Nuestra solidaridad y nuestra opinión: el Festival Finisterrae y otros tristes síntomas del fracaso de la música en España

rush liveLa mala noticia se produjo este mismo lunes, cuando conocíamos la noticia de que se cancelaba el Festival Finisterrae 2013 a tan sólo unos días de su celebración. El Finisterrae iba a tener lugar este sábado 2 de noviembre y se debía a obra y gracia del promotor Rafael Piñeiro, en lo que era todo un esfuerzo personal por impulsar el progresivo en nuestro país. Pero esto merece un análisis más profundo que ahora os aportamos, porque lo sucedido es grave. Muy grave.

La noticia coincidía, cosas de la vida, con la difusión del informe anual de la Fundación SGAE en la que se decía lo siguiente sobre los eventos musicales en directo en España: "La música clásica experimentó un descenso en estos años del 15,91% en el número de conciertos y los conciertos de música pop en vivo un 16%, bajada que llega al 48,44% en las ventas de música grabada. Durante el pasado año se celebraron 116.446 conciertos en España, un 4,3% menos, con 26 millones de espectadores y una recaudación de 171,7 millones de euros, en un sector al que le está afectando gravemente el descenso en la contratación por parte de las entidades públicas".

Dicho de otra manera, en España la crisis ha destruido el poco mercado que tenía la música en vivo, y la subida del IVA supuso en 2013 el remate final a un enfermo en peligro de muerte. Este año ya hemos asistido a algún disgusto, como la grandísima Solaris Art Rock Experience, una iniciativa que estuvo detrás de la Spanish Art Rock (SAR) y Radio Subterranea para celebrar microfestivales cada poco tiempo en nuestro país y fomentar este género tan amado por todos nosotros como es el rock progresivo.

La primera Solaris Art Rock Experience tuvo cierta aceptación con cerca de 100 asistentes, pero la segunda edición, este verano, fue algo más negativa y un mazazo para los organizadores, que tanto amor y dedicación pusieron en el camino. Ahora el mazazo vino de manos del Festival Finisterrae 2013, una creación de Rafael Piñeiro. La idea era genial, el cartel, fenomenal... pero nada. Se ha cancelado por la escasa venta de entradas. No será por los precios, quizás, porque eran más que competitivos para la economía que actualmente tenemos, pero quizás el viaje a La Coruña no era muy asequible para el resto de nacionales que tenían que desplazarse a la ciudad gallega en pleno puente de noviembre.

Pero no valen excusas: hay un enfermo, hay una enfermedad y por el camino se están muriendo muchos héroes, como aquí siempre les hemos llamado y considerado. Esos héroes algún día se cansarán de poner y palma dinero. Sus ahorros. El colectivo de Minnuendo, La Comunidad Progresiva... son distintos nombres de colectivos que se han mojado cada año para traernos a los mejores grupos. Pero el público no responde lo suficiente. Es evidente que no puedes traer a una banda para 50 personas. Entre otras cosas, porque no les interesa. ¿Para qué soñar entonces con traernos a España a grupos como Rush? ¿Para hacer el ridículo o arruinar a un promotor?

Los precios, no os engañéis, no son abusivos nunca. Están en la línea de lo que la banda/artista demanda en su caché de contratación. Lo digo porque últimamente se escuchan algunas opiniones como que no nos podemos permitir en plena crisis pagar entre 35 y 50 euros por ver a Steven Wilson el próximo 8 de noviembre. En ese caso, la promotora, Madness Live!, no se quiere hacer de oro. Es que es el caché del artista. Y no es tan caro. Gastamos lo mismo o más en salir a cenar o tomar unas copas. Ver a Leprous estos días en nuestro país vale entre 15 y 19 euros. Una cantidad más que razonable. El precio para ver a Dream Theater en febrero sí que parece más abusivo, pero alquilar Vistalegre o el Sant Jordi es lo que tiene. Si quieres albergar a al menos unas 5.000 personas -demanda hay-, tienes que alquilar un pabellón, y eso cuesta dinero. Por adelantado, encima.

¿Qué quiero decir con esto? Que dejemos de buscar fantasmas fuera. Incluso los políticos. Sí, nos hacen daño con medidas como subir el IVA, cerrar salas o ponerles problemas para sus conciertos. Pero al final somos pocos, y tenemos una vida. Niños, trabajo, familia... no podemos ir a todos los conciertos, y da la sensación de que al final en ciudades clave como Madrid o Barcelona somos los mismos de siempre los que vamos a los conciertos. Si bien llenamos una Riviera para ver a Porcupine Tree, casi para ver a Yes, llenamos un pabellón para Dream Theater... somos incapaces tan siquiera de ser 2.000 o 3.000 para ver a Spock's Beard en el Finisterrae, o para darnos el gustazo de ver a bandas nacionales como Harvest.

El fracaso tiene un nombre: escasez. La resignación no debe ser la respuesta, claro está, pero tampoco las culpas ajenas. Somos lo que somos y punto. Y bastante suerte tenemos con ver pasar casi siempre por España a las mejores bandas del mundo, puesto que no todos los países tienen la misma suerte. Que se lo digan a nuestros amigos de América Latina, que tienen público de sobra pero ni la mitad de bandas es acuerdan de ellos para cruzar el charco incluso cuando sí lo hacen para ir a EEUU.

firma pablo