Iron Maiden - 'The Final Frontier' (2010)

Crítica de 'The Final Frontier'

16-ago -2010
Autor: Pablo M. Beleña
Calificación: Calificacion: 8,5

Más cosas sobre Iron Maiden y el vídeo de 'The Final Frontier'

Más lejos que nunca de la frontera final

Iron Maiden - 'The Final Frontier' (16 agosto 2010)
EMI
Calificación:
Calificacion: 8,5

 1.    "Satellite 15... The Final Frontier"  8:40
2.    "El Dorado"     6:49
3.    "Mother of Mercy"    5:20
4.    "Coming Home"    5:52
5.    "The Alchemist"    4:29
6.    "Isle of Avalon"   9:06
7.    "Starblind"   7:48
8.    "The Talisman"     9:03
9.    "The Man Who Would Be King"   8:28
10.    "When the Wild Wind Blows"  10:59

Duración total: 76'34''

Músicos:
- Bruce Dickinson: Voz
- Dave Murray: Guitarras
- Adrian Smith: Guitarras
- Janick Gers: Guitarras
- Steve Harris: Bajo y teclados
- Nicko McBrain: Batería y percusión


Grabado en 2010 en los estudios Compass Point, en Nassau, Bahamas y los estudios The Cave, Malibú, California, EEUU.
Género: Heavy metal, metal progresivo.

Producido por Kevin Shirley.

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Reza la publicidad y los eslóganes de este álbum que se trata de un disco repleto de descarga eléctrica, contundencia y riffs de la vieja escuela. 76 minutos de adrenalina. Puro artificio. No se engañen. No volvemos a los viejos himnos de los 80, con 'Aces High', 'The Number of the Beast' o 'The Trooper'. No. Maiden ha dado el paso, definitivamente, a otra dimensión. Un metal más elaborado, más cercano del progresivo que de la vieja escuela. Y sin embargo, con este nuevo rostro, han rejuvenecido su música. 'The Final Frontier' es, sencillamente, un discazo.

 Como contaba en la primera aproximación al contenido del disco, y antes de poder analizar con el merecido detenimiento que debe tener todo álbum de Iron Maiden, el arranque me sorprende para bien. Hay quien no termina de comprender lo que la banda persigue con esta intro titulada 'Satellite 15' y que en el mismo corte que 'The Final Frontier'.
Particularmente, me parece una original experimentación sonora con
sintetizador y, por primera vez en 30 años, una base de batería
elaborada con pads y no con batería acústica. Recuerda mucho a un inicio tipo banda sonora de 'Terminator', agresiva, épica y misteriosa, queriéndonos introducir en la atmósfera recreada en la portada del disco, un mundo onírico de ciencia ficción futurista.

Las guitarras suenan al fondo de manera mística y poco a poco llega casi al tercer minuto, hasta que aparece la voz de Bruce,
dramatizada y distorsionada, para volver a la base rítmica eléctrica y
las guitarras de ensueño difuminadas. Excelente capricho sonoro de
Maiden que jamás había hecho en tanto tiempo de Historia musical que
sólo tiene un fallo: la falta absoluta de cohesión con la otra parte
del corte 1, 'The Final Frontier'. Se corta de repente y da
paso al tema que da nombre al disco, no sin antes acabar en un cuarto
minuto de forma majestuosa con redoble de batería.

Y 'The Final Frontier', conocida casi por todos gracias
al videoclip lanzado por Maiden un mes antes, no engaña a nadie. Una
buena canción para empezar, algo plana y repetitiva, pero convincente y
en la línea de los Maiden de 'Brave New World'. A Dickinson
se le aprecia menos suelto en las voces, mucho más perjudicado por el
paso del tiempo. Se le nota al intentar alcanzar las notas más altas,
cosa que no sucede en otros temas mejor producidos.

Tras este primer acercamiento llega 'El Dorado', la otra
canción presentada como adelanto para los fans. Es, sin duda, el corte
más pobre y modesto de todo el álbum. Y si tenemos en cuenta que no es
ninguna bajeza, se trata en el fondo de un piropo a este disco. Lo peor
de 'El Dorado' es que no se define... suena como a los Maiden de Blaze Bayley:
planos, menos melódicos y muy pesados en la composición. Casi doom. Sin
embargo, pretende un estribillo a la vieja usanza, cosa que no
consigue, y Dickinson da su peor rendimiento vocal: absolutamente
superado por unas notas que no alcanza. Incluso recuerda a Blaze, que
pese a tener buenas dotaciones para cantar, no tiene los registros de
Bruce ni de lejos.

Pero sin tiempo para pensar en si 'The Final Frontier' va a defraudar llega el primer disparo a nuestra sien: 'Mother of Mercy'.
Temazo que juega con guitarras suaves en un arranque muy bucólico, con
un Dickinson ya más convincente. Está increíble tanto él como el resto
del grupo, sobre todo en la composición, tarea aquí de Smith y Harris.
Muchos cambios de ritmos y niveles que presagian los aires de metal
progresivo que inundan este disco. Y si gusta la introducción, que se
alarga a casi tres minutos, no hay más que rendirse a un estribillo
mágico y épico. Trágico y oscuro, pero que lleva a mover todo el
cuerpo. Lo único que se le puede reprochar a este 'Mother of Mercy' es
que en algunos tramos faltaría reforzar la sección de cuerda. Me
refiero a que para tener tres guitarristas, por momentos es algo
minimalista y de 'orquestación' insuficiente. Le falta ese último
impulso para ser un heavy metal machacón y recargado. Para nada: Maiden
busca un sonido más limpio y puro, sin tanta suciedad eléctrica, y es
lo más reprochable no sólo en este tema, sino en el resto del álbum.
¿Qué parte de responsabilidad tiene aquí Kevin Shirley?

Sin bajar el nivel que habíamos ya comenzado a saborear, los chicos de la dama de hierro nos deleitan con 'Coming Home',
un tema en el que ya aparece Bruce firmando los créditos y no hacía
falta ni contarlo: un medio tiempo de inicio, muy bucólico, que se
podría confundir con el típico tema de la discografía en solitario del
mítico vocalista. Él está inmenso en este tema, que lo hace muy propio
y le da una impronta sensacional. Por momentos me recuerda a pasajes de
'Tears of the Dragon'. Y no, que nadie se engañe: no es una
balada ni una love song. Iron Maiden tiene las narices de ser una banda
que en 30 años de Historia discográfica no ha realizado ni una sola
balada. Quizás temas calmados como éste, o 'Fear of the Dark', o 'Wasted Years', o 'Strange World',
pero nunca claudicando. Ah, y por cierto, ojo al solo central de
guitarra de la canción. Majestuoso. Como la parte final. Increíble.
Estos son los Maiden que me gustan, tras los dos dubitativos álbumes
anteriores.

'The Alchemist', siguiente canción: ritmo más rápido y riff machacón,
con estrofas cantadas por Bruce a gran velocidad, recordando sus
inicios en los 80. Este corte es el más ochentero de todos, el más
propio de su época dorada y la que les encumbró en el olimpo del heavy
metal. Ojo al solo de guitarra a partir del tercer minuto. Fulminante.
Pura descarga de adrenalina. Un himno que recuerda a sus canciones más
clásicas y que podría ser muy explotado en el futuro para las giras.

Sin embargo 'Isle of Avalon' regresa a las exploraciones
más progresivas. Se trata de un tema de 9 minutos que nos evoca su
parte más creativa, la que no busca temas directos y pegadizos, sino
largos pasajes de ensueño y calidad compositiva. Bajo una base rítmica
que va evolucionando con gran exquisitez de McBrain, a base de platillos y el bajo de Harris, llegan a presentar una composición que recuerda inevitablemente a 'Rime of the Ancient Mariner',
el tema más progresivo de toda su discografía. No puedo dejar de
mencionar el gran trabajo vocal de Bruce, que aquí vuelve a estar a un
nivel propio de una divinidad. Es el Bruce de siempre, desatado pero
controlando su chorro de voz con talento y mucho arte. Por último,
decir que la melodía es tan bella y elaborada que habrá que tener en
cuenta este tema para análisis posteriores en el tiempo.

'Starblind' es, sin embargo, el tema más fresco y que resume
lo mejor de Maiden, para mi gusto. Estribillos como siempre les ha
gustado: alargados y sin una simpleza verbal. Dickinson está inmenso y
la melodía marca la prioridad sobre el ritmo, aunque el comienzo con
bajo y guitarras oníricas nos devuelven a los Iron Maiden de 'Fear of the Dark'. No es una canción de riffs,
sino de gran trabajo de elaboración de tejidos sonoros. Pero, al mismo
tiempo, insisto, pegadiza y contundente. Un temazo, vaya.

 Y como este álbum dura 1 hora y 16 minutos, da para mucho. Podía haber
sido un germen para dos álbumes separados por un año en su publicación
y habrían sido dos discazos. El caso es que todo esto que ya han dado
hasta 'Starblind', Maiden continúan dando de sí. Y mucho. 'The Talisman' es
una pieza algo distinta, muy propia del heavy que se inspira en
melodías medievales o renacentistas, con unas guitarras acústicas en la
primera parte del tema que evocan un ambiente místico y propio de
leyendas. Dickinson lleva el ritmo casi recitando, en tonos bajos, como
un trovador. Pero 9 minutos dan para mucho y pronto el tema evoluciona
a una descarga eléctrica maravillosa, prodigiosa, aunque a él, sin
embargo, se le ve más forzado por las altas escalas que debe alcanzar.
Ojo a Nicko, que aquí está inmenso, envolviendo todo el tema, más las
guitarras del trío más completo del momento: Gers, Murray y Smith. Ahora bien: sigo diciendo lo mismo que hace 10 años, cuando apareció 'Brave New World'.
Me alegro del regreso de Adrian, y que eso no obligara a despedir a
Janick Gers, que es maravilloso. Pero no son precisos tres guitarristas
para este metal sin altos recargamientos que tiene la música de Maiden.
Y menos tres guitarristas de su nivel... En fin, eso es otra historia
que no viene a cuento. En el fondo es un lujo, así que de esta manera
hay que tomarlo.

El tramo final llega con dos canciones largas más: 'The Man Who Would Be King', de 8 minutos, y 'When the Wild Wind Blows',
un cierre épico y con concepción progresiva de 11 minutos, firmado en
solitario por Steve Harris. El único de todo el álbum que no componen
al menos dos de sus integrantes. El primero de ellos vuelve a dar lo
mejor de la sección de cuerda, con unas guitarras oníricas y muy
melódicas, más teclados de fondo tocados por Harris en estudio. Aseguro
que a más de uno sorprenderá el contenido de este tema, sobre todo a la
mitad del mismo, con estructuras y texturas que jamás había escuchado
en Maiden, con gorgoritos de guitarras propios de unos Pink Floyd. Con la boca abierta aún estoy... Si alguien no se lo cree, que escuche el final: ¿Kaipa? ¿Marillion? Se me vienen a la cabeza tantas influencias... Gracias, Maiden.

Y el final, lo dicho: 'When the Wild Wind Blows'. Una
canción de Harris que, como me apuntaba mi compañero Javi Moreno, suena a tema folk con toques épicos. El comienzo
se parece al de una canción tristona y épica, con guitarras del tipo de 'The X Factor' y toques del tema 'The Clansman'.
El título ya dice mucho. Juega, durante todo el tema, a imitar marchas
militares con un trabajo excelente en la batería de Nicko. Los solos
interminables y mágicos de la parte central son propios de 'Afraid to Shoot Strangers' o 'Fear of the Dark', y
provocan tal sensación al interiorizar este tema que uno se pregunta...
¿vendrán generaciones venideras capaz de batir esto? Porque no son sólo
Maiden. Judas, WASP, Saxon...
viejos mitos y viejos rockeros del metal que no claudican y ofrecen
discos increíbles cercanos a los 60 años, si no los han pasado ya.

Yo, de momento, me quedo con la gran sensación de este 'The Final Frontier'. Parece que Maiden por fin ha conseguido el punto que buscaba. Nos alegramos todos. ¡Up the Irons!

 Lo mejor: La frescura con la que han compuesto este disco y concebido su contenido. Además, dan la sensación de que llegan al punto que querían alcanzar en sus anteriores trabajos.
Lo peor: Poco que decir, por no decir que nada. Quizás el desaprovechamiento de tener tres guitarristas para una música que por momentos apenas ofrece saturación en la cuerda. Imprescindibles: La intro 'Satellite 15' por su originalidad, más las joyas 'Coming Home', 'Isle of Avalon' y 'Starblind'. También 'The Man Who Would Be King' por ser  tan fresca y la contudente 'Mother of Mercy'.

Puntuación: 8,5/10

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Pablo M. Beleña
Agosto 2010

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