La edad de oro del rock progresivo ha terminado y no queremos verlo ni admitirlo

rock progresivo

Es así como lo siento y quería transmitirlo. La edad de oro del rock progresivo ha terminado y no queremos verlo ni admitirlo entre legiones de fans, seguidores fieles que nunca quieren decir nada malo de sus ídolos y personas que creen que porque estos genios escribieron maravillas en el pasado, tienen un permiso gratis e ilimitado para tomarnos el pelo con sus nuevas creaciones.

Lo siento, pero es así. Ganaré muchos enemigos por decir lo que voy a decir, pero no hago periodismo para gustar o caer bien a la gente, sino para cumplir todos sus objetivos: informar, interpretar, dar opinión, ofrecer reportajes y retrospectivas, entrevistas y otras publicaciones periodísticas. Dentro de ese contexto toca hablar, a modo de editorial, o como se quiera interpretar este texto, del final de la edad de oro del progresivo.

Sabéis vosotros que aunque el progresivo nació en los 1970 y durante esa década tuvo su gran desarrollo, siempre se ha dicho que nunca había terminado su apogeo. Que en los 1980 se supo renovar bajo la etiqueta del neo-prog que Marillion, IQ, Pendragon, Twelfth Night, Pallas... En los 1990 nació el metal progresivo y parecía que seguía la buena racha con Queensrÿche, Dream Theater, Pain of Salvation, Fates Warning...

Y es cierto, en los primeros años de este siglo XXI el género se mantenía a salvo con grandes bandas y artistas como Porcupine Tree-Steven Wilson, Neal Morse-Spock's Beard... pero seamos sinceros: los únicos que siguen haciendo honor al espíritu original de rock progresivo están siendo únicamente las nuevas bandas.

Aquellas que suelen ser denostadas por los puristas, los fans fatales del prog, son las que realmente nos salvan. Haken, Leprous, In Mourning, Opeth, Anathema, Sólstafir, Jardin de la Croix... son algunos de los verdaderos héroes de este género y los que salvan el nombre manchado del progresivo.

¿Qué están haciendo últimamente Yes, King Crimson, Rush...? Genesis ni existen ya y si regresaran, serían con el formato popero de Phil Collins. King Crimson llevan tomándonos el pelo dos años con giras de grandes éxitos y dios sabe que cuando ofrezcan algo nuevo será un remake de Robert Fripp de sus últimos discos. Yes realmente están haciendo el ridículo y tienen hasta dos formaciones paralelas, la de Wakeman y Anderson, que ni siquiera publican temas nuevos todavía, y la de Howe y White queriendo continuar con los derechos del nombre original de la banda. Van der Graaf continúan con dignidad, pero con un bajo perfil y creaciones muy justitas. Lo mismo que Rush, que tampoco tienen claro si continuarán, con Neil Peart harto de las giras y de la música en general, y que llevan mucho tiempo sin hacer un disco realmente bueno. De Asia, mejor ni hablar, porque cada álbum es peor que el anterior. Muse dan pena, así de claro, tras un pasado donde se acercaron al progresivo y que abandonaron por la senda fácil del dólar.

Crean nuevos álbumes para gustarse a sí mismos, sentirse músicos y agradar a sus fans, que en realidad lo que escuchan son sus discos de los 70, no los últimos, si es que tienen algo de cordura. Steven Wilson se sigue besándose a sí mismo al espejo cada mañana en lugar de rescatar a los geniales Porcupine Tree, Roger Waters repite su Muro hasta la extenuación y cuando está enseñando sus nuevas creaciones, da ganas de dar al stop y ponerse cualquier otra canción... Mastodon nos dio motivos para creer en ellos, pero los tiempos en los que nos sacudían con su contundente metal progresivo ahora ha pasado a ser música para universitarios nortamericanos. Marillion nos agradan, pero siguen repitiendo un disco después de otro y sólo parece que cambien las letras y los títulos de sus canciones. Dream Theater nos aburren, soberanamente, con historias absurdas de casi 3 horas de música flojita y sólo una reconciliación con Mike Portnoy les salvará del abismo que ellos mismos cavaron entre sus pies.

Y después de escupir todo esto... ¿qué me ilusiona hoy en día? Pues los Haken y su original metal progresivo, que siempre varía disco tras disco. Leprous, y su escandinava visión de la música y el metal, realmente oscuro y creativo, como lo eran antes King Crimson. Pain of Salvation, y sus arriesgadas apuestas para cada nuevo disco, cambiando de estilos continuamente. Pineapple Thief, creyendo en sí mismos y ganando adeptos desde la modestia. Anathema y su concepción 'happy' de la música, sin grandes ambiciones y armar ruido, sino cantando al corazón y llegando al alma. Opeth y su valentía por decir adiós a los guturales aunque les odien por ello. In Mourning y su death metal que es más progresivo que mil bandas de progresivo juntas. Sólstafir y Sigur Rós, la salvación de la vanguardia y la esencia de su concepto real desde Islandia. Jardin de la Croix y la maravilla de su concepción matemática del rock y el metal desde España, donde también nos siguen agradando Toundra, pero ya con sabor a repetición continua. Pendragon, y su amor por un neoprogresivo que va evolucionando con gusto y con clase. O Riverside, y su oscura y al mismo tiempo bella visión de la música intimista y progresiva.

Creed en Orphaned Land, Ihsahn, Enslaved, Bigelf, Amorphis, Sylvan... y pasad página de grupos como Camel, Pink Floyd, Yes, King Crimson, Yes, Rush, Kansas... a ellos seguiremos amándoles y pondremos sus mejores éxitos en nuestros reproductores de música. Pero ayudemos a los que de verdad están creando algo nuevo y están haciendo méritos para rescatar una música que peca demasiado de quererse a sí misma, mirarse al ombligo y no pasar nunca de página. Tear Down the Walls!


pablo m. beleña

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