Crónica del Festival Crescendo 2013

Festival Crescendo 2013

Saint Palais sur Mer 15-17 agosto
Una visión desde el foso

Crescendo 2013

Texto y fotos: Edén J. Garrido (Subterranea.eu)

Normalmente cuando hablamos de festivales nos fijamos de forma predominante en los aspectos más técnicos, pero muchas veces, sin apenas darnos cuenta, estamos obviando detalles importantes que contribuyen de forma muy especial al conjunto del espectáculo. Detalles de los que tal vez no seamos del todo conscientes, pero que reflejan aspectos sin los cuales el resultado final del conjunto no sería el mismo.

El foso de los fotógrafos frente al escenario, ese aparentemente “privilegiado” lugar en el que hay que ir esquivando brazos y objetivos de los compañeros y protegerse los oídos con unos buenos tapones. El escenario en mitad de una actuación, ese lugar prohibido al que da algo de miedo subir no vaya a ser que tropieces con alguno de los cientos de cables que lo cruzan. El tan ansiado por los fans “backstage”, tanto que algunos pagan sumas extraordinarias por poder estar allí cerca de sus ídolos… todos esos son los entornos de trabajo de los reporteros gráficos, y desde allí las cosas, a veces, se ven (y se oyen) de forma diferente. Esta vez os vamos a contar el Crescendo desde esa perspectiva.

Antes de nada hay que hacer una mención especial, especialísima, a los miembros de la Asociación Crescendo, quienes con su ilusión, su trabajo desinteresado, su profesionalidad y la experiencia que da el llevar a sus espaldas la organización de 15 ediciones de tan magnífico festival, consiguen todo lo necesario para que un espectáculo de esta envergadura se desarrolle de forma perfecta. Gracias por conseguir lo que hacéis, y además por intentar facilitarnos siempre al máximo nuestra labor.

Jueves 15 de agosto

Elora
Elora
Parece mentira el calor que está haciendo este verano. Por mucho que hayamos viajado hacia el norte, ha sido difícil disfrutar de temperaturas por debajo de los 30 ºC, y ahora que nuevamente vamos hacia el sur, nos encontramos de nuevo por encima de tan fatídica cifra, rebasando peligrosamente los 35ºC. Ya sé que a muchos/as os parece una temperatura fenomenal, y lo es cuando puedes estar tumbadito a la sombra en una piscina o en una playita y darte un refrescante chapuzón si aprieta “la canicule”, pero cuando tienes que estar con mochila a la espalda y cámara dispuesta, con el sol dándote en la cabeza y además moviéndote sin parar durante hora y media para intentar las mejores tomas, los mejores ángulos, los mejores instantes… cuando estás en plena faena, ni la suave brisa marina que te llega desde el Atlántico es capaz de evitar que los chorros de sudor te recorran la espalda.

La organización ha tenido a bien retrasar un poco el comienzo del festival a causa del calor. Los franceses Elora, nerviositos tras el escenario ante la gran oportunidad que se les brinda de abrir un festival tan prestigioso como el Crescendo, dispuestos a demostrar que no siempre se cumple el dicho de “nadie es profeta en su tierra”. Al fin llega el momento y los componentes de la banda suben al escenario. Las pruebas de sonido realizadas una hora antes eran satisfactorias, pero ya se sabe que Murphy no conoce fronteras. Los técnicos, bien acostumbrados a las bromitas de los fallos de última hora las solucionan con presteza conforme se van produciendo. Es tiempo de que Elora demuestre por qué han sido elegidos para estar ahí. No pueden negar estos chicos que su influencia viene marcada de forma muy clara por la legendaria banda francesa Ange, así como cierto componente estético heredado de sus amigos y maestros: Lazuli. Aun así, Elora saben desarrollar una música muy personal, bastante entroncada dentro del neoprog pero con un estilo muy propio, acentuado con el hecho de cantar en francés. Bastante dinámicos en el escenario, consiguieron atraer la atención del público con facilidad. Si bien hay un momento peculiar por parte del cantante de “yo me tiro por el suelo” que carece de sentido escénico, pero cosas más raras se han visto por los escenarios.

Decir también a modo de anécdota que el nombre proviene de la hija del bajista, Jean Vincent Filippini, Elora, que nació justo cuando la banda se estaba formando. Es pues el primer caso conocido de banda que recibe el nombre de un bebé.

Una de las cosas más fantásticas que tiene este trabajo es poder conocer a personas tan ilustres y tan encantadoras como los componentes de Iconoclasta. Bien es verdad que hay unos cuantos personajes a los que hay que darles de comer aparte, pero por suerte en el mundillo del Rock Progresivo, la mayoría de los artistas son gente agradable, humilde y amistosa. Los mejicanos son aún más que eso, son un derroche de energía positiva que trasladan de forma impecable a su música. Llevan más de 30 años sobre los escenarios, pero continúan con la ilusión propia de unos jovenzuelos, y es que el espíritu no envejece cuando la pasión lo conduce. Victor Baldovinos, el batería, hace las veces de maestro de ceremonias, presentando cada tema de forma simpática y animosa. Completan la banda Ricardo Moreno y Ricardo Ortegón a las guitarras, acompañados por el miembro más joven y a su vez renovador, la cantante y bajista Greta Silva, que realiza de forma admirable su papel de frontwoman, con una potente voz a veces desgarradora, bordeando en ocasiones de forma peligrosa sus propios límites . A lo largo de su carrera, Iconoclasta ha atravesado diferentes épocas, pasando de tener una marcada influencia folk a otras etapas más hardrockeras, de ser herederos de las bandas legendarias de los 70 a buscar nuevas concepciones de la música, oscilaciones todas ellas que a pesar de su aparente diferencia, han mantenido siempre dentro del Rock Progresivo. Actualmente se encuentran, según sus propias palabras, afrontando una nueva etapa en la que buscan un camino de retorno a los instrumentos básicos –guitarras, bajo y batería– abandonando por completo los teclados. Esto, que podría parecer un riesgo de perder su condición de genuina banda de rock progresivo, lejos de perjudicarles les ha estimulado a superar el reto de una forma completamente entusiasta y animosa.

LeprousY llegaba el momento cumbre del día con Leprous, una banda que se encuentra en un momento dulce, gracias a las buenas críticas recibidas por su reciente disco. Muchas espectativas ante el espectáculo que pueden ofrecernos estos noruegos, que practican un metal-prog con toques techno, mezclado con forzadas melodías vocales, a veces algo repetitivas. Si en lo musical resultan bastante tediosos, hay que reconocer que en lo visual son todo un espectáculo de constante movimiento. Destaca por encima de todo su frontman, el cantante y teclista Einar Solberg, que desarrolla un tremendo derroche, tanto físico como de voz, a lo largo de los más de 100 minutos que dura la actuación. Es todo un reto intentar pillar ese gesto, esa pose, ese momento coreográfico de entre el repertorio de sacudidas de cabeza que repiten sin aparente cansancio. Los noruegos parecen estar en forma y los fotógrafos nos vemos obligados a movernos constantemente en busca del mejor ángulo y del haz de luz que nos permita plasmar con nitidez ese gesto que traspasa la imagen para llegar al corazón del fan. En suma, una actuación nada aburrida en el aspecto escénico, con un sonido atronador pero sin distorsiones excesivas. Benditos tapones.

Il Tempio Delle Clessidre
Il Tempio Delle Clessidre

Viernes 16 de agosto

Muchas ganas teníamos de ver a Il Tempio delle Clessidre, que era la banda encargada de abrir el segundo día del Crescendo. En primer lugar porque presentaban su nuevo álbum: Alienatura, y en segundo lugar por ver en acción a Elisa Montaldo, toda una virtuosa a los teclados que se ha ido ganando con sus méritos un respeto cada vez mayor en un mundo bastante dominado por el género masculino. Nuevamente tarde de calor y el inclemente sol castigando duramente a los artistas sobre el escenario, pero los componentes de esta banda italiana supieron darlo todo y nos obsequiaron con un concierto excelente. Sonido casi perfecto, una puesta en escena muy cuidada y un desarrollo de los temas muy bien estudiado, contribuyeron a que el perezoso público fuese dirigiéndose con asiduidad creciente a contemplar el espectáculo. Il Tempio son una banda joven, pero a pesar de ello se han abierto camino con derecho propio dentro del exigente mundillo del progresivo italiano, con brillantes composiciones a cargo de la propia Elisa y del bajista Fabio Gremo, la característica voz al más puro estilo genovés de Francesco Ciapica, todo ello completados por los eficacísimos Giulio Canepa a la guitarra y Paolo Tixi a la batería. Los duelos entre guitarra y bajo añadieron ese punto de atractivo visual que a todo fotógrafo nos gusta, y que junto al punto teatral proporcionado por Elisa, dieron mayor aliciente a una puesta en escena por lo general un poco estática.

Tras el buen sabor de boca que nos había dejado Il Tempio, llegaba el turno de otro grupo de Noruega. Pero por suerte para nuestros oídos, no se trataba de uno de los caracterísiticos maestros del metal nórdico, sino de algo muy diferente y para muchos inesperado: Arabs in Aspic. Y digo inesperado porque aunque es muy normal ver que una banda de rock progresivo se crece sobre el escenario, el directo de estos chicos supera sus trabajos de estudio de una forma impresionante. Y por si el aspecto musical no fuese suficiente, la simpatía y el buen rollo que desbordan resultan plenamente contagiosos. Los nórdicos supieron meterse al público en el bolsillo prácticamente desde el inicio, acompañando un sonido muy equilibrado con una puesta en escena muy bien desarrollada. Un lujo de actuación, que hizo que se nos pasase el tiempo casi sin enterarnos. Y es que los organizadores del Crescendo no fallan, cuando seleccionan a una banda para actuar, tened por seguro que merecerá la pena.

Y para demostrar que el segundo día iba a figurar en los anales del festival como uno de las mejores jornadas de su ya larga historia, nos esperaba otra sorpresa llegada desde la lejana Hungría: Special Providence. Difíciles de clasificar, ya que pasan del jazz y el prog al techno y al metal con una facilidad asombrosa, poseen una solidez absoluta en su sonido, capaces de sorprender al público en un mundo donde cada vez es más difícil ser original en algo. Quizás su puesta en escena sea algo rocambolesca, especialmente en lo que se refiere a su estética y vestuario, pero la tremenda solidez de su música, los constantes cambios y fusión de estilos aparentemente irreconciliables, todo ello unido a un sonido que atrapa y convence, convirtieron a Special Providence en una de las bandas más aplaudidas del festival.

Hollow Child
Hollow Child

Sábado 17 de agosto

El tercer día del festival prometía ser muy intenso, ya que estaban programadas 4 bandas en lugar de las tres habituales, por lo que tocaba empezar a trabajar desde bien temprano. A las cinco en punto suben al escenario unos muchachos de la cercana ciudad de Saintes, agrupados bajo el nombre de Hollow Child. Lo poco que sabíamos de ellos era a través de un nada detallado Myspace, donde tienen colgados unos temas que poco contribuyen a definir el estilo de la banda. Pero está claro que los franceses se han tomado muy en serio esta oportunidad de oro de participar en un Crescendo, y llegan al festival con el firme propósito de demostrar su valía. Desarrollaron unas propuestas muy dentro de lo que se da en llamar ‘Post-Rock’ y que no es más que un cajón de sastre donde cabe en realidad la mezcla de varios estilos… ¡vaya! Si eso es precisamente la esencia del Rock progresivo… ¿por qué lo llaman ahora de otra forma? Dichosas etiquetas…

Hollow Child empezaban a convencer, demostrando que sabían lo que se tenían entre manos, cuando sube al escenario como artista invitada una violinista… y de repente todo cambió… a mucho mejor. Deberían plantearse muy seriamente en incluirla como miembro definitivo de la banda ya que su música ganó muchos enteros a partir de ese momento. Era como si el grupo hubiera encontrado sus entido, su armonía, de pronto todo encajaba mucho mejor; y aunque escénicamnete aún resultan un poco sosos, presiento que mejorarán con el tiempo y las tablas. En fin, felicidades a estos muchachos de Saintes por su puesta de largo en un gran festival, ¡que no sea la última!

Y tras Hollow Child nos llegó la sorpresa del festival con una actuación fuera de programa. El gran Pascal Gutman, al cual ya habíamos tenido la suerte de disfrutar en la edición del pasado año, asistía como espectador al festival y la organización tuvo la feliz idea de invitarle a que subiera al escenario. Pascal volvió a deleitarnos con su maestría con el Chapman Stick, ofreciéndonos un pequeño recital que dejó al respetable con la boca abierta. Todo un musicazo sobre el escenario y una amabilísima y humilde persona fuera del mismo. Doble lección de genialidad.

Llegaba el turno de viajar a un esperpéntico país de las maravillas con el franco-holandés Franck Carducci y su banda. Y justo en el backstage minutos antes del inicio de su actuación, lo encontramos maquillándose para la ocasión. Es en estos momentos cuando te planteas como fotógrafo si tomar algunas imágenes divertidas y algo indiscretas para la posteridad, o mejor respetar esos momentos de nerviosismo. Hubo compañeros que tomaron esas fotos, yo no lo hice. ¿Bien? ¿Mal? ¿Perdí esa oportunidad?... no lo sé, pero lo que sí sabía es que me esperaba algo grande en el escenario. Y es que ya habíamos tenido la oportunidad de escuchar su opera prima del 2011, un fantástico álbum llamado Oddity que nos había acompañado en el coche durante el largo viaje hasta Saint Palais, pero lo que pudimos observar aquella tarde sobre el escenario era algo que no nos esperábamos: el auténtico derroche de energía, alegría y virtuosismo que desarrollaron los componentes de la banda durante la hora y media siguiente. A pesar de llevar poco tiempo con esta formación, todos ellos, incluido el propio Franck, son avezados músicos de sesión con muchas tablas; pero es que lo que pudimos vivir los afortunados asistentes a este concierto fue una especialísima comunión entre los componentes de la banda, que actuaban como si estuvieran ante el momento más divertido de toda su vida. Y naturalmente supieron contagiar de esa alegría y buen ambiente al público, que en todo momento permaneció enganchado a la marea Carducci. Desde la épica ‘Achilles’ hasta la rockera ‘Alicia’s eerie Dream’ pasando por su habitual guiño a los maestros Genesis, en esta ocasión con ‘Back in NYC’ y redondeado con una interpretación del mítico ‘School’ de Supertramp, Franck Carducci con su disfraz de sombrerero loco inundó de grandiosa locura la Esplanade du Concié de Saint Palais. ¡Así da gusto trabajar!

A continuación viajamos hasta Japón para disfrutar de una de las mejores bandas de rock progresivo de ese país: KBB. A pesar de su juventud, son unos músicos ya veteranos con 13 años de existencia y un bien ganado prestigio. Presentaban además su largamente esperado nuevo álbum, Age of Pain, una confirmación de su estilo habitual, basado principalmente en el visrtuosismo del violinista Akihisha Tsuboy. KBB demostraron que la concentración no está reñida con el divertimento, y así lo aplicaron con una coreografía de constantes complicidades, duelos y diálogos, entre Akihisha y sus compañeros, lo que nos llena de jolgorio a los fotógrafos ya que nos permite “jugar” con las imágenes y así lucirnos un poco más. La simpatía de estos chicos japoneses, siempre con la sonrisa en sus rostros, cautivó al público, especialmente cuando con su limitado inglés pidieron a los asistentes que comprasen su disco para así poder pagarse los billetes de avión y no tener que volverse nadando a Japón desde la playa que estaba frente al escenario. Su música es una compleja sucesión de desarrollos al violín, muy en la onda de Jean Luc Ponty pero abriéndose a estilos más variados que los que suele tocar el célebre violinista francés. Otros han querido ver también una fuerte influencia de la Mahavishnu Orchestra e incluso de maestros del progresivo italiano como Mauro Pagani, influencias que ellos admiten, pero hemos de reconocer que la música de KBB goza de un sabor muy particular, y justo es reconocer que su directo es sobrio y técnicamente muy correcto, como es de esperar en músicos japoneses, pero a la vez alegre, divertido y con grandes dosis de originalidad.

Pär Lindh ProjectEl festival tocaba a su fin, y el elegido para cerra esta edición era todo un mago de los teclados: el sueco Pär Lindh y su banda, Pär Lindh Project. Conocido entre los seguidores del progresivo más sinfónico como uno de los mejores músicos capaces de fusionar la música barroca y renacentista con el rock actual, la carrera de Pär ha estado llena de largos periodos de ausencia debido a reveses ajenos a su voluntad, lo que hace aún más valiosa la oportunidad de poder disfrutar en directo a este indiscutible maestro. Además es el fundador de la Swedish Art Rock Society, por lo que en Subterranea sentimos una afinidad muy especial con él. Lamentablemente la vida no está para derroches y lo ajustado del presupuesto limita la banda a apenas 4 músicos, por lo que en algunos momentos echamos de menos algunos instrumentos, especialmente la guitarra. Hay que destacar la figura del bajista William Kopecky, todo un espectáculo verle evolucionar de forma constante, llenando él solo el escenario y captando la atención del público ante sus increíbles desarrollos, que culminó en un par de ocasiones con dos brillantes solos. Otro gran momento de pelea entre la cámara y la escasa luz para lograr esa mágica instantánea, cuando el bajista se sitúa sobre la pasarela frontal del escenario para ejecutar esos magníficos solos. Se podía oír el motor de los zooms de las cámaras de aquellos ávidos fotógrafos que aún no se habían rendido ante la ausencia de luz, buscando un casi imposible punto de enfoque para poder captar de forma correcta la magia del momento.

Mencionar también al batería y cantante Alan Lewis, más conocido por su pertenencia a dos bandas históricas como son Alaska y Starcastle, que demostró estar mucho más en forma con las baquetas que ante el micrófono (sin duda el punto más débil de la actuación). Completaba el cuarteto el batería David Lillkvist, que sustituía a Alan cuando éste ejercía como voz solista. Un espléndido fin de fiesta del que disfrutamos ampliamente.

Y así terminaba, nuevamente con éxito absoluto de organización y el premio de haber recibido una notable asistencia de público, la 15ª edición del Crescendo Festival de Rock Progresif. A destacar el enorme trabajo desarrollado por todos los voluntarios, que antes, durante y después del festival, no escatiman esfuerzos para que todo se desarrolle como es debido. Una gran labor de un gran equipo humano del que los miembros de la Asociación Crescendo pueden sentirse muy orgullosos.

Larga vida a Crescendo, esperamos veros en la XVIª edición.

- Galería de fotos en Facebook (por Edén J. Garrido de Subterranea.eu):

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