Crítica del disco de Slivovitz - 'All You Can Eat' (2015)

Un festín para devorar todo: Slivovitz se lucen a lo grande en el año 2015

Slivovitz - 'All You Can Eat'
(20 agosto 2015, MoonJune Records)

Slivovitz - All You Can Eat

Es momento de hacer una celebración melómana pues los SLIVOVITZ vuelven a la carga y lo hacen con una magnificencia brutal y contundente: el testimonio de ello es su nuevo álbum “All You Can Eat”, publicado por el sello MoonJune Records en el pasado mes de agosto. El septeto napolitano se mantiene saludable y creativo con su conformación de Pietro Santangelo [saxos alto y tenor], Marcello Giannini [guitarras eléctricas y acústicas], Riccardo Villari [violines acústico y eléctrico], Ciro Riccardi [trompeta], Derek Di Perri [armónica], Vincenzo Lamagna [bajo] y Salvatore Rainone [batería]. “All You Can Eat” muestra a estos tremendos músicos disfrutando de su asociación, dispuestos a comerse el mundo con su propuesta tan enérgica como bien articulada: siendo ya su tercer ítem en el mercado, constatamos que hasta ahora no ha habido un punto flojo en cómo se va desarrollando su discografía hasta el momento: pasemos ahora a los detalles de este disco en cuestión, ¿vale?

Pone las cosas en marcha ‘Persian Night’, fascinante tema que nos regala casi 7 ½ minutos de gloria musical empaquetados en un envoltorio solemne donde los aires exóticos y la robusta parsimonia de una escena de película del viejo Western se conjugan bajo una aureola de sobria robustez. Este fantástico comienzo de álbum merece un sucesor de gran valía estética, y ese rol lo ocupa muy bien ‘Mani In Faccia’, pieza que se focaliza en el infaltable aspecto extrovertido de la banda: de hecho, el colorido musical que despliega esta pieza en particular nos remite a una grácil combinación de estándares de ARTI E MESTIERI, el WEATHER REPORT de la era Pastorius y FRANK ZAPPA. El solo de violín resulta especialmente expresivo en medio de la hermosa amalgama global articulada por el ensamble. ‘Yahtezee’, el tercer tema, transmite una densidad expresiva semejante hasta cierto punto con la de la primera pieza, pero esta vez con una espiritualidad un poco más intensa, como si en medio de la meticulosa ingeniería melódica elaborada para la ocasión existieran rezagos de algún tipo de ira contenida. El hecho de que la arquitectura rítmica no disponga de esquemas frenéticos ayuda a reforzar dicha sensación. ‘Passannante’ nos devuelve al SLIVOVITZ más extrovertido mientras recoge algo de la densidad emocional exhibida en la pieza precedente: siendo menos extensa que cualquiera de las tres piezas precedentes, la vitalista versatilidad de su desarrollo temático la convierte en una de las piezas innegablemente climáticas del álbum. Durando poco más de 5 ½ minutos, ‘Barotrauma’ nos muestra un despliegue de intensidad sobria a través de las interacciones entre los instrumentistas. El desarrollo del cuerpo central exhiba una musicalidad espléndidamente focalizada en una cruza entre ciertos paradigmas del jazz-fusión y el modelo de FRANK ZAPPA (etapa 69-72).

Los últimos 18 minutos del disco están ocupados por la tríada de ‘Hangover’, ‘Currywuster’ y ‘Oblio’. El rol básico de ‘Hangover’ consiste en dejarnos cautivados con una deliciosa borrachera reflexiva bajo el estímulo de los dibujos y tamizados por el matrimonio de vientos y violín durante la mayor parte del desarrollo del cuerpo central. Por su parte, ‘Currywuster’ comienza centrándose en un groove funky para explorar una dinámica efectiva y atractiva dentro del discurso del jazz-rock: el solo de armónica que se impone en un momento determinado es simplemente explosivo. Alrededor de la frontera del tercer minuto y cuarto, la pieza da un giro hacia una dimensión psicodélica sin perder la lucidez melódica: es entonces que las bases armónicas de la guitarra adquieren una mayor presencia, creando así un robusto colchón para un bello solo de violín. Es una pena que esta sección no dure un poco más - tal vez con un solo adicional proporcionado por otro instrumento - pero es que el motivo inicial está impaciente por regresar para la breve y entusiasta coda. Finalmente, ‘Oblio’ nos revela 7 minutos de ricas sonoridades en un momentum de sensaciones un poco más relajadas… o al menos, así comienza. Alternando compases de 5/4 y 6/8, el ensamble da rienda suelta a su creatividad lírica, aún cuando la guitarra asume un posicionamiento más macizo dentro del bloque instrumental global. De hecho, cuando la guitarra crea sonoridades más urgentes, los vientos y el violín se ven obligados a capitalizar su expresividad conjunta. La sección final de esta pieza goza de una agilidad renovada, a la par que retiene la calidez de los primeros minutos.

Todo esto fue “All You Can Eat”, un disco soberbio que mantiene a SLIVOVITZ en un lugar de honor dentro de la vanguardia jazz-progresiva italiana contemporánea y que aporta un nuevo ítem altamente recomendado en cualquier buena colección progresiva. Esta gente de SLIVOVITZ se dio un gran festín gestando y grabando este disco, y ahora el festín es para los/as oyentes de todo el mundo. Como dijimos… ¡es un disco altamente recomendado!


Nota: -/10


- Muestras del disco 'All You Can Eat':


firma cesar inca mendoza

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