Crítica del disco de Seven Impale - 'Contrapasso' (2016)

Del contrapaso a la ascensión

Seven Impale - 'Contrapasso'
(16 septiembre 2016, Karisma Records)

Seven Impale - Contrapasso

SEVEN IMPALE vuelven a por todo con bríos encendidos y renovada fortaleza musical trayendo un nuevo disco a la palestra fonográfica del año 2016: “Contrapasso” es el título del disco en cuestión. El grupo noruego conformado por Stian Økland [guitarras y voz], Fredrik Mekki Widerøe [batería], Benjamin Mekki Widerøe [saxofones], Tormod Fosso [bajo] Erlend Vottvik Olsen [guitarras] y Håkon Vinje [teclados] nos ha brindado un espléndido nuevo disco (segundo larga duración tras “City Of The Sun”, de hace dos años) a mediados del pasado mes de setiembre. El sello Karisma Records se hizo cargo de la publicación de este disco, el cual anticipamos que es una gozada magnífica que sigue por la pauta marcada por “City Of The Sun” con una actitud refrescante: el grupo se ha propuesto con este nuevo disco capitalizar la lúcida expansión del eclecticismo y la intensidad épica inherentes a su esencia musical, de tal modo que ha logrado conquistar un nuevo terreno de fastuosidad para el ideal de la psicodelia progresiva. Pasamos a continuación a observar y apreciar los detalles de este logro.

Durando casi 9 minutos, ‘Lemma’ abre el disco con un vigor imparable e irrefutable.

De hecho, se trata de una pieza rotundamente imperiosa donde confluyen los paradigmas de KING CRIMSON (73-74) y HAWKWIND (72-74) en un esquema sonoro que se siente tan vigoroso como cósmico. También hay, cómo no, aires de familia con el space-rock progresivo que cultivan bandas contemporáneas como HYPNOS 69, CAUSA SUI y SPACE DEBRIS. Con el aura ceremoniosa que se elabora para el clímax conclusivo de esta canción de entrada se prepara el terreno para el arribo del siguiente, el cual se titula ‘Heresy’. El título de esta canción no merece ser tomado literalmente, pues su espiritualidad luminosamente juguetona es más revoltosa que herética. En cuanto al groove creado para la ocasión y la amalgama de guitarreos y florituras de saxo, el asunto se revela más sofisticado y levemente menos exaltado que en ‘Lemma’. El aspecto hard-rockero nos recuerda más a URIAH HEEP que a BLACK SABBATH o DEEP PURPLE, y lo mismo vale para las armonías vocales. Una mención especial debe ir para las intervenciones de bajo, las cuales se explayan en una agresividad tan filuda que más parece una tercera guitarra armónica que un bajo en el sentido más “convencional” de la palabra. Una vez desvanecidas las tenues capas de sintetizador que marcan el epílogo de ‘Heresy’ llega el primer cénit del disco. Nos estamos refiriendo a la tercera pieza, la cual se titula ‘Inertia’ y ostenta una personalidad tan muscular que nada tiene de inerte en sí misma; tampoco esperemos un mecanicismo bruto en este pedazo de canción, pues su dinamismo es glorioso, simple y llanamente glorioso. Una muestra de exquisitez furibunda y versátil dentro del estándar de la vertiente psicodélica del ideal progresivo: algunos indicios hay de influencias del VAN DER GRAAF GENERATOR de la fase 1970-1 y del primer BLUE ÖYSTER CULT. También merecen menciones específicas los fabulosos solos de guitarra que emergen en pasajes electrizantemente estratégicos – de hecho, son de los mejores solos en todo el álbum – así como la potente diversidad rítmica que instaura la batería a través de las variadas atmósferas por las que transita la canción a través de su constante agitación espiritual y estética.

Si ‘Inertia’ sostuvo un clímax de magia psicodélica para los primeros 25 minutos del disco, ‘Langour’ emerge a continuación para plantear un nuevo cénit de esplendor progresivo. En efecto, esta cuarta pieza de “Contrapasso” trabaja en varios de sus pasajes con ambientes un poco más relejados que los que habitualmente se han manejado en las tres canciones precedentes. Ello no significa realmente un viraje radical hacia paisajes sonoros diferentes sino una refrescante innovación en la recreación y distribución de la energía expresiva que sigue imponiéndose con estricta consistencia y severa coherencia. Asimismo, se nota que hay una claridad melódica más pronunciada en la labor de instauración del cuerpo central. El breve tema ‘Ascension’ exhibe un minimalismo abstracto de claros ribetes cósmicos, y con ello abre la puerta para la inmediata irrupción de ‘Convulsion’, que tal vez es la canción más robusta del disco. Heredando en no poca medida el ímpetu de ‘Lemma’, el rol de ‘Convulsion’ consiste en elaborar una arquitectura rockera implacable y, por ratos, sórdida. Aunque no llega a adentrarse en la esfera del así llamado noise-rock, algunos coqueteos con ella se notan en la mole sonora de las guitarras duales. Alrededor de la frontera del tercer minuto y medio, la canción pasa a una dimensión más sutil, pero dicho recurso está para vehiculizar el vigor reinante hacia una dimensión escondida con la finalidad de elaborar un epílogo de talante misterioso. La dupla de ‘Helix’ y ‘Serpentstone’ ocupa un espacio conjunto de 16 ½ minutos, ejerciendo como síntesis estilística del repertorio precedente: el primero de estos temas da prioridad al factor de densidad psicodélica mientras que el segundo se centra más fehacientemente en lo lírico. En el caso de ‘Serpentstone’ nos deleitamos con las envolventes capas de teclado que ocupan un rol protagónico en varios pasajes. Esta síntesis dual concreta la ascensión definitiva del álbum hacia las alturas más pesadas de la esencia musical de los SEVEN IMPALE... pero aún queda algo más.

El tema más largo del disco se titula ‘Phoenix’ y es el que se encarga de cerrarlo. Durando 11 minutos y pico, su esquema de trabajo es el más patentemente extravagante dentro del encuadre general del álbum. La pieza comienza centrándose en una mezcla de jazz-rock experimental y elementos electrónicos propios del krautrock (al modo de unos HARMONIA o unos CLUSTER), su bloque instrumental se enriquece con ornamentos de saxofón y de guitarra mientras las breves intervenciones vocales elaboran una especie de teatro del absurdo. Ya en una segunda instancia el ensamble desarrolla recursos rockeros razonablemente vigorosos mientras el colorido reinante se capitaliza solventemente: algo así como una zona intermedia entre QUANTUM FANTAY y JAGA-JAZZIST. Un final un poco extraño para el disco, pero sin duda lo suficientemente llamativo como para sentirnos agradecidos por este sentido de la aventura. Como balance final de “Contrapasso”, debemos rendirnos dichosamente a la evidencia de su grandeza musical. Si el contrapaso se define como la condena de los presos o pecadores con un castigo marcado por lo contrario a la culpa, entonces nada hay más opuesto a lo que obtenemos los melómanos de la escucha de este nuevo disco de los SEVEN IMPALE: es una satisfacción estética que se condice con nuestras expectativas más altas respecto a la inagotable veta de la psicodelia progresiva a nivel mundial. En el caso específico de los SEVEN IMPALE, ellos conforman una autoridad grupal de primer orden en la escena progresiva escandinava, una entidad en plena ascensión.


- Muestras de 'Contrapasso':


cesar inca mendoza

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