Crítica del disco de Ángel Ontalva & No Grooves - 'Blood Moon Tonight' (2017)

Exorcismo para una noche de luna roja

Ángel Ontalva & No Grooves - 'Blood Moon Tonight'
(7 agosto 2017, octoberXart Records)

Ángel Ontalva & No Grooves - Blood Moon Tonight

Hoy tenemos una ocasión de disfrutar de música inteligente e intensa: la asociación de ÁNGEL ONTALVA y NO GROOVES nos brinda una estupendo disco de rock avant-progresivo bajo el título de “Blood Moon Tonight”. ONTALVA y Yuri Turov dialogan desde sus respectivas guitarras, alternando roles en los solos y bases rítmicas, mientras Wadim Dicke e Ilya Shekk completan la dupla rítmica desde sus roles respectivos de bajista y baterista. Conocemos a ONTALVA por OCTOBER EQUUS principalmente, y por sus discos solistas así como sus múltiples asociaciones ocasionales dentro y fuera de España. Todo un trabajólico de la vanguardia rockera (lo decimos sin malaje), y de hecho, NO GROOVES es la continuación de su asociación el guitarrista Yuri Turov y el bajista Wadim Dicke, que se había dado en Siberia bajo el nombre de SINA SEAWAVE. La línea de trabajo de este trío iba por la creación de improvisaciones de formas libres, y fue así que en el año 2015, el trío decidió recrearse como un ensamble con composiciones escritas y aumentar su membrecía a cuarteto con el baterista Lya Shekk. De paso, también venía bien un nuevo bautizo y salió el nombre de NO GROOVES. El resultado de esta nueva logística es una modalidad psicodélica de rock progresivo con liberal apertura a elementos ocasionales de jazz-rock, dándose en algunos momentos simpatías con algunos estándares Crimsonianos y en otros, conexiones con estrategias sonoras que conocemos de MASSACRE. Casi todo el material fue compuesto por ONTALVA excepto el tema #4, que fue coescrito por los tres instrumentistas de cuerdas. “Blood Moon Tonight” fue grabado en el Studio M-Art de Tomsk, ente los días 6 y 9 de octubre del 2016: OctoberXart lo pone a nuestra disposición como ítem físico desde el pasado mes de agosto en edición limitada, en un bello formato de digipack con fotografías de Nina Al-Artyan y diseño gráfico a cargo de ONTALVA. Bueno, vayamos ahora a los detalles del repertorio de “Blood Moon Tonight”, ¿vale?

La dupla de la pieza homónima y ‘Windows Light, In The Distance’ abre camino al repertorio con un generoso despliegue de creatividad que ya nos pone en actas sobre el gran nivel de ingenio estético que se ha de manifestar desde el principio hasta el fin del repertorio. ‘Blood Moon Tonight’, que dura casi 5 ¾ minutos, exhibe un señorío meticuloso y delicado bajo una aureola de otoñal sobriedad. Aunque a medio camino la espiritualidad sonora eleva un poco su nivel de intensidad expresiva, no se da realmente un caso de viraje hacia algo nuevo sino de la remodelación de una idea recurrente a través de un afilamiento del momento. Las cosas vuelven a su sitio para el pasaje epilogar. Por su parte, ‘Windows Light, In The Distance’ se asienta inicialmente sobre un swing más ágil siendo así que las guitarras duales juegan con un motif plenamente optimista. La dupla rítmica ayuda con su groove tan refinadamente entusiasta a realzar el colorido innato al motif antes mencionado. Eso sí, a medio camino, una variante sutil en la atmósfera general abre la puerta a la inserción de cierta neurosis aguerrida dentro del entramado sonoro, llegando hasta el punto de que las cosas solo pueden aterrizar en un momento de desbarajuste; una vez terminada esta instancia, el grupo regresa al motif inicial para redondear las cosas. ‘Corn Maze’ emerge para ofrecer una musicalidad cristalina y serena articulada bajo un dinamismo centrado en un swing engañosamente etéreo, dejando un efímero momento para que un desfachatadamente jovial despliegue rítmico cuestione parcialmente el encuadre general. Cuando llega el turno de ‘Could I’ve Thought It Was The Last Time’, el ensamble se dispone a explorar a fondo flotantes texturas donde convergen los meandros de la nocturnidad y la tensión de un misterio inescrutable. Hay un aura de peligro pero todo se diluye en una especie de niebla mística cuyo único pasaje de estallido es una salvaje nota de bajo en el crucial momento final. Posiblemente sea justo advertir aquí confluencias con los paradigmas de MARK WINGFIELD y GORDIAN KNOT. ‘Mystic Sister’ hace contrapunto con el precedente despliegue de neblina musical y nos brinda recursos de sencilla calidez: mientras una de las guitarras dibuja el plácido motif central, el bajo se luce en un groove razonablemente complejo, lo cual sirve para garantizar una sólida ilación entre ese motif y las vigorosas variantes que saldrán a colación a mitad del camino.

Con el arribo de ‘Border Road’, el cuarteto vuelve de lleno a su faceta extrovertida y lo hace con una vitalidad muy llamativa, la cual pronto se sujeta al despliegue de texturas extravagantes y solos arrolladoramente neuróticos en algunos pasajes de guitarra que nos llevan por un círculo vicioso donde el R.I.O. en su versión filuda y KING CRIMSON son las paradas de ida y vuelta. No es tanto inquietud sino retorcida alegría lo que late en los momentos más delirantes de los guitarreos. La labor de la batería, por su parte, es una de las más impactantes de todo el disco. He aquí un cénit fundamental del álbum. El séptimo tema del álbum se titula ‘Ravens In The Snow’ e instaura un nuevo cénit dentro del repertorio con su talante crepuscular, el mismo que empieza expresándose con una aureola de nebulosa serenidad, mas no tarda en adquirir un apropiado nivel de musculatura con la finalidad de trazar y delinear un efectivo retrato de melancolía impulsada por matices de angustia. Las muy controladas florituras de una de las guitarra y los adecuadamente calculados retales de la otra se asocian en una ingeniería grácil donde lo etéreo coquetea seriamente con lo oscuro: el bajo sabe cómo moverse en medio de los pasadizos medio escondidos del esquema sonoro en curso, incluyendo algunos segundos astutamente urdidos para su momentáneo protagonismo. Los últimos 9 minutos del disco están ocupados por la dupla de ‘Monster Fish’ y ‘Nothing To Hide’, una dupla diseñada para atar los cabos aún sueltos dentro del exquisito montaje sonoro que el cuarteto ha estado elaborando y reforzando desde el punto de partida. ‘Monster Fish’ se caracteriza esencialmente por desarrollar un groove funk-rockero con una delicadeza meticulosa. El motif central es muy sencillo, lo cual causa el efecto de placidez en el oyente empático... pero ojo que en el horizonte cercano se avizora el momento en el que las cosas se tornarán más filudas. En fin, ‘Nothing To Hide’ exhibe un nuevo ejercicio de proyecciones de texturas a través de una atmósfera meditabunda y grisácea. Esta vez no hay nada de la nocturnidad que había atravesado con cierta opulencia al espíritu de ‘Could I’ve Thought It Was The Last Time’, sino simplemente la calma de una introspección encerrada en las sombras de algunos de sus rincones más oscuros en busca de una especie de paz, una especie de anticipo de un descanso que se ansía y que parece estar cerca. La armazón comedida de los fraseos y florituras de las guitarras ostentan una plena lucidez impresionista.

Como conclusión, tenemos en “Blood Moon Tonight” un trabajo estupendo que rebosa de ingenio, fineza y musicalidad dentro de un esquema jazz-progresivo sólido y compacto. Esta asociación de ÁNGEL ONTALVA y NO GROOVES ha dado excelentes frutos por lo que solo queda recomendar este disco al 100% a todos los coleccionistas melómanos de mente abierta.

[Gracias por miles a Francisco Macías por hacerme llegar este disco y brindarme valiosa información sobre los músicos involucrados en el mismo: a él va dedicada la presente reseña.]

Calificación: 9/10


- Muestras de 'Blood Moon Tonight':


cesar inca mendoza

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