Porcupine Tree - 'Fear of a Blank Planet' (2007)

 Crítica de: Porcupine Tree - 'Fear of a Blank Planet'
Fecha/sello: Abril 2007 - Atlantic
Autor: Ezequiel Beyrouti
Calificación: -

 

Porcupine Tree: “Fear of a Blank Planet” (Atlantic, 2007)

1. Fear of a Blank Planet (7:28)
2. My Ashes (5:07)
3. Anesthetize (17:42)
4. Sentimental (5:26)
5. Way Out of Here (7:37)
6. Sleep Together (7:28)

Formación:
- Steven Wilson: Guitars
- Richard Barbieri: Keyboards
- Colin Edwin: Bass
- Gavin Harrison: Drums
Invitados:
- Alex Lifeson: Guitar Solo (3)
- Robert Fripp: Soundscapes (5)
- John Wesley: Backing Vocals

La espera llegó a su fin. Aquí tenemos, después de una campaña de promoción nada discreta, el nuevo álbum de la banda de Steven Wilson. El efecto negativo de esta jugada comercial por parte de la agrupación y su entorno (la banda viene tocando los temas nuevos en vivo hace aproximadamente medio año, elogiosas reseñas aparecidas por doquier en la web, otras en medios “oficiales”, disco disponible para preordenar con mucha anticipación a su fecha de lanzamiento, etc., etc.) es que todos sabíamos exactamente qué esperar. Imposible sorprenderse después de tal embestida mediática.

Y aún así, luego de la primera audición, uno queda estúpido de felicidad al constatar en oídos propios que no había ni una palabra demás en aquellas reseñas eufóricas: éste es realmente un disco que dejará muy conformes incluso a los seguidores más antiguos de Porcupine Tree. Tal como lo adelantara el mismo Wilson, éste es el álbum con mayor cohesión que haya grabado la banda hasta la fecha. Y, aunque “Deadwing” ya era un trabajo muy logrado en ese sentido, “Fear of a Blank Planet” parece ser una consumación de lo que ya se mostraba en su predecesor: un regreso a la ambición artística de “The Sky Moves Sideways” equilibrado con algunos fragmentos de rock duro/metalero (siempre sólo en el aspecto instrumental, por supuesto) como los presentes en “Hatesong”, “Strip the Soul” o la intro/outro del famoso “Blackest Eyes” y también con momentos semi-poperos, pero de los que ofrecen verdadera sutileza. Pero en lo que a mí respecta no hubo nunca ningún obstáculo para sentirme 100% identificado y a gusto con la propuesta musical de la banda. Es decir: como el mismo Steven Wilson declaró, él no intenta ignorar las tendencias mainstream (mencionó al hip-hop y al death metal). Pero conscientemente o no, intencionalmente o no, Wilson tiene bien arraigados en sí los “exigentes cánones de belleza” (frase que he tomado de nuestro ilustre contertuliano César Mendoza) del rock progresivo, y ésa es la principal cualidad que le permite a Porcupine Tree incursionar en cualquier género musical con verdadera entidad artística.

El viaje comienza con el track homónimo, similar a “Deadwing”. La base de guitarra semi-metalera está omnipresente en la sección de los versos pero la mezcla no la destaca tanto como lo hacía en “Shallow” u “Open Car” (otros temas en los que está presente ese elemento), dejando bastante espacio para el resto de la instrumentación, sobre todo los teclados de Richard Barbieri que en el estribillo se imponen claramente con un efectivo fondo en el que se apoyan las voces. En la sección intermedia tenemos pasajes ambientales sucedidos por un contundente momento de furia guitarrera que se va transformando en un breve solo épico de Wilson, para desembocar en un final a pura dulzura psicodélica.

“My Ashes” es una hermosa pieza en la cual la simpleza no va a contramano de la exquisitez melódica. Hay quienes la comparan con “Lazarus”, pero esta nueva composición es en verdad mucho más inspirada y conmovedora que la balada de “Deadwing”.

La extensa “Anesthetize” se divide en tres secciones de las cuales la primera es guiada por una línea vocal sutil que en el estribillo trae remembranza de la melancolía de “Gravity Eyelids” (reforzada en ese propósito por una sombría cortina de teclado), mientras que rítmicamente recuerda a las partes más reposadas de Tool. Le sigue un pasaje donde se impone lo sombrío gracias a las mencionadas cortinas de teclado y a unos acordes de guitarra distorsionada, el cual preludia un solo de guitarra a cargo de Alex Lifeson (Rush). Luego, lo oscuro cede momentáneamente merced a unas líneas de guitarra que juegan estereofónicamente con nuestros auriculares y a unas sincopadas líneas de piano eléctrico, todo ello sustentado en la batería de un inspirado Gavin Harrison (una constante en todo el disco).

Entramos de lleno en la segunda sección para la cual vale también lo que mencionaba en la primera parte del tema de apertura, es decir una base pseudo-heavy que no llega a hacerse notar en la mezcla, impidiéndose así el predominio de lo agresivo en el tenor general de la pieza. Sin embargo esta sección contiene algunos no muy extensos pero sí reiterados arranques de furia metalera de entre los cuales destaco el que precede a la tercera y última repetición del estribillo; en él, Harrison nos roba la respiración con una polirritmia realmente compleja, digna de uno de los mejores bateristas del rock progresivo actual.

El segmento final hará las delicias de todos los que hayan caído rendidos ante la magnificencia de “Glass Arm Shattering”, con esas maravillosas capas de voces superpuestas. Y francamente es una digna continuación de esa obra maestra de la psicodelia moderna.

Tal vez “Anesthetize” sea el tema más elaborado y cambiante de toda la discografía de la agrupación.

Nos introducimos de lleno en el tramo del álbum que remite en gran medida a la era de “Signify” (con algún que otro momento más propio de la oscuridad de “The Sky Moves Sideways”).

“Sentimental” es una balada de la más pura sensibilidad psicodélica en la cual el piano y las guitarras espaciales se encargan de crear climas de genuina emotividad junto a las dulces vocalizaciones de Wilson.

“Way Out Of Here” es un temazo 100% sonido “Signify”. Un comienzo totalmente ambient. Soundscapes, bases electrónicas y las líneas vocales bastante lánguidas dan paso a un grandioso estribillo que remite al clásico “Sleep Of No Dreaming”. En la segunda estrofa las cosas se ponen un poco más fuertes y Harrison descuella una vez más, llamando la atención esta vez por el sonido que consigue repiqueteando en el borde de sus tambores. Tras la repetición del estribillo, un enormemente inspirado solo de guitarra de Wilson da paso a un segmento bastante crimsoniano en el que interactúan polirrítmicamente dos guitarras limpias arpegiadas. Luego de esto vienen un par de destellos de agresividad intercalados con el estribillo. En el segundo de ellos, el gran Harrison cambia de tempo infinidad de veces en cuestión de segundos para finalmente aterrizar en un final a puro soundscape que parece directamente extraído de “Signify”. Lo dicho: un temazo, ni más ni menos.

“Sleep Together” no es precisamente el típico tema final de Porcupine Tree. Es por ello que personalmente me costó un poco acostumbrarme a él (teniendo en cuenta que en la mayoría de los discos previos, la banda da término a sus álbumes con piezas donde el predominio de lo delicado es notorio). No es que esta canción sea muy distinta en la estructura (sobre una base armónico-rítmica repetitiva, la banda se sigue valiendo de todo tipo de recursos para construir un clímax emotivo que se va intensificando progresivamente), pero lo estrictamente lírico le cedió mucho de su espacio a un desarrollo épico con un aire bastante más siniestro. Una base electrónica bastante sombría (que no desaparecerá en todo el tema) sirve de apoyo para la voz de Wilson, la cual en el estribillo utiliza un sutil efecto radiofónico que, sumado a la parte de batería, le da a este momento de la canción un carácter algo agresivo. Pero inmediatamente después, la entrada de las cuerdas sobre un loop de la voz de Wilson repitiendo “Let’s leave forever” (ya sin el efecto radiofónico) nos devuelve la esperanza de un final de álbum más similar a como estamos acostumbrados. Y nuestras expectativas se concretan con creces: Tras un breve pasaje introspectivo, las cuerdas se roban el protagonismo no sólo generando un fondo grandilocuente sino también encargándose de los fraseos: el momento más sinfónico del álbum, sin dudas.

En fin, un enorme disco (otro más, y van...) de la que posiblemente sea la banda que mejor representa al rock progresivo en el ámbito mainstream en esta década (Dream Theater, si bien mantiene un nivel muy respetable, dio lo mejor que tenía para ofrecer en los 90s, me parece).
No se puede decir que a nivel composición, interpretación o producción “Fear of a Blank Planet” sea mejor que su predecesor, pero éste nuevo álbum muestra una cohesión estilística que lo erige como definitivo representante de la propuesta musical del Porcupine Tree de la actualidad.

Ezequiel Beyrouti
Abril 2007