IQ - 'The Road of Bones' (2014)

La imparable senda ascendente de IQ

The Watch - 'The Road of Bones' (2014)
(5 mayo 2014, GEP)

IQ - The Road Of BonesUna y otra vez vuelve a la carga IQ para regalarnos un nuevo referente importante de la (ya veterana) tradición del rock neo-progresivo… ¿y qué mejor noticia para los amantes y coleccionistas de este género?, ¿verdad? Bueno, yendo al grano, en esta ocasión traemos a colación “The Road Of Bones”, el nuevo disco del quinteto británico originado en Plymouth en 1980 desde las cenizas de THE LENS. 34 años después, tomándose su tiempo para hacer cada nuevo disco de estudio, todavía es IQ capaz de provocar gestos de complacido asombro en los rostros de quienes escuchamos con atención lo que aún tiene que ofrecer el grupo. “The Road Of Bones” marca el segundo debut de estudio para el baterista-percusionista Paul Cook (quien dejó a la banda pocos meses después de la edición del master opus “Dark Matter”, pero volvió poco después de que su propio sucesor Andy Edwards participara en “Frequency” para la gira correspondiente) y el bajista Tim Esau (quien hizo lo propio al finalizar la gira de promoción de “Are You Sitting Comfortably?”, al final de los 80s, pero que también volvió para reemplazar a su sucesor John Jowitt), así como el debut absoluto del teclista Neil Durant (en reemplazo de Mark Westworth, y que dicho sea de paso, también es integrante del excelente grupo SPHERE3). El frontman Peter Nicholls y el guitarrista Mike Holmes siguen luchando en el frente… aunque no debemos olvidar que a inicios de los 90s Nicholls volvió al grupo para reemplazar a su sucesor Paul Menel. En fin… una cronología muy llamativa la de este grupo. Y sobre todo, se trata de un grupo que cuida bien sus tiempos para convocar a las musas y preparara cada lote de nuevo material: este disco llega a nosotros 5 años después del precedente “Frequency”. El arsenal sonoro de la banda incorpora pedales Taurus y Roland a cargo de Esau, un piano de cola Steinway a cargo de Durant, además de mandolina y banjo eléctrico que se añaden a las guitarras eléctricas y acústicas de 6 y 12 cuerdas y clásica de Holmes; este último dirige la producción general de “The Road Of Bones”, y de hecho, desde la partida de Martin Orford, Holmes bien asentado este rol prominente de Holmes, quien parece sentirse muy cómodo en su coalición con Nicholls para brindar un enfoque certero a las nuevas proyecciones musicales de IQ.

Veamos el repertorio central de “The Road Of Bones”. Comenzando con un breve prólogo sintetizado muy sutil, ‘From The Outside’ da inicio al disco con un punche monumental e inapelable que dura 7 ¾ minutos. La ilación de riffs guitarreros y la maciza base rítmica de Esau y Cook establecen el esquema donde se ha de explayar el desarrollo temático. Los teclados oscilan entre colchones orquestales y capas cósmicas, y en algún momento ocupan un rol protagónico cuando emerge un interludio etéreo de base space-rockera. La siguiente pieza es justamente la que da título a la placa, y ciertamente su ingeniería sónica sigue por la misma senda que la del tema precedente, pero su talante es diferente, definitivamente más introspectivo y menos fulguroso, y al dar menos espacio a la luz regala éste a la bruma de la incertidumbre y la inquietud emocional a través de una patente electricidad rockera. Esta bruma espiritual angustiada se muestra a través del inconfundible canto de Nicholls – maestro indiscutible del arte de ser un frontman de rock progresivo – que va hilando el relato de sus misteriosas sensaciones e intuiciones sobre una base flotante de teclados que va preparando el camino para el armado de un swing parsimonioso y una ambientación psicodélica estilizada, cuyo momento cumbre genera orquestaciones atractivamente opresivas. Es casi como volver a los tiempos de “The Wake” bajo el diseño sonoro de “Frequency” y la relativamente fuerte influencia del PORCUPINE TREE de los dos últimos discos… además de algunas confluencias con la labor hecha por otros famosos de la hornada progresiva del nuevo milenio como RPWL y FROST. Para los dos últimos minutos, la garra rockera vuelve al frente con el fuego a flor de piel, capitalizando así el impacto de ‘From The Outside’. ‘Without Walls’ es la primera de las dos piezas maratónicas del disco, ocupando un espacio de 19 ½ minutos. En líneas generales, podemos decir que hay un tenor cósmico especialmente pronunciado en la labor de teclados plasmada en ‘The Road Of Bones’ y ‘Without Walls’: es como una mezcla de THE LENS con el IQ de los dos discos anteriores. La fastuosidad es menos sinfónica y más psicodélica... pero ojo, todavía queda la esencia sinfónica firme en el ideario musical de esta banda, y es justamente ‘Without Walls’ quien refleja mejor la fusión entre el IQ actualmente rejuvenecido y el IQ paradigmático de los últimos 14 años. La ilación de los diversos motivos es compacta mientras que el manejo de los contrastes entre ambientes luminosos y otros más grisáceos funciona con una solidez impecable: en algunos de los primeros hallamos las intervenciones más notables del dúo rítmico, lo cual resulta crucial para que se exploten los despliegues de musculatura en los sucesivos solos de sintetizador y guitarra. Por Dios… ¡cómo dominan estos tipos el arte de componer piezas de largo aliento! Los momentos relajados donde domina una languidez un tanto cósmica se llenan oportunamente con el canto de Nicholls, quien adopta una ceremoniosidad reflexiva como ha hecho en varias canciones de discos anteriores en momentos que ameritaban una espiritualidad sosegada.

IQ

Después de las ambiciosas expansiones de ‘Without Walls’ llega la canción más corta del álbum: ‘Ocean’. Su misión es la de transportarnos por los parajes más serenos de la ideología musical de la banda, algo que ya le conocemos de otros álbumes: su plan de trabajo es como una versión simplificada de ‘Closer’, la hermosa semi-balada que cerraba “Frequency”, pero con una languidez melódica más pronunciada, como elevando una plegaria en medio de un clima de sobria tristeza. La otra pieza maratónica del disco es ‘Until The End’, durando un total de 12 minutos y encargándose de cerrar el mismo. Los primeros tres minutos están signados por una calma contemplativa en base la dupla de canto y guitarra acústica; acto seguido, se arma un bloque sonoro grupal llamativo donde el colorido del teclado y el de la guitarra se hermanan de una manera elegante, haciendo que la patente vibración rockera del momento adquiera una aureola de fuerza elegantemente controlada, algo muy útil para dejar que las líneas vocales y el desarrollo melódico se luzcan por sí mismos. Poco antes de llegar a la barrera del sexto minuto y medio, el punche aumenta un poco de velocidad sin desatender a la preservación del sentido del equilibrio. La sección final baja la velocidad del ensamble para brindar una típicamente fastuosa ceremoniosidad al asunto, lo cual a su vez sirve para asentar el terreno para la coda acústica, muy intimista. En conjunto, esta pieza concretiza una estupenda síntesis de los momentos extrovertidos y los introvertidos que se han venido desarrollando a lo largo de los cuatro temas precedentes.

Además de la edición de un solo CD, “The Road Of Bones” también goza de una edición especial con un bonus disc, siendo así que éste no contiene un DVD o leftovers que potencialmente sean de interés para los fans más acérrimos, sino seis temas compuestos y arreglados con la vitalidad e ingenio propios de un disco oficial, ocupando un total de 49 minutos y pico. Vamos, que Nicholls, Holmes, Esau, Durant y Cook se encontraban en un particular estado de gracia mientras se inspiraban para crear nuevo material, el mismo que se grabó entre diciembre de 2013 y marzo de 2014 en los Aubitt Studios. El primer tema del disco 2 se titula ‘Knucklehead’ y apunta a un énfasis penitentemente concienzudo en los elementos modernos que conformaron la mayor parte de los momentos climáticos del repertorio del otro volumen: esto se cumple especialmente para la naturaleza cósmica de las bases y ornamentos de los teclados. La acidez emocional de ‘The Road Of Bones’ y la expresividad muscular de ‘From The Outside In’ se retoman aquí con nervio y oficio. Comenzando con un breve sampleo de la ‘Overtura 1812’ del gran maestro Piotr Ilich Tchaikovsky, ‘1312 Overture’ es un instrumental poderoso armado sobre alternancias rítmicas de 13/8 y 12/8, y a pesar de la complejidad estructural de este recurso, los instrumentistas mantienen un gancho para el desarrollo melódico, el cual en realidad es muy sencillo. Luego sigue ‘Constellations’, tema que dura casi 12 ½ minutos y que se inicia como un medio tiempo en 7/8 marcado por una cándida estructura melódica y una atmósfera dulcemente reflexiva. En los momentos cuando la banda decide subir la dosis de polenta, lo hace en base al swing cuasi-jazzero que arma la dupla Esau-Cook. Poco antes de llegar a la barrera del sexto minuto, el filo rockero de la pieza aumenta mientras se vira hacia un interludio que, a decir verdades, nos frustra un poco por no ser más extenso. Pero bueno, lo que sigue no es nada desdeñable, pues nos adentramos en un nuevo motivo generado desde la esencia más genuina del rock sinfónico: con una abundante artesanía de teclados y la cándida tonalidad del canto de Nicholls nos retrotraemos a los tiempos del “Ever” como quien no quiere la cosa. Una nueva sección rockera emerge para darle a la espiritualidad reflexiva predominante un fulgor revigorizante, siendo así que persiste el dominio del 7/8 como patrón rítmico. ¿Acaso hacía falta otra definición del sinfonismo moderno? Bueno, por si acaso, IQ creó otra canción paradigmática de ello y usó su buen oficio de siempre para ello.

‘Fall And Rise’ puntualiza y capitaliza la faceta pensativa heredada de la pieza anterior para encuadrarla en un esquema melódico sereno. El bajo sin trastes de Esau apoya de manera fundamental al groove general de la pieza, el cual recurre (una vez más) a un juego de compases inusuales que el grupo maneja con una soltura refrescante. ¡Atención al hermoso solo de Moog sobre el cual se centra el final de la canción! La dupla de ‘Ten Million Demons’ y ‘Hardcore’ ocupa los últimos 17 minutos del segundo volumen. El primero de ellos utiliza una armazón tecnificada en su cadencia básica, la cual sostiene un punche rockero estilizado con algunos ademanes lúgubres; el segundo, por su parte, regresa a la dinámica fastuosa y variada de las dos suites del primer volumen (‘Without Walls’ y ‘Until The End’), aunque dando espacios más prolongados a climas lánguidos y atmósferas misteriosas. El extenso cierre instrumental adquiere una fuerza emotiva con los alternados solos de guitarra acústica y eléctrica. De acuerdo a su diseño y dramatismo melódico, funciona muy bien como cierre para cualquiera de los dos volúmenes.

Tenemos, pues, en “The Road Of Bones” un nuevo ejemplo de la maestría y energía vital que IQ porta en su ADN rockero, un muy digno sucesor de “Frequency” desde el cual la banda impulsa su sensibilidad sinfónica madurada desde los tiempos del doble concept-album “Subterranea” y que se benefició de un impulso especial con la dupla de “The Seventh House” y “Dark Matter”. IQ se desafía razonablemente a sí mismo con este nuevo disco adoptando nuevos matices y una robustez reavivada dentro de una identidad propia que le permite mantenerse como figura líder del prog sinfónico posterior a los 70s. Si su actuación en la edición 2011 del Night Of The Prog Festival fue una reivindicación de la alineación que devolvió a Paul Cook y Tim Esau a las filas de IQ, “The Road Of Bones” es el sello de validación de su aún saludable creatividad. ¡Disco recomendado!, ¡muy pero que muy recomendado!


Nota: 9/10


- Muestras de 'The Road of Bones':

The Road Of Bones:

Without Walls:


firma cesar inca mendoza

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