Crítica del disco de Sonar - 'Black Light' (2015)

SONAR nos brindan su música progresiva de luces y sombras

Sonar - 'Black Light'
(16 octubre 2015, Cuneiform Records)

Sonar - Black Light

Hoy nos topamos con el cuarteto instrumental suizo SONAR, el cual publicó un muy potente disco de música progresiva de escuela Crimsoniana el año pasado a través de Cuneiform Records: el título del disco en cuestión es “Black Light”. Se trata de la tercera oferta de este grupo formado en Zürich a fines del año 2010, siendo los dos anteriores “A Flaw Of Nature” (2012) y “Static Motion” (2014; el primero en ser publicado por Cuneiform). Los integrantes de SONAR son los guitarristas Stephan Thelen y Bernhard Wagner, el bajista Christian Kuntner y el baterista Manuel Pasquinelli. Decimos que el estilo de la banda es primordialmente Crimsoniano, y con ello nos referimos a su fase 80era, pero también notamos la absorción de influencias de los estándares del math-rock y de la tradición psicodélica con resabios space-rockeros, y tal vez algún que otro coqueteo sutil con el rock-in-opposition aguerrido al estilo de PRESENT. Aires de familia con los franceses de YANG y los españoles de DIFÍCIL EQUILIBRIO son fáciles de notar, sin duda, pero el caso de SONAR es uno de apuesta total por la sutileza y el empleo de espacios vacíos con una relevancia tan crucial como la de los espacios sonoros. Posiblemente sea que este modus operandi del grupo sea el de hacer de cada golpe de ruido un indicio de sombra mientras que deja instantes vacíos abiertos para que se muestre una luz tan intermitente como consistente: confirmaremos esta conjetura en el posterior análisis del repertorio de “Black Light”. Un dato curioso es que el productor de este disco es David Bottrill, el reputado canadiense que cuenta con un amplio e impresionante CV donde se incluye los nombres de TOOL, KING CRIMSON, PETER GABRIEL, DREAM THEATER, DAVID SYLVIAN & ROBERT FRIPP, SMASHING PUMPKINS, RUSH, y un largo etcétera. Bueno, vamos al disco mismo de una vez…

Durando 9 ¼ minutos, ‘Enneagram’ abre el disco con una actitud decidida respecto a la intención de anunciar claramente al oyente el tipo de arquitectura musical que el grupo sostiene como leitmotiv. Tras un pasaje inicial minimalista y sigiloso, las armonías polícromas de las dos guitarras van dibujando el paisaje cubista sobre el que se siembra el motif central mientras la dupla rítmica construye y reconstruye unas síncopas tan sobrias como efectivas. Podemos muy bien describir a esta pieza como una mezcla de grave serenidad y tensión contenida, siendo así que la sensación permanente en la mente del oyente es que se está elaborando lo que parece ser un crescendo pero, en realidad, es una elaboración sonora de un paisaje abstracto. La segunda pieza del disco es la que justamente le da título: ‘Black Light’ despliega unos juegos de síncopas tan precisos y preciosistas como en la pieza de entrada, pero esta vez el nivel de musculatura es mayor, lo cual hace que la tensión sónica se haga más patente. Incluso se puede decir que la batería se erige como instrumento líder dentro del ensamble global. Con ‘Orbit 5.7’, el cuarteto decide retrotraerse al terreno de ‘Enneagram’ pero esta vez con un carácter más majestuoso y con una sobriedad notoriamente incrementada, ello merced al aura mágica que proporciona el empleo de ciertos ornamentos cósmicos en torno al dueto de las guitarras. Todo el vigor que se muestra en esta pieza está diseñado para que el bloque instrumental integral despliegue un señorío flotante. ‘Angular Momentum’ se sitúa más bien en una zona intermedia entre ‘Enneagram’ y ‘Black Light’, y en ciertos momentos llega a igualar el ambiente sutilmente amenazador de este último.

La penúltima pieza del repertorio se titula ‘String Geometry’ y su función básica consiste en seguir potencializando el modus operandi del disco aunque con un acento jazz-rockero particularmente pronunciado. La alevosa monotonía que sustenta la estrategia musical en curso apunta a gestar una tensión serena que ya hemos apreciado en temas precedentes. ‘Critical Mass’, con sus poco más de 10 ½ minutos de duración, es el tema más extenso del álbum y también el que le da cierre. También se trata del más fastuoso en base al empleo ocasional de algunos riffs llamativos en ciertos lugares estratégicos, y sin duda, también se debe a la vitalidad renovada que emplea la dupla rítmica: esta vez no solo la batería sino también el bajo sale al frente en medio de la amalgama integral del cuarteto, siendo así que la banda saca de sí una espiritualidad densa que era poco de sospechar en la secuencia de las cinco piezas previas. Con este intenso broche de oro culmina el repertorio de estudio, mas todavía quedan 3 piezas como bonus tracks, 2 en vivo y una mezcla diferente de ‘Orbit 5.7’. Los dos temas en vivo son ‘Tromsø’ y ‘Twofold Covering’, procedentes de sus trabajos de estudio precedentes. La ingeniería de matices persistentes del primero y la armazón de densidades diversificadas del segundo completan muy bien el retrato de SONAR ante los ojos y oídos del recién iniciado. En cuanto a la mezcla de ‘Orbit 5.7’, ésta muestra una afinidad moderada con los recursos electrónicos, lo cual refuerza más – si cabe – el patronazgo intelectual del KING CRIMSON 81-84 sobre el ideario estético de este cuarteto.

Pues bueno, es hora de hacer un balance final y éste debe señalar una evaluación muy positiva para con SONAR, grupo que recién conocemos pero que nos ha fascinado sin atenuantes. “Black Light” es un trabajo cabalmente inspirado dentro de la vanguardia progresiva del momento. Vale la pena seguirle la pista así como investigar en sus discos anteriores, claro que sí.


- Muestras de 'Black Light':


firma cesar inca mendoza

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