Ofensa nº 2: Reality bites

 La fotografía que me da vida en el banner de este blog (la de arriba, no la de la izquierda, listillos) fue tomada por Dave Garia hace casi dos años, retornando del Monsters of Rock 2007 de Zaragoza, justo antes de tomar el autobús que nos devolvia a la realidad del día a día madrileño. Fue nuestro segundo festival maño consecutivo, y la cosa se planteaba más que interesante: aparte de otros grupos de mucha calidad, Ozzy Osbourne era cabeza de cartel la primera noche del festival, día 22 de Junio. Su primera actuación en España en solitario. ¿Quién no quiere ver a un clásico?

Tras pasar la tarde picoteando conciertos y pasadas por el magnífico “Tren de lavado heavy” (¿o era Túnel? No me acuerdo bien) y por los puestos del mercadillo, llegábamos al gran cierre con muchas ganas tras la tremenda descarga de Megadeth (de 10) y haber recuperado fuerzas durante la actuación de Children Of Bodom.

Y al fin salió El Príncipe de las Tinieblas. Dicharachero a más no poder, el amigo, como abuelo cebolleta que es. Y tras un par de canciones, entre ellas un “Mr. Crowley” fantástico, estoy seguro de que alguien del público lo hizo. Le tiró un murciélago a Ozzy. Y, claro, él no pudo resistirse y le pegó un bocado. Tuvo que ser eso. Porque el resto del concierto se lo pasó vomitando sus temas, uno tras otro. Claro, con lo mal que debe saber un murciélago… Pero bueno, el “oeoeoeoe” que se marcaba entre canción y canción lo hacía siempre bien. Y también es de justicia reconocer que el rato que Zakk Wylde hizo su solo de guitarra de ¿20 minutos? Ozzy no lo hizo mal del todo, desapareciendo completamente del escenario. Y, la parte más positiva, no destrozó “Crazy Train”, que debía ir en los bises. Por suerte, pasó de largo y no la ultrajó. Gran detalle por su parte, porque ya había descarrilado suficiente.

Creo que ese día me dí cuenta definitivamente de que de noche no todos los gatos son pardos (éste era más bien albino de piel), pero que maullar, maullan.

Un rato después nos peleábamos por encontrar un hueco en un autobús de vuelta desde la Feria de Muestras al centro de Zaragoza y me maravillaba escuchar retazos de conversaciones de gente que había quedado extasiada con el concierto. Otros que o se zamparon un murciélago o les vendieron hachís de baja calidad. No atiné a escuchar al mamón que le tiró el mamífero, pero como algún día me lo encuentre...