Crítica del disco de Homínido - 'Alados' (2016)

Alas nuevas para proyectar un vuelo diferente

Homínido - 'Alados'
(7 septiembre 2016, Autoproducido)

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En esta ocasión tenemos el enorme gusto de presentar el nuevo trabajo fonográfico del grupo chileno de rock-fusión-progresivo HOMÍNIDO, el cual se llama “Alados” y sucede al disco de debut “Estirpe Lítica” (original del año 2014). El mismo título del álbum refleja su estructura conceptual: cada tipo de ave que titula a las canciones exhibe una personalidad arquetípica que va en paralelo con alguna de las características que se integran en la diversa naturaleza humana. Hoy por hoy, el personal de HOMÍNIDO consta de Pablo Cárcamo [guitarras y teclados], Natán Ide [Touch guitar], Rodrigo González Mera [batería y percusiones], Javier Briceño [voz] y Cristopher Hernández [trompeta, corno francés y duduk], aunque en los créditos de este nuevo disco también aparece el violinista Benjamín Ruiz. Este nuevo repertorio de 10 piezas que ocupan un espacio total de más de una hora nos muestra una evolución ascendente en cuanto a la elaboración de robustez rockera en el núcleo exigentemente ecléctico de la propuesta de la banda. Por supuesto, también notamos la diferencia en el aspecto de los desarrollos líricos de que un varón reemplaza a una mujer en el canto (Eliana Valenzuela); también contamos con el hecho de que Ide haya reemplazado al bajista Francisco Martín en la labor de socio directo de González en las armazones rítmicas, lo cual implica que la banda quería contar con un recurso sonoro renovador al poner a la Touch guitar en lugar del bajo. El disco fue oficialmente presentado en un concierto en el Teatro Lord Cochrane de la ciudad de Valdivia que tuvo lugar el día 12 de setiembre pasado, y por ahora, la banda sigue lista para hacer más presentaciones. Como señalamos hace un rato, el incremento de la robustez es la estrategia central a la hora de dejar crecer el sonido esencial de HOMÍNIDO para esta segunda exposición fonográfica: veamos ahora los detalles del repertorio, ¿vale?

Abre el repertorio ‘Tenca’, pieza de 8 minutos de duración cuya dinámica consiste en explayarse en un vigor elegante, convincente en su expresividad pero sobrio en los arreglos instrumentales. La misma miniatura minimalista de la introducción anticipa el gobierno de una atmósfera así. Para la segunda canción, que se titula ‘Cachudito’, el grupo se abre a un rigor rockero más rotundo: el groove de la batería se siente más lleno mientras que los guitarreos se revelan más filudos. Con el arribo de ‘Queltehue’, la banda se apresta a instaurar el primer cénit prístino del álbum, y lo hace mezclando la espiritualidad reflexiva de la primera canción y la fuerza rockera de la segunda, llegando incluso a hacerse esta última una fuente de genuina neurosis musical. Gestando una cruza entre los paradigmas de KING CRIMSON y los de sus bandas coterráneas MAR DE ROBLES y FULANO, el sexteto se prodiga a sus anchas en este magnético ejercicio de exquisita explosividad; de hecho, la sección final gesta un clímax inapelable. Mayor contraste ante esta declaración de furia sonora que la pieza que sigue a continuación no puede haber: en efecto, ‘Cherchan’ nos remite a una vitalidad de aires jazz-pop con sólidas bases de fusión latina. Aquí es el lirismo del motif central lo que se impone, siendo así que la dualidad de voz y trompeta cumple el rol de dirigir la expresión de la idea central de esta canción que ahora nos ocupa. ‘Fio Fio’ sigue ahondando en este recurso de serenidad que ha abierto el grupo para explorar las facetas más propiamente introspectivas de su propuesta musical, reforzando para este fin el talante evocativo del factor fusionesco. Los fraseos de la guitarra emiten precisas pinceladas mientras la trompeta y el violín plasman coloridos ocres y grisáceos con perfecto pulso.

Con la dupla de ‘Vari’ y ‘Pequen’, la gente de HOMÍNIDO regresa al sistema de virajes de péndulo que marca su faceta extrovertida. En efecto, ‘Vari’ exhibe un frontal gancho rockero donde la guitarra sabe asumir el protagonismo en el entramado instrumental, aunque sin romper con el equilibrio exigido por el inteligente esquema multi-temático de la pieza; mientras tanto, ‘Pequen’ instaura un marco contenido de carácter fusionesco para que sea esta vez la batería la que se sitúe en el centro destacado de la instrumentación, haciendo que su alternancia de juegos de síncopas y grooves angulares determine los niveles de vitalismo a ser expuestos por los demás instrumentos. Es una pena que el fade-out llegue tan pronto porque el asunto parecía capitalizar su magia sonora nuclear con resoluta firmeza hacia una extroversión heroica. Con estos dos antecedentes inmediatos, ‘Loica’ tiene dónde asentar sus raíces para exhibir un retorno decisivo del dinamismo y el vigor que ya se habían plasmado en ‘Quetelhue’, igualando su maximización épica en el urgente vigor que se va acrecentando mientras se aproxima el pasaje final. En esta secuencia que va desde ‘Vari’ hasta ‘Loica’, el grupo ha conquistado una cima inapelable del álbum al haber armado sensaciones melódicas tan convincentes y grooves tan hechiceros. Cuando llega el turno de ‘Traro’, el grupo se siente preparado para volver a planear robustamente con el impacto de una electrizante extroversión que se sostiene sobre el encuadre de la batería, la guitarra y las percusiones étnicas. Regresan a nuestra estrategia hermenéutica los paralelos con MAR DE ROBLES, pero también hay algo del legado del rock-fusión de primera generación (LOS JAIVAS, ARCO IRIS) en esta magia tan especial con la que los músicos arropan el vivaz despliegue de brío expresionista sobre el cual se sostiene el motif central de la pieza.

Ocupando entre las dos un tiempo de casi 13 minutos, las piezas ‘Chuncho’ y ‘Garza’ cumplen con la función conjunta de reforzar eficazmente las coordenadas estilísticas e insuflarles renovadas reverberaciones a fin de darle una conclusión mágica al repertorio. ‘Chuncho’ comienza evocando una etérea introspección que, lejos de lo lánguido, se sitúa en un contexto de reposada reciedumbre. Cuando el tema está a punto de llegar a la frontera del tercer minuto, sospechamos que hay cerca un fuego que espera ser encendido, y en efecto, los destellos rojos de su llama empiezan a hacerse evidentes desde el cuarto minuto y todo se centra en un gran apogeo por un buen rato. El talante introspectivo regresa para redondear la faena. Tras este último pináculo, ‘Garza’ cierra el repertorio reforzando el factor etéreo con persuasiva elegancia: el esquema melódico de turno es manejado con oportuna sobriedad y un delineamiento decisivamente claro. Todo esto fue “Alados”, un repertorio que plasma el revuelo interior por el que ha pasado el esquema de trabajo de HOMÍNIDO desde los tiempos del primer álbum para llegar a una nueva altitud con esta nueva fase de su proyección musical. “Alados” es, pues algo más que un disco, es también un vuelo diferente a través del mismo cielo que el grupo observaba desde los inicios de su carrera musical dibujó para fraguar esta nueva ascensión hacia las alturas de la vanguardia rockera chilena: ¡recomendado al 100%!


- Muestras de 'Alados':


cesar inca mendoza

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