Crítica del disco de Lazuli - 'Le Fantastique Envol de Dieter Böhm' (2020)

El tránsito de semilla a canción

Lazuli - 'Le Fantastique Envol de Dieter Böhm'
(15 de febrero de 2020, L'abeille rôde)

Lazuli - 'Le Fantastique Envol de Dieter Böhm

Con mucha demora, pero con mucho más entusiasmo, presentamos aquí el más reciente álbum del colectivo francés LAZULI, el cual se titula 'Le Fantastique Envol De Dieter Böhm' y encarna su octavo trabajo fonográfico de estudio. Publicado virtualmente a mediados de febrero del pasado año 2020, pocos días después tuvo sus respectivas ediciones en CD y en vinilo por vía del sello L’Abeille Rôde. Mucha agua ha corrido bajo los puentes que este grupo ha recorrido entre los años 2004 y 2009, cuando la secuencia de sus tres primeros discos – “Amnésie”, “En Avant Doute” y “Réponse Incongrue À L’Inéluctable” – sirvió para que, poco a poco, asentara su propia posición dentro del escenario progresivo francés del nuevo milenio. Hoy por hoy, LAZULI es un nombre importante dentro de la nueva generación de música progresiva de su país, y, de hecho, este quinteto conformado por los guitarristas Dominique Leonetti y Gédéric Byar (aquél, también vocalista), Claude Leonetti [Léode], Romain Thorel [teclados y corno francés] y Vincent Barnavol [batería, marimba y otras percusiones] vuelve a hacer gala de su refinada capacidad para gestar una música ecléctica y cautivadora. El concepto narrativo de ese nuevo álbum está dedicado a un devoto fan y amigo de la banda, un alemán llamado Dieter Böhm que viaja prácticamente a todas partes de Europa para verlos tocar en vivo la mayor cantidad posible de veces. Dentro de la fábula de “Le Fantastique Envol De Dieter Böhm”, el relato se inicia con el momento en que un músico deja una nota plantada en la arena de una isla desierta, siendo así que esa nota florece y se convierte en una melodía, la cual, a su vez, se convierte en una canción. Luego, al modo de un mensaje en una botella, dicha canción es arrojada a las aguas y las olas la van transportando en su búsqueda de un oyente… y ese oyente buscado resulta ser Dieter. Una vez que éste escuchar la canción, su ser se mezcla con el de la canción. Tal como señala Leonetti, a través de la figura particular de Dieter, “este álbum es un regalo de agradecimiento para todo nuestro público oyente, inspirado por los rostros que vemos frente a nosotros en nuestros conciertos”. El repertorio de este disco consta de un prólogo, cuatro actos y un epílogo; veamos ahora los detalles de esta secuencia.

El prólogo porta el título de ‘Sol’ y dura casi 4 ½ minutos: su compás relativamente parsimonioso y las capas de teclados ayudan a la espiritualidad general de la canción a realzar sus aires de pasión contenida. Tenemos aquí un encuentro entre el PETER GABRIEL de inicios de los 90s y la faceta más etérea de DEAD CAN DANCE. Llegamos ahora a la secuencia explícitamente narrativa del concepto del álbum: ‘Acte I’ consta de las piezas tituladas ‘Les Chansons Sont Des Bouteilles À La Mer’ y ‘Mers Lacrymales’. La primera de ellas es la más extensa del álbum con sus poco menos de 6 ¼ minutos de duración, y se caracteriza por ostentar un dramatismo elegante dentro de un enfoque moderno del sinfonismo: con algunos aires Camelianos y también elaborando confluencias con el paradigma de PENDRAGON, el grupo logra gestar un consistente clímax expresivo dentro del repertorio del álbum. Una mención especial va para el electrizante solo de guitarra que ocupa el núcleo central de la segunda mitad de la canción, y otra debe ir para la musculatura que asume la batería para sustentar convenientemente este momentum tan exultante. El segundo tema de este primer acto se hace eco del inmenso desahogo emocional que inspiró a la canción precedente para llevarnos a una atmósfera un poco más relajante mientras preserva intacto el robusto vigor expresivo. En todo caso, se nota tanto en este esquema melódico como en sus correspondientes arreglos que hay espacio para la expansión de ciertos aires reflexivos. Los temas ‘Dieter Böhm’ y ‘Baume’ conforman el Acto II. La oda al protagonista del concepto del álbum consiste en una remodelación en clave fastuosa de la claridad melódica exhibida en las dos canciones precedentes, abriéndose un campo mayor para que los ornamentos y orquestaciones de los teclados guíen el desarrollo temático. La combinación de percusiones reales y programadas garantiza el reforzamiento del aura modernista. Notamos algunos aires a lo THE ALAN PARSONS PROJECT (etapa 84-87), así como ciertos modismos de los PORCUPINE TREE de fines de los 90s. La segunda canción del Acto II se enfila hacia lo introspectivo, creando una atmósfera flotante que se sitúa a medio camino entre lo contemplativo y lo onírico: el rol protagónico del piano y los ornamentos de percusión tonal conforman conjuntamente la clave para que esta pieza instaure convincentemente su aureola etérea.

El ‘Acte III’ consta únicamente del tema ‘Un Visage Lunaire’, una canción que perpetúa los aires etéreos de la pieza precedente, pero esta vez con una mezcla de garbo bucólico y serenidad crepuscular. Siendo una balada prog-sinfónica que parece haber sido gestada a partir de una cruza entre TAPP y PT, su atmósfera envolvente se alimenta cabalmente de la fluidez con que transcurre su esquema melódico. El momento del solo de guitarra se define por una magnificencia rutilante que nos recuerda, en buena medida, a las canciones segunda y tercera. El ‘Acte IV’ contiene los ítems ‘L’Envol’ y ‘L’Homme Volant’. El primero de ellos es un instrumental vivaz y llamativo que se sitúa cómodamente dentro de las directrices del sinfonismo moderno más ciertos matices Camelianos propios de la fase post-80s; el segundo de ellos coquetea con el pop-rock mientras preserva algunos recursos progresivos en los aportes de los teclados, lo cual se traduce en un aprovechamiento de su gancho natural para darle un remozamiento preciosista al bloque instrumental. El epílogo se titula ‘Dans Les Mains De Dieter’, y su estructura musical condensa una síntesis perfecta de la espiritualidad ceremoniosa y el vigor expresivo que han marcado a la mayor parte del repertorio precedente, lo cual redunda crucialmente en la elaboración de un lirismo cristalino y llamativo. Tras un prólogo etéreo y sigiloso, el bloque grupal da todo de sí dentro del cuerpo central. Los limpios fraseos de la guitarra que se proyectan sobre la minimalista capa de sintetizador durante la última sección añaden un aire de sobria suntuosidad al asunto para que la faena se redondee con oportuno esplendor. Todo esto fue lo que se nos brindó en “Le Fantastique Envol De Dieter Böhm” de parte del colectivo de LAZULI, un disco preciosista y elegante.


- Muestras de 'Le Fantastique Envol de Dieter Böhm':

Les Chansons Sont Des Bouteilles À La Mer:

Un Visage Lunaire:

Dieter Böhm:


cesar inca mendoza

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