Thieves' Kitchen - 'One For Sorrow, Two For Joy' (2013)

Nuevas alegrías para el ideal del rock progresivo

Thieves' Kitchen - 'One For Sorrow, Two For Joy'
(11 febrero 2013, Ais)

Thieves' Kitchen - One For Sorrow, Two For JoyHoy es momento de referirnos al grupo anglo-sueco THIEVES’ KITCHEN, el cual acaba de editar su nuevo disco “One For Sorrow, Two For Joy”. Hoy por hoy, la alineación oficial de la banda está reducida al trío de Amy Darby [voz], Phil Mercy [guitarras eléctricas y acústicas] y Thomas Johnson [piano, órgano, sintetizadores y mellotrón]… sí, sí, el mismo Thomas Johnson que formó parte de ÄNGLAGÅRD hasta las fases de grabación de “Viljans Öga”. El ensamble se completa con la continua participación de dos invitados en la dupla rítmica del baterista Paul Mallyon y el bajista Brad Waissman (ambos del grupo SANGUINE HUM), y no solo eso, también la flautista sueca Anna Homlgren, quien sigue activa en los actualmente renovados ÄNGLAGÅRD.

El origen de THIEVES’ KITCHEN es muy curioso: coincidiendo con el final del pasado milenio, el ensamble se forjó como una escisión de GREY LADY DOWN, la cual ejercía una línea de trabajo muy nostálgica de los esquemas del neo original (MARILLION, IQ), para remodelar y reorientar esta nostalgia hacia una sonido retro-progresivo de raigambre sinfónica con mayor énfasis en sonoridades clásicas de los 70s: “Head” y “Argot” fueron testimonios definitivos de esta reorientación de la visión musical del guitarrista Phil Mercy y el teclista original Wolfgang Kindl. El tercer disco “Shibboleth” (2003) fue el primero con Amy Darby en el rol de vocalista y también el primero en iniciar un proceso de eclecticismo dentro de la maduración musical de la banda por vía de la inserción de elementos y factores propios del jazz-rock, el folk y el Canterbury. Este proceso se fortaleció a niveles importantes con el cuarto ítem “The Water Road” (2008), y para entonces Johnson ya había reemplazado a Kindl. A continuación, la banda pasó por un largo periodo de hiato debido a problemas de tendón sufridos por Mercy, pero como no hay mal progresivo que dure cien años ni oídos progresivos que puedan resistir tanta impaciencia, el grupo ha resurgido con “One For Sorrow, Two For Joy” con el formato de trío mencionado en el párrafo anterior… ¡y vaya si no les ha salido bien! Este disco nuevo es muy homogéneo en cuanto a las estructuras sónicas y atmósferas que maneja de forma predominante: ojo, no estamos diciendo que se trata de un trabajo monótono o falto de interés melódico, sino enfatizando el hecho de que Darby, Mercy y Johnson se han concentrado en armar un repertorio consistentemente orgánico en su estructura interna en un regreso al énfasis en el factor sinfónico. La maquinaria sónica elaborada en los desarrollos y arreglos de las composiciones se siente más prolija en cuanto a la interacción entre los instrumentos y menos focalizada en expandir colores y matices a través de multiformes recursos: el estilo es más condensado, en líneas generales.

El título del álbum y de la pieza homónima que lo abre es el de la vieja nana popular sajona “One for sorrow, two for joy”, basada en la simbolización de la cantidad de urracas que uno ve volando en algún momento de la mañana. Darby recita la letra de la susodicha nana extendiéndola hasta “three for a girl, four for a boy, five for silver, six for gold, seven for a secret never to be told”. A partir de ahí emerge ‘Deor’, canción basada en “El Lamento de Deor” (poema anglosajón del siglo X cuya temática se centra en los dramas de la vida y la esperanza de sobrellevarlas y superarlas), cuya ambientación refleja un entusiasmo moderado, una especie de instinto épico que se concretiza de forma bien controlada para instaurar sin “estorbos innecesarios” la estructura melódica creada para la ocasión. ‘Hypatya’, basada en la intensa y trágica vida de la revolucionaria filósofa y matemática neoplatónica que vivió entre fines del siglo IV e inicios del siglo V d.C., es una canción que asume un aura más nostálgica, tal vez hasta triste pero sin recurrir a una densidad emocional especialmente arrolladora, sino más bien una añoranza evocativa propia de un tributo. Los solos de guitarra que entran a tallar son los elementos que más enfáticamente expresan esa aureola de añoranza; por su parte, el interludio centrado en la dupla de mellotrón de flauta y flauta real (esta última a cargo de Holmgren) da pie para que la pieza ahonde en sus recursos de serenidad expresiva. ‘A Fool’s Journey’ adopta un actitud más rockera en el rol de los guitarreos pero sin recurrir a una esquema rítmico: imaginemos una idea de un riff que brotó de unas sesiones de ensayo de DEEP PURPLE, domesticada por unos CAMEL metidos a explorar su espectro estilístico en la época de “Moonmadness” y finalmente reconstruida por los SPOCK’S BEARD de la etapa “Snow”, así nos haremos una idea de la onda que se desarrolla en esta canción. La organización de síncopas y quiebres en la estructura rítmica de la canción y la instalación de un expectante interludio (otra vez con la ocasional presencia de la flauta de Holmgren) generan una efectiva vivacidad al asunto. Mención especial al solo de Moog con que se enrolla Johnson a partir de la barrera del quinto minuto: no es mu yextenso… ¡pero sin duda es genial!

La penúltima canción, ‘The Weaver’, es el momento de puro relax pastoral: se trata de una balada centrada en la guitarra acústica, algo así como una cruza entre el estándar de RENAISSANCE y el disco debut de los suecos RAGNAROK. Esta canción se sitúa entre las dos piezas monumentales del álbum: ‘Germander Speedwell’, de 14 ½ minutos de duración, y ‘Of Sparks And Spires’, de 12 ¾ minutos. El caso de ‘Germander Speedwell’ (nombre de una flor azul que simboliza el deseo de buen viaje para los viajeros) en cuanto a ambientes predominantes y triste sobriedad del ensamblaje instrumental nos puede hacer recordar a ‘Hypatia’ en muchos sentidos, pero también vale recalcar como mérito individual de esta pieza es su imponente lirismo poético, plasmado especialmente en las bases y capas de los múltiples teclados de Johnson, los cuales se erigen en protagonistas sutiles de la armazón que envuelve el canto de Darby. ‘Of Sparks And Spires’ se acerca más al vigor rockero exhibido anteriormente en ‘A Fool’s Journey’, así como remonta vuelo a partir del acento épico mostrado en ‘Deor’ y lo capitaliza de una manera impactante. La banda goza de su propia excelencia con total naturalidad mientras navega a través de los diversos desarrollos temáticos y los hila en fabuloso efluvios melódicos. Posiblemente tengamos aquí los mejores solos de guitarra de todo el álbum, añadamos esto de paso. “One For Sorrow, Two For Joy” no merecía un final que no fuera éste, y definitivamente, THIEVES’ KITCHEN merece nuestra atención. ¡Recomendado!

Nota: 8,5/10

- Escucha el disco 'One For Sorrow, Two For Joy' en Bandcamp:

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Cesar Inca MendozaCesar Inca Mendoza
Marzo 2013