Reportaje sobre 'Heavy Horses', el mítico álbum de Jethro Tull en su versión del 40º aniversario

Segunda caminata de Jethro Tull por los parajes de la vida rural: el aniversario 40º de 'Heavy Horses'

Todo un placer, todo un honor, toda una aventura retórica tenemos hoy al presentar la reecidión de cuadragésimo aniversario del segundo disco que forma parte de la trilogía folk-rock de JETHRO TULL: por supuesto que nos estamos refiriendo a “Heavy Horses”, disco originalmente publicado en el 10 de abril del año 1978 en el mercado estadounidense y 11 días después en el británico. Si “Songs From The Wood” era un disco celebratorio donde el tenor principal era el del gozo de vivir en un ámbito rural donde Ian Anderson proclamaba reencontrarse con su esencia personal originaria, “Heavy Horses” es un disco que, sin abandonar el talante jovial, abre más campo a lo reflexivo y lo nostálgico, especialmente en lo que concierne a la dualidad entre la pureza del mundo rural y la permanente amenaza invasiva del mundo moderno. De hecho, la canción homónima (una de las composiciones más bellas que Ian Anderson o cualquier otro músico británico haya hecho en el rock de los 70s, según nuestra humilde perspectiva) es una declaración directa sobre esta preocupación al lamentar cómo el tractor está reemplazando al caballo en las labores agrícolas, cada vez más masivas, cada vez más sujetas a las exigencias tecnológicas y comerciales de la gran urbe, cada vez menos dueña de sí misma, cada vez más separando al hombre de sus bestias aliadas. El estribillo es muy locuaz al respecto: “Heavy horses move the land under me, / Behind the plough gliding, slipping and sliding free / And now you’re down to the few / And there's no work to do: / The tractor is on its way.” Pero bueno, ya entraremos después en más detalles sobre esta canción y las otras ocho que conformaban este disco pues es mejor que pongamos orden a esta retrospectiva. Para empezar, la alineación que grabó este disco es la misma que se encargó de “Songs From The Wood”: Ian Anderson [voz, flautas, guitarra acústica y mandolina], Martin Barre [guitarras eléctricas], John Glascock [bajo y coros], John Evan [piano y órgano], David Palmer (hoy Dee) [sintetizadores, órgano de fuelles portátil y arreglos orquestales] y Barriemore Barlow [batería y percusión]. En algún momento, Anderson añade algo de guitarra eléctrica, y en un par de temas, el sexteto cuenta con el apoyo del violinista Darryl Way (sí, el mismo de CURVED AIR y también gestor de su propio proyecto DARRYL WAY’S WOLF). También está el muy triste detalle de que se trata del último disco de estudio donde participa enteramente Glascock, quien para el momento de la publicación de este disco en cuestión solo tenía 19 meses más de vida por delante... ¡solo 19 meses! También se nota que en la serie de 9 canciones incluidas en el disco, los teclados ocupan un rol menos abundante que en el del disco precedente, no solo porque se vuelve a utilizar arreglos orquestales reales sino también porque se da prioridad a la guitarra de Barre sobre los teclados de Evan en casi todos los armazones instrumentales arreglados y utilizados en el disco.

Las sesiones de grabación de “Heavy Horses” fueron tan intensas como y fluidas en medio de los exigentes horarios nocturnos con los que Anderson y sus secuaces manejaban la cuestión de grabar el nuevo disco: comenzaron en mayo de 1977, en medio de la muy entusiasta recepción de “Songs From The Wood”, y terminaron en el primer mes del año siguiente. Todas las labores de grabación tuvieron lugar en el estudio móvil Maison Rouge en un lugar campestre a las afueras del lado suroeste de Londres, en Fulham, más específicamente. La idea para ello era repetir la cálida experiencia de grabar en la Madre Patria como en el álbum precedente, pero en un ambiente relajado y distante del mundanal ruido urbano que solo dé espacio para energías e inspiraciones concentradas en el trabajo musical. Como un ítem aledaño hizo falta construir el estudio fijo Maison Rouge donde se pudiera registrar toda la labor de ingeniería y posproducción del estudio móvil: Sandy Brown Associates fue la empresa contratada para diseñar y edificar el nuevo estudio aprovechando uno de los vastos espacios verdes alrededor de la mansión campestre de Ian y Shona Anderson. Barre menciona que fue una muy bonita experiencia grabar allí pues, al estar todo instalado en la casa de Ian, se sentía como un estudio propio de la banda, un ambiente íntimo y particular. Así resultó “Heavy Horses”, como obra completa, uno de los discos favoritos de Martin y Dee, quienes además coinciden en ubicar a esta fase 77-78 de JETHRO TULL como una de las más sólidas y creativas de toda su historia. También coinciden ambos en indicar a ‘Moths’ como su canción favorita del disco: Dee Palmer añade que su hermano menor Richard conserva una transcripción de la letra enmarcada en su casa desde aquellos años mientras que el Sr. Barre afirma que su amor por esta canción es tan grande que no pudo evitar hacer su propia versión de la misma en el disco “Away With Words”. Barre añade que la foto de la contraportada muestra los rostros genuinos de satisfacción y orgullo compartidos por amigos músicos que saben que han creado un disco muy especial. Sin embargo, el frontman Ian Anderson, quien últimamente ha profesado inquebrantables preferencias por “Stand Up” y “Thick As a Brick”, es menos entusiasta en su valoración personal del disco, al cual prefiere ubicar en la segunda mitad de un Top 10 de disco de JETHRO TULL (o al inicio de la segunda mitad de un Top 20). Eso sí, reconoce que en la concatenación de “Songs From The Wood” y “Heavy Horses” el grupo logró crear un muy buen esquema musical de corte folk-rock-progresivo. Son palabras suyas: admite (por fin) que JETHRO TULL cultivaba en sus tiempos una modalidad de folk-rock progresivo después de haber estado por muchos años enfatizando que la fase progresiva del grupo se limitaba a los años 1972 y 1973.

Vayamos ahora al repertorio del disco en cuestión. La dupla inicial de ‘... And The Mouse Police Never Sleeps’ y ‘Acres Wild’ pone las cosas en su sitio con inapelable convicción. El primero de estos temas ostenta una exageradamente jovial mezcla de espíritu lúdico y simpleza campesina sobre una excelsa base rítmica en 6/8 (de lo más explosivo que hayan hecho jamás Barlow y Glascock durante sus pocos años de convivencia rítmica). Los contrapuntos de órgano Hammond, flauta y órgano de fuelles que emergen durante el intermedio instrumental aportan un oportuno aire lírico a una pieza específicamente diseñada para llamar la atención principalmente por su groove. El empleo de un groove tan peculiar para el compás básico de esta canción está inspirada en una de las canciones de CAPTAIN BEEFHEART & THE MAGIC BAND preferidas del buen Ian: ‘Click Clack’, del disco “The Spotlight Kid” (1972). También suponemos que esos tiempos en que se conocieron Barlow y Glasock durante la temporada de camaradería entre JETHRO TULL y CARMEN ayudaron a estos dos músicos a pasearse como Pedro por su casa a través de los complicados juegos de síncopas y quiebres rítmicos. A pesar de su complejidad, se trata de una canción con bastante gancho... y eso que su asunto es algo tan trivial como la garra cazadora de los gatos. Ian escribió esta canción pensando en uno de sus tres gatos que aparecen mencionados en los agradecimientos de la contraportada, Mistletoe (los otros dos son Tigger y Fur). Mistletoe era el más pequeño de los tres pero desde sus tempranos seis meses de edad ya mostraba su empeño como compañero de cacería de Ian pues él se empeñaba en arrastrar cualquier paloma que su dueño acababa de disparar a despecho de su inferioridad de tamaño. El gato en cuestión no vivió mucho pues padeció una enfermedad equivalente a la encefalopatía espongiforme bovina (vacas locas) en los humanos. Por su parte, ‘Acres Wild’ prosigue por esta línea mientras incrementa el peso de los armazones melódicos creados para la ocasión. La presencia del violín de Way realza el embrujo rural que está guiado por la mandolina y las ocasionales florituras de la flauta; el modo en el que el bajo dialoga en varios pasajes estratégicos con la mandolina apuntala el vigor esencial de la canción, cuyo compás céltico se beneficia de ciertos quiebres de claro talante progresivo. Un poco más adelante, ‘Moths’ le dará un giro más cálido y entrañable a esta permanente fiesta campestre mientras preserva, esta vez con ligera tersura, el gusto por lo sofisticado. Su letra, rica en metáforas sobre un par de polillas que flirtean continuamente junto a la luz de un candelabro, está basada en una inusual novela romántica de JOHN LE CARRÉ The Naïve And Sentimental Lover, una obra de inspiración autobiográfica que narra el triángulo amorso de Shamus, Cassidy y Helen. Aquí encontramos unas de las letras más bellas del disco: “Chasing shadows slipping / In a magic lantern slide, / Creatures of the candle / On a night-light-ride. / Dipping and weaving / Flutter through the golden needle’s eye / In our haystack madness. / Butterfly-stroking on a Spring-tide high.”

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A contrapelo con todo esto, antes de ‘Moths’ se sitúa la ponderosa canción ‘No Lullaby’, un ejercicio de robustas y vigorosas expansiones progresivas que se reparten entre compases de blues-rock y rock pesado. La introducción sirve para los sendos lucimientos de Barre y Barlow: las refinadas tormentas cortantes que emite la guitarra de aquél y los suntuosamente sofisticados redobles de éste se abren paso asentando un impresionante punto de partida para capturar fehacientemente la atención del oyente. Ojo al cariz trágico de la letra, para muestra estos dos botones: “There’s a lock on the window; / there’s a chain on the door: / A big dog in the hall. / But there’s dragons and beasties / Out there in the night / To snatch you if you fall.” – “Let no sleep bring false relief / From the tension of the fray. / Come wake the dead with the scream of life. / Do battle with ghosts at play.” Las secciones más movidas de la canción brindan una cierta promesa de optimismo en medio del paisaje apocalíptico expuesto en las letras de la sección principal, pero es el optimismo expectante de quien quiere combatir sin perder. El buen Ian se inspiró en los cuentos que inventaba para su entonces muy infante primer hijo James Duncan, haciéndole dormir con relatos con final feliz: su ego rockero quiso ir a contrapelo del super ego complaciente y escribió esta canción como una anti-nana donde se exhorta al niño a defenderse proactivamente de las amenazas de los demonios y demás criaturas malignas de la noche. La primera mitad del disco se cierra con ‘Journeyman’, una canción un poco “extraña” dentro de los estándares habituales de JETHRO TULL. La poco usual clave de la canción es el empleo de un swing funky con miras a darle un aire diferente a los ambientes y ritmos folclóricos en torno a los cuales gira el cuerpo general del disco. Esta vez es el diálogo entre órgano y bajo el que apuntala el ágil y llamativo swing sobre el que Anderson canta los avatares del vendedor viajante que usa el tren como su medio habitual de transporte, siendo así que el siempre magistral Barlow utiliza su batería y algunas percusiones extra para acrecentar la intención de retratar sónicamente la maquinaria del tren. Siendo la letra mesuradamente pesimista en su retrato de la vida cautiva que sigue el hombre de clase media, la agilidad magnánima de la canción apuntala un colorido peculiar al asunto.

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Abre el lado B una de las canciones que más nos impresionan del disco: ‘Rover’, una pieza que es una de las más emblemáticas de toda su carrera fonográfica – a despecho de no estar entre sus más populares – y, definitivamente, es un perfecto emblema individual del estado de gracia y el enfoque sonoro con los que estaba operando el grupo en esta fase de sexteto folk-progresivo. El preludio instrumental se alimenta sabiamente de las triangulaciones de flauta, percusión tonal y órgano mientras la primera guitarra acentúa ciertas cadencias antes de convertirse en la aliada perfecta de la flauta en el desarrollo del cuerpo central. Anderson da rienda suelta a su representativo rol de trovador mientras sus compañeros de viaje completan el cuadro progresivo del desarrollo melódico en curso. La letra también incluye mágicos delirios poéticos que solo pueden ser cosecha de alguien como Ian Anderson: “As the robin craves the summer / To hide his smock of red, / I need the pillow of your hair / In which to hide my head. / I’m simple in my sadness, / Resourceful in remorse. / Then I’m down straining at the lead / Holding on a windward course.” Es una canción dedicada a otra mascota suya de aquel entonces, el perro Lupus, también mencionado en la lista de agradecimientos de la contraportada. Y bueno, por fin pudo ‘One Brown Mouse’ ser incluida en el repertorio oficial de un long-play. Esta séptima canción del disco estuvo dando vueltas recurrententemente desde los días del “Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die!” y ahora ya está en un disco, siendo de hecho una de las canciones del disco que formaron parte constante de los repertorios de la consecuente gira. Enfilada hacia el lado más amable del estándar del folk-rock, esta oda a los ratones está inspirada en el famoso poema de Robert Burns To A Mouse. Al cerrar el álbum, ‘Weathercock’ dice buenos días a la veleta con forma de gallo para evocar a los cuatro vientos y a las fuerzas de la naturaleza para que las labores del nuevo día gocen de su bendición:“Give us direction; the best of goodwill, / Put us in touch with fair winds. / Sing to us softly, hum evening’s song. / Tell us what the blacksmith has done for you.” Según el Sr. Anderson, este artilugio guarda la peculiar dualidad de ir girando con el viento y dictaminar por qué lado va a soplar el viento: esta singular dialéctica amo-esclavo entre la veleta y el viento era una noción demasiado sugerente para dejar escapar a las Musas sin más. En cuanto a lo estrictamente estilístico, la canción recibe directamente los enfoques polícromos y amables que antes se elaboraron sesudamente en ‘Moths’ y ‘Rover’ pero esta vez con un compás más medido. Eso sí, que no se entienda esto como que el resultado es una canción carente de vigor rockero pues la guitarra de Barre sabe imponer su protagonismo en medio de la ingeniería pastoral centrada en el entramado de teclados, guitarra acústica, mandolina y percusiones célticas. El camino hacia el fade-out nos muestra el gozoso y complejo entramado sonoro armado por el sexteto con la misma fuerza reveladora que se empleó en el pasaje introductorio de ‘Rover’.

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Es una cosa muy curiosa que la veleta haya sido mencionada en la última estrofa de la canción de apertura: posiblemente ello es referente al hecho de que todo lo que se ha dicho en las canciones precedentes “ha sucedido” bajo su vigilia y ahora es el turno de cantar al vigía mismo para completar el viaje poético ínsito en el álbum, pero definitivamente, es la canción homónima, la penúltima del repertorio, la que signa el punto culminante del disco con su manera tan sólida y convincente de vehiculizar y potenciar la esencia global del repertorio hacia su clímax más rotundamente opulento. Ostentando y aprovechando al máximo sus 9 minutos de duración, ‘Heavy Horses’ se articula majestuosamente con el impulso inicial de un mágico prólogo instrumental guiado por la guitarra eléctrica, un cuerpo cantado donde confluyen el corazón del cantautor y la lógica prog-sinfónica, un interludio ágil repleto de coquetos colores célticos y unos tres minutos finales en los que el grupo retoma los elementos más grandilocuentes de esta fabulosa minisuite. No tenemos en claro cuál es nuestro Top 5 de composiciones de Ian Anderson pero ‘Heavy Horses’ tiene un lugar innegable allí junto a la canción también homónima del disco anterior. Tal como lo reconoce el propio Ian Anderson, esta canción exhibe un lamento frontal y claro por el abandono del uso de caballos en las labores de granja a favor del tractor y otros implementos modernos; la primera mudanza, con esa conmovedora manera de armar las líneas vocales, los fraseos de piano y los arreglos de cuerdas (“The Suffolk, the Clydesdale, the Percheron vie / With the Shire on his feathers floating, / Hauling soft timber into the dusk / To bed on a warm straw coating.”), asienta el carácter nostálgico y decadente que en el juguetón interludio danzarín se transforma en la imagen de un tiempo pasado de señorial hidalguía equina (“Standing like tanks on the brow of the hill / Up into the cold wind facing. / In stiff battle harness, chained to the world / Against the low sun racing. / Bring me a wheel of oaken wood, / A rein of polished leather, / A Heavy Horse and a tumbling sky / Brewing heavy weather.”). Además, Ian nos informa que se trató de la primera canción que se compuso para el disco en base a una sencilla idea inicial en sol menor que luego fue desarrollando hasta convertirse en una pieza razonablemente extensa. En retrospectiva, Ian cree que esta canción es sintomática del hecho de que, a despecho de varias muestras de jovialidad musical, había algo grisáceo y oscuro en el horizonte así como en el ánimo general del grupo. ¿Exagera Ian? Según vemos en el testimonio de Martin, parece que sí: él afirma que la banda era un grupo feliz en el año 1977 y lo seguía siendo en el 1978, siendo inevitable que al estar junto a John, Barrie y el entonces David existiera un clima de buen humor y chistes. Dee reflexiona más a fondo sobre esto: “No era ni el buen humor ni la alegría lo que faltaba en los tiempos del «Heavy Horses», sino inocencia entusiasta.” Teniendo en cuenta que “War Child” y “Minstrel In The Gallery” estuvieron mayormente enfocados en la creatividad de Anderson, el más patente trabajo colectivo de “Songs From The Wood” reactivó el amanecer de nuevos días felices para el grupo, y lo mismo sucedió en el caso de “Heavy Horses”, según Dee, pero también es verdad que el horario de trabajo que se empleó en el material de este nuevo disco fue más exigente (horas de noche hasta la madrugada del día siguiente), y además, estaba la tensión social circundante que era el resultado de la cercanía de The Maison Rouge con el local del Chelsea FC, lo cual implicaba que muchas veces había bandas de hooligans provocando sigilo y temor en la gente de alrededor. “Pero no hay nada de malo con «Heavy Horses» - de hecho, ¡es uno de nuestros mejores álbumes!”

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Entre los bonus tracks agrupados en esta reedición destaca, principalmente para los coleccionistas, la canción ‘Beltane’, la cual había aparecido originalmente en una anterior reedición de “Songs From The Wood” (del año 2003) porque, según Ian, se correspondía temáticamente con la reivindicación de la cosmovisión y las festividades célticas, pero ahora imperó el estricto rigor cronológico y su nuevo rescate se da en la presente reedición de “Heavy Horses”. La canción en cuestión, muy vivaz al modo de ‘Cup Of Wonder’ aunque con un más pronunciado filo en los guitarreos, trata sobre la Festividad de los Mayos (May Day) en los que se celebraba el esplendor de la primavera con un talante totémico dentro de las religiones paganas célticas: “There’s a snap in the grass behind your feet / And a tap upon your shoulder, / And the thin wind crawls along your neck / It’s just the old gods getting older. / And the kestral drops like a fall of shot and / The red cloud hanging high. / Come a Beltane.” También nos topamos con una segunda versión de ‘Living In These Hard Times’ (canción ya escrita en el año 1977) así como la recién develada ‘Everything In Our Lives’: ambas canciones tienen abiertas connotaciones de protesta sociopolítica, estando la segunda de ellas motivada por las preocupaciones que le causaban a Ian el auge del movimiento nacionalista escocés – él siempre pensó que el mejor nacionalismo es aquel que se combina con un espíritu cosmopolita – y los planes para impulsar la industria petrolera en North Sea para así repotenciar un nuevo periodo de riqueza y poderío industrial en la zona – algo que también iba un poco en contra de la pertinaz sensibilidad rural del frontmande JETHRO TULL –, dos canciones muy significativas, en verdad. De paso, también son muy gráciles en su desarrollo temático y en su groove, especialmente ‘Everything In Our Lives’. En ellas tenemos una dimensión anticipatoria del pesimismo modernista que habrá de penetrar más sistemáticamente al cancionero del siguiente disco de estudio, “Stormwatch”, y otros ulteriores. Una curiosidad entrañable es la primera maqueta terminada de ‘Jack-A-Lynn’, una de las pocas canciones románticas que ha compuesto Ian en su vida y que aquí ya tiene forma bien definida (que no definitiva) su amable cadencia pastoral con sus 3 ¾ minutos de duración. “Funny how long nights allow / Thoughts of Jack-A-Lynn. / When phantoms tread around my bed / To offer restless dreams they bring / And it’s just the time and place to find / A sad song to play / For Jack-A-Lynn.” La canción estuvo flotando en el aire de los cuarteles de JT por muchos años, incluso en los tiempos del álbum “The Broadsword And The Beast” y aun así nunca formó parte del repertorio oficial de ningún long-play. Es, ciertamente, uno de los ítems más atesorados por los fans eternos de la banda.

Una curiosidad impagable es la de contar con la versión de estudio de ‘Quatrain’, el instrumental compuesto por Barre en tributo a ciertas danzas celtas y que el grupo empleó en la gira de 1978 para introducir a ‘Aqualung’. Aquí se extiende por un lapso de 3 ¾ minutos e incluye joviales interludios breves de mandolina (en manos de Anderson) en los que se afianza la cadencia general de la pieza mientras se da un minúsculo reposo del vitalista armazón de guitarra eléctrica, masas de teclados y saltarines grooves a cargo de la dupla rítmica. De todas maneras, parece que esos breves interludios de mandolina estorban un poco en el potencial afianzamiento del groove general de la pieza y el mismo Ian pide disculpas por eso. Otra curiosidad es el hecho de que Ian Anderson haya hecho una canción dedicada a la persona Jethro Tull, sí, ese mismo agrónomo inventor de una versión perfeccionada de la sembradora mecánica y autor del manual The Horse-Hoeing Husbandry (del año 1731, un clásico de la técnica agrícola). Pues bien, Anderson se sintió en la obligación de hacer una canción titulada justamente ‘The Horse-Hoeing Husbandry’ y así compuso este bello tema que comienza de una forma serena y contemplativa para luego completar su último tercio con una festiva exhibición de ágiles sonoridades celtas donde el flautín ocupa un rol central: “Horse-Hoeing Husbandry; prepare the way for the profut maker; / Black figure economy, red letter day undertaker. / The coin is tosed and spinning lands / On paths of clay, in foelds of sand / And rolling furrows a better land.” Nos parece de lo mejor que hay en esta serie de bonus tracks a pesar de que el propio Ian se reprocha el haber intentado crear una canción con una idea tan rígidamente prefijada en mente sin dejar que la letra y la música fluyan con mayor naturalidad, y encima, dándose un desequilibrio entre el urgente tiempo de la inspiración musical y el reposado tiempo de la investigación bibliotecaria sobre el tema de interés. Pero bueno, esta oportunidad de escuchar al colectivo rockero JETHRO TULL rendir tributo musical al individuo Jethro Tull no tiene precio. Eso sí, el reproche que Ian se hace a sí mismo es peor en lo concerniente a ‘Botanic Man’, una canción que él escribió para un programa de TV sobre botánica bajo la conducción de David Bellamy. Ian fue persuadido por el entonces David Palmer para escribir una canción que pudiese ser utilizada como tema principal del programa en cuestión: sin más información que el tema general del programa, Anderson y Palmer compusieron y grabaron la canción al día siguiente. El programa televisivo se hizo realidad pero no se sabe qué pasó con la canción que enviaron los dos señores: Ian no pierde el sueño por ello y más bien recomienda a los fans que la escuchen “¡una sola vez!” Ja, ja, ja… Bueno, nosotros no le haremos caso en eso cuando podemos reconocer que se trata solamente de una canción placentera que no iguala la claridad melódica de otros bonus como ‘Everything In Our Lives’ o ‘Jack-A-Lynn’. Además, también disponemos aquí de un arreglo orquestal de la melodía central de ‘Botanic Man’.

Pero lo que sí es el rescate más exultante de esta reedición es el concierto que el grupo dio en la localidad suiza de Berna en el Berne Festhalle el 28 de mayo de 1978: ¡cosa seria! En el doble vinilo en vivo “Bursting Out” (publicado originalmente en el 22 de setiembre de 1978 en el mercado británico y tres días después, en el norteamericano) se tomó un puñado de canciones de este concierto y es recién ahora que disfrutamos del evento en su integridad, aunque solo en formato de audio: el concierto ocupa los CD #2 y #3 así como el DVD #2. El concierto es fabuloso y electrizante. El DVD #2 también incluye los vídeo-clips promocionales de ‘Heavy Horses’ y ‘Moths’, así como los anuncios televisivos sobre la publicación de “Bursting Out” y sobre sus tres conciertos en el Madison Square Garden que habrían de tener lugar en los primeros días de octubre de ese mismo año 1978. La pista de ‘Quartet’ (pieza coescrita en 1974 por Anderson, Evan y el entonces integrante Hammond-Hammond) abre el concierto antes de que Claude Nobs haga su presentación (famosa por su inclusión en el disco doble en vivo antes mencionado) y el grupo entre a todo dar con la dupla de ‘No Lullaby’ y ‘Sweet Dream’. Tras un reposo pastoral provisto por la tríada de ‘Jack-In-The Green’, ‘Skating Away On The Thin Ice Of The New Day’ y ‘One Brown Mouse’, el grupo ejecuta la pieza homónima del álbum respetando íntegramente su estructura completa originalmente. Es un momento particularmente vibrante del concierto, como lo será más adelante ‘Conundrum’. El caso de este instrumental resulta bastante revelador porque el documento de este concierto en Berna muestra que existían algunos recovecos temáticos adicionales a la versión mundialmente conocida antes del arribo del fantástico y supraterrenal solo de batería de Barlow. Tal como lo advertimos en el vídeo del concierto de 1977 que vino con la reedición de “Songs From The Wood”, este excelso estándar de Barlow ya contaba con un patrón bien definido que podía incorporar ciertas variantes de gira en gira y de concierto en concierto. El bloque temático esencial de ‘Conundrum’ fue compuesto por Barre, estando su motif centrado en aires célticos y manieristas en clave de hard-rock progresivo. La pieza más antigua es ‘A New Day Yesterday’, la cual empuja al momentum del solo de flauta de Anderson, y como ya estaba pautado desde giras anteriores, completado con citas de ‘Living In The Past’ y ‘Thick As A Brick’. ‘Songs From The Wood’ cierra la primera mitad del concierto mientras que la dupla de ‘Aqualung’ (con el prólogo de ‘Quatrain’) y ‘Locomotive Breath’ (con el epílogo de ‘The Dambusters’ March’) concluye el encore definitivo del concierto, algo ya bastante recurrente en el ideario de la banda.

Hablando de “Bursting Out”, este disco en vivo fue lanzado al mercado como un ítem precursor a la minigira estadounidense que se iniciaba en el primer día de octubre de 1978 y terminaba el 17 de noviembre. A Ian Anderson no le gusta mucho el título y tiene la hipótesis de que fue idea de Terry Ellis... pero lo más urgente en la agenda de los JETHRO TULL era ahora hacer una gira promocional para el mentado doble disco en vivo. El grupo había estado fuera de los escenarios por cuatro meses aunque no estaba precisamente de vacaciones, pues ya estaba en marcha desde el mes de agosto el proceso de grabación del que habría de ser su siguiente disco de estudio “Stormwatch”. En este pequeño periplo estadounidense no pudo participar John Glascock pues una septicemia resultante de una infección dental afectó a su corazón, el cual ya tenía una malformación congénita; ahora era tiempo de intervención quirúrgica y reposo para el buen John. En su reemplazo entró Tony Williams, un músico de la localidad de Blackpool que se especializaba mayormente en la guitarra y que era amigo muy cercano de Barlow. Es por eso que en un primer momento pensó que Barlow, al proponerle unirse a JETHRO TULL, le estaba recomendando sustituir a Barre, pero no, ahora tenía que fungir de bajista y aprenderse el material del repertorio Tulliano con pocas semanas de antelación, una labor que cumplió cabalmente; de hecho, a pesar de no ser un consumado conocedor de la obra del grupo, el mundo de JETHRO TULL no le era totalmente ajeno pues él había asistido a las audiciones en busca del futuro reemplazante de Mick Abrahams, esas que acabaron con la elección de Barre. También se añade que fue compañero de departamento de John Evan en los ya lejanos años 60s.

En realidad, Jeffrey Hammond había sido la primera opción propuesta por Anderson, mas el mismo exintegrante declinó la oferta para seguir con su carrera de pintor y no reiniciar labores con un instrumento que no volvió a tocar desde su último concierto como integrante de JT: es algo que Ian agradece como la cosa más sensata que se dijo en aquel momento. Williams no solo supo integrarse musicalmente al grupo sino que también encajó en la buena onda interpersonal; Dee recuerda con actitud entrañable el atuendo ingeniosamente extravagante que Tony llevaba cuando el remodelado sexteto estaba en el Aeropuerto de Heathrow para hacer una nueva gira norteamericana. El buen Tony recuerda que la primera vez que vio a John Evan hacer el acto de desaparecer durante el encore para reaparecer unos segundos por el otro lado del escenario, se asustó al ver un espectro blanco saltar desde atrás suyo... obviamente, era John con su terno blanco, camisa amarilla y corbata roja saltando y vitoreando la garra de la guitarra de Barre mientras Anderson momentáneamente asumía el rol de organista. Pero lo más pavoroso era el concierto que tuvo lugar en la noche del 9 de octubre en el Madison Square Garden (con los URIAH HEEP como teloneros), no solo ante un lleno de público, sino también ante audiencias televisivas de toda Norteamérica y el Reino Unido a través de un enlace satelital. Una total innovación en el mundo de las telecomunicaciones en ese entonces: cámaras y cables por doquier más un enredo de conexiones de audio más sofisticadas que las usadas en un concierto habitual se metían en el escenario mientras los músicos lidiaban con el abrumador prospecto de tocar ante millones de pares de oídos. Una experiencia excitante que el grupo manejó profesionalmente, aunque la mayor parte del peso carismático del evento estaba sobre las espaldas del frontman, claro está. El concierto existe en DVD oficial incluyendo los audios de las canciones previas y posteriores al tiempo que fue efectivamente emitido por TV; es un ítem infaltable en una buena colección Tulliana al igual que el doble en vivo “Bursting Out”.

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La idea de la portada estuvo originariamente inspirada en un hermoso cuadro de temática rural titulado The Mangel-Wurzen Wagon, de Lucy Kemp-Welch, pintora experta en paisajes de la vida campestre, especialmente actividades donde aparecían caballos, sus personajes favoritos. Ella vivió entre el 20 de junio de 1869 y el 27 de noviembre de 1958. Dados los enormes gastos de copyright que implicaba el usar ese bello cuadro que tanto gustaba a Ian Anderson, la cual era la idea original para la portada del disco, el líder del sexteto revisualizó la portada con él mismo llevando un par de caballos y un fondo paisajístico emblemático tanto de su nuevo (y definitivo ) modus vivendi como del estilo musical que se estaba reforzando y perfeccionando en esta nueva edad de oro de JETHRO TULL. Y de paso, claro está, imitar el espíritu bucólico y cándido del cuadro antes mencionado. En la campiña de Buckinghamshire allí estaba el bien Ian haciendo la sesión de fotos con dos caballos bastante grandes que incluso le parecían intimidantes a lo largo de una mañana entera, primero, bajando desde la granja hacia una llanura y luego volver a subir por otra colina a fin de que se pudiera contar con el deseado paisaje de fondo. El problema es que se realizaron varias subidas y bajadas para que se completara con tentativa satisfacción la sesión de fotos. Ian sentía un inicial temor con los caballos (llamados Barley y Sir Jim, respectivamente) debido a su tamaño, pero al final se portaron mansamente cuales gentiles gigantes (palabras del propio Anderson que reflejan simultáneamente un poco velado homenaje a la banda amiga GENTLE GIANT). A pesar de haberse convertido en un hombre de vida rural, hay mucho de artificial en la portada: el hecho es que esos caballos no pertenecían al matrimonio Anderson sino que habían sido alquilados al Courage Shore Horse Centre. La foto de la portada, a fin de cuentas, resultó bastante cercana a Ian y estaba cortada por su cintura, por lo que el ansiado paisaje quedó definitivamente mutilado. Bueno, se trata de una portada paradigmática y desastrosa a la vez. En cuanto al tema específico de los caballos de tiro pesado, el propio Anderson, desde su rol de cantautor, admite no ser en lo absoluto un experto en eso: su esposa Shona sí sabía bastante sobre el tema y varios de los residentes en casas de campo cercanas a las del matrimonio Anderson, por lo que así se iba enterando Ian de varios detalles específicos relativos a los perchersones, los Clydesdale, los Suffolk y los Shire.

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A pesar de los irregulares precedentes de relaciones públicas con la prensa y el ímpetu comercial del que gozaba el movimiento punk por aquel entonces, “Heavy Horses” alcanzó el Top 20 de ventas de álbumes en el Reino Unido y en los Estados Unidos. Incluso buena parte de la prensa británica fue benevolente y elogiosa para con el nuevo disco, tal como se refleja en las reseñas publicadas en Record Mirror, SOUNDS (“«Heavy Horses» es una gloriosa reunión entre TULL y los asuntos campestres […] que presenta un vibrante paisaje de la belleza y la crueldad de la vida rural”) y Melody Maker. En Rolling Stone se indica que tal vez se está anunciando el fin de los días folclóricos de JT en este disco sucesor de “Songs from The Wood”, (“tal vez el mejor de su carrera”, se añade). En el otro lado de la apreciación de la música de JETHRO TULL, la gente de NME hizo una reseña irónica donde se hacía un paralelo entre la decadencia de las viejas glorias del rock y el supuesto sentimiento de decadencia de Ian Anderson que él mismo estaría proyectando en los caballos de siembra. Una analogía ingeniosa basada en una idea maliciosa, falsa y estulta. Pero lo “mejor” está por llegar: ¿qué tal si leemos estos pasajes de la reseña que se publicó en Creem? – “Having harked back to the albums Ironlung, Thick As A Vienna Sausage and Passion Puss, Heavy Horsehist is primarily about Anderson’s noted obsession for smelling horse dung.” (“Tras repasar los álbumes Pulmón De Acero, Grueso Como Una Salchicha Vienesa y Chocho Pasional, Mierda Pesada De Caballo trata principalmente sobre la célebre obsesión que tiene Anderson por oler heces de caballo.”) Vaya, vaya... * En todo caso, Darryl Way, entrevistado para el libro que acompaña a esta reedición, recuerda con mucho agrado su intervención en “Heavy Horses” así como los años previos en los que él y la gente de CURVED AIR entablaron amistad con JETHRO TULL, DEEP PURPLE, BLACK SABBATH y el emblemático trío EMERSON, LAKE & PALMER. Darryl recuerda que Ian quería un sonido folclórico muy específico para las dos canciones donde interviene como invitado especial, algo con el florecimiento del folk y con la garra del rock. Él aprendió sus partes rápido pero debió realizar varias tomas para las dos canciones bajo la constante guía del meticulosamente perfeccionista Ian. También cuenta que, un año después, hubo charlas entre él, Ian y Jon Anderson (sí, el mismo de YES) sobre la creación de piezas musicales experimentales para la Compañía Escocesa de Ballet pero, desafortunadamente, nada se concretó al respecto. Maddy Prior también recuerda con mucho agrado esa época porque en aquel entonces Ian Anderson produjo su primer disco solista tras la disolución de STEELEYE SPAN. El disco se titulaba “Woman In The Wings” y entre los muchos músicos invitados aparecen ocasionalmente los Sres. Barlow, Barre, Palmer, Glascock y el propio Anderson.

El libro contiene la usual lista de conciertos, actividades de estudio y demás peripecias musicales entre el 14 de enero de 1977 (inicio de la primera parte de los conciertos en escenarios estadounidenses y británicos para la gira del “Songs From The Wood”) y el 17 de noviembre de 1978 (con seis últimos conciertos en el estado de California). Este periodo incluye las primeras sesiones de grabación para canciones a ser incluidas en el siguiente álbum de estudio “Stormwatch” (entre fines de agosto e inicios de setiembre de 1978), así como la publicación del single ‘A Stitch In Time’ (3 de noviembre de 1978). Dee cuenta dos anécdotas bastante reveladoras. La primera de ellas tiene que ver con John Glascock, quien se quedó a pernoctar en casa de los padres del entonces David Palmer en junio de 1978 mientras se hacía dos conciertos en la ciudad de Manchester. David le hacía compañía en esos días y su madre, quien había tenido experiencia trabajando en la sección de enfermería de un hospital, hizo notar a su hijo que John no estaba bien de salud: bebía mucha leche fría porque sentía algo ardiendo en su metabolismo. El grupo se enteró de su condición cardíaca un tiempo más tarde pero la madre del ahora Dee Palmer vio las señales con anticipación. Otra anécdota tiene que ver con el nacimiento de su desánimo para seguir viviendo la vida de un rock star. Era la mañana del 28 de setiembre y el entonces David Palmer, a punto de viajar en taxi al aeropuerto desde donde el personal de JT tenía que ir rumbo a los EE.UU., se sentía crecientemente incómodo con el prospecto de sacrificar tiempo de calidad en la vida familiar: “Había llevado a mis hijas al colegio y estaba de regreso a mi casa a las nueve menos cuarto con todas mis maletas empacadas. Sonó el timbre de la casa, se trataba del chófer que me iba a llevar al aeropuerto, y fue entonces que me dirigí a mi esposa Maggie u le dije «No puedo irme, no quiero seguir haciendo esto.» Ella me respondió «Nunca me has dicho algo así antes», por lo que repliqué que recién me habia percatado de que cuando sonara el timbre de la puerta, me tendría que ir de casa por otras ocho semanas. Finalmente, ella me dijo «Ve a a abrir la pierta y deja que el chófer entre para llevar tus maletas».” Lo hice, y mientras entraba por última vez a la cocina con Maggie para recoger mi sombrero, me dijo que hablaríamos sobre esto después de que terminara la gira, pero que, mientras tanto, tenía compromisos que cumplir. Dee recuerda que esa sensación no se fue del todo de su mente pero también admite que la excitación y el jolgorio de tocar en vivo fueron emociones que volvieron pronto a él. Dee siempre recuerda a Maggie, su esposa en los tiempos de David Palmer, como su mejor amiga, una persona que siempre estaba a su lado mientras triunfaba poco a poco como compositor y arreglista musical en un trabajo que le permitía tener también una consistente vida familiar. Su membrecía en JETHRO TULL había vuelto esta rutina patas arriba... y todo eso llegó a su final después de la gira de promoción para el siguiente disco de estudio, mas eso será visto en otro momento. Por su parte, Ian Anderson estaba harto no de la vida en la carretera del rock pero sí del hecho de que en los conciertos estadounidenses, el ruido del público fuese infernal y caótico al modo de un evento deportivo, lo cual impedía que las canciones acústicas del repertorio de JETHRO TULL (que no eran muy pocas) pudieran lucirse apropiadamente.

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El libro de esta “New Shoes Edition” contiene, además de todo lo que hemos procurado sintetizar y resumir hasta ahora, detalles técnicos sobre el nuevo estudio de grabación, o mejor dicho, la ampliación del Maison Rouge Studio, a través de una entrevista con el ingeniero de sonido Colin Leggett, además de una breve historia sobre los caballos pesados con información provista por la Shire Horse Society. También hay una pequeña reseña que hace el mismo Ian Anderson sobre la que entonces era la nueva guitarra acústica de su colección: una Martin 0-45, originalmente diseñada para cuerdas de nailon pero que Ian utilizó con cuerdas de acero para componer la canción homónima del disco. El refinado acabado de su estructura de madera la hacía imposible de trasladarse en las giras con los cambios de clima en las diferentes ciudades que pueden afectar a su hechura, pero desde entonces ha formado parte importante de la rutina compositora y las sesiones de grabación del buen Ian. Bueno, aquí concluye nuestro emocionado repaso de “Heavy Horses” y todas las circunstancias relacionadas a él, incluyendo la publicación del disco en vivo “Bursting Out” y el valiosísimo rescate del concierto del 8 de mayo de 1978 en Berna. En esta segunda caminata sistemática por la vida rural que hizo el personal de JETHRO TULL a través de las nueve canciones que forman parte de este disco y otras más que nacieron a lo largo del camino, el grupo asumió un enfoque más profundo que le permitía parar un poco el aura de permanente fiesta expuesta en el precedente “Songs From The Wood” para adoptar una actitud predominantemente más contemplativa. No ha habido aquí un reemplazo de recursos musicales sino una ampliación de los mismos a partir de la exposición de una espiritualidad un poco más reflexiva. “Heavy Horses” siempre ha sido una obra maestra dentro del catálogo histórico de JETHRO TULL y esta reedición nos lo recuerda a voz alta y a todo galope.


- Muestras de 'Heavy Horses' 40º aniversario:

... And The Mouse Police Never Sleeps:

No Lullaby:

Heavy Horses + Moths [vídeo-clips promocionales]:

* En fin, esto es lo que pasa cuando los delirantes y funestos legados de Lester Bangs y Robert Christgau son llevados a niveles de cloaca pseudointelectual y el más absoluto abandono de la seriedad profesional en el oficio de la información. No, señores de Creem, esos desperdicios que constituyen el producto final del proceso de la digestión emanan de sus máquinas de escribir, no de la música de estos seis maestros.


cesar inca mendoza

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