Astra - 'The Black Chord' (2012)

Nuevos acordes prog-psicodélicos

Astra - 'The Black Chord'
(26 marzo 2012, Metal Blade)

Astra - The Black ChordHoy se da la ocasión de hablar sobre ASTRA, grupo de rock progresivo psicodélico formado a mediados del primer decenio del milenio en la localidad californiana de San Diego: en el transcurso de pocos años, ASTRA, que está conformado por Richard Vaughan [guitarra eléctrica, mellotron, Moog, voz], Conor Riley [mellotron, Moog, órgano, piano, voz], Brian Ellis [guitarras acústica y eléctrica], David Hurley [batería, percusión, flauta] y Stuart Sclater [bajo], ha logrado llamar la atención de un buen contingente de amantes y nostálgicos del género progresivo. El grupo surgió de las cenizas de otro llamado SILVER SUNSHINE, y se cambió al nombre actual después de algunas modificaciones en la alineación original de este ensamble. En 2009, ASTRA editó su primer disco “The Weirding”, el cual recibió diversos elogios en fuentes internautas merced al dinamismo tan fresco que el grupo le daba a los esquemas progresivos y psicodélicos de vieja escuela; ahora, con su nuevo disco “The Black Chord”, los elogios vuelven a repetirse y por nuestra parte, nos haremos eco de este tipo de entusiasmo en cuanto nos pongamos a reseñar este disco en cuestión con el detalle debido. Para empezar, diremos que este quinteto se alinea en la misma orientación estilística retro-prog-psicodélica de PHI, DIAGONAL, HYPNOS 69, y hasta cierto punto, EARTHLING SOCIETY y LABIRINTO DI SPECCHI: principalmente, cabe señalar que ASTRA exhibe una actitud refinada y estilizada en su forma de arreglar las composiciones de turno de una forma muy semejante a las de los dos primeros grupos mencionados en la lista anterior. En fin, concentrémonos en el repertorio de “The Black Chord” de una buena vez.

‘Cocoon’ abre el álbum ocupando un espacio de 8 minutos y pico. La pieza empieza con un grisáceo tenor parsimonioso dominado por la guitarra y ornamentado por los teclados (especialmente, el mellotron y el sintetizador). A poco de pasada la barrera del tercer minuto, la vibración general se va tornando más intensa hasta aterrizar en un frenesí ardiente que el grupo convierte en paisaje para explayar eficazmente su colorido instrumental… como si estuviera celebrando la salida del Dios Sol. Luego sigue el tema homónimo, que con sus casi 15 minutos de duración se erige en el ítem más largo del repertorio. La base musical de la composición en curso nos muestra el lado lírico de la banda, manejado con ingenio y confianza, ahondando seria y consistentemente en estándares sinfónicos de vieja escuela desde su núcleo central psicodélico. Las ilaciones entre motivos están armadas con excelsa pulcritud, y por lo general, el aura retro-progresiva que asume el bien afiatado ensamble está amalgamada a la perfección. Hay un jam arábigo cerca del final que merece una mención especial por su efectivo gancho (al modo de un extraño híbrido entre KHAN y MY BROTHER THE WIND). ‘Quake Meat’ sucede a la excursión anterior con una vitalista expresión de extroversión, y de paso, sacando provecho a la capitalización de la aureola sofisticada desarrollada en la pieza anterior, especialmente en lo referente al uso de recursos arábigos en los fraseos de guitarra y la soltura en el empleo de pautas rítmicas inusuales.

‘Drift’ nos ofrece un registro muy distinto, etéreo y sereno, sin dejar de sentirse muy terrenal en cuanto a fuerza expresiva: al comienzo la guitarra acústica es protagonista, pero las capas de mellotron y las sobrias florituras del piano se ponen a liderar la elaboración de la magia inherente al núcleo compositivo, dejando finalmente las instancias últimas de lucimiento a la guitarra y al sintetizador. ‘Bull Torpis’ es un excitante instrumental que nos devuelve al colorido estilizadamente explosivo de ‘Quake Meat’, y de paso, nos regala el mejor solo de guitarra del disco. No puede haber mejor preámbulo para ‘Barefoot In The Head’, la canción que ocupa los últimos 9 minutos y pico del disco. La estructura recurrente de esta canción se vincula con la de la pieza de entrada ‘Cocoon’, pero enriquecida con los juegos de retazos y pomposidades típicamente progresivos que ya habían formado parte de la paleta sonora del repertorio precedente. Afinidades con el PINK FLOYD 71-73, el ELOY 73-76 y el AMON DÜÜL II de “Wolf City” son fáciles de advertir. Poco antes de la barrera del sexto minuto y medio, el grupo elabora una coda alimentada por controladas atmósferas siniestras, creando así un clímax Crimsoniano relativamente domesticado (al estilo del revival escandinavo), llevando finalmente a un corte abrupto que corona adecuadamente la creciente intensidad oscurantista.

Es un placer notar que la vertiente psicodélica del progresivo contemporáneo puede acceder a recursos de riqueza melódica y punche sofisticado como sucede en el ideario sónico de ASTRA. “The Black Chord” es una buena oportunidad para descubrir a la banda de parte de quienes aún no lo han hecho y una confirmación de los buenos augurios que sintieron quienes la conocían desde su anterior trabajo “The Weirding”. La estrategia de usar esquemas más focalizados para este nuevo disco ha funcionado a las mil maravillas para ASTRA, grupo que confirma la validez de nuestras expectativas por próximos discos (y próximos acordes) en el futuro cercano.

Nota: 8/10

- Muestras de 'The Black Chord':

Cocoon:

Quake Meat:

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Cesar Inca MendozaCesar Inca Mendoza
Diciembre 2012