Crítica del disco de Deluge Grander - 'Oceanarium' (2017)

Cuentos de una evolución oceánica

Deluge Grander - 'Oceanarium'
(15 noviembre 2017, Emkog Records)

Deluge Grander - Oceanarium

¡Albricias! ¡Albricias progresivas que DELUGE GRANDER vuelve al ruedo fonográfico a lo grande! El título del nuevo disco de esta excelsa entidad musical estadounidense es “Ocenanarium”, un disco netamente instrumental que es concebido como un catálogo de densas orquestaciones, algunas de las cuales están inspiradas en ciertos motivos contenidos en el disco anterior “Heliotians” (del año 2014) y el siguiente álbum que se espera lanzar al mercado en el próximo año 2018 “Lunarians”. Pero es que la cosa es aún más enredada respecto a esta magna creación múltiple conceptual que aspira a incluir siete discos en total dentro de una serie tripartita. Suena ambicioso y complejo pero ése es el plan, precisamente. El ensamble gira (como siempre lo ha hecho) en torno al dúo de Dan Britton [multiplicándose cual acucioso pulpo progresivo en los teclados, guitarras, mandolina, dulcémele, banjo, batería y percusiones] y su alter ego Brett d’Anon [bajo y guitarras], operando como la única presencia exclusivamente recurrente de principio a fin del repertorio. Los demás cooperadores instrumentistas – algunos de ellos aportando incluso elementos compositivos – son Dave Berggren [guitarra eléctrica], Neil Brown [trompeta], Steve Churchill [oboe], Brian Falkowski [saxofón, flauta y clarinete], Denis Malloy [clarinete bajo], Corey Sansolo [trombón], Natalie Spehar [cello] y Zack Stachowski [violín]. “Ocenanarium” salió al mercado el 15 de noviembre pasado tanto en formato de CD como en una edición limitada de doble vinilo. Britton y sus compañeros de viaje se toman muy a pecho esta obra, penetrando con inspirado entusiasmo en los recovecos más rebuscados de la tradición prog-sinfónica; además, Patrick Gaffney y Christopher West (partícipes en discos previos de DELUGE GRANDER), junto al guitarrista Berggren, aportan ideas compositivas en varios tramos de algunas canciones.

Durando 11 ½ minutos, ‘A Numbered Rat, A High Ledge And A Maze Of Horizons’ impone su ostentoso título e inicia la experiencia de “Oceanarium”. De entrada, el groove se caracteriza por una soltura escrupulosa sobre la que los diversos ornamentos, bases armónicas y desarrollos melódicos de los teclados y la guitarra se asientan a sus anchas. Poco antes de llegar a la frontera del tercer minuto, la pieza se traslada hacia una ambientación más serena: el bloque instrumental se abandona plácidamente a la elaboración de envolventes texturas cuyas resonancias etéreas resultan bastante eficaces a la hora de impulsar la emergencia de una tercera sección donde regresa un groove dinámico, esta vez con un tenor sinfónico bastante logrado en su efervescencia polícroma. Volvemos a los tiempos de “The Form Of The Good”. A partir de aquí, todo se encauza rectamente hacia la magia extrovertida que habrá de signar los dos últimos minutos de esta fabulosa pieza de entrada. Con el no mucho menos pretencioso título de ‘Drifting Inner Skyline Space’, la segunda pieza del álbum se encarga de ahondar en la faceta más atmosférica del cosmos sónico de DG, lo cual significa que la ley de la textura y la contextura habrá de trazar los espacios a ser abiertos para los desarrollos melódicos que tengan lugar. La cuidada serenidad con la que la dupla rítmica sustenta la ingeniería musical en curso le permite manejar con buena muñeca los breves pasajes estratégicos donde se exige un sutil aumento de vigor. A veces sentimos que se nos está haciendo un tour por valles intermedios entre el esquema de trabajo de la segunda suite del ambicioso opus Yessiano “Tales From Topographic Oceans” y el paradigma de los inolvidables CATHEDRAL. Cuando llega el turno de ‘The Blunt Sun And The Hardened Moon’, nos topamos con el tema más extenso del disco, el cual ocupa un espacio de poco menos de 15 ½ minutos. Su vitalidad y versatilidad se centran mayormente en desarrollar una urdimbre sintética donde se recoge la espiritualidad celebratoriamente multicolor del tema #1 y la aureola flotante del tema #2. Esta pieza es todo un cénit del álbum, creando un equilibrio perfecto entre el rigor estructural del sinfonismo, la magia señorial del estándar jazz-progresivo y el dinamismo extravagante del avant-prog (aunque evitando todo desvío hacia lo oscurantista).

La dupla de ‘Finding A Valley In A Gray Area On A Map’ y ‘Finding A Shipwreck In A Valley In An Ocean’ fragua un ahondamiento preciso y preciosista de los dinamismos más expresionistas que ya han hecho sólido acto de presencia en los temas precedentes. El bizarro magnetismo de En el caso de ‘Finding A Valley In A Gray Area On A Map’ se basa en una osada confluencia entre los discursos del chamber-rock y del jazz-fusión: el entramado de bases de teclado y de percusión tonal en conjunción con las líneas de violín opera muy bien a la hora de realzar el complejo pero llamativo swing sobre el cual se desarrolla el cuerpo central. Por su parte, ‘Finding A Shipwreck In A Valley In An Ocean’ se mueve más certeramente sobre el terreno del sinfonismo, añadiéndose al esquema de trabajo algunos sobrios toques folklóricos a través de un filtro sutilmente fusionesco. Nuevamente hace acto de presencia el violín, pero esta vez el piano es el instrumento protagónico que se encarga de guiar al bloque global en la mayor parte del tiempo. El electrizante crescendo conclusivo corona eficazmente la ostentosa arquitectura musical que en cada uno de sus meandros ha conquistado una luminosidad particular. En ‘Tropical Detective Squadron’ – tema que dura más de 14 minutos – tenemos una proyección hacia nuevas dimensiones de fastuosidad progresiva, recibiendo en buena medida el impacto de la pieza precedente pero con un énfasis más estricto en el aspecto jazz-progresivo, no llegando a ser tampoco un elemento absorbente. El legado de ‘The Blunt Sun And The Hardened Moon’ se hace sentir, sin duda. En este sentido, se nota que los momentos donde se destacan las capas y ornamentos de los teclados cuentan con más espacio para respirar. ‘Marooned And Torn Asunder’ ostenta una vitalidad propia de la pieza inmediatamente anterior con su correspondiente cuota de pomposidad en las atmósferas y desarrollos melódicos, pero con un swing jazz-rockero en base a un compás inusual; por este lado, también se nota una fraternidad estilística con ‘Finding A Shipwreck In A Valley In An Ocean’. Se puede decir que esta pieza perpetúa la grácil culminación expresionista del tema precedente bajo una aureola más cálida. También es justo resaltar la manera tan evocativa que tiene la primera guitarra de invocar al paradigma de STEVE HOWE en varias de sus intervenciones, mezclando musculatura y lirismo de tal forma que el bloque sonoro asume un carácter imponente.

Los últimos 12 ½ minutos del disco están ocupados por ‘Water To Glass – The Ultimate Solution’, pieza que se enfila convincente y consistentemente por ambientes serenos y contemplativos, haciendo que el predominante lenguaje sinfónico se deje envolver metódicamente por revestimientos cósmicos. Siendo eminentemente grácil, la ingeniería sónica es tan rica que no se limita rigurosamente a la placidez sino que también encuentra ocasionales mecanismos de impulso hacia encuadres marcados por una vivaz agilidad: es en estas instancias donde el factor Yessiano vuelve a imponer el mganetismo esencial de su vitalidad sinfónica dentro de la visión musical del ensamble. El epílogo en 6/8, por su parte, nos remite un poco al modelo de THE ENID pero con la densidad romántica de los GENESIS de la fase 76-77: toda la locuacidad de los pasajes más majestuosos que abundaron a lo largo de la secuencia de las piezas precedentes se condensa en un señorial esquema ensoñador para un motif inapelablemente cautivador. Todo esto es lo que se nos brinda en “Oceanarium”, la muy ambiciosa nueva obra de DELUGE GRANDER, ensamble que siempre se sitúa en un ímpetu de evolución musical. El ensamble ha vuelto a los días de sus dos primeros discos con un primor renovado y una vitalidad estilizada que refuerzan la marca de la casa como uno de los arquetipos más preciosistas de la multívoca escena progresiva del nuevo milenio. Auguramos que todavía hay cosas grandiosas aguardando emerger y madurar dentro del horizonte próximo de DELUGE GRANDER, pero por ahora nos debe bastar con lo que hay en “Oceanarium”, que es de por sí infinitamente valioso. Un ítem que merecerá estar en todos los Top 10 progresivos del año, cuando no de los Top 5.

[Reseña dedicada a Javier RM por haber aceptado el uso de algunas fotos de su ejemplar para ilustrar la presente reseña: muchas gracias, Javier.]

Calificación: 9,5/10


- Muestras de 'Oceanarium':


cesar inca mendoza

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