IQ: un par de cuentos eternos, uno de 1983, otro de 1993

IQ

Hoy se nos antoja repasar dos momentos distintos pero igualmente relevantes dentro de la larga historia de IQ, uno de los grupos más imperiales de eso que se dio por llamar rock neo-progresivo (léase, rock progresivo sinfónico con sensibilidades más frescas inspiradas por el espíritu de las nuevas movidas del rock que tenían lugar desde fines de los 70s en el underground británico). Nos referimos a los momentos de “Tales From The Lush Attic” y “Ever”, discos que en este año 2018 cumplen 35 y 25 años de edad, respectivamente. Bautizado a partir de un término psicológico (Holmes empezó a estudiar la carrera pero no duró muchos años su vida académica), el grupo IQ se formó a mediados de 1981 cuando el guitarrista Mike Holmes y el teclista Martin Orford decidieron disolver el cuarteto instrumental THE LENS para hacer un grupo progresivo que diera más espacio a temas cantados. El primero en incorporarse a este proyecto naciente fue el bajista Tim Esau, quien también era dueño de un equipo de grabación. El segundo en unirse fue el baterista Mark Ridout, pero él dejó al poco tiempo el grupo para ser reemplazado por Paul Cook. A los pocos meses, Peter Nicholls entró a IQ (procedente de la banda de rock experimental THE SAME CURTAIN). Juntando temas ya grabados por el aún cuarteto con los hechos por el quinteto definitivo (incluyendo la balada ‘For The Taking’ que trajo Nicholls de su grupo anterior), el grupo publicó de forma independiente su primera grabación oficial: la casete “Seven Stories Into Eight”, que data de la segunda mitad de 1982. Bien es verdad que Holmes y Nicholls se conocían desde antes, más exactamente, la fila para entrar a un concierto de GENESIS durante la gira promocional de su entonces nuevo disco “A Trick Of The Tail”, ese crucial primer disco sin Peter Gabriel. También formó parte de esa experiencia de camaradería un tal Niall Hayden, siendo así que Hayden y Holmes pronto formarían un grupo instrumental llamado THE GILN al inicio, rebautizado pronto como THE LENS. No entraremos en más detalles sobre la trayectoria de THE LENS pero sí diremos que el teclista original fue reemplazado por un tal Martin Orford, ese Orford que por muchos años será socio de Holmes. El hecho es que en la época de este casete de debut ya estaba completada la primera alineación clásica de IQ: Peter Nicholls al canto; Mike Holmes a las guitarras; Tim Esau al bajo, los pedales bajos y los coros; Martin Orford a los teclados y los coros; y Paul Cook a la batería.

El primer gran paso adelante para IQ tenía que ser la grabación de un LP por parte de un sello más o menos importante... o como sea, un LP, así de simple. La oportunidad para ello surgió cuando nuestros jóvenes cinco mosqueteros vieron un anuncio en la prensa musical a mediados de 1983: la ganga de grabar durante 5 días en los Flame Studios un disco a ser masterizado en el prestigioso Abbey Road Studio y con 1000 ejemplares del vinilo, todo ello por 1,500 libras esterlinas. Era una ganga, en verdad que sí, pero incluso esa cantidad estaba fuera del alcance de los bolsillos de los cinco integrantes del grupo, por lo que el padre del baterista Paul Cook les prestó la susodicha suma. Un gesto de generosidad que le hizo merecedor del ejemplar 001 cuando el álbum saliera al mercado. El título “Tales From The Lush Attic” provino de una breve lluvia de ideas entre Nicholls, Holmes y Orford (aunque Nicholls, siendo el cantante y letrista ya exclusivo de la banda, pensaba que eso del título del álbum era parte de su función dentro de la banda, pero como él había puesto el título a la casete de debut, algunos de sus compañeros querrían ahora compartir esa responsabilidad nominativa). Nicholls gustaba de la palabra attic por el tipo de atmósfera relajante y, a la vez, claustrofóbica que emanaba, Orford gustaba del sonido de la palabra lush y Holmes añadió tales porque se enfatizaba el hecho de que cada canción narraba un evento particular. ¿Dóndo tuvo lugar esta crucial lluvia de ideas? Según Nicholls, fue en el apartamento que cuatro integrantes del quinteto compartían, pero Esau asegura que fue durante un viaje en coche y Holmes señala que más bien fue en la trastienda de un local donde acababan de dar un concierto. ¡Un misterio irresoluble que se perdió en la niebla del tiempo! El arte gráfica fue realizado por Nicholls, quien, como vocalista, también se hizo cargo de todas las letras. Las sesiones de grabación para las cinco piezas que conformaban “Tales From The Lush Attic” tuvieron lugar entre el 2 y el 5 de agosto de 1983, dejando el quinto día (lunes 8) para la mezcla inicial. El principal ingeniero de sonido no compartía el entusiasmo de los Sres. Nicholls, Holmes, Orford, Esau y Cook, quienes habían asumido la labor de producir el álbum por sí mismos: el ingeniero en cuestión, llamado Mel Simpson, les preguntó en una ocasión si estaban seguros de que querían 1000 ejemplares de ese álbum al cual él no le veía buen futuro. Tal vez fue su falta de entusiasmo lo que le hizo cometer el muy imprudente error de borrar unos cinco segundos del solo de sintetizador que duplicaba el penúltimo solo de guitarra previo a la última parte cantada de la suite que daba inicio al álbum. Orford aún recuerda con irritación lo que le dijo Simpson cuando le advirtió sobre la necesidad de reparar ese vacío: “¡No es algo tan importante!” En fin...

Más entrañable es la anécdota de llevar las cintas de grabación a los estudios Abbey Road: Holmes y Esau fueron los dos únicos integrantes que fueron a observar por un rato el proceso de masterización. Holmes, futuro ingeniero de sonido oficial del grupo, pensaba entonces muy ingenuamente que eso de masterizar un álbum consistía simplemente en llevar los archivos de un audio de un formato a otro. La cosa, al fin y al cabo, es que “Tales From The Lush Attic” salió al mercado en la segunda mitad de setiembre de ese año 1983 por vía del sello Major Record Company, un nombre ficticio inventado por el grupo en alusión a un chiste que ellos contaban de que no grabarían un disco a menos que fuese producido por un gran (major) sello fonográfico. Lo mejor del chiste es algo que no estaba en manos de la gente de IQ: ya existía una Major Record Company, la cual notificó a la banda que no podía seguir usando el nombre que su (supuesto) sello fonográfico tenía so pena de ser encausados en un juicio por plagio del nombre. En consecuencia, la segunda prensa de edición del disco pasó a manos de otro sello ficticio, esta vez bautizado como The Classic One-Shoe Record Label. Una segunda edición del LP hecha por esta modalidad al año siguiente cambió el borde azul de la portada original por otro rojo granate, siendo ésta la imagen que utilizó el sello MSI cuando este disco tuvo su primera edición en CD. (Muchos conocimos a IQ por el CD de este borde rojo granate.) La gente de IQ reservó la fecha del 15 de setiembre en su primer concierto como cabeza de cartel en el Marquee Club pensando que ya contarían con los discos para la venta (excepto el ejemplar 001, ya reservado para el padre de Cook)... Bueno, los discos estaban allí pero las portadas y las hojas con las letras no, así que con un poco de vergüenza, se tuvo que vender los ejemplares a los fans asistentes con un tíquet y una lista de nombres para que cada comprador de ese día tuviese asegurada su portada correspondiente días después. Más allá de la frustración de este incompleto detalle, el concierto fue un éxito con un lleno total del local: era un hecho que el grupo ganaba cada vez más adeptos en el underground londinense (Kerrang!, Sounds, Music, Due South). Las reseñas fueron mayormente positivas, aunque también es verdad que casi todas ellas fueron un tanto críticas con respecto al estilo vocal de Nicholls, lo cual le hizo desmoralizarse un poco: “En aquel entonces aún estaba tratando de encontrar mi propia voz y no me sentó muy bien ser ciritcado así en la prensa escrita.” Pero bueno, hoy por hoy, es uno de los frontmen más apreciados del rock progresivo de las últimas décadas, así que ya tiene un buen renombre asegurado desde hace muchos años.

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Veamos ahora los detalles del repertorio de este ítem. Casi todo el lado A del disco debut está ocupado por la suite ‘The Last Human Gateway’, una ambiciosa y dramática oda a la tragedia de ser inmortal de un hombre que experimenta en carne propia la aburrida agonía de no poder vivir plenamente con la complementación dialéctica de la muerte. Un relativamente largo pasaje de efectos de viento ayudan a motivar en nuestras mentes la imagen de un alma solitaria en un universo que no sabe cómo acogerla, siendo así que dicha imagen se refuerza con la instauración de la primera sección bajo la guía de las flautas mellotrónicas y el sintetizador de cuerdas. Una vez que llegamos a un puente en 7/8 con un swing enérgico, Nicholls proclama la mezcla de adrenalina y desesperación que emerge de las eternas pulsaciones de la inmortalidad (“My blood gone black and down to dust, / So save my soul or let me die. / I’m still alive… / I’m still alive!”). La segunda sección impone su vigor rotundo sobre un complejo armazón rítmico desde el cual los esquemas musicales de los guitarreos y las múltiples funciones de los teclados edifican una elegante tormenta épica de pura esencia progresiva. Tras un puente etéreo de claros matices cósmicos surge la tercera sección en clave de balada donde impera el modelo Genesiano; Nicholls explora la dimensión más vulnerable de su canto mientras las armonías y cortinas de los sintetizadores y el mellotrón marcan la pauta general del bloque instrumental. La cuarta sección nos devuelve a la tensión rockera, primero con un pasaje cantado donde predominan atmósferas góticas sobre una belicosas cadencia de talante marcial, y luego con una larga sección instrumental donde el grupo vuelve a exorcizar sus fantasmas Genesianos, esta vez con toques extra del paradigma de CAMEL. El camino hacia el culmen neurótico y furioso de esta sección es llevado ágilmente hacia la apertura de la quinta y última sección. Ésta retoma la base melódica de la primera pero esta vez con un magnífico acento épico donde la majestuosidad del largo solo de guitarra aporta una prolongación instrumental de las últimas reflexiones resignadas que canta Nicholls: “I set the silhouette that leaves me scarred. / Lost my condition from the perfect star. / I caught the fire, can’t help but see / There’s none to carry on. / I knew these plains before the world was mine. / With no escape in mind, I’ll be resigned. / Inside alone, I know for sure / The future’s all gone.” El esplendor majestuoso del bloque instrumental que se va evaporando en camino hacia el fade-out es prácticamente un homenaje al cierre de ese gran clásico del rock progresivo de los 70s que es la suite de GENESIS ‘Supper’s Ready’.

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‘Through The Corridors (Oh! Shit Me)’ suena a una canción típica del post-punk y la new wave (como una cruza entre THE PSYCHEDELIC FURS y THE STRANGLERS) con añadidos ornamentos y solos de sintetizador de tenor sinfónico al modo de unos GENESIS tratando de emular a THE DAMNED de la época 1980-2. Tocando el no muy agradable tema de la pedofilia con un espíritu de cruel sátira, esta canción que apenas sobrepasa los 2 ½ minutos de duración se encarga de establecer una contraparte a la maratónica sofisticación de la suite de apertura. El lado B del vinilo comienza con la estupenda y vibrante canción ‘Awake And Nervous’, una oda a la ansiosa agitación mezclada con agotamiento que siente el músico de rock cuando está terminando la última canción de un concierto. La letra de Nicholls refleja genialmente ese pletórico malestar (o incómoda bendición, si se quiere) en líneas como “With panache I keep a-crashing / Through the sky, / No compassion have I” y “Through the pandemonium, / My heart is beating like a drum. / Barricaded in here, / crawling’s getting creepier. / With my head in my hands, / all the heaven in my heart”. Las frases finales son directas: “Get me out of here, let me get away / Let me out of here, let me go today.” Lo paradójico es que muchas veces la banda escogía esta canción para iniciar los conciertos y solo unas pocas veces aparecía al final. La verdad que se trata de una canción con muchísimo gancho a despecho de su duración de 7 ¾ minutos y su utilización principal del compás en 7/8. Mientras el fade-out se encapsula bajo una capa minimalista de sintetizador se abre la puerta a una bella sonata de piano de cola compuesta por Orford, la cual responde al estrambótico título de ‘My Baby Treats Me Right ‘Cos I’m A Hard Lovin’ Man All Night Long’. La razón de este título tan sexista se debe a una intención que tenía Orford al respecto: primero, quería evitar ponerle un título pretencioso con una palabra académica (sonata, claro de luna, ese tipo de cosas); segundo, quería poner un título realmente pedestre que parodiara las pretensiones donjuanescas que grupos como WHITESNAKE y DR. FEELGOOD parecían tomarse muy en serio con ridícula autocomplacencia en las letras y títulos de sus canciones. Bueno, esta pieza no tiene nada de ridículo ni burdo: los efluvios del piano fluyen cuales ondas de agua en una noche agitada que no llega a ser tormentosa.

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El disco cierra a lo grande con otra suite, esta vez de poco menos de 14 minutos de duración: ‘The Enemy Smacks’. Las escalas de órgano iniciales encajan a la perfección con la última nota de íano que suena en el breve interludio precedente. Se trata de uno de los ítems más teatrales que haya compuesto jamás la gente de IQ, sirviendo como el pretexto ideal para que Nicholls interprete frente a la galería las tres fases del drogadicto que se hunde cada vez más en su adicción a la heroína: el periodo de los primeros experimentos, con una cuerda atada al brazo y besándola esporádicamente; el del avanzado deterioro, con una chaqueta y una máscara blancas, ostentando un lenguaje corporal lánguido y pasivo; el de la fatal sobredosis que lleva a la muerte, con la misma máscara blanca y una capa negra que llega a cubrir la cabeza. Lo mejor de la letra, según nos parece, está en la segunda sección cantada: “Here in my rocking-horse house, / I keep the curtains drawn. / Inside my little head, / I hear them screaming out my name. / Here in my rocking-horse room, / I keep my eyes shut tight. / Inside my peeping-holes, / I know that if they're empty I can sleep.” Como es de suponer, hay varios pasajes melódicos a cargo de los instrumentistas, jugando con diversos y complejos parámetros rítmicos, pasando desde lo frenético hasta lo tenebroso, a veces coqueteando con el heavy metal y en algún momento instaurando un groove blues-rockero de talante psicodélico. La sección final que se abre con rotundo filo rockero tras las últimas palabras que emite Nicholls (“Here comes the enemy, the beast in me, / Alive a little more. / On my hard shoulder, The warning goes deeper than before. / I still got second sight. / I still can see at night.”) ostentan una cadencia acalambrada y cortante muy funcional para las emulaciones de los fatídicos estertores agonizantes de la víctima de sobredosis que actuaba Nicholls sobre el escenario. ¡Qué tal final de disco!... Y de hecho, es nuestra canción favorita de este disco de debut. La reedición por el 30mo aniversario de “Tales From The Lush Attic” incluye una versión nueva (del año 2012) de la balada pastoral ‘Wintertell’, la cual había sido compuesta por Nicholls y Holmes para ser incluida en el álbum como puente entre ‘Awake And Nervous’ y ‘The Enemy Smacks’ pero la pieza escogida para esa función fue la sonata de piano mencionada en el párrafo anterior. Según palabras de Orford, la balada en cuestión todavía estaba en estado primigenio y no iba bien con el estilo general del disco, mientras que su composición era una entidad ya finiquitada, tenía una esencia sinfónica y acababa con el mismo acorde que daba inicio a ‘The Enemy Smacks’. Nicholls, por su parte, defiende a la canción y rechaza el reproche de que era demasiado personal para que su presencia tuviese sentido dentro del disco, pues también un solo de piano de parte de un único integrante del grupo también es un asunto personal. Pero bueno... ¿qué tal si ponemos aquí un fragmento de su entrañable letra? – “Both out of words and out of hope, / Another day exactly like I’ve come to know. / So nervously I close my eyes / In hoping, when I open them, that she’ll be gone. / For well she knows I can’t give in to sorrow, / I wait for a chance to be letting her know, / I love her enough to be letting her go.” Todo un poeta Peter Nicholls.

Por la maqueta de ‘Wintertell’ que conocemos por el recopilatorio de rarezas “The Lost Attic”, podemos decir que esta bella y cálida canción estaba todavía en estado primitivo; podemos considerar a esta versión del 2012, que además de canto y guitarra acústica, incluye unos primaverales ornamentos de teclado y unos gráciles aportes de guitarra eléctrica, que por fin encontró su esencia definitiva. En esta reedición de 30mo aniversario que hemos mencionado, también hallamos la versión rescatada de la primera versión de la sección final de ‘The Last Human Gateway’, una maqueta parcial de la electrizante canción ‘Just Changing Hands’ y lo mismo para ‘Dans Le Parc Du Château Noir’. No solo eso, también hay un DVD donde encontramos la mezcla original del LP (con fallas incluidas como, por ejemplo, el borrado de una parte del solo de sintetizador en la sección penúltima de ‘The Last Human Gateway’), el vídeo del concierto en el Zoetermeer (23 de octubre de 2011) donde el grupo toca el disco íntegro (ya con la formación que incluye a Neil Durant en la labor de teclista), la casete original de “Seven Stories Into Eight” (sí, ese ítem de 1982), más algunos ítems registrados durante las sesiones de grabación del primer LP. Dos de ellos son los ensayos respectivos para la primera versión completa de ‘The Last Human Gateway’ y la de ‘The Enemy Smacks’, así como un par de interludios instrumentales que quedaron sin utilizarse. Y bien, lo que sigue entre 1983 y 1991 es historia conocida: el grupo logra concretar en el año 1985 su segundo LP de estudio “The Wake”, todo un triunfo artístico que no llega a celebrarse apropiadamente en las Navidades de ese año pues para entonces el grupo tenía en sus filas a un nuevo frontman llamado Paul Menel. Con los nuevos aires que trae este señor, el mayor poder creativo que tiene Esau y las presiones del sello fonográfico, IQ se convierte momentáneamente en un grupo esquizoide atrapado entre un pop-rock glamoroso y ciertos resistentes rezagos del rock progresivo inicial, algo así como unos GENESIS atrapados entre el paradigma de “Abacab” y el de “Wind & Wuthering”. Así las cosas, se gesta un par de álbumes que son “Nomzamo” (1987) y “Are You Sitting Comfortably?” (1989). Con las presiones de unos envalentonados Holmes y Orford por volver a las raíces progresivas del grupo y la aún mayor presión que el grupo padecía al no gozar del apoyo necesario de parte del sello Phonogram, Esau y Menel deciden abandonar el barco tras concluir la gira de promoción del segundo disco antes mencionado. Sin mayores recursos económicos y con la sensación de no contar con más energías para seguir adelante como un grupo renacido al ideal del rock progresivo con miras a la inminente década de los 90s, IQ, como cuarteto y con el reclutamiento de Les “Ledge” Marshall al bajo (amigo de toda la vida y ocasional integrante de THE LENS), decide hacer un puñado de conciertos de despedida con Orford al canto y con la participación especial de Peter Nicholls para las tres últimas canciones. Conciertos con locales llenos, con fans que volvían a vitorear y tararear las viejas clásicas de la época de Nicholls, fans que iban a despedir a la banda con el placer de deleitarse con un repertorio que daba prioridad al material de la fase 82-85.

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Y bueno, a los pocos días de que sucediera esto, empezó a surgir en las cabezas de estos señores la idea de resucitar IQ como entidad musical genuina y reactivar la mentalidad progresiva de sus inicios. De hecho, la mala onda comunal que había empujado a Nicholls a abandonar el barco a mediados de 1985 quedaba reducida a cero, por lo que había ganas para hacer todo esto. Un suceso tan lamentable como la muerte de Marshall (según parece, por suicidio) no hizo sino aumentar las ganas de concretar esta resurrección progresiva; ya para ese tiempo, el bajista John Jowitt era un conocido de la banda (además de ferviente fan), por lo que las fichas estaban completas cuando ingresó al grupo. Con la fundación de su propio sello Giant Electric Pea, el quinteto publicó una recopilación de rarezas titulada en falso francés “Jai Pollette d’Arnu” para financiar parte de los gastos de preproducción de lo que habrá de ser un nuevo disco. Además de muerte de Marshall, también ocurrió la de Geoff Mann, artista amigo de la banda que dividía su vida entre el sacerdocio anglicano y la música (incluso llegó a reunirse con sus compinches de TWELFTH NIGHT para grabar un par de temas para un recopilatorio). También fallecieron a inicios de los 90s algunos familiares de los mismos integrantes de IQ, por lo que Nicholls estaba inspirado para hacer varias letras sobre el rol que cumple la muerte en el significado, los desafios y los dramas de la vida. Como en los viejos tiempos, Nicholls no solo haría las letras y se encargaría del canto, sino que también se encargaría de la parte gráfica de la portada y demás páginas del librillo del CD. “Ever” es el título apropiado para el disco: una palabra que designa el hecho de que quienes se van lo hacen para siempre, pero también que ellos dejan huellas eternas en quienes les conocieron, y cómo no, que el círculo de la vida y la muerte da vueltas por siempre sin parar. Los seis temas que conforman el disco fueron grabados en marzo de 1993 en los Parkland Studios de Hampshire Jacobs (Farnham) y en The Cutting Rooms de Manchester, teniendo lugar en el siguiente mes los procesos de mezcla (los Moles Studios de Bath) y de masterización (en Digipro, en la localidad holandesa de Soest). “Ever” salió al mercado en el 12 de junio de ese mismo año 1993, fecha que queda como el día oficial en que IQ inició su hasta ahora vigente fase de madurez definitoria. Orford añade la flauta a su arsenal de numerosos sintetizadores mientras que Holmes añade la guitarra-sintetizador Roland a su propio destacamento de guitarra eléctricas y acústicas de 6 y 12 cuerdas, mientras que el recién llegado Jowitt trae consigo sus bajos Warwick, Rickenbacker, MusicMan y Wal Fretless junto a la pedalera Moog Taurus. El grupo está decidido a elaborar y edificar un esquema sonoro masivamente pletórico con un enfoque genuinamente prog-sinfónico, aquel enfoque con el que el grupo nació.

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El repertorio de este disco comienza con una frontal declaración de principios sobre lo que significa volver de lleno al sendero del rock progresivo y sostenerse sobre ese posicionamiento con orgullo y convicción: la canción de casi 11 minutos de duración ‘The Darkest Hour’ es la perfecta encarnación musical se esa declaración de principios. Comenzando con un prólogo signado por pura polenta rockera arropada por el preciosismo de un esquema rítmico complejo y vibrantes ornamentos de sintetizador, la pieza va armando sólidamente y a paso firma la ilación de los diversos motivos que se articulan bajo una meticulosa ingeniería progresiva. Algo nuevo se nota en la poesía de Nicholls, hay un apego a un dramatismo más elaborado y un enfoque más descriptivo: “In spite of everything I recognise the end / And feel the scars that never heal. / I keep the purity, buried as I am / In an effort to conceal.”– “Nothing any good ever came from me, / Thought I could run you in the ground. / What do I do, what kind of fool /Covers you like an animal?” Algo nuevo se nota también en su canto, el cual es manejado con mayor suavidad, y esto último es muy conveniente para engarzarse con los encuadres instrumentales que desarrollan sus compañeros de viaje. Se nota que este IQ no solo está resucitado sino también totalmente maduro, dispuesto a volar hacia las más elevadas alturas del arte del rock, haciéndose mejor en vez de decaer con el paso de los años. Se nota en el estilo de Jowitt que el bajo tiene una musculatura nueva dentro del sonido grupal. El epílogo, de envolvente tenor melancólico, se sostiene sobre el canto y los teclados para redondear a plenitud la arquitectura de claridad melódica que se ha venido desplegando: aquí se combina la imagen de un silencioso respetuoso con esa otra de una reflexión solitaria que uno hace al encarar el fin de su mundo. “Another day leads me on and I will follow. / Whatever it takes now, I’ll do if it’s over. / And he won’t hurt me now, I know, / When I’m losing all the power, / And he won’t hurt me now / In this darkest hour.”

La segunda canción es ‘Fading Senses’ y cuenta con dos secciones respectivamente tituladas ‘After All’ y ‘Fading Senses’: su temática es claramente funeraria – “After all the days of fading senses / This has taken more than I had to give. / If we face the one we’ve been avoiding / And I’m out of all control again, Let me go.” La primera sección es cantada y se sustenta sobre un etéreo armazón de teclados, guitarra de 12 cuerdas y bajo sin trastes, retratando solventemente el aire de triste expectativa que rodea a las últimas horas de vida de un ser querido. La segunda sección es un bello estándar instrumental sobre un medio tiempo que nos remite por igual a los modelos del CAMEL de fines de los 70s y al PINK FLOYD de la época post-1983. ‘Out Of Nowhere’ es la canción más marchosa del disco, de hecho, se puede decir que es la que más muestra la dimensión pop que juega un rol secundario pero patente dentro del ideario musical de IQ. Eso sí, los quiebres rítmicos no están ausentes aquí con esos ornamentos ocasionales en 7/8 que tienen lugar en algunos interludios estratégicos. La personalidad celebratoria del disco refleja el empuje por vivir en medio de todas las pruebas y peligros que la vida tan desafiantemente nos ofrece a cada momento. La guitarra es la dueña de todos los solos y no son precisamente muy pirotécnicos pues la idea es mantener de principio a fin un talante de ágil ligereza. Por el contrario, ‘Further Away’ – la canción más extensa del disco con sus 14 ½ minutos de duración – nos muestra las aristas más graves y solemnes del disco. Con una letra inspirada en la clásica novela Cumbres borrascosas de EMILY BRONTË (publicada por primera vez en 1847 bajo el seudónimo de ELLIS BELL), el grupo comienza la obra con un prólogo ingrávido de matices otoñales (con añadidos ornamentos de flauta), pasando luego a un ambicioso y prolongado pasaje rockero cargado de gran fragor emocional y sostenido mayormente sobre un compás de 12/8; luego sigue un interludio donde se vuelve a una etérea gracilidad, esta vez combinando lo otoñal con lo luminoso, para finalmente aterrizar en un epílogo donde el candor y la pasión se asocian en una emoción de exaltación del amor como una fuerza revitalizada más allá de la vida terrenal. “Go wherever you can be / And live for the day, / It’s only wear and tear. / Doesn’t matter anymore, / If I’m losing you / You’re always everywhere […] What have they done? / Stay with me! / Can you say where you are? / I’ll be there, I’ll do it, just tell me’ / I’ll never let go.”

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Una suite tremenda tenemos en ‘Further Away’, no nos cabe duda alguna sobre ello. Los solos de guitarra y de sintetizador ocupan sus respectivos lugares con gracia y distinción. Por su parte, Nicholls nos regala más de su esplendorosa poesía: “Tension seekers and public speakers defend / These they have come to judge. / Seasoned liars and false Messiahs descend / To lay on the feeling touch / And I’ve seen too much / Day by day and I don’t know why. / After all, don’t we matter the same?” – “I was the first in that sinister bed, / Closing the shutters and cutting the thread. / Shackled and fettered I know who you are, / Bleeding the heart and the mind as the rivers run red. / Somebody said «Here is Hell».” La emoción desgarrada y sofisticada con que nos ha dejado esta canción adquiere un matiz más contemplativo en la penúltima canción del álbum, la cual se titula ‘Leap Of Faith’ y tiene una temática centrada en el ciclo de vida y muerte que marca la vida de los seres humanos de generación en generación. Una muestra de la letra ilustran esta noción: “I can see something in that smile, / In the way they play. / They're passing down the line, / Opening the tears and the emptiness. / No danger signs, / Features unrecognised until now.” – “Time enough when old sensations / Won't remind anymore. / Unaware of all the children, / Running rings without a care, / Joining in their games.” No ocultaremos que se trata de nuestra canción favorita de “Ever” (y de todo el catálogo histórico de la banda) pues es aquí donde las ideas musicales llegan a la máxima expresión de belleza estilizada, la misma que es transportada hacia un peculiar culmen de especificaciones sinfónicas en el extenso epílogo instrumental: éste acoge uno de los más intensos diálogos entre guitarra y sintetizador que haya compuesto jamás la dupla de Holmes y Orford, todo ello mientras la dupla rítmica trabaja un groove fluidamente llevadero sobre una natural ilación de compases inusuales. Engarzado con el final de ‘Leap Of Faith’ está el tema que cierra el disco: la balada en clave Cameliano-Genesiana ‘Came Down’. Esta canción llanamente orientada hacia una emotividad vulnerable se maneja con bastante sobriedad en sus arreglos instrumentales, logrando que la expresividad rockera del momento se constriña a la sencillez de las cavilaciones existencialistas expuestas en la letra. Desde la guitarra se dirige la esencia melódica del cuerpo central recurrente mientras los teclados arman bases y orquestaciones comedidas. El camino hacia el fade-out logra, en simultáneo, exponer una aura de liviano distanciamiento una vez que terminan de resonar las últimas palabras de Nicholls, y un repique de tersa melancolía convertida en silenciosa contemplación. El aire de duelo que atravesó a todo el disco transita ahora, en su punto final, por el sendero de la serena resignación.

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La gira de promoción para “Ever” fue un éxito satisfactorio para los patrones de IQ, incluyendo su primera actuación en escenarios norteamericanos con su participación en el Progfest de 1993 (29 de mayo, en la Royce Hall de la UCLA). Además, el grupo estaba con todas las ganas del mundo para registrar un documento en vivo de esta gira, el cual se publicó tanto en vídeo de VHS como en CD doble bajo el título de “Forever Live”; la publicación tuvo lugar en abril de 1996. El concierto aquí registrado tuvo lugar en la Stadthalleel de la localidad germana de Cléveris, en el 12 de junio de 1993. Tras una pista introductoria de capas cósmico-sinfónicas de múltiples sintetizadores, el grupo da inicio al concierto con una vibrante versión de ‘The Wake’: nada mejor que una canción enérgica y no muy larga para demostrar al mundo que el grupo, a pesar de ser más viejo que a inicios de los 80s, tiene tanta o más vitalidad que antes. Entre los muchos momentos álgidos y cimas contundentes que emergieron durante el evento están la magia de ‘Widow’s Peak’ y ‘Headlong’, la evocativa belleza de ‘Leap Of Faith’ y el colorido majestuoso de ‘The Darkest Hour’. En el caso particular de ‘Headlong’ tenemos la idea elaborada por Orford de hacer un pequeño preludio a la parte cantada inicial, un detalle pequeño que tiene el poder de realzar en proporciones geométricas al hechizo tan particular que tiene el núcleo melódico de este vibrante himno a la reencarnación. Para ‘Leap Of Faith’, dado que el grupo no tenía en mente engarzarla con la canción que la sucede en el repertorio del entonces nuevo disco, el grupo creó una estupenda coda en 7/8 que permite a la ya de por sí fastuosa sección instrumental que ocupa toda su segunda mitad adquirir dosis extra de color y de músculo. Como dignos homenajes a la época de Paul Menel, el grupo también incluye en el repertorio las canciones ‘Human Nature’ y ‘Nostalgia’ / ‘Falling Apart At The Seams’. Por supuesto, la ejecución de ‘The Enemy Smacks’ no solo hace lucir su dramatismo musical innato sino también la turbadora teatralización heroinómana de Nicholls con su canto, sus gestos y sus disfraces: el momento de mayor esplendor expresionista en todo el concierto no puede sino ser ocasión para la primera despedida. Es justamente ‘Headlong’ la canción elegida para iniciar el bis, la reencarnación tras la fatalidad compulsiva y desgarrada. Como la filmación de la última canción de la noche, a la sazón, ‘No Love Lost’, no salió del todo bien, solo aparece en el CD doble. “Forever Live” tuvo su reedición como doble CD en el año 2005 por vía del sello alemán InsideOut Music, y dos años más tarde, como doble DVD por vía de Giant Electric Pea.

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Volviendo al caso de “Ever”, a inicios de octubre de este mismo año 2018, el grupo publicó una reedición especial de 25to aniversario de “Ever” con doble CD y un DVD a inicios del pasado mes de octubre. El primer CD incluye una versión remezclada del repertorio original más una selección de solos que no entraron en la versión final de ‘Came Down’ y ‘Lost In Paradise’, una versión reducida y remodelada de ‘The Darkest Hour’ que ya había aparecido en el CD promocional de la gira de “Frequency” (el noveno álbum de estudio de la banda). La labor de remezcla permite realzar algunas partes de guitarra acústica en un par de canciones así como reforzar la presencia del bajo de Jowitt en todas. También hay algunos efectos especiales añadidos (como por ejemplo, un breve soliloquio en la mitad de la segunda canción y ovaciones del público en la tercera) El segundo CD incluye canciones grabadas en el concierto del 10 de febrero de este año 2018 en el Colos-Saal de Aschaffenburg, Alemania, por motivo de su 25to aniversario, como es evidente; la alineación activa es la de Mike Holmes, Paul Cook, Peter Nicholls, Neil Durant y Tim Esau. El orden del repertorio es así: ‘Intro’ / ‘The Darkest Hour’; ‘Fading Senses’; ‘Leap Of Faith’; ‘Came Down’; ‘Further Away’; ‘Out Of Nowhere’. Por su parte, el DVD incluye todo eso más una serie de ensayos y de maquetas de versiones avanzadas de las canciones definitivas, además de un cúmulo de ideas abandonadas (un riff por aquí, una orquestación de teclados por allá, etc.) Una curiosidad que descubrimos en esta larga lista de extras es que el título original de ‘Out Of Nowhere’ era ‘Unholy Cow’, y tal como se lee en el librillo de la reedición, la épica canción ‘Further Away’ fue la más difícil de ensamblar a partir de las diversas secciones tan bien logradas que se iban componiendo. Hasta entonces, era la suite más complicada de escribir para el grupo, y no solo eso, también fue motivo de tensión en los ensayos previos a ese concierto en un escenario alemán que fue registrado en “Forever Live”: las tensiones desaparecieron cuando el grupo decidió no incluirla en el repertorio de esa noche.

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Suponemos que esta reedición de “Ever” es una de las más importantes en la oferta fonográfica progresiva del año 2018, y lo suponemos por muy buenos motivos pues IQ es una de las entidades más excelsas dentro de la élite del rock progresivo que se ha forjado, generación tras generación, a lo largo de todas estas décadas que sucedieron a la de los 70s. Mientras dejamos en paz a los veteranos muchachos de IQ en su actual labor de completar el que será su próximo disco de estudio, gastamos cien botellas de champán y otras tantas de whisky en honor a las bodas de coral de “Tales From The Lush Attic” y por las bodas de plata de “Ever”.


- Muestras musicales de IQ (1983):

The Last Human Gateway:

https://www.youtube.com/watch?v=PGNch4QvShU

Awake And Nervous:

The Enemy Smacks [en vivo, 1993]:

Wintertell:

- Muestras musicales de IQ (1993):

The Darkest Hour:

Further Away:

Out Of Nowhere [en vivo, 1993]:

Leap Of Faith [en vivo, 1993]:


cesar inca mendoza

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