Kobetasonik: La fiesta internacional del rock

 Crónica del festival Kobetasonik en Bilbao
Fecha: 20-21 junio 2008
Lugar: Monte Kobeta
Precio: 125 €, dos días
Calificación:
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 '¿Quién dijo que el rock había muerto?', la crónica de Javi Moreno

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El olimpo del hard y el heavy, en Bilbao

Pablo M. Beleña (Fotos: Pablo M. Beleña, Dave Garia, Kobetasonik.com)

 OTRA CRÓNICA: '¿Quién dijo que el rock había muerto?', por Javi Moreno

Un viernes de aperitivo genial

El viernes presentaba un calendario más duro, con grupos de sonido más extremo. No pudimos asistir a la apertura, con Black Tide y los locales Su Ta Gar. Por lo que oímos, no nos perdimos mucho. El primer fiasco fue perderse al concierto de Airbourne, unos australianos que copian el estilo de AC/DC, con una calidad inmensa a pesar de su corta edad.  La organización estuvo bien, pero al estar cortado el tráfico al monte Kobeta la única forma de acceso era por taxi o por los buses del festival. Una huelga inesperada en los servicios de autobuses de Bilbao llevó a la organización a tener que contratar buses de compañías privadas. A pesar del esfuerzo, era una locura llegar a tiempo al festival a tiempo y llegamos sólo a tiempo para el concierto de Gotthard.

Los suizos hard-rockeros estuvieron muy bien, sobrios y con poco espectáculo. Normal a media tarde ya que su concierto comenzó sobre las 17:00. Su repertorio, marcado por los dos últimos discos de 2005 y 2007 y no tanto grandes éxitos. La gente coreó sus temas y el grupo dio impresión de tener un buen directo y saber transmitir. El sonido, impecable. Un 8,5.

 Lo siguiente fue en el escenario 1, con los nórdicos Sonata Arctica. No tenía un gran concepto de la música de estos finlandeses de power metal sinfónico, y de hecho no me he quedado con ninguno de sus discos que han pasado por mis manos. Pero debo reconocer que ganan mucho en directo, sonando potentes, con sonido limpio y sabían mover al público. Su vocalista, Tony Kakko, todo un showman y con una buena interpretación pese al calorazo que se tragó. Esa tarde Bilbao parecía Sevilla a las tres de la tarde. Cumplieron con nota: 7,5.

Fue el momento ideal, con 'tanta caló', que diría un andaluz, para centrarnos en unas nuevas cervezas. Era turno en el escenario 2 de Cavalera Conspiracy. Sin comentarios sobre los brasileños herederos de Sepultura. Va en gustos, claro está, esto del death y el thrash… Nota: sin calificación, porque para ser justos, apenas les escuchamos.

Y se confirmó que era el momento para tumbarse, seguir hidratándose y refrescándose a la sombra en pleno monte. Porque el lujo del festival era que no estaba situado en una seca explanada, sino en el verde de la montaña. Céspedes en cantidad y sombras por doquier para salir vivos de esta 'Sevilla bilbaína'. Esto coincidió, sin parones, con la actuación de los Apocalyptica. Más finlandeses para el festival pero con distinto registro. La verdad es que tenía muchos seguidores y su concierto estuvo muy concurrido, también beneficiado por la hora: ya las 19:30, con mayor afluencia. Lo escuchamos tras la carpa del recinto cerrado y el sonido se deformaba, así que tampoco podría dar una nota justa. Dejémoslo en un aprobado raspado: 5.



Tocaba cambio de registro. Powermetaleros del mundo, unidos bajo el sonido potentísimo de Gamma Ray. Éxito total de concurrencia con un público claramente más fiel, que conocía todos sus estribillos. Potente directo, correctísima ejecución y un Kai Hansen inmenso. El set list estuvo muy bien escogido y eso ayudó a mejorar la fiesta. Un 8,5 de nota.

De nuevo momento para la cena -bocadillo mediante- porque tocaba sesión de industrial metal ruidoso y estruendoso: Ministry, sólo para los oídos menos exigentes y almas -o más bien cuerpos- más jóvenes. Por destacar algo positivo, original escenografía, con los miembros de la banda detrás de cristales. Sonido aceptable pero con una musicalidad sólo aceptable para los amantes de su sonido industrial. Nota: sin calificación, para ser justos.

 Llegamos a las 23:00 horas con dos platos fuertes: Helloween y Judas Priest. Estos últimos, mitos del heavy metal más cañero, como cabezas de cartel de la primera noche del festival. Y con estas circunstancias pasa lo que pasa: que hay que coger sitio para no verlo desde casa. Judas y Halford merecen la pena. Así que a Helloween tocó seguirlos por las pantallas gigantes pero sin sonido. Tuvo buena pinta por lo que se veía entre los concurrentes, con la habitual escenografía de las calabazas hinchables, iluminadas como es habitual en sus logos. Por lo que escuchamos, un 8,5.



Pero insistimos, el plato fuerte llegó pasada la medianoche. Justo lo que pide Judas con su clásico 'Living After Midnight'. Impresionante montaje en el escenario, decorado con las imágenes del nuevo disco, 'Nostradamus'. En el fondo del mismo, cartelón con el retrato del autor de las profecías medievales más famosas de todos los tiempos, con ojos iluminados. Todo hay que decirlo, montaje excelente, pero falló uno de los focos de sus ojos, que estaba medio caído. La apoteosis de la salida del grupo fue increíble. Comenzó con la música pinchada de la intro de este nuevo álbum, y arrancaron el directo con el single que da nombre al disco, 'Nostradamus'. Impresionante versión en vivo, muy potente y contundente. La gente, que abarrotaba el escenario 1, estaba en éxtasis entre las ganas que tenían y que este tema gusta y engancha. Luego pudimos advertir entre los presentes que en general la aventura de este 'Nostradamus' no ha terminado de convencer al público más fiel al estilo Judas: directo, clásico y poco complejo. El set list fue la única pega que ponerle a este concierto de más de hora y media que hizo las delicias de todo el mundo. No faltó el listo de última hora que se hacía hueco en las primeras filas a base de codazos y es que la afición de este grupo que nació en los 70 fue total. En el ranking de seguidores, sólo estuvieron superados por los otros cabeza de cartel: Kiss.

 Pero a pesar de que el set list, como decíamos, no fue el mejor posible -se echó en falta el 'Ram It Down', el 'Living Alter Midnight' o el 'Better By You, Better Than Me'. Tiraron más de clásicos sencillotes y más metaleros como 'Metal Gods', 'The Green Manalishi', 'Electric Eye', 'Breaking the Law', o el grandísimo 'Painkiller'. Ésta última fue la más coreada junto a 'Breaking the Law' y el cierre sorprendentemente fue para 'The Green Manalishi'. En ese bis o bonus, como se quiera llamar, Halford se marcó una mítica entrada con su motocicleta metalero, además de contar durante todo el concierto con detalles como ondear banderas del logo del grupo y colocarlas en varios puntos del escenario para 'conquistar' el monte Kobeta. Un concierto alucinante, con un quinteto en espléndida forma física y musical. Halford, con aspecto de sesentón, con su barba más larga y ya cana, estuvo sencillamente de 10. No paró de lado a lado, subió y bajó a los altillos instalados y gritó hasta dejarse la voz.

Impresionante ejemplo de profesionalidad y talento. Sus compañeros, igualmente a un altísimo nivel. La nota, sin duda, un 9,5, sólo perjudicada por ese set list algo flojo. Sobraba, pro ejemplo, el tema 'Death' de este nuevo disco, de más de siete minutos, sombría y algo aburrida. Fue un momento de bajón, la verdad.



Sábado: épico cierre de 'besos'

Decían que el sábado era la jornada clave y menos cañera, por cierto. Pues la verdad es que estoy de acuerdo en ambas afirmaciones. Tocaron grupos más hardrockeros y pese a 'mis' Judas del viernes, ver en una misma jornada a Kiss, Dio o Saxon era demasiado para el cuerpo.

 El comienzo, en los horarios de tarde, fue lo más flojo, claro está. Llegamos justo para ver el comienzo del show de Arch Enemy. Más conocidos por ser uno de los pocos grupos de categoría internacional y sonido duro liderados por una voz femenina. Su death metal con toques melódicos de un heavy más sonoro nos ofreció una gran sorpresa a los  que no les conocíamos mucho. Los que sí les tenían fichados terminaron de confirmar su buen sonido y el gran directo que tienen. Tampoco vamos a engañarnos: su gran activo es la alemana Angela Gossow, una mujer entre suecos que proporciona una voz peculiar en un panorama del death liderado claramente por hombres. Un 7,5 al concierto.

Antes de Arch Enemy se pudo ver y escuchar, desde las 13.30, con problemas en la organización que llevó a retrasar una hora todos los conciertos, a los Tigertailz -galeses de glam rock-, los locales Latzen -que se despedían con este concierto y su actuación era más sentimental que otra cosa-, los norteamericanos de tras metal Death Angel y sus compatriotas Obituary -death metal-. Visto así parecía un día idóneo para este sonido más duro, pero destacaban en el sábado otras bandas más clásicas.

Para acabar con la parte más death y thrash del día, después de los Arch Enemy, que disfrutaron del escenario 1, tocaron Brujería. Sin comentarios sobre estos mexicanos que interpretan algo que se llama narco-metal, también fusión entre death metal,  grindcore y cosas más horribles. Para gustos, los colores. Pero se trató quizás del peor grupo que se pasó por el monte Kobeta en cuanto a calidad. Sólo había que escuchar las letras o llegar a oír una versión metalera de la 'Macarena', convertida en su célebre 'Marijuana'.

 Y aunque con el citado retraso, llegaba lo mejor de la noche. Más de 5 horas seguidas de gran música ininterrumpidas. Todo un impacto para los corazones más rockeros y clásicos. Comenzaba la cosa en el mismo escenario que Brujería, en el 2, con los grandísimos Tesla. Su hard rock sonó potente y la gran actuación y estado de forma de Jeff Keith, vocalista de la banda. El set list, impecable, con los grandes éxitos del grupo e insistimos, con un nivel interpretativo majestuoso. Nos ayudó a amenizar la actuación una madurita rockera con aires de gruppie que subió a la colina y no dejaba de posar gustosamente para las cámaras y moverse al son de Tesla para hacer las delicias de la muchachada.  Todo lo contrario que la ternura que inspiraba horas antes una niña de apenas unos 5 años a la que su padre había disfrazado de 'kissera'. Desde luego que acaparó aún más fotografías. A Tesla, volviendo a la música, le damos un 9.

Momento para cenar y coger fuerzas antes de la sesión final. Tocaba momento de relax en la pradera escuchando de fondo a la Michael Schenker Group. No es para mi gusto una gran banda, pero sólo por escuchar los grandes éxitos de UFO, banda que lideró Schenker, hermano de Rudolf, también guitarrista -en su caso de Scorpions-, merecía la pena su concierto. No pagaría nunca por ir a un concierto de esta MSG, pero no estuvo nada mal para el festival. Pasable, pero aceptable: un 6 de calificación aunque sea, insisto, por escuchar el 'Doctor Doctor' y 'Rock Bottom'.

Dicen que fue la decepción del festival. Y no estoy muy en desacuerdo: Europe protagonizó un concierto flojo, con un set list que claro, no daba para más porque su discografía es pobre y vive de 3-4 canciones que les sustentan. Para mi gusto, sólo 3: el mítico 'The Final Countdown', la baladita 'Carrie' y el clasicón hardorckero 'Rock the Night'. La banda no estaba para muchos trotes, poca potencia y tesón. Y además, el cierre con 'Final Countdown' tocó verlo más lejos, ya de retirada para coger sitio para el concierto de Dio… el descanso de apenas 5 minutos entre show y show, más cuando iban mal de tiempo, lastró un poco la diversión en estos dos días. A Europe un 5,5 de nota.

Se arreglaba la noche: tocaba Dio. Cogimos buen sitio y charlamos con 'kisseros' que ya estaban cogiendo el sitio desde más de 3 horas antes, así como clásicos de Dio y Rainbow. Buena gente y edades desde los 20 hasta los 40 y tantos. Y nuestro Ronnie James estuvo soberbio. A pesar de su edad, su físico algo delicado o al menos en apariencia, sigue teniendo la misma voz de siempre. También sigue siendo el clásico 'culo escozío' que no para quieto en todo el show. Fue, eso sí una actuación acortada, como la de Europe, porque como explicamos, iban mal de tiempo desde primera hora de la tarde. El set list, alucinante. Sólo con decir que comenzó tan fuerte como es con su gran temazo 'Holy Diver', mi preferido y el de casi todos, se explica todo. Además hizo las delicias para los más clásicos interpretando temas de Rainbow como 'Kill the King' o 'The Man on the Silver Mountain'. De Black Sabbath, como suele ser costumbre, nada. Echamos de menos 'Mistreated' y alguna otra, pero un concierto con todas sus imprescindibles: 'Rainbow in the Dark', 'The Last in Line'… un 9 para Dio, el dios de la voz del heavy.

Momento para los lamentos. Porque si no podíamos movernos del escenario 1 donde tocó Dio para no perder el buen sitio de cara a Kiss, nos perdimos un conciertazo de los Blind Guardian. No son de mi predilección, pero todo un mito del heavy metal no es como para perdérselo sin una buena razón y unas cuantas quejas dirigidas hacia el cielo. Aquí volvemos a tirar de comentarios: por lo que oímos, fue un conciertazo que sólo pudimos seguir en las pantallas gigantes (¿por qué no enchufaron nunca el audio?). mis compañeros sufrieron al identificar el 'Mirror mirror' sólo en imágenes. Insisto, por lo que se escuchó de los asistentes, un concierto de 9.



Y llegó el final de fiesta: Kiss. Por mucho que luego a Saxon le tocara echar el cierre entrada la madrugada, lo del este mítico cuarteto fue propio de leyenda. Sólo hace falta decir que mereció la pena la espera: unas dos horas de pie, apretujados en sardinas en lata para verlo decentemente, no a demasiada distancia del lado izquierdo del escenario. Y aparte de la música, llamó la atención la cantidad de aficionados que mueve esta banda, camisetas y/o maquillaje incluidas. A lo largo del día se vio el potencial que tienen Kiss y no defraudó, para nada. He intentado describir a mucha gente el concierto, o al menos aproximarme, después de volver a casa. Pero es imposible. Es un show para verlo: mágico, espectacular, vibrante, emocionante. Desde los últimos minutos, cuando Blind Guardian cerró su actuación, se olía la tensión. Era cerca de la 1 de la mañana, telón preparado, movimientos por detrás… ya llegaba. Y la explosión fue enorme. Sonido distorsionado de graves que hacían revolverse los órganos del cuerpo. Cuando ya no podíamos aguantar más la vibración, estallido de traca, caída del telón y desde el techo del escenario, altísimo, bajaron en una especie de platillo volante (colgante, claro) los tres miembros sueltos de la banda. El batería estaba más limitado, claro. El set list gustó y encantó, por mucho que se trataba de un homenaje al 'Alive!' y no era un greatest hits al uso. Pero no faltaron 'Lick It Up', 'Lovegun', 'Detroit Rock City','I Was Made For Living You'…

A lo largo del concierto se repetían efectos especiales de locura: fuegos artificiales acompasados con la música, tracas para reforzar algunos pasajes de redobles de batería, bengalas lanzadas por guitarra de Tommy Thayer, lanzallamas de Simmons, bolas de fuego que salían del fondo del escenario… también vimos a Stanley volar hasta la torreta que se encontraba enfrente del escenario, a Simmons alzarse en plan murciélago hasta el cielo y cantar allí un tema… por supuesto no faltó en el solo de éste el show del exorcista, con sangre a borbotones saliéndole de la boca… en fin. Todo un show en el sentido estricto de la palabra.

 Y de música, 10 de 10. Uno de los mejores conciertos que he visto jamás y en cuanto a espectáculo, superó al que vi de Iron Maiden en la gira del 'Brave New World', que también fue de aúpa. Los cuatro estuvieron geniales y Tommy Thayer y el batería Eric Singer son dignos miembros de Kiss. Stanley estuvo soberbio y como conductor del espectáculo era genial. Hacía lo que quería con la gente, sorprendiendo con frases en castellano, jugando a qué parte del público gritaba más que el otro. También hubo un detalle que gustó al público local: homenaje y lucimiento de la ikurriña. Para quien no lo conozca tanto fuera de España, se trata de la bandera de Euskadi, una región del país que tiene tradiciones y una idiosincrasia diferentes al del resto de España, así como Cataluña o Galicia, y con importantes reivindicaciones populares de independencia y/o de sentimiento nacionalista.

La única pega vino en 'I Was Made For Living You', penúltimo tema del concierto, después de varias idas y venidas amagando con el fin de la actuación. Aquí Stanley se quedó ya flojo de voz. Pero el show de que con cada redoble del último estribillo hubiera fuegos artificiales y traca lo tapaba todo… el cierre apoteósico y siempre deseable llegó con 'Detroit Rock City'. El cierre de una noche épica que quedará para el recuerdo de todos. En los oídos y las retinas. Un 10 para Kiss.

La pena es que el final lo uso Saxon y algunos ya no estábamos para tantos trotes a las 3 de la mañana, después de unas cuantas horas de pie, botando y sin parar. Lo seguimos con refrigerio a cierta distancia. Sonaron geniales, potentes y estratosféricos, pero sólo presenciamos una media hora. Por lo visto ellos se quedaron impresionados con el seguimiento que tuvieron pese a la hora y a la prensa especializada declararon que nunca habían visto algo así: actuar entrada la madrugada para tantas personas enloquecidas con su música. Un notable alto para ellos y un 10 para el público de los dos días de festival.

La salida masificada obligaba a abandonar el recinto antes de tiempo y de hecho costó acceder a los buses de la organización. Otra hora de pie en la cola. Nos entreteníamos con más coñas, recordando el conciertazo de Kiss y mirando camisetas de grupos del top-manta de toda la vida, el de los alrededores de los conciertos y festivales.


Valoración global del festival


 El Kobetasonik no se creó con el ánimo de repetir el año que viene. Puede ser un simple compromiso, como nos contaron, del Ayuntamiento con la promotora. Pero visto el éxito -53.000 asistentes a lo largo de los dos días-, puede que Bilbao se piense organizarlo de nuevo en 2009. Eso sí, repetir cartel o equipararlo será complicado. Nunca se habían visto en España tantos grupos buenos juntos, aunque sí con merecida aproximación, como en los 'Monsters of Rock' de Zaragoza.

La organización estuvo bien. Buena idea lo de las pulseras, de tela que no molestan ni dan alergias, picores y sudores. Servicio de autobuses decente, al menos cubriendo las idas y venidas en aceptables condiciones. Siempre son insuficientes porque son demasiadas personas que trasladar, pero se cumplió. No gustó el poco descanso entre conciertos -a veces no llegaba a los 5 minutos- y la larga distancia tener ambos escenarios, pero no fue muy negativo. Los servicios básicos -establecimientos de comida, bebida, merchandising, aseos públicos- estuvieron a la altura aunque las colas también fueron inevitables. No gustó el servicio de ticket: previamente había que canjear billetes de la organización para comprar. Esto suponía doble cola: la de hacerse con los ticket y luego para la comida y la bebida, también separadas. Detalles. Lo importante era la música y estuvo genial pese al alto precio: entre 100 y 125 euros para los dos días. Bien pagados. Nos vemos en otro Kobeta, ojalá. Agur.

Calificaciones técnicas:
Set lists de los grupos: 7
Sonoridad durante el festival: 9
Duración de los conciertos: 9
Interpretaciones: 5
Actitud de los grupos: 10
Público: 10
Media: 8,3

 OTRA CRÓNICA: '¿Quién dijo que el rock había muerto?', por Javi Moreno

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