Crónica del concierto de Steven Wilson en Madrid (16 septiembre 2015)

Steve, it's time for you to go...

Steven Wilson 2

Texto: Pablo M. Beleña / Fotos: Archivo Steven Wilson

Cuando escuché 'Lazarus' y su versión más que desapasionada me di cuenta: Steve, it's time, for you, to go. Así de simple y sencillo: la autocomplaciencia y el éxito arrollador de este genio le ha llevado al agotamiento para muchos que esperamos algo más de pasión a una música excesivamente talentosa pero que como apuesta artística carece de un corazón de rock y metal que tenía antes, en un pasado no muy lejano. Nada se le puede reprochar musicalmente a un tipo como Wilson, que suena genial, forma un espectáculo admirable y tiene canciones de gran calidad. Pero le falta ese algo que otros tipos, sin tanto valor, sin tanto talento y tanta genialidad, hacen una fiesta en vivo. Creo, sinceramente, que en este concierto de la gira de 'Hand. Cannot. Erase.' me di cuenta de algo muy claro: debería ver el final de esta etapa.

No pretendo ni mucho menos que esta crónica sera una suerte de enumeraciones críticas hacia la figura de Steven Wilson, músico al que sigo desde hace más de una década, tanto en sus grupos como en solitario, y al que admiro. Pero de ese joven que hacía una música especial en 'Insurgentes' o 'Grace for Drowning' hemos pasado a una explosión de su propio éxito. Tampoco es cierto que Steven esté muriendo de éxito, pero realmente es algo debatible su ego, su capacidad para adaptarse a un estatus de rey internacional del progresivo. Ahí es donde creo que falla este genio vivo del género.

Hay bastante consenso en la parroquia progresiva, y ayer fui más consciente aún de ello, de que alcanzó su cenit profesional con el genial 'The Raven That Refused to Sing (And Other Stories)' (2013) pero que sin ser para nada un disco mediocre este 'Hand. Cannot. Erase.', parece como si nos hubiera advertido de un cierto agotamiento. Seamos sinceros: Steven es un genio, un tipo que sabe componer como un dios, que su sonido es impecable, que cuida hasta el más mínimo detalle y que sabe concebir una obra artística con gran acierto. Pero parece que en los últimos tiempos se limita a adaptar sus homenajes musicales a banda como King Crimson, Genesis o Pink Floyd. Una cosa son las influencias, que todos tenemos o tendríamos, y otra bien clara es perder el componente personal, la originalidad y la creatividad, para terminar haciendo una adaptación renovada del sonido de estas bandas mágicas de los 1970.

No es una crítica, ojo. Aluciné con estos dos últimos trabajos de estudio y gocé, en parte, anoche, cuando Wilson suena a esos genios. Pero, por ejemplo, me es imposible no llegar a la comparación respecto a su anterior concierto, en la gira de 'The Raven', en el Hotel Auditorium de Madrid, donde supo aunar espectáculo audiovisual y concierto de rock como un todo genial, una unión perfecta para el campo del arte. No sólo sonó genial, sino que era alucinante cada manifestación y expresión artística. Estuvo cálido y cercano, nos hizo acercarnos al escenario para romper la distancia respecto al graderío y, lo más importante, transmitió algo. Nos comunicó algo. Nos hizo poner los pelos de punta y la piel de gallina. Yo, sinceramente, ayer no noté nada de eso.

Es cierto que quise hacer cierto experimento. Quise ser un poco Wilson. El tipo escéptico, metódico, frío y alejado para poder ser espectador y valorar cada detalle. Evité meterme entre las primeras filas y así no estar condicionado por la emoción de los aficionados a su música, que eso siempre hace que cambie la impresión de un concierto. Al final, el buen y gran concierto es el que se disfruta igual tanto en las primeras filas como en la mitad de una sala o como al final de la misma. Ayer probé a situarme al final, escuchando el sonido a la perfección, sin aturdimientos, viendo cada plano y detalle del escenario, y por eso puedo decir que para mí, Wilson ha llegado a un tope del que no sé si sabrá salir.

No me transmitió nada, por ejemplo, en 'Lazarus', un precioso tema que me pongo en mi equipo de sonido personal cada pocos días para emocionarme. Lo mismo con 'Harmony Korine' y otros similares. Sí gocé cuando su vena metalera o al menos extrema dentro del rock salió a relucir. Y, lamentablemente, eso sucedió casi siempre que tocaba temas de su banda Porcupine Tree, pero no sus temas propios.

Además, el espectáculo no se parecía en nada al de las anteriores dos giras. El único detalle un poco especial fue el telón estilo velo que colocó en la mitad del repertorio para interpretar 'The Watchmaker', que sonó más genesiana que nunca. Y otro tema inevitable de tratar es el de su banda. Al final, lo que nos dice Wilson con sus acompañantes es que el que vale es él y sus músicos son meros trabajadores. Paga a los mejores, cuando puede, y eso también juega en su contra. Cuando la gente ya nos hemos acostumbrados a unos músicos de acompañamiento que suenan bien con él, que aportan mucho y que dan su toque especial aunque Wilson sea el 99% de su música, va Steven y nos cambia todo. Cierto, no está a veces en su mano, pero no podemos negar que echamos de menos a Guthrie Govan y Marco Minnemann. El guitarrista aporta muchísimo en todos los conciertos, pero sobre todo en los solos, y el batería es simplemente genial. Con todos nuestros respetos, ni Dave Kilminster ni Craig Blundell estuvieron a su altura. Ambos son buenos músicos de estudio, grandes acompañantes, seguro, pero otro tema es lo que puedan comunicar sobre un escenario o lo que puedan emocionar en sus interpretaciones. Kilminster está fuera de toda duda, pero realmente un solo suyo es la cosa más fría que pueda existir y fue capaz de destrozar, en lo que a pasión se refiere, el que es para mí uno de los mejores solos de la historia del rock, el de 'Confortably Numb' de Pink Floyd en la gira 'The Wall' de Roger Waters. Capítulo aparte merece el extravagante Nick Beggs, que aportaba sus coros... pero que realmente hubiera sido mejor que estuviera afónico y escuchar a cualquier otro miembro del grupo hacerlos.

Steven Wilson

Pero más allá de todos estos detalles, la imagen de Wilson ya no es la que era. Antes era el tierno friki de pelo de niño, gafas de tipo inofensivo, con sus rarezas y extravagancias no ofensivas -como romper iPods con violencia-, pero ahora es un candidato a ególatra que da miedo, con su cara en las portadas, con modos de divo y exigencias fuera de tono. Por ejemplo, en la gira ha prohibido hacer cualquier foto o vídeo de su actuación, presionando a personal de la sala y de la promotora organizadora para perseguir a cada persona que simplemente quería llevarse un recuerdo gráfico del concierto, por el que pagó casi 40 euros. También puso camisetas a mínimo 30 euros, sudaderas a 50 y algún lujo a precio superior. Parece que ha olvidado sus orígenes y se ha encasillado en una posición de divismo y de sofisticación que, al menos a mí, me genera rechazo. Sé que me llevaré alguna crítica por estos comentarios, pero debía decirlo. Yo no veo a Neal Morse, a Steve Hackett o a Mike Portnoy con tantas sesiones fotográficas, la verdad, y no entendería que me dijeran que como periodista e informador no puedo acompañar de fotografías una crónica de un concierto suyo, como pasa hoy en este evento (las fotos aquí aportadas son de archivo del artista).

Pero es que debemos ser sinceros y analizar las cosas: este tipo, cuando venía con Porcupine Tree, llenaba salas. En la gira 'In Absentia' sólo llenó Caracol en Madrid, pero años después dejó abarrotada La Riviera en el tour de 'The Incident'. El éxito fue arrollador. Ahora, hablo al menos de España, no es capaz de llenar los lugares a los que acude con su gira en solitario. Ni llenó el Hotel Auditorium con precios de escándalo ni llenó anoche La Riviera, donde apenas llegó a colocar a la gente a la altura de la palmera, límite psicológico para valorar a los grupos y su capacidad de convocatoria en la capital. ¿Qué quiero decir con todo esto? No insinúo que debe regresar a lo que hacía antes y dejar esta aventura en solitario, pero sí reflexionar sobre lo que hace y cómo lo hace. Su música cada vez genera más expectación y en teoría llega a más audiencias, vende más o eso parece... pero luego no tiene seguimiento letal en los conciertos, que es donde de verdad un artista demuestra que es un éxito como profesional y creador.

Lamento haber dado todas estas vueltas con mil y una reflexiones... pero tenía que decirlo. Musicalmente claro que tengo halagos para su concierto, que tuvo claramente dos partes bien diferenciadas. En la primera, interpretó casi íntegramente su último disco, el antes mencionado 'Hand. Cannot. Erase', pero introduciendo entre temas otros ya veteranos como 'Index', 'Lazarus' y 'Harmony Korine'. Ese primer bloque fue algo frío, demasiado matemático y metódico, sonando bastante bien, correcto, pero a modo de mero reflejo en vivo de unas composiciones de estudio, a veces jugando con pregrabados y, en general, sin alterar los temas ni alargarlos. Es decir, rompiendo la esencia del rock en vivo.

Después, sí es cierto que el segundo bloque amenizó la velada y es cuando se pudo ver a la gente más animada y verdaderamente viva. Fue con el antes mencionado 'The Watchmaker' pero sobre todo con la porcupiana canción 'Sleep Together', que verdaderamente hizo que La Riviera vibrara. Tampoco sin mucha emoción, el segundo bonus o encore llegó sin sorpresas, dejando claro que se trataba de un repertorio rápido, pese a durar algo más de 2 horas, sin apenas descanso y sin interrupciones. Ese segundo bonus contó con 3 temas, 'The Sound of Muzak' y 'Open Car', ambas de su etapa de Porcupine Tree, donde intentó renovar setlist y no caer en las típicas, como 'Trains'. Y finalizó con una versión para mí fría y algo inexacta de lo que la esencia original de 'The Raven That Refused to Sing' transmitía en anteriores años. Insisto, parecía que intentaba cumplir, ser correcto, sin más, sin apenas despeinarse ni sudar. Algo que para mí, y considero que para mucha gente, resta muchos enteros.

Por todo ello, humildemente, que nadie me malinterprete, considero que Steven Wilson o necesita un descanso o una renovación... hacia el pasado. Sus continuas experimentaciones no son tales realmente sino sumergimientos en sus influencias musicales de los clásicos del progresivo, y puede terminar agotando un filón muy bueno que se tenía merecido y encaminado en lo que a su carrera se refiere. Es un genio, sin duda, pero puede caer en un terreno donde otros ya cayeron en el pasado. Mucha suerte y mucha reflexión, le deseo a este músico espléndido y lleno de talento. Ojalá me vuelvas a ilusionar y emocionar en vivo como lo solías hacer antes. Como decía la letra de tu querido tema 'Lazarus', it's time for you to go...

Concierto Steven Wilson


- Ficha técnica:
Madrid, 16 septiembre 2015; sala La Riviera
Hora de comienzo: 20:30; hora de final: 22:38
Teloneros: -
Asistentes: 1.350 aprox.

- Músicos:
- Steven Wilson: Voz, guitarra, teclados
- Adam Holzman: Teclados
- Nick Beggs: Bajo y coros
- Craig Blundell: Batería
- Dave Kilminster: Guitarra

Setlist:
1. First Regret
2. 3 Years Older
3. Hand Cannot Erase
4. Perfect Life
5. Routine
6. Index
7. Home Invasion
8. Regret #9
9. Lazarus (Porcupine Tree)
10. Harmony Korine
11. Ancestral
12. Happy Returns
13. Ascendant Here On...
Encore:
14. Temporal (Bass Communion) + The Watchmaker
15. Sleep Together (Porcupine Tree)
Encore 2:
16. The Sound of Muzak (Porcupine Tree)
17. Open Car (Porcupine Tree)
18. The Raven That Refused to Sing

- Calificaciones técnicas:
Set list: 7
Sonido: 8
Duración: 8
Interpretación: 8
Actitud: 6
Público: 6
Media: 7,5 Nota: 7,5


firma pablo