Crónica del concierto de Steven Wilson en Madrid (8 noviembre 2013)

Rock de salón con alma de lujuria

Steven Wilson

Texto: Pablo M. Beleña / Fotos: Javi Moreno Vega

La potencia sin control no sirve de nada. ¿Recuerdan ese eslogan publicitario? Pues es una de las frases que resumiría muy bien lo que es un concierto de Steven Wilson en solitario: ejecución perfecta, músicos de lujo, guión excelente... pero sin una gota de improvisación o de soltarse la coleta. Su a veces metal histérico y expresionista se contiene hasta el infinito para lograr un espectáculo glorioso que fusiona música y show audiovisual. Una maravilla digna de salón... o de auditorio, como está sucediendo en esta gira de Wilson a precios de oro pero que bien lo vale.

IMG_6652Sí: muchas cosas fuera de lo musical se podría comentar tanto de este concierto como de toda la gira: precios prohibitivos y escenarios que no son propios del rock, sino de artistas consagrados que tras pasar los cuarenta o los cincuenta prefiere contener a la gente en asientos numerados y mantener las distancias. Steven Wilson es un poco eso... pero también la herencia de un grupo genial que es (fue) Porcupine Tree. Ahora su mente privilegiada y su alma mater prefiere cabalgar en solitario y su trote es de lujo. Un escándalo. Una joya para los oídos y un golpe a nuestros corazones. Un delicatessen que nos podemos permitir quitándonos otros gastos y que, sin duda, merece la pena.

Eso sobre ausencias y algunas quejas... porque hablando ya de su espectáculo, todo o casi todo son elogios. Es cierto que se echa de menos una cerveza o un refresco en la mano, poderse mover de aquí para allá o elegir otro sitio. Pero el auditorio era el que era, el del Hotel Auditorium, valga la redundancia, y no está tan mal. Sobre todo por la acústica, donde no hay queja posible.

Lo más negativo, considero, fue la forma en que está introduciendo Wilson los conciertos de esta gira. La proyección del vídeo de apertura es algo soportífero. Comenzó sobre las 20:10 horas y hasta las 20:30 no pudimos escuchar música. Ese vídeo se trataba de un conceptual filme donde un músico callejero, se supone que Wilson, aunque tapado con gorra, bufanda y un abrigo de invierno, irreconocible, se postra en la pared de una triste y fría calle de ciudad. A parte de querer expresar el paso del tiempo con continuos personajes que pasan sobre las estaciones del año, me cuentan que quiere también recordar lo que pasó en una calle, los muertos y desaparecidos en ese lugar. El caso es que sin acción apenas, 20 minutos se hicieron muy largos y por lo que pudimos leer de la crónica de Lucas Manuel Varas respecto a su actuación en Londres, la sensación es generalizada.

Pero bueno, todo se arregla cuando por fin ese músico callejero, tras haber perdido unos 5 minutos en preparar su guitarra para comenzar a tocarla, interpreta los primeros acordes de 'Trains', el clásico 'porcupinetriano'. Entonces comienza el estallido del público. Lógico, claro, tras el efecto narcotizante del vídeo durante tantos minutos que se hicieron eternos.

A pesar de que toda la banda de Wilson entró en el escenario, Wilson acaba 'Trains' en solitario con su guitarra acústica en versión corta y sentida, muy sensible. Pero sin apenas descanso arranca la verdadera energía de este concierto: 'Luminol' estalla a rabiar con gran sonido, quizás algo saturado de graves, pero soberbio, contando la historia de ese músico callejero que vimos. Ahora Steven no está llevando su máscara anti-gas de la anterior gira, cuando ya presentaba este tema. Pero pese a todo, la puesta en escena fue impecable y comenzamos a disfrutar de las maravillas de los juegos de luces y sombras.

Me encantó la energía desplegada en 'Luminol', recordándome mucho al 'Livel Five' de King Crimson en su gira de 2003 y anteriores, ya que era una composición algo anterior. Wilson, volviendo a este concierto, ha crecido hasta el infinito. Ya en sus últimos tiempos de Porcupine Tree era otro, no el tímido y retraído frontman de pelo largo que empleaba para tapar su rostro y ocultarse al público. Ahora es un showman que transmite con apenas mover el dedo a miles de fans, aunque sus posturas y sus poses son realmente expresivas y propias de alguien que tanto se ha rodeado ahora de tanta gente del cine o la fotografía. Los fans que tanto le aplaudieron, por cierto, fueron casi 2.000 ayer, por cierto, nada despreciable para lo que suelen ser las audiencias del público español para este tipo de música.

Los juegos se sombras eran muy buenos, ya que la gira está siendo generosas con los equipos de luces, con unos cañones potentísimos que hacen proyectar su sombra a las paredes, dejando en el Auditorium de este hotel unos efectos mágicos que no pasaron desaparecidos por el público que las fotografiaba tanto como al propio artista.

Y tras ese arranque tan potente vinieron 'Postcard' y 'The Holy Drinker' del segundo y del último disco, respectivamente. Pese a ser buenos temas, bajaron algo el tono del inicio, aunque ya pudimos comenzar a disfrutar del mellotron en directo, todo un lujo y que más tarde tuvo su momento de protagonismo, como ya os contaremos.

El tipo de show me recordó mucho al de Roger Waters en la gira de 'The Wall', salvando las evidentes distancias. El concepto de unión de imagen y sonido es similar, y Wilson incluso a veces miraba la pantalla del fondo, donde se proyectaba a tamaño de cine los vídeos, para saber cuándo tenía que poner fin a un tema, sincronizando los tiempos de uno y otro. Todo lo mide al milimétro. Un genio como él, no sólo de la composición y de la interpretación, sino también de la ingeniería de sonido, no se puede permitir ningún fallo. Y así fue: quitando ese pequeño efecto de saturación de graves, cada instrumento se oía separadamente, con independencia, y se podía apreciar casi todo detalle, menos alguna virguería de su guitarra en 'The Raven', como ya luego detallaré.

Otro punto es él y su contacto con la grada. Wilson, al finalizar este cuarto tema, por fin se dirigió al público y no sólo para dar las buenas noches. Realizó una charla larga evitando una presentación de rigor y de compromiso. Nos agradeció estar con él esa noche, con simpatía y bromas sobre sus músicos y su música. También tuvo tiempo para jugar con su guitarrista, el genial Guthrie Govan, haciendo efectos expresionistas con la guitarra, recreando ambientes tristes y tétricos de un bosque. Ése fue el puente que nos llevó al inicio de la genial 'Drive Home' del último trabajo.

Las imágenes del conocido videoclip de Jess Cope estaban en la pantalla del fondo, y disfrutamos tal chiquillos con su Pocoyó pero con el muñeco Charlie de ese tema. 'Drive Home' tiene ese sonido tan 'porcupine' que echamos en falta a Gavin Harrison, porque Marco Minemann es otro genio y está fuera de toda duda, pero Chad Wackerman, a pesar de ser un talentoso y correctísimo percusionista, no transmite apenas nada, ya que se le nota encorsetado, limitándose a clavar cada golpeo y cuadrar las difíciles tablaturas que heredó. Sin embargo el protagonista en este tema fue Govan con su excepcional solo, que transmitió mucho y se mostró soberbio. Qué pena que un guitarrista así no fuera de gira con Waters para hacer el solo final de 'Comfortably Numb', que sonó tan frio y tan distante.

Y bueno, tras ese momento mágico, y como ya sabíamos, comenzaron las presentaciones del nuevo material. Steven Wilson no para. Está en ese momento de tal creatividad y de auge que sabe que no debe dejar un solo tema sin plasmar en un estudio de grabación y es más que seguro que en 2014 volvamos a tener otro álbum más de este hombre. La primera presentación de nuevos temas fue para el que se está haciendo conocer como 'Mather's Call'. Wilson, en este punto, bromeó con el público y pidió respetar la primicia de escuchar estos temas sin que sean grabados por nuestras cámaras, explicando en buen tono de humor que ya estarán rodando por Youtube y que eso le quita la frescura y el efecto sorpresa de toda novedad discográfica.

Ese primer nuevo tema sonó muy ambient, oscuro, trágico y lento, con bases sintetizadas desde el arranque, flauta muy triste del genial Theo Travis, filtro voz para suavizar la voz de Wilson y en general, un ritmo lentísimo. También sonaron cuerdas sintetizadas en los teclados de un maravilloso Adam Holzman. Estos sonidos dicen mucho de por dónde puede ir los nuevos derroteros en el próximo disco. De todos modos, este 'Mather's Call', como tantas otras composiciones wilsonianas, fue subiendo la intensidad hasta el llegar a un caos sonoro, siempre controlado y técnico, combinando con más treguas de baja intensidad. Y es que es una larga composición de unos 10 minutos. El título posible tiene sentido porque en la pantalla se proyectaron fondos de niños, escuelas y símbolos de religión, queriendo expresar algo así como la opresión sobre la infancia en la enseñanza y los dogmas sociales. ¿Another Brick in The Wall?

Se cumplían en ese momento los primeros 60 minutos de actuación, y la banda anunció un pequeño descanso que vino acompañado de una caída de un telón intermedio, que se situaba entre la grada y el escenario. En él se proyectó otro vídeo ambientado en el tema del último álbum 'The Watchmaker'. Parecía más bien 'El perro andaluz' de Buñuel. Imágenes sin mucho sentido sino con un camino de expresión surrealista. La obra de arte sobre todo radicaba en el efecto de ver en doble pantalla ese vídeo, tanto en el telón estilo mosquitera que se puso en este parón, y la pantalla de cine del fondo del escenario.

Duró poco, y antes de los 5 minutos el grupo volvía... pero tras el telón intermedio, para sorpresa del público. Se les veía, porque era traslúcido y se parecía, como decía, a una especie de mosquitera. Ahí comenzó a sonar 'The Watchmaker' y la conjunción de sonido e imagen fue increíble, ya que veíamos el vídeo impresionado sobre los cuerpos de los músicos. 'The Watchmaker' sonó de maravilla, con ese estilo tan Genesis en la etapa Hackett y alma acústica. Toda la puesta en escena fue de cine, y brilló ahora sobremanera Travis con su majestuosa flauta.

Ya poco más quedaba por descubrir y vivir en vivo del nuevo disco salvo la inevitable 'The Raven That Refused to Sing', echando de menos por tanto a esa joya discreta que es 'The Pin Drop', la única de las 6 del álbum que se quedó sin interpretar.

Fue momento precisamente para echar la mirada atrás. Sonaron 'Index' y 'Sectarian' del 'Grace for Drowning', donde la primera me sorprendió porque no la consideraba a priori como un tema para directos, pero resultó increíble. Al ser más del estilo 'porcupine' le permite a ratos ser solo vocalista y moverse por el escenario, interactuar con sus compañeros y jugar con su sombra y las proyecciones de la pantalla. Continuaba ese telón intermedio, que al encontrase con un frontal circular del escenario, tenía forma circular y el efecto era de ver una pecera con los músicos dentro, observados por un público deseoso de su mejor nado.

Y aún más sorpresivo fue encontrarme que 'Sectarian' sonara de escándalo y que transmitiera mil emociones como el mérito de que es una pieza instrumental. Y ya para llevarnos al éxtasis, en medio del clímax del final de la canción, cae el telón, dejándonos un momento de impacto visual y sin duda el mejor tema hasta ahora en cuanto a su versión en directo.

Wilson hizo magia porque tras caer ese telón-muro al más puro estilo concepto de 'The Wall', nos invitó con mucho afecto a dejar nuestros asientos de salón y acercarnos al amplio foso, copando la zona central, lo cual arrancó cientos de sonrisas y felicidades sin fin. Teníamos a Wilson a apenas unos metros tras haberle tenido que ver a mucha distancia. Para despedirse, con esta nueva concepción del concierto, 3 temas más de auténtico lujo.

IMG_6657'Harmony Korine', de su disco de debut, una de sus mejores canciones de siempre, hizo las delicias entre los que estábamos a su lado, recordándonos ese instante tan mágico y cálido que también nos proporcionó Peter Gabriel en la gira 'New Blood', que pasó por España en 2010. Tras sonar este tema creímos que se acabaría el 'chollo', pero nos dejó continuar a su lado y además nos fue muy cercano al transmitirnos su amor por el instrumento del que antes hablamos, el melotrón (mellotron en su nombre original, en inglés). Recordó que cumplía esta año su 50º aniversario y nos explicó (o intentó hacerlo) su complejidad sonora. Fue una excelente intro para dos temas que aprovechan este instrumento tan mítico para el rock progresivo: 'Raider II' y 'The Raven That Refused to Sing'. Por supuesto hubo broma, ya que nos hizo el guiño al meternos unos segundos de temas de The Beatles y de King Crimson. Pero no hubo tal gloria...

'Raider II' tuvo el acierto de, siendo un tema tan largo, no hacerse eterno y combinar solos jazzísticos con metal de libre ejecución. Y cuando parecía que no se podía hacer mejor... llegó el éxtasis total con 'The Raven...', en una versión en vivo muy emotiva. Theo se pudo en el melotrón y Wilson se sentó a su lado para cantar este delicado corte, poniéndonos los pelos de punta. Luego, ya sí, cogió su guitarra y desplegó toda la banda lo mejor de sí para ese final épico y crimsoniano que todos recordamos. Fue excepcional, pero siempre sin salirse del guión y soltarse la melena, siguiendo los tiempos del videoclip en todo momento... y con eso está dicho todo. Porque si hay temas que son para ampliarlos e improvisar, desde luego que es 'The Raven...'.

Por supuesto que no llegó el final real. Hubo un 'encore' donde Wilson salía con lo que parecía ser un café con leche en la mano. Nada de relaxing, eso sí. Hubo otra nueva canción, la cual está siendo titulada como 'Happy Returns', y que inauguraba la segunda hora de concierto. Esta pieza ya es más tradicional, no tan compleja ni tan oscura como en la carrera en solitario de Wilson. Es más amable, cantada desde el inicio, al estilo de las baladas de Porcupine Tree. Su talante amable rompe de momento esa aura tenebrosa y melancólica de los últimos discos y que a algunos seguidores de Wilson algo está saciando.

Pero no paró la cosa ahí para hacer una última concesión a los fans de Porcupine, ya que el cierre corrió a cargo de 'Radioactive Toy', todo un clásico que ya se hace más veterano cuando pensamos los años que han pasado desde aquel ya lejano 'On the Sunday of Life' de 1991 … ¡22 años!

La única crítica que se le puede hacer a su carrera en solitario es que él antes con sus Porcupine eran una evolución lógica de muchas cosas, Marillion, Pink Floyd... Pero ahora Wilson hace una música inspirada de forma demasiado anclada en King Crimson y las influencias setenteras, aunque con ese toque personal y algo novedoso... pero poco más. Su primer disco fue elogiable y original, pero luego se ha repetido demasiado en una esfera algo intimista.

Y lo mismo para este concierto: pocas críticas que hacer a lo excepcional. Lo único... que hay que perder y olvidar ese chip de ir a ver un concierto de rock, metal o de progresivo, incluso de los Porcupine. Wilson en solitario es más bien rock de salón, demasiado solemne, demasiado correcto, encorsetado, siguiendo siempre un guión, sin soltarse sobre el escenario. Eso da como resultante un show algo frío por momentos, pero sublime musicalmente. Eso sí: ver este tipo de conciertos es cómo poner el disco en tu casa... sólo con en este gran habitáculo y con una sonoridad cuadrafónica de lujo. ¿Con qué quedarse? Yo, desde luego, con la sensación de ver una octava maravilla del mundo moderno.

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- Ficha técnica:
Madrid, 8 noviembre 2013; Hotel Auditorium Madrid
Hora de comienzo: 20:10; hora de final: 23:00
Teloneros: -
Asistentes: 2.000 aprox.

- Músicos:
- Steven Wilson: guitarra eléctrica y acústica, bajo, teclados y voz
- Chad Wackerman: batería
- Nick Beggs: bajo y stick
- Adam Holzman: teclados
- Guthrie Govan: guitarra eléctrica
- Theo Travis: saxofón, clarinete y flauta

Setlist:
0. (Vídeo intro)
1. Trains (Porcupine Tree)
2. Luminol
3. Postcard
4. The Holy Drinker
5. Drive Home
6. Mother's Call (nueva)
(Vídeo The Watchmaker vídeo)
7. The Watchmaker
8. Index
9. Sectarian
(Caída del telón)
10. Harmony Korine
11. Raider II
12. The Raven That Refused to Sing
Encore:
13. Happy Returns (nueva)
14. Radioactive Toy (Porcupine Tree)

- Calificaciones técnicas:
Set list: 7
Sonido: 10
Duración: 10
Interpretación: 9
Actitud: 8
Público: 9
Media: 8,8

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por Javi Moreno Vega:

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