso. La canción que narra la historia de ese músico callejero que tan magistralmente abre ‘The Raven that Refused to Sing (and other Stories)’ la última obra de Steven Wilson.

El que quiera llegar virgen al concierto del próximo 8 de noviembre en Madrid bien hará en detener su lectura aquí. Lo que viene a continuación destripa buena parte de lo que seguramente podrá disfrutar el público madrileño con la visita, por fin, del músico inglés a nuestro país.

La gente continúa clavando su vista en la pantalla, inquieto por el comienzo del show. Parece que está cerca. El músico callejero al fin toma su guitarra, descubre su cara y todos reparan en esa inconfundible melena rubia. Un momento, esto no va a ser ‘Luminol’. Por fin va a rasgar el primer acorde... y en ese mismo momento aparece Wilson en carne y hueso tocando de forma sincronizada con su doble de la enorme pantalla una versión acústica de ‘Trains’, uno de los temas icónicos de Porcupine Tree.

02Quizá sea una forma fácil de ganarse a un público que ha llegado a él a través de su añorada banda. Pero el efecto lo consiguió, con creces. ¿Cómo superar un comienzo así? Con casi dos horas y media de música del más alto nivel ejecutada de forma magistral por un puñado de músicos geniales.

Sin ir más lejos, ‘Luminol’, ahora sí, elevaría el nivel con su fuerza progresiva de tan marcado aroma setentero, dejando claras dos cosas: que los Nick Beggs, Guthrie Govan, Adam Holzman y compañía tienen un talento superlativo para interpretar música, y que si Wilson ha sonado bien hasta en La Riviera, el majestuoso Royal Albert Hall ofrecería una calidad acústica asombrosa. Todo sonaba en su sitio, y todo sonaba extraordinariamente bien. Incluso el propio Wilson, sin ser un cantante excelso, volvió a demostrar la solvencia con la que resuelve las partes vocales en vivo.

Con un setlist centrado en su último trabajo (solo quedó sin sonar ‘The Pin Drop’) y con su debut en solitario ‘Insurgentes’ reducido a ‘Harmoni Korine’, un Wilson relajado con el público y disfrutando con su banda, en contraste con la actitud más fría que siempre mostró con Porcupine Tree, iría ejecutando los temas de sus tres trabajos en solitario. ‘Postcard’ sonó delicada, en contraste con lo que vendría inmediatamente después con ‘The Holy Drinker’, canción que permitiría a Becks, Govan y Theo Travis, omnipresente a los instrumentos de viento dar rienda suelta a su genio. Tras ellas, ‘Drive Home’ estrenaba vídeo y dejaba para la memoria de los que asistieron al show un momento irrepetible, de forma figurada y literal: un espectacular solo de guitarra improvisado de Guthrie Govan, mezcla de virtuosismo y sensibilidad musical para cerrar la triste historia del tema y que fue respondido con una de las mayores ovaciones de la noche.

Muy esperada fue esa nueva música prometida por Wilson los días previos al concierto. Tras anunciar nuevo disco para 2014, comenzó a sonar ‘Wreckage’, uno de los cortes que incluirá el próximo álbum y que cada noche de la gira tiene un nombre diferente. En un registro muy en la línea de lo escuchado en ‘Grace for Drowning’ y ‘The Raven that Refused to Sing (and other Stories)’ el tema abre con calma, con una melodía pegadiza y esas partes de viento cortesía de Theo Travis que tanto gustan a Wilson. El tema ya cuenta con sus propias proyecciones, de las que se deduce una crítica al sistema educativo y a la religión en las aulas en un registro desconocido en su carrera. Y en estas, en un giro marca de la casa, la canción se endurece a niveles muy por encima de lo escuchado en sus últimos trabajos, con reminiscencias de Futile. Un tema largo, de quince minutos de duración, con el que parece que Wilson vuelve a coquetear con el metal que terminó de popularizar a Porcupine Tree y que tuvo muy buena acogida.

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En este punto cabe detenerse un momento en la figura nueva de la formación con la que el músico se encuentra girando. Chad Wackerman, quien sustituye a Marco Minnemann en la batería, no tuvo ningún problema a la hora defender las complejas líneas que le correspondían, mostrándose solvente y aportando su propio estilo a lo que ya conocíamos. Experiencia no le falta, tras ser durante muchos años el encargado de la percusión de Frank Zappa. Dicho esto, quien haya visto a Marco en vivo sabe que es un talento fuera de serie, carismático y con una gran presencia en el escenario desde su set de batería. El problema de Wackerman es que sustituye al responsable de las líneas de las de batería del álbum que da nombre al presente tour, y a quien lleva interpretando el setlist en vivo desde que Wilson comenzara su aventura en solitario, con lo que queda la sensación de que Chad sonó demasiado a músico de sesión, brillante en la ejecución pero con menos dosis de riesgo de la que aporta el bueno de Minnemann.

Tras el descanso y con un vídeo con relojes y sonidos de `tic tac` (¿alguien dijo ‘Time’?), los músicos aparecieron con el escenario cubierto por una enorme cortina semitransparente sobre la que se proyectarían las imágenes de los próximos temas y los juegos de luces. Así sonarían ‘Index’ y previamente la impresionante ‘The Watchmaker’, regalando un final memorable, con un Wilson que primero se atrevería con el bajo, jugando con el omnipresente Nick Beggs, y después sobreactuando a lo Peter Gabriel en el momento que el fantasma de la esposa del relojero que da título a la canción se le aparece. Detrás de la cortina, con una enorme cara demacrándose sobre él, con la batería, bajo y guitara sonando más poderosos que nunca, el cierre de ‘The Watchmaker’ es como una lluvia de puñetazos en el hígado del espectador. Impresionante.

Con ‘Sectarian’ el telón volvió a dejar al descubierto a la banda, que se acercaba ya al final del concierto. Una versión ligeramente recortada de ‘Raider II’ y la bellísima ‘The Raven that Refused to Sing’ precederían al último tema de la noche, que como en la primera parte de la gira del nuevo disco volvió a ser ‘Radioactive Toy’. Más allá de ser uno de los temas que más cariño despiertan de entre la amplia discografía de Porcupine Tree, y siendo una canción compuesta e interpretada en solitario por Wilson en un momento en el que la banda era una broma bajo la que publicar sus delirios musicales de adolescente, no termina de gustarme la decisión de utilizar un tema que no pertenece a sus álbumes en solitario como bis. Normalmente, el encore es en buena parte responsable de la sensación con la que el público sale de una sala de conciertos. A la gente le encanta el tema, y con este giro jazzístico setentero del que participa la banda al completo suena fabulosamente bien. Pero cuando de forma honesta Wilson deja a un lado el camino fácil de seguir explotando la marca Porcupine Tree porque sus inquietudes musicales no encajan en lo que la banda representa, resulta contradictorio abrir y cerrar el concierto con sendos temas publicados bajo ese nombre. Temas para cerrar por todo lo alto el concierto sobran. Desde ‘Get All you Deserve’, encargado de poner el punto final a la anterior tour del ‘Grace for Drowning’, hasta dos de las mejores canciones paridas por Wilson y que definitivamente han abandonado su setlist en vivo, ‘Remainder the Black Dog’ y ‘Deform to Form a Star’. Sin ser bises al uso, pocas formas más redondas de cerrar un concierto de este tipo se me ocurren que con el tarareo del outro de este último tema.

En cualquier caso ‘Radioactive Toy’ no fue lo último que sonó. Ya sin los músicos sobre el escenario y con la sala prácticamente vacía, una versión instrumental de ‘Ljudet Innan’, una de las joyas que esconde el proyecto ‘Storm Corrosion’, daba el adiós definitivo a los pocos que quedábamos en el recinto.

En octubre de 2010 Porcupine Tree dio su último concierto hasta la fecha en este mismo recinto. Como Wilson recordaría el pasado domingo, si en aquella ocasión en el ambiente reinaba la sensación de un fin de ciclo, esto debe entenderse como un comienzo, a pesar de recalcar para los más preocupados que Porcupine Tree volverán algún día. Pero su proyecto ahora es este, el que le permite explayarse sin corsés de ningún tipo y con el que está llevando su música a nuevos registros.

Steven Wilson es el alumno aventajado. El más aplicado de la clase, el niño repelente que se sentaba en primera fila y que todo se lo sabía. Incluso en uno de los momentos de relax del concierto hubo un amago de interpretación de ‘The Court of the Crimson King’, el gran clásico de King Crimson, una versión de una banda que todos sabemos que le pide el cuerpo y que tarde o temprano acabará llegando. Pero al tiempo que mantiene ese look de eterno juvenil, Wilson ya roza la cincuentena. A estas alturas de su carrera, si decidiese abandonarlo todo en este momento, su legado musical sería impresionante, tanto como para tomarnos muy en serio lo que está haciendo. Así que en el tiempo que muchos pasan deshojando la margarita de la vuelta de Porcupine Tree, lo mejor que podemos hacer es disfrutar del estado de gracia que vive uno de los mayores fenómenos del rock progresivo contemporáneo.

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- Ficha técnica:
Londres, domingo 20 de octubre de 2013, Royal Albert Hall
Hora comienzo 19:30; hora final 22:30
Telonero: -

- Músicos:
- Steven Wilson: guitarra eléctrica y acústica, bajo, teclados y voz
- Chad Wackerman: batería
- Nick Beggs: bajo y stick
- Adam Holzman: teclados
- Guthrie Govan: guitarra eléctrica
- Theo Travis: saxofón, clarinete y flauta

Setlist:
1. Trains
2. Luminol
3. Postcard
4. The Holy Drinker
5. Drive Home
6. Wreckage
*** Intermedio ***
7. Watchmaker Intro Video
8. The Watchmaker
9. Index
10. Sectarian
11. Harmony Korine
12. Raider II
13. The Raven That Refused to Sing
Bis:
14. Radioactive Toy

- Calificaciones técnicas:
Setlist: 8,5
Sonido: 10
Duración: 9
Interpretación: 10
Actitud: 8
Público: 8
Media: 9 Nota: 9

firma lucas