'Falling Into Infinity', o el disco 'radiable' que casi acaba con Dream Theater

Falling into Infinity

Sin duda, pasados casi 30 años, podemos hablar de que 'Falling Into Infinity' fue el disco álbum que casi destruyó a Dream Theater y que puso en jaque la identidad de los reyes del metal progresivo.

Por entonces, Dream Theater se enfrentaban a su crisis más profunda con este trabajo de estudio que los propios miembros calificaron como "el que casi nos mata".

Forzados por Elektra Records/EastWest, sellos pertenecientes a la multinacional Warner Bros, los integrantes de la banda se vieron obligados a buscar un sonido más comercial. Algo que hizo que el quinteto estuviera al borde de la separación.

La presión de la discográfica

Elektra, buscando réditos económicos tras el éxito de 'Images and Words' (1992), racha que consideraron que se había roto con el LP 'Awake' (1994) y el EP 'A Change of Seasons' (1995), exigió un disco más comercial y vendible, para que fuera más idóneo de escuchar en las radios.

Esto se basaba en solicitar canciones más cortas, de menos de 5 minutos, estructuras convencionales y no tan complejas, mayor presencia de baladas y sonidos accesibles para otras audiencias.

El productor elegido fue Kevin Shirley, que aunque a priori prometía por su reputación intachable (trabajó con Iron Maiden, Aerosmith...) fue impuesto en un rol de "suavizar" su sonido progresivo.

Las consecuencias artísticas

Al final, todas estas exigencias y 'vigilancias' externas llevó a que el álbum incluyera polémicas concesiones comerciales, ajenas al estilo de la banda.

Por ejemplo, 'You Not Me' fue reescrita por el productor y compositor Desmond Child (Bon Jovi, Cher...) con un estribillo pop y comercial, impropio de DT. Además, la batería y las guitarras eran más propias de un estilo de rock alternativo y post-grunge, tan de moda en ese entonces.

También encontrábamos 'Hollow Years', una bella balada acústica pero que fue únicamente proyectada para ser un single que se pinchara en las radios comerciales de EEUU.

Y aunque encontramos otras baladas de calidad como 'Take Away My Pain', con una notable letra autobiográfica de John Petrucci sobre su padre, fue edulcorada musicalmente, lejos del estilo metalero de DT.

Eso por no hablar de 'Ana Lee', balada popera que si bien no es mala y los fans del grupo siempre recuerdan, estaba muy distante al estilo intrínseco de DT. Casi lo mismo ocurre con 'Peruvian Skies', de la que poco se puede cuestionar, pero que no reflejaba el sonido característico de la formación.

Incluso un aparente tema progresivo por su larga duración, 'Lines in the Sand', de 12 minutos, era en realidad un copia-pega de estereotipos comerciales de rock alternativo y post-grunge, que contó además con la presencia de Doug Pinnick como segundo vocalista como engancha comercial para atraer a otros públicos.

Sin duda, el tema que más choca en todo el álbum es 'Just Let Me Breathe', más propia de una banda de rock comercial o alternativo.

Pérdidas clave en la formación

Al final, la frustración creativa provocó salidas clave. El teclista, Derek Sherinian, fue despedido en 1999 por diferencias artísticas, reemplazado después por Jordan Rudess, que aunque a la postre ha sido algo clave para el grupo y un músico amado por los fans, denotó un auténtico 'feo' al artista.

De hecho, su amigo del alma Mike Portnoy consideró seriamente abandonar la banda. Algo que no hizo, por cierto, hasta 2010, como todos sabemos, aunque por otros motivos. Tiempo después se supo que durante más de un año, DT compusieron temas sin que se les diera permiso para grabarlas por parte del sello. Portnoy afimró que se sintieron tan frustrados que consideraron dar un portazo y abandonar el proyecto.

Pese a todo, el disco contenía destellos de su esencia progresiva. En especial hablamos de 'Trial of Tears', una suite de 13 minutos que mostró su capacidad conceptual y recordaba a los DT más progresivos y complejos. La instrumental 'Hell's Kitchen' fue otro capricho que se marcaron, aunque sólo le dedicaron 4 minutos a una composición que hubiera dado más de sí en otro contexto de libertad creativa.

Consecuencias de 'Falling into Infinity'

La terrible experiencia vivida marcó un punto de inflexión en Dream Theater. Rompieron con Elektra Records, fundaron su propio sello independiente, YtseJam Records, y regresaron a sus raíces 2 años después con el brillante 'Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory' (1999), sin duda su mayor éxito de todos los tiempos. Una autoreivindicación de estilo progresivo y de proyecto artístico ambicioso.

El guitarrista John Petrucci resumió este episodio así: "Fue como ponerle un traje que no nos quedaba". Portnoy añadió: "Si hubiéramos hecho otro disco así, Dream Theater habría dejado de existir".

Hoy en día, ningún fan odia 'per se' el álbum 'Falling Into Infinity' y prefiere encontrar momentos bellos en él, pero sin duda que es consciente de su baja calidad respecto a otras obras de la banda.

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